Episodio 5: Juramento
Rhys,Había comido; me había duchado, me había acostado en mi cama, todo eso sin dejar de pensar en la mujer fuera de mi ventana. Puse un poco de ruido blanco para ocupar mi mente y descansar, pero fue absolutamente inútil. Ella seguía ocupando cada uno de mis pensamientos.
Quité el ruido blanco y suspiré acomodándome en la cama.
—¿Qué demonios me sucede? Es solo una maldita mujer que llora y bebe alcohol. Una mujer adulta con problemas. Sus problemas, no míos. Mi asunto es descansar y no estresarme —hablé conmigo mismo.
Entonces, como si el destino se burlara de mi deseo de ignorar a la mujer triste, el sonido de gotas golpeando mi ventana captó mi atención. Me removí en mi cama, era sumamente extraño que lloviera por aquí y por estas fechas. Supongo que hasta el cielo empatizaba con el dolor de aquella mujer.
»Maldita sea —gruñí frustrado levantándome de la cama.
Me acerqué a la ventana con el pecho oprimido. Era una completa desconocida. ¿Por qué me importaba tanto su estado? Rodé un poco la cortina y la vi allí sentada en la arena, abrazada a sí misma. La lluvia la empapaba, pero eso no parecía perturbarle.
Suspiré cruzándome de brazos. La razón me decía: ella no era mi problema, mejor me acostaba y me olvidaba del asunto. Pero algo dentro de mí me gritaba que fuera y la consolara.
«Te has vuelto débil», se quejó mi conciencia.
Con una decisión tomada, abrí la puerta con firmeza y salí a la tormenta. Caminé hasta ella sin saber qué esperar. Las manos me temblaban ligeramente y mi corazón golpeaba mi pecho con fuerza.
«Ojalá no seas un maldito fantasma» , supliqué mentalmente.
Me detuve a pocos metros de ella, sin saber qué decirle.
—No deberías mojarte o te enfermarás. —Negué con la cabeza. Suena a virgen pajero. Seguí caminando y me senté a su lado—. Si planeas que te caiga un rayo, este es el sitio correcto.
—¿Qué? —preguntó ella.
Me volteé a verla, pero ella ya lo estaba haciendo. Su cara de confusión era tan hermosa que pasé por alto sus labios morados y su piel pálida, incluso ignoré el tiritar de sus dientes.
Sus ojos me atravesaron dejándome sin palabras. Toda la inquietud que sentía se esfumó dejándome allí con esa chica y sus largas pestañas.
—No deberías mojarte, enfermarás y mañana te arrepentirás de esta decisión —logré decir. Hablé despacio deseando alargar este momento para siempre.
—No deberías estar aquí, enfermarás y mañana me culparás a mí de tus decisiones —manifestó ella arrastrando las palabras. No estaba seguro si seguía llorando o la lluvia camuflaba sus lágrimas. Pero se veía hermosa con las mejillas y la nariz rojas.
—Pues, si me enfermo por tu culpa, debes cuidarme. ¿No crees? —cuestioné estirando la mano para apartar su cabello de la cara.
Ella apartó mi mano con un golpe firme.
—¿Crees que por acercarte a mí y decirme un par de palabras ya me tendrás en tu cama? —La mujer se puso de pie negando con la cabeza. Rápidamente me levanté y la seguí temiendo que se cayera. Al menos estábamos rodeados de arena y el golpe no sería tan duro—. Seguro tienes una maravillosa esposa que te espera en casa y se esfuerza por hacer de una casa fría un hogar. Sabe que no tiene el mejor esposo del mundo, pero tiene la absurda idea de que puede arreglar todo. Y tú estás aquí tratando de llevarte a una desconocida a tu cama…
Se giró supongo que para golpearme, pero perdió el equilibrio y cayó al suelo. Estiré las manos y la sujeté por la cadera. Pude detener su caída, pero me pareció más sensato caer en la arena con ella. Claramente, me aseguré de que ella no sufriera ningún daño. Aunque, mi mano por otro lado gritaba de puro dolor.
—Yo no tengo esposa —aseguré con una sonrisa. No me alegraba su sufrimiento, pero un corazón roto sanaba con el tiempo, una enfermedad era algo más complicado.
—Es lo que dicen todos los hombres casados —afirmó ella con una tristeza que me hizo encoger el corazón—. Luego llegan a su casa luciendo a su amante embarazada y…
Acaricié su mejilla con el dorso de mi mano, sujeté su nuca y la besé. Un beso suave y lento, cargado de una reconfortante pasión. Sus labios se abrieron ante mí, permitiéndome explorar su interior. Sus manos fueron a mi cabello, tirando un poco de él. Por unos segundos, el tiempo se congeló deteniendo hasta las gotas de lluvia.
Entonces, la mujer bajo mi cuerpo puso fin al beso.
»¿Por qué me besas? —indagó con un gesto de tristeza.
—No parabas de hablar y fue la única manera de silenciarte. —Nos miramos fijamente en silencio por un instante que pareció eterno—. Hay personas desleales y traicioneras, pero no puedes medir a todos con la misma vara.
—Lo siento, debo irme a mi cabaña.
—¿Quieres un poco de café? —ofrecí con la esperanza de pasar un poco más de tiempo con esa misteriosa mujer.
—Quizás en la mañana. —Ella sonrió, seguía siendo un gesto triste, pero podía ver la belleza más allá de su pena.
—Bien, en la mañana. —Me puse de pie y le ofrecí mi mano para ayudarla a levantarse.
Ella dudó unos segundos, pero la terminó tomando. Supongo que entendió que había bebido de más. Sin soltar su mano la llevé hasta su cabaña en silencio. No había mucho que decir, ella pasaba por un mal momento y yo no era un aprovechado.
—Gracias. —Ella se puso de puntitas y me dio un beso en la mejilla—. Descansa.
Verla sonrojarse por un gesto tan inocente me hizo sonreír. Esto era típico de mí. Teniendo un millón de mujeres disponibles para mí, me vengo a sentir atraído por la chica con el corazón roto, con cero disponibilidad para mí y que seguro me mandará a la
friendzone . Ella era una
red flag y me había hechizado en dos segundos.
Regresé a mi cabaña, me cambié de ropa y esperé que la lluvia pasara. Pasaban de las tres de la mañana. Literalmente, ya era mañana. Me levanté y fui a su cabaña, no solo iba a ver cómo estaba, realmente me preocupaba su estado y todo el mundo sabe que ningún borracho debe pasar la noche solo.
Entré a su habitación y la vi dormida en su cama. Su cabello estaba esparcido por la almohada, estaba acostada de medio lado en ropa interior. La luna se filtraba por la ventana y me permitía apreciar su cuerpo con más detalle.
Un hombre decente se hubiera marchado… Un hombre decente no hubiera entrado a su habitación, pero yo no era un hombre decente. No solo entré a su cabaña, me acerqué a su cama y me acosté con ella, asegurándome de abrazarla e infundirle mi calor.
—Cinco minutos y me iré —susurré en la penumbra.
════∘◦✧◦∘════
Athena,Sentía la garganta tan seca que me dolía. Sí, bebí y lloré demasiado. Una noche de despecho era todo lo que me iba a permitir llorar por Mason. Fue una ilusión que por suerte duró poco. Sin embargo, entre tanto tequila, lamentos y lágrimas, me percaté de que lo que realmente me dolía no era haber terminado con Mason, suponía que por la forma en la que todo acabó. Lo que más me lastimaba era saber que jamás iba a poder vivir de primera mano la experiencia de ser madre.
Ese dolor me llevaría más tiempo sanar.
Fruncí el ceño quejándome en silencio por tanta claridad. Entonces me di cuenta de que casi no me podía mover. Cerré los ojos obligando a mi mente a recordar lo que había pasado la noche anterior. Tristemente, fue en vano; era de esas personas que al beber de más olvidaban casi por completo lo que habían hecho. Varios fragmentos borrosos aparecieron en mi mente, aunque no se quedaron el tiempo suficiente para poder descifrarlos.
Con el pulso acelerado, abrí los ojos y giré lentamente la cabeza. El pánico se apoderó de mí al toparme con un hombre. Me obligué a mantener la calma; me conocía, no terminaría en la cama de un hombre solo por despecho. Aunque, tampoco me quedaría a averiguar que demonios había sucedido o porqué ese hombre estaba en mi cama.
Me levanté con cuidado y noté que el desconocido estaba en ropa interior. Asentí notando que tenía un buen cuerpo. Supongo que no me importaba tanto si algo había pasado entre nosotros, lo único triste era que no lo recordaba.
Sin ánimos de dar o recibir explicaciones, ni de averiguar si él era un hombre casado, y queriendo a toda costa evitar esa conversación llena de esas patéticas excusas que dan los hombres tipo:
«no eres tú, definitivamente soy yo», «no busco nada serio» … bla, bla, bla.
Tomé mi ropa de la mesa de noche, me vestí lo más rápido que esta resaca de mierda me dejaba. Agarré las llaves de mi auto y me dispuse a irme, pero antes de abrir la puerta tomé el papel donde estaba anotada la clave del wifi, escribí una nota y me fui.
════∘◦✧◦∘════
Rhys,Maldije cuando el sol dio de lleno en mi cara. Tomé una almohada para taparme la cara y me golpeó el aroma de la misteriosa mujer. Me senté en la cama y pasé la mirada por todo el lugar. Suspiré confirmando que estaba completamente solo.
«¿Se habrá ido a desayunar?»Me levanté de la cama y vi la nota en la mesa de noche, junto a una cola. Sin dudarlo tomé ambas cosas.
“Buenos días, gracias por todo, fue una noche fantástica, pero no es un buen momento para mí. Espero que el destino vuelva a juntar nuestros caminos, mientras tanto, sé feliz”.Leí la nota dos veces. ¡Dos jodidas veces! Buscando el nombre de mi misteriosa mujer, pero no lo encontré. Y no lo hice porque la fulana dejó una nota y no la firmó. ¿Quién no firma sus notas?
Tal vez Bety tenga más información de ella. Me coloqué la cola en la muñeca y salí de la habitación para ir a preguntar por la chica de esta cabaña. Abrí la puerta y me encontré con Rafaela.
—Oh, ¿tú qué haces aquí? —indagó pasando la mirada por mi cuerpo. Se mordió el labio y estiró la mano para tocar mi pecho.
Le sujeté la muñeca antes de que pudiera tocarme.
—¿Qué sabes de la mujer que alquiló esta cabaña?
—¿Qué me darás a cambio de esa información? —Rafaela ladeó la cabeza y me lanzó una mirada llena de deseo—. Sabes que no puedo hablar de los otros huéspedes, pero puedo ser flexible con esa regla.
—Eres más inútil de lo que creí —espeté soltando su muñeca.
—¿Cuánto más te vas a resistir a mí? —Rafaela se sentó en el borde de la cama y abrió las piernas revelando que no llevaba ropa interior debajo de su falda—. Te prometo que mi mamá no se opondrá a lo nuestro.
—Veo que confundes educación con seducción. —La atravesé con la mirada—. Rafaela, la verdad es que me dan asco las mujeres como tú. Si vengo a esta posada no es por ti, es porque de verdad me agrada este lugar. Si fueras menos egoísta, pensarías más en tus padres y comprenderías que con este negocio sacan adelante a su familia. Sin la cabaña que alquilo permanentemente, todo esto se iría a pique y tus padres se la verían difícil. Madura de una puta vez y déjame en paz.
—¿Qué pasa si no quiero renunciar a ti?
—No puedes renunciar a algo que nunca fue tuyo. —Salí y cerré la puerta con un portazo.
Bety y su esposo eran personas agradables, solo por eso regresaba una y otra vez. Caminé hasta la entrada de la posada apretando la cola con fuerza.
—Joven, buenas tardes. ¿Logró descansar? —me recibió Bety con una sonrisa.
—¿La mujer que se quedó al lado de mi cabaña? ¿Sabes algo de ella?
Bety negó con la cabeza.
—Debió pasar una noche interesante. En la mañana se veía un poco más tranquila, como si le hubieran quitado un poco de ese peso que la atormentaba.
—¿Sabes cómo se llama?
—No, lo siento, pagó en efectivo y jamás me dijo su nombre. —Bety me examinó con la mirada—. ¿Sucede algo? Por favor, no me digas que te robó algo.
«Sí, el corazón» , susurró mi conciencia.
»Me pareció que era solo un poco extraña, pero no me pareció una ladrona…
—No, no, solo curiosidad —la interrumpí.
—Bien, mejor enfoquémonos en lo que podemos hacer. —Bety tomó un plato y comenzó a servirme comida.
Tomé la cola y la olí, llenándome de fuerzas.
«Te encontraré, lo juro, mi dulce y misteriosa mujer».════∘◦✧◦∘════Helloushi bonitas, Rhys es un hombre que sabe lo que quiere y ese italiano quiere a Athena.¿Qué les pareció este epi?