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Episodio 6: Con el pie derecho

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Episodio 6: Con el pie derecho

Athena,

Me detuve en la calle, justo frente a la casa de mis padres, pero fui incapaz de apagar el motor del vehículo, bajarme y cruzar esa puerta. Sentía la necesidad aplastante de desplomarme entre sus brazos y recibir su consuelo amoroso, pero hace años había salido de ese hogar convertida en una mujer independiente; me aterraba la simple idea de regresar derrotada, cargando el peso de mi fracaso.

Sin embargo, el solo hecho de estar cerca de ellos me devolvía el aliento suficiente como para armar un plan de supervivencia. Lo primero que necesitaba con desesperación era conseguir un nuevo lugar donde vivir; algo alquilado y pequeño que me sirviera de refugio. Ahora que no estaba casada ni estudiando, podía buscar algo cerca de mi trabajo para ahorrarme tiempo y gasolina en la rutina diaria.

Tomé mi teléfono con las manos temblorosas y me sumergí en el maravilloso mundo de internet. Busqué desesperadamente por la zona donde trabajaba, pero los precios estaban ridículamente fuera de mi alcance; además, mi orgullo y mi dolor me impedían compartir mi espacio personal con nadie más. Fui alejándome gradualmente de mi sitio ideal hasta que llegué a un sector ubicado como a media hora en auto y sin tráfico de mi oficina. El precio estaba mejor que bien e incluía un puesto de estacionamiento, un detalle nada despreciable en mi situación.

Sin pensarlo dos veces, le escribí un mensaje a la señora de la inmobiliaria.

Seguí revisando precios y zonas con la mente dispersa, cuando mi celular comenzó a sonar. Era un número que no tenía registrado, pero, por los cuatro últimos dígitos, reconocí de inmediato que era de la misma inmobiliaria.

—¿Diga? —respondí tratando de disimular la angustia en mi voz.

— Un gusto, soy Majo. Acabo de leer tu mensaje. La propiedad está disponible . —La persona al otro lado de la línea sonaba amable y atenta.

—Hola, sí, estoy interesada. ¿Cuándo podemos verla?

— Estoy cerca del lugar y tengo las llaves conmigo. ¿Puedes verla ahorita?

Pensé que por ser fin de semana me responderían hasta mañana lunes, pero me alegraba enormemente que estuviera trabajando un domingo, pues no quería pasar ni un minuto más a la deriva.

—Sí, sí, voy saliendo para allá.

— Perfecto. Por favor, ¿me indicas tu nombre para anotarlo en mi agenda?

—Athena Evers.

— Maravilloso, nos vemos en un rato. —Majo colgó la llamada.

Puse el auto en marcha con un nudo amargo en la garganta y me despedí silenciosamente de la casa de mis padres. Era mejor hablar con ellos cara a cara cuando hubiera tomado al menos un poco el control de mi desastrosa vida.

Conduje por la ciudad con calma, agradeciendo infinitamente desde el fondo de mi alma que fuera domingo y las calles estuvieran despejadas. Bajé el vidrio de mi ventana y dejé que la brisa fría despeinara mi cabello; necesitaba con urgencia ser abrazada por ese sentimiento de libertad que me había sido arrebatado durante tanto tiempo. Antes de lo que esperaba, ya me encontraba estacionada frente al edificio del anuncio.

Antes de apagar el motor de mi auto, eché un vistazo analítico por todo el lugar. Parecía un lugar bastante decente y, por suerte, no estábamos en una zona peligrosa, aunque ante mi situación era mejor ser precavidos. Bajé del auto y me acerqué a la entrada del edificio, en el momento exacto en el que una mujer salía por la puerta principal.

—Tú debes ser Athena, ¿cierto? —Sonrió ampliamente estirando la mano.

—¿Majo? —Estreché su mano firmemente—. Un gusto.

—Esta es una zona muy tranquila; aunque está un poco lejos del centro, te aseguro que es muy seguro por aquí —habló mientras entraba al edificio—. Tienes dos ascensores, uno va a los pisos impares y otro a los pares. El que debemos tomar es par. Vamos al piso 6.

Siguió explicando detalladamente el proceso de negociación durante el ascenso. Asimismo, me indicó que en el precio del alquiler venían incluidos los servicios básicos y el pago del condominio, algo que alivió en parte mi apretada economía.

»Hay buena señal de internet, pero es un servicio que se paga aparte. Una vez al mes se fumiga el edificio, eso hace que no tengamos plagas ni bichos por estos lares. —Majo se detuvo en el apartamento 19 y abrió la puerta—. Es un lugar un tanto pequeño, pero acogedor. Necesita algunas reparaciones, por eso el precio tan bajo.

Entré detrás de ella y observé cada rincón del lugar con ojo de halcón, sintiendo una mezcla de desolación y determinación. El papel tapiz de las paredes estaba sucio y roto; la alfombra del suelo tenía manchas oscuras e impresentables. Entré al baño y comprobé que estaba en mejores condiciones que la sala, pero igual debería hacerle reparaciones importantes. Revisé la cocina y el cuarto: lamentablemente no estaban mejor que la sala. No había muebles de ningún tipo, solo una isla desgastada que dividía la pared de la cocina con la sala.

Definitivamente, el interior contrataba enormemente con el edificio. Si no estuviera adentro de este lugar no creería que un apartamento tan deteriorado como este quedaba dentro de un edificio tan limpio y acogedor.

—¿Las luces funcionan todas? —pregunté con calma.

—Sí, fue lo único que no pudieron destrozar —mencionó dejando escapar un suspiro lleno de pesadumbre.

No era tonta, este lugar necesitaba más que un par de reparaciones. Pero, bajo toda esa capa de sucio y polvo, había un lugar con mucho potencial.

—Me lo quedaré, pero por todas las reparaciones que haga les enviaré las facturas y me las descuentan del pago. ¿Tenemos un trato? —indagué acercándome a la ventana de la sala para apreciar la vista, era lo mejor de este lugar.

—Tenemos un trato. —La mujer sonrió amablemente. Sacó su computadora portátil y una pequeña impresora también portátil—. Redactaré el contrato.

—Perfecto.

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Con el contrato firmado y el apartamento formalmente alquilado, regresé con el corazón latiéndome a mil por hora a la casa de mis padres. Mi papá tenía una pequeña empresa de construcción y remodelación; estaba segura de que él me ayudaría a restaurar ese apartamento en ruinas. Además, aquello me daba el pretexto perfecto y un tema de conversación ideal para evadir el incómodo elefante en la habitación.

Expulsé el aire de mis pulmones en un largo suspiro y entré a la casa tratando de mantener la compostura.

—¿Papá? ¿Mamá? ¿Están en casa? —Llegué a la sala, pero no vi a nadie a la vista.

Entonces escuché unas risas y voces provenientes del patio trasero y me dirigí lentamente para allá. Papá estaba afuera asando una carne, mi hermana llenaba una piscina plástica de colores y mi madre reía complacida junto a mi padre. La música no estaba alta, pero claramente la alegría familiar no les había permitido escucharme llegar.

Me tomé unos valiosos segundos para contemplar y apreciar desde las sombras a mi familia feliz. Sentía pánico de llegar con una triste noticia a empañarles el día, aunque, conociendo el carácter de mi padre y de mi hermana, estaba segura de que celebrarían por lo alto que me hubiera separado de Mason.

Me armé de valor, me tragué las lágrimas y salí al patio. Mamá fue la primera en verme; movió las manos con evidente alegría y abrió los brazos para recibirme con su calidez habitual.

—Espero que hayas traído un traje de baño —gritó mi hermana desde la piscina.

Me acerqué a la parrilla tratando de sonreír y saludé a mis padres.

—Bendición. —Le di un beso cariñoso en la frente a mi mamá y abracé a mi papá con una fuerza casi desesperada.

—Dios te bendiga, mi princesa —respondió mamá mirándome con devoción.

Mamá había migrado hace tantos años a este país y se había enamorado perdidamente de papá cuando ambos trabajaban en la misma empresa. Mamá era paisajista y papá el jefe de construcción y restauración. Les tocó trabajar juntos en varios proyectos y terminaron enamorándose perdidamente. Años después formaron su propia empresa familiar y nos tuvieron a nosotras. A pesar de haber nacido aquí, mamá nos había enseñado absolutamente todo sobre la cultura de su país. Algunas cosas las entendía con facilidad y otras solo las hacía para darle tranquilidad y paz a ella.

—¿Dónde está el idiota de tu esposo? —preguntó papá volteando la carne sin ningún disimulo.

—Bret, no seas así. —Mamá le dio una leve palmada a papá en la barriga para reprenderlo.

—Es la verdad —intervino mi hermana ofreciéndome una cerveza helada.

La tomé y le di un largo sorbo para ahogar el nudo que me oprimía la garganta.

—Él no vendrá —dije con la voz apagada y sin mucho ánimo.

—¿Otra vez de viaje? —cuestionó papá sin molestarse en ocultar su profundo desagrado ante todo lo que tuviera que ver con Mason—. Un hombre que se la pasa viajando tanto…

Sabía perfectamente lo que quería insinuar o a dónde quería llegar con sus sospechas. Ojalá lo hubiera entendido mucho antes.

—Nos divorciamos —revelé cortando tajantemente su frase antes de que terminara.

Se hizo un silencio repentino en el patio. No era pesado ni incómodo; era más bien como si todos los presentes estuvieran digiriendo la amarga noticia y determinando la forma correcta de actuar para no romperme más.

—Lo siento mucho, mi princesa —mamá fue la primera en reaccionar con el alma en la mano. Me abrazó con ese amor maternal único que parecía capaz de curar cualquier herida.

—Yo también —mi voz se quebró por completo al fin. No podía seguir ocultándole a mi familia que sí, que me dolía profundamente cómo habían terminado de forma tan vil las cosas—. Resultó ser una basura. Un maldito infiel que tenía amantes en cada lugar al que viajaba.

Chase tomó mi mano fría y buscó desesperadamente mi mirada, pero no pude mirarla a los ojos. La vergüenza y el dolor me consumían por dentro. Ella y papá vieron con claridad algo en Mason que mi ceguera no me permitió ver a tiempo.

»Ayer me enteré de que una de sus tantas amantes está embarazada y me fui.

Era un gran resumen de la pesadilla que había vivido. Aunque la humillación me impidió decirles que jamás iba a poder darles un nieto. Y ni loca le confesaba a mi papá cómo Mason me golpeó vilmente y me echó a la calle como si fuera basura.

Papá me rodeó fuertemente con sus brazos protectores; era su forma silenciosa y sólida de consolarme. Y le agradecía en el alma su empatía infinita. Sabía el desprecio que él sentía por Mason y que esta noticia probablemente sería un alivio para él, pero, consciente del inmenso dolor que me desgarraba, solo me apoyaba desde el amor más puro.

—¿Cómo estás? —Esas simples palabras pronunciadas con ternura me derrumbaron por completo.

No era la pregunta en sí, sino quién me la hacía. No podía mentirle a mi papá ni escapar del refugio amoroso de mi familia.

—Estaré bien. —No forcé ninguna sonrisa falsa, sabía que entre ellos no era necesario fingir.

—Eso significa que… ¿te vas a quedar en casa? —preguntó mamá, y sentí una punzada de culpa al percibir su tono lleno de nostalgia y felicidad por volver a tenerme bajo su techo.

—En realidad, acabo de rentar un apartamento. —Miré a papá directamente a los ojos—. Es un absoluto desastre. Necesitaré tu ayuda.

—Siempre, mi pequeña. —Papá me dio un tierno beso en la frente.

Mi hermana se acercó y entrelazó sus dedos con los míos con firmeza.

—Vamos a la piscina, comamos y bebamos. Mi hermana acaba de esquivar una bala.

Asentí en silencio. No había otra forma de decirlo. Había esquivado una bala, una que amenazaba con destruirme la vida entera.

»Eres una mujer valiosa. Obviamente, demasiado para un miserable como él. —Chase me dio un beso cariñoso en la mejilla y me arrastró suavemente hacia la piscina.

Con el apartamento rentado y mi familia finalmente enterada de mi fracaso matrimonial, la aplastante carga sobre mis hombros se iba volviendo gradualmente menos pesada. Mañana iría muy temprano al juzgado; debía asegurarme por mí misma de que ese divorcio fuera legal y no un sucio truco más de Mason.

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Nunca es sencillo comenzar desde cero, pero el apoyo familiar es tan importante en momentos así.

Feliz fin de semana mis bonitas 🫶🏻