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Cinco días

Rechazada por el Alfa, Elegida por el Rey — booknet.com · All chapters

Cinco días

Cancelé la prueba del pastel, no por una crisis emocional. Lo cancelé porque descubrí que probar doce sabores diferentes de torta cuando una estaba considerando la posibilidad de que su prometido prefiriera casarse con otra mujer parecía una mala utilización del tiempo.

También porque probablemente terminaría comiéndome las doce muestras. Y después tendría otra crisis pero de vestuario.

—Anabella.

Mi tía Elena me observaba desde la cocina. Era la única familia que me quedaba. No por sangre directa. Había sido la mejor amiga de mi madre y me había criado después de la muerte de mis padres.

—Estoy bien.

—No te pregunté.

Fruncí el ceño.

—¿Por qué todo el mundo hace eso?

—Porque dices que estás bien antes de que podamos preguntarte.

—Eficiencia.

—Evasión.

—También.

Elena se sentó frente a mí.

—¿Qué pasó con Arthur?

Jugué con mi taza. —Nada.

—Anabella.

—Tatiana.

Su expresión cambió. —Otra vez.

—Siempre. —Elena guardó silencio. —¿Nunca te gustó, verdad?

—No.

—¿Por qué?

—Porque tengo ojos.

Solté una carcajada.

—Tía.

—¿Qué?

—Eso fue cruel.

—Tengo cincuenta y nueve años. Me gané el derecho a ser cruel ocasionalmente.

Sonreí. Después la sonrisa desapareció.

—Arthur la defiende.

—Lo sé.

—Siempre.

—También lo sé.

—Quizá realmente no ve lo que hace.

Elena me observó.

—¿Eso te hace sentir mejor? —No respondí. —Bella, un hombre no necesita comprender cada intención de otra mujer para respetar a la suya.

Sentí un nudo en la garganta.

—Es mi Mate.

—Sí.

—Lo amo.

—También lo sé.

—Nos casamos en cinco días.

Elena extendió la mano sobre la mesa, tomó la mía.

—Entonces espero estar equivocada.

—¿Sobre qué?

Su mirada se llenó de tristeza.

—Sobre la forma en que ese hombre te mira últimamente.

******

Esa noche Arthur vino a verme por primera vez en tres días, yo estaba en pijama. Un pantalón con pequeñas lunas sonrientes, una camiseta enorme, el cabello recogido de una forma que desafiaba varias leyes de la física. Arthur apareció impecable, naturalmente.

—Necesitamos hablar.

Miré mi ropa.

—¿No podías avisar antes para que pudiera parecer una futura Luna respetable?

Su mirada bajó hacia mis pantalones.

—¿Las lunas tienen caras?

—No juzgues.

Por un instante, casi sonrió, mi corazón hizo aquella cosa estúpida, aquella pequeña esperanza.

—Sobre hoy… —comenzó.

—No quiero discutir.

—Yo tampoco.

—Perfecto.

Silencio.

—Perfecto —repitió. Más silencio, las relaciones eran maravillosas. —Anabella, Tatiana está pasando por un momento complicado.

—¿Cuál?

Arthur frunció el ceño.

—¿Qué?

—¿Qué momento complicado?

—No puedo contarte.

Solté una risa.

—Claro.

—Me pidió confidencialidad.

—Arthur, voy a ser tu esposa.

—Eso no significa que pueda traicionar la confianza de otra persona.

—Pero puedes traicionar la mía.

El vínculo vibró, Arthur se quedó inmóvil.

—No he traicionado tu confianza.

—Todavía.

Sus ojos se enfriaron.

—¿Qué significa eso?

—No lo sé. —Y esa era la verdad. —Solo sé que cada día la proteges más.

—Porque necesita ayuda.

—¿Y yo?

La pregunta salió antes de que pudiera detenerla, Arthur parpadeó.

—¿Qué?

Me odié inmediatamente. Sonaba débil, necesitada pero ya estaba dicho.

—¿Cuándo fue la última vez que me preguntaste si yo necesitaba algo?

Arthur guardó silencio. La respuesta estaba allí entre nosotros, no podía recordarlo, yo tampoco.

—Bella…

—No.

Negué con la cabeza.

—Olvídalo.

—No hagas eso.

—¿Qué?

—Crear un problema donde no existe.

Algo dentro de mí se quebró un poco más.

—Claro.

—Tatiana es amiga mía.

—Lo sé.

—Una amiga importante.

—Lo sé.

—No hay nada entre nosotros.

Levanté la mirada.

—¿Estás seguro?

El aire cambió. Arthur dio un paso hacia mí.

—¿Me estás acusando de algo?

—Te estoy preguntando.

—No tienes derecho a cuestionarme así.

Me quedé inmóvil.

—Soy tu Mate.

—Exactamente. Deberías confiar en mí.

—La confianza no es ceguera, Arthur.

Su mandíbula se tensó.

—Tatiana tenía razón.

Sentí frío.

—¿Sobre qué? —Arthur pareció arrepentirse inmediatamente. Pero demasiado tarde. —¿Sobre qué?

—Nada.

—Dilo.

—Estás dejando que tus inseguridades interfieran con tus obligaciones.

Miré al hombre que amaba.

—¿Ella dijo eso?

Arthur no respondió, no necesitaba hacerlo. Me reí. Una risa pequeña. Vacía.

—Increíble.

—Bella.

—Vete.

—No terminamos de hablar.

—Yo sí.

—Anabella.

Me giré hacia él.

—¿Sabes qué es lo peor? —Arthur permaneció en silencio. —Que cada vez que tengo un problema con Tatiana termino hablando contigo sobre mis defectos.

Sus ojos cambiaron. Por primera vez pareció verdaderamente desconcertado.

—Eso no es…

—Vete, Arthur.

Esta vez lo hizo. Cuando la puerta se cerró, apoyé la espalda contra ella. Liora gimió dentro de mí. Mate se va. Sí. Cada día un poco más.

******

A la mañana siguiente recibí un mensaje. No de Arthur, de Tatiana.

Necesitamos hablar. A solas.

La observé durante varios segundos. Después llegó otro.

Es sobre Arthur.

Mi corazón se detuvo.

*****

*** Yo personalmente no iría sola a ninguna parte después de recibir un mensaje así. Pero Anabella todavía cree que las personas juegan limpio. ¿Qué creen que quiere Tatiana?***