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Volver a mi cuerpo

Rechazada por el Alfa, Elegida por el Rey — booknet.com · All chapters

Volver a mi cuerpo

Desperté con la sensación de que mi cuerpo pertenecía a otra persona.

La habitación era blanca, silenciosa y demasiado limpia. Una máquina marcaba el ritmo de mi corazón. Tenía una vía en el brazo, un sabor metálico en la boca y la mano atrapada dentro de otra mucho más grande.

Cassian dormía sentado junto a la cama.

Nunca lo había visto dormir de aquella manera. No había perfección, ni postura de Rey, ni esa calma controlada que utilizaba para convencer al mundo de que nada podía alcanzarlo. Tenía el cabello desordenado, la barba oscura sobre la mandíbula y una arruga entre las cejas que no desaparecía ni mientras dormía. Su pulgar seguía apoyado sobre mi muñeca, como si necesitara comprobar incluso inconsciente que el pulso continuaba allí.

Intenté moverme. El mundo giró.

Cassian despertó inmediatamente.

—No te levantes.

—Buenos días para ti también.

La voz me salió áspera. Sus ojos recorrieron los monitores y después volvieron a mí.

—¿Cómo te sientes?

—Como si hubiera bebido tres botellas de vino y después perdido una discusión con un camión.

—Eso es mejor que ayer.

—¿Cuánto tiempo?

—Veintidós horas desde el ataque.

Casi un día.

Busqué a Liora.

No encontré el espacio vacío de los años anteriores. Había algo, pero distante, envuelto en niebla.

Aquí, murmuró.

Las lágrimas llegaron antes de que pudiera detenerlas.

Cassian se inclinó.

—¿Qué ocurre?

—Está aquí.

El alivio en su rostro fue tan intenso que comprendí cuánto había ocultado durante esas horas.

—Sí.

—Débil.

—Mara dice que el efecto puede durar varios días. No hay daño permanente en los análisis.

—No digas permanente como si los análisis pudieran medir todo.

—Tienes razón.

La respuesta llegó sin defensa. Seguía aprendiendo.

Mara entró poco después y me sometió a una revisión completa. Explicó la sustancia, la dosis y la forma en que el inhibidor había bloqueado temporalmente la conexión con Liora. El contacto con Cassian había ayudado a mantener el vínculo accesible, pero mi recuperación dependería de descanso, transformación gradual y tiempo.

—No intentes cambiar hasta que el mareo desaparezca —advirtió—. Si Liora quiere acercarse, déjala. No la fuerces a demostrar que está bien.

La frase encontró una herida antigua. Asentí.

Cuando la doctora se marchó, Cassian permaneció junto a la ventana. Había algo que quería decir y no sabía cómo.

—Pregunta —dije.

Se volvió.

—¿Qué necesitas?

Sonreí apenas.

—Tu madre habló contigo.

—¿Cómo lo sabes?

—Esa pregunta suena a consejo maternal.

La comisura de su boca se movió.

—Necesito información. Toda. Sin decidir qué parte puede preocuparme.

Cassian regresó a la silla.

Me contó sobre Sandra, la advertencia, la casa, el número protegido dentro del Consejo y la búsqueda de Tatiana. También me dijo que Arthur estaba colaborando y no había pedido verme.

—Sandra está bajo custodia —terminó—. Quiere hablar contigo cuando estés preparada.

—¿Tú qué quieres?

La pregunta lo sorprendió.

—Que no vuelva a estar en una habitación contigo.

—Honesto.

—Estoy intentando.

Pensé en Sandra. En la sala de reuniones, su orgullo, las insinuaciones y la forma en que había intentado utilizar mis heridas. Después pensé en el mensaje que había enviado. Demasiado tarde, pero no tan tarde como podría haber sido.

—Quiero verla.

Cassian cerró los ojos un segundo.

—Aquí.

—Sí.

—Con Seguridad.

—Discreta.

—No estamos negociando eso.

—Siempre estamos negociando.

Me miró. Después asintió.

Sandra llegó por la tarde acompañada por Niccolas. No llevaba maquillaje, joyas ni la armadura elegante con la que la había conocido. Parecía cansada. Más joven. No inocente.

Cassian se quedó de pie junto a la ventana. Niccolas cerró la puerta y permaneció cerca de la entrada.

—Puedes sentarte —dije.

Sandra lo hizo.

Durante varios segundos ninguna habló. Yo había imaginado esta conversación mientras intentaba permanecer despierta durante la mañana. En algunas versiones gritaba. En otras la perdonaba con una grandeza que no sentía. La realidad fue menos teatral.

—¿Por qué esperaste? —pregunté.

Sandra bajó la vista.

—Porque tenía miedo de perder mi posición.

—¿Eso era más importante que mi vida?

—En ese momento, actué como si lo fuera.

Agradecí que no intentara suavizarlo.

—¿Sabías que podía matarme?

—Tatiana aseguró que la dosis sería baja. No le creí completamente. Por eso fui al evento. Aun así, esperé demasiado.

—Sí.

—Lo siento.

La frase quedó entre nosotras.

No era suficiente. Tampoco era inútil.

—No voy a pedir que retiren los cargos o las sanciones —dije—. Advertirles importa. Colaborar importa. Pero no elimina lo que hiciste antes.

Sandra asintió.

—No espero que lo haga.

—¿Por qué me investigaste realmente?

Tardó en responder.

—Porque no entendía por qué Cassian te había elegido. Creía que si encontraba una debilidad podría demostrar que se equivocaba.

—Y encontraste muchas.

Levantó la vista.

—Encontré heridas. No fue lo mismo.

La respuesta me sorprendió.

—Tatiana quería que confundiera ambas cosas —continuó—. Yo ya estaba dispuesta a hacerlo. No puedo culparla por todo.

Cassian se movió detrás de mí. No habló.

—¿Vas a declarar? —pregunté.

—Sí. Contra Tatiana, contra la consultora y sobre mi propia participación.

—Tu familia puede expulsarte.

—Probablemente.

—¿Y aun así?

Sandra respiró.

—Durante años pensé que ser elegida significaba ocupar el lugar que mi familia había preparado. Después vi cómo tú te negabas a competir por un hombre que claramente te quería y comprendí que yo estaba intentando convertir una negativa en una coronación. No sé quién soy sin esa posición. Tendré que descubrirlo.

No éramos amigas. Probablemente nunca lo seríamos. Pero reconocí algo en su frase: la pérdida de una identidad construida por otros.

—Descubrirlo es horrible —dije.

Sandra soltó una risa breve, casi sorprendida.

—Eso parece.

—También puede ser lo mejor que te ocurra.

Sus ojos se humedecieron. Se puso de pie.

—Espero que te recuperes.

—Yo también.

Cuando salió, Cassian se acercó a la cama.

—Fuiste más amable de lo que merecía.

—No la perdoné.

—No dije que lo hicieras.

—Puedo comprender por qué alguien se convierte en una versión horrible de sí misma sin aceptar el daño que causó.

Cassian tomó mi mano.

—Eso suena agotadoramente razonable.

—Estoy medicada.

La investigación avanzó durante la noche. El vehículo quemado había sido alquilado con documentos falsos. El número del Consejo seguía protegido. Sin embargo, Arthur envió una lista de tres propiedades que Tatiana conocía y que nunca habían aparecido en registros oficiales. Una estaba a menos de cuarenta kilómetros de Silvercrest.

Niccolas recibió la información a las nueve.

A las nueve y doce, Arthur dejó de responder el teléfono.

Cassian lo supo antes de que nadie lo dijera.

—Fue solo —murmuró.

—Porque cree que puede encontrarla.

—Porque cree que debe corregir todo personalmente.

—Suena familiar.

Me miró.

—No es el momento.

—Precisamente por eso.

La búsqueda se concentró en la propiedad. Cassian quería ir. Lo vi en la tensión de su cuerpo, en la forma en que el vínculo vibraba con su necesidad de acción. Esta vez preguntó antes.

—¿Quieres que me quede?

Yo estaba segura en la clínica. Había médicos, guardias y Niccolas podía coordinar desde allí. Tatiana seguía libre. Arthur podía estar entrando en una trampa.

—Quiero que vayas —dije—. Pero no para vengarme. Para traerlos vivos.

—A ambos.

—A ambos.

Cassian inclinó la cabeza. Después se acercó y besó mi frente.

—Volveré.

—No prometas cosas que no puedes controlar.

Sus labios se movieron apenas.

—Haré todo lo posible por volver.

—Mejor.

Lo vi salir con Seguridad.

Por primera vez desde que desperté, tuve miedo de otra cosa que no era mi propio cuerpo.

Liora se acercó dentro de mí.

Él vuelve.

No le pregunté si era una certeza del vínculo o una esperanza.

Elegí creerle de todos modos.

*****

*** Anabella escuchó a Sandra sin absolverla y permitió que Cassian fuera a la búsqueda porque era una decisión razonable, no porque él le impusiera seguridad. Arthur, sin embargo, parece haber salido solo. ¿Encontrará a Tatiana antes que el equipo del Rey y qué hará cuando tenga delante a la mujer por la que destruyó su vínculo?***

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