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La moción de los tres Alfas

Rechazada por el Alfa, Elegida por el Rey — booknet.com · All chapters

La moción de los tres Alfas

La carpeta que Niccolas dejó sobre la mesa tenía el grosor de una amenaza bien financiada. No era una metáfora. Dentro había transferencias bancarias, contratos de consultoría, borradores de discursos y una versión casi terminada de la moción con la que tres Alfas regionales pretendían destituir a Cassian si reconocía públicamente nuestro vínculo sin obtener antes la aprobación del Consejo Continental.

La reunión se celebró en la sala privada entre nuestras oficinas. Lucía estaba sentada a mi izquierda con una tableta y una expresión que decía que había cancelado tres compromisos para estar allí. Martín y dos abogados del grupo ocupaban el extremo de la mesa. Cassian permanecía de pie junto a la ventana, inmóvil de una forma que ya conocía: cuanto más furioso estaba, menos necesitaba moverse.

—Los pagos salieron de sociedades vinculadas a Voss —explicó Niccolas—. No son sobornos directos. Figuran como asesorías sobre seguridad regional, infraestructura y mediación política. El problema es que las fechas coinciden con la preparación de la moción.

—¿Quiénes son? —pregunté.

Niccolas abrió la carpeta y señaló tres perfiles. Dorian Vale, Alfa de Ironcrest, controlaba una región minera y llevaba años acusando a Cassian de centralizar demasiado poder. Helena Rook dirigía Northwatch, un territorio fronterizo con problemas de seguridad y una relación cambiante con el Consejo. Matteo Soren, de Greyhaven, había construido una reputación de moderado mientras su manada acumulaba deudas que nadie parecía capaz de explicar.

—Vale es ideológico —dijo Cassian sin apartarse de la ventana—. Soren está comprado. Rook es más difícil de interpretar.

—Entonces no necesitamos convencer a los tres —respondí—. Necesitamos demostrar que no son una alianza natural.

Todos me miraron. Cassian fue el único que no pareció sorprendido, aunque sentí a través de la puerta entreabierta del vínculo una breve corriente de orgullo que intentó ocultar.

—La moción habla de inestabilidad de la Corona —continué, pasando las páginas—, pero cada Alfa tiene un interés distinto. Vale quiere debilitarte. Soren quiere dinero. Rook quiere garantías de seguridad. Voss los reunió alrededor de una amenaza común: yo.

Lucía levantó un dedo.

—No eres una amenaza común. Eres una amenaza de edición limitada.

—Gracias.

—Estoy aquí para la precisión técnica.

Martín ignoró el comentario con la disciplina de un hombre que había trabajado demasiado tiempo con nosotras.

—Aunque logremos dividirlos, la moción puede llegar a audiencia —dijo—. El texto sostiene que el reconocimiento de una Mate sin manada, sin marca y con un vínculo anterior crea una incapacidad de gobierno en el Rey.

—¿Incapacidad de gobierno? —repetí—. Dirijo una empresa con operaciones en cuatro continentes, sobreviví a un envenenamiento y ayer conseguí que un ministro francés aceptara una cláusula que llevaba seis meses rechazando. Me siento bastante funcional.

—No están evaluando tu capacidad —dijo Cassian—. Están intentando convertir mi relación contigo en una prueba de que yo no puedo separar el vínculo de la Corona.

Lo miré.

—Compraste una empresa para mantenerme cerca. No les diste un ejemplo terrible.

La sala quedó en silencio. Cassian recibió el golpe sin defenderse.

—No —admitió—. Y no voy a fingir que esa decisión no existió.

La respuesta importó. No eliminaba el error, pero evitaba que la estrategia comenzara con una mentira. Me levanté y caminé hacia la pantalla donde Niccolas había proyectado el borrador de la moción. El texto estaba escrito en el lenguaje de las instituciones antiguas: honor, continuidad, pureza del mando, protección de las manadas. Palabras lo bastante grandes para ocultar intereses muy concretos.

—Si respondemos diciendo que todo lo que hiciste fue exclusivamente racional, perdemos —dije—. Porque no es verdad y porque ellos tienen suficiente información para demostrarlo. La mejor respuesta es reconocer que hubo una motivación personal, mostrar qué controles existieron y probar que la fusión benefició a ambas empresas sin reducir mi autonomía.

Martín asintió lentamente.

—El Consejo de Virelli aprobó condiciones extraordinarias para proteger la independencia operativa.

—Y Eduardo puede declarar que la empresa ya buscaba una alianza de capital antes de Beaumont —agregué—. Cassian aceleró una operación que tenía sentido. También quiso tenerme cerca. Las dos cosas pueden existir.

Cassian se volvió por fin hacia mí.

—No quiero que tengas que defender mis decisiones.

—No lo haré por ti. Las defenderé donde sean defendibles y señalaré dónde cruzaste límites. Es la única forma de que nadie pueda utilizar mi silencio como prueba de que me controlas.

El vínculo respondió con una mezcla incómoda de dolor y respeto. Todavía resultaba extraño sentir sus emociones sin una marca, como si alguien hubiera abierto una ventana entre habitaciones que antes solo compartían una pared. No podía leer pensamientos. Percibía impulsos, temperaturas internas, cosas demasiado rápidas para convertirse en palabras.

—Hay otra opción —dijo Cassian—. No reconocer el vínculo públicamente hasta que la investigación termine.

La propuesta no sonó a cobardía. Sonó a protección. Aun así, mi cuerpo se tensó.

—¿Quieres ocultarme?

—No.

—Entonces no presentes una estrategia que dependa de que yo desaparezca del problema.

Cassian sostuvo mi mirada.

—No quiero exponerte a una guerra política por un título que no pediste.

—Y yo no quiero que tres Alfas decidan cuándo puedes decir la verdad sobre nuestra relación. No acepté una corona, pero tampoco voy a fingir que no soy tu Mate porque Voss redactó una amenaza con membrete oficial.

Niccolas se recostó en la silla.

—Eso significa que debemos prepararnos para una audiencia de destitución.

—Significa que debemos prepararnos para ganarla —corregí.

Durante las dos horas siguientes dividimos tareas. Legal revisaría los límites de la moción. Finanzas seguiría cada transferencia. Martín reuniría los documentos de la fusión. Niccolas trabajaría sobre los votos del Consejo. Yo prepararía una matriz de intereses de las manadas regionales porque, según Lucía, transformar una conspiración política en una hoja de cálculo era la forma más auténtica de mantener mi identidad.

Cassian no intentó asumir el control de mi equipo. Preguntó qué necesitaba y aceptó cuando le dije que su primera tarea era no amenazar a nadie antes de que tuviéramos pruebas completas.

—¿Amenazar incluye mirar de forma intensa? —preguntó.

—En tu caso, sí.

—La restricción es poco razonable.

—Puedes apelar después de la votación.

La reunión terminó cerca de medianoche. Lucía y Martín se marcharon. Niccolas recibió una llamada y salió al pasillo. Yo permanecí junto a la mesa ordenando documentos mientras Cassian recogía dos tazas vacías.

—No tienes que hacer esto —dijo.

—Ya tuvimos esta conversación.

—No hablo de la relación. Hablo de la Corona. Podría renunciar antes de permitir que te conviertan en un requisito político.

Dejé la carpeta.

—No vuelvas a ofrecerme un sacrificio antes de intentar una solución.

—No es un sacrificio si el cargo exige que te lastime.

—Tampoco es amor abandonar todo para evitar una pelea que podemos ganar. A veces parece noble porque suena dramático. Sigue siendo decidir solo.

Cassian cerró los ojos un instante. Cuando los abrió, el Rey había cedido espacio al hombre.

—Entonces pelearemos.

—Juntos. Y con abogados. No subestimes la importancia de los abogados.

Su boca se curvó apenas.

—Jamás.

El sistema de seguridad emitió un aviso. Un mensajero acreditado había dejado un sobre en recepción. No contenía explosivos, sustancias ni dispositivos electrónicos. Solo papel. Niccolas regresó y lo abrió con guantes mientras nosotros observábamos.

Dentro había una copia del plan político de Voss. En la primera página, mi nombre aparecía bajo un encabezado escrito en mayúsculas:

PUNTO DE PRESIÓN: ANABELLA SALVATORE.

Debajo, una frase resumía la estrategia:

Obligar al Rey a elegir entre la Corona y la mujer. Cualquiera de las dos decisiones lo debilitará.

Leí la línea dos veces. Después levanté la vista hacia Cassian.

—Tienen un problema.

—¿Cuál?

Cerré la carpeta.

—Siguen creyendo que solo tú eliges.

***Nota de la autora: hoy tenemos maratón, subiré cinco capítulos, espero los disfruten, estamos cerca del final. Saludos***

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