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Sin loba

Rechazada por el Alfa, Elegida por el Rey — booknet.com · All chapters

Sin loba

Desperté y no sentí a Liora. Ese fue el verdadero momento en que comprendí que mi vida anterior había terminado. No cuando Arthur me rechazó, no cuando acepté, no cuando el vínculo desapareció. Fue al despertar. Durante toda mi vida había existido otra presencia dentro de mí.

Una respiración, un pensamiento, una sensación. Liora, mi loba, mi compañera, mi mitad. Ahora solo había silencio.

—Liora.

Nada, me senté lentamente, estaba en mi habitación. Mi tía Elena dormía en una silla, el sol entraba por la ventana, todo parecía normal. Odié al mundo por atreverse a parecer normal.

—Liora.

Silencio. Las lágrimas comenzaron a caer. Elena despertó.

—Bella.

—No está.

Se levantó inmediatamente.

—¿Qué?

—Liora. —Mi voz se quebró. —No puedo sentirla.

Elena me abrazó y entonces lloré. No por Arthur, por mí, por la parte de mí que se había ido con él.

*****

Arthur intentó verme. No lo permití. Jack vino, a él sí. Se quedó parado en la puerta, parecía diez años mayor.

—Bella.

—Hola.

Me miró, después apartó la vista.

—Lo siento.

—¿Por qué? —No respondió. Lo observé. —Jack.

—Yo sabía que dudaba.

El aire abandonó mis pulmones.

—¿Desde cuándo?

—Meses.

—¿Sabías que estaba con Tatiana?

—No.

—Pero sabías que quería reemplazarme.

—Sabía que el Consejo la presionaba.

Me reí. No había humor.

—Todos sabían menos yo.

—No.

—Jack.

—Arthur no sabía qué iba a hacer.

—Hasta que lo hizo. —Silencio. —¿Es feliz?

La pregunta me avergonzó pero necesitaba saber. Jack tardó demasiado en responder.

—No.

—¿Y Tatiana?

—Sí.

Sonreí. Claro.

—Arthur quiere hablar contigo.

—No.

—Está…

—No me importa.

Mentira, todavía me importaba, eso era lo peor.

—Bella.

—Me voy.

Jack levantó la cabeza.

—¿Qué?

—De la manada.

—No puedes…

—Sí. —Mi voz fue tranquila. —Solicitaré la desvinculación.

—Arthur no la aprobará.

—Entonces me convertiré en una loba sin manada.

—Sin Liora…

—No digas eso.

Jack cerró la boca.

—No puedo quedarme aquí. —Miré alrededor, mi habitación, mis libros, mi vida. —No puedo caminar por estas calles y verlos.

—Tatiana todavía no es Luna.

—Lo será. —Jack no respondió. —Y yo no pienso quedarme para verlo.

*****

La solicitud fue aprobada esa misma noche. No por Arthur, por el Consejo. Probablemente porque nadie quería a la ex-Mate rechazada viviendo bajo la misma autoridad de la nueva Luna. La política de manada podía ser sorprendentemente eficiente cuando se trataba de esconder situaciones incómodas.

Preparé dos maletas, vendí mi automóvil, transferí mis ahorros, acepté una oferta temporal de alojamiento en Silvercrest. Una ciudad a mil kilómetros. Grande, moderna, human, anónima. Perfecta.

Arthur apareció antes de que me fuera. Estaba colocando mi última maleta en el taxi.

—Anabella.

Me quedé quieta. No me giré inmediatamente, cuando lo hice, casi deseé no haberlo hecho. Parecía destruido, una parte horrible de mí sintió satisfacción, otra quiso abrazarlo. Odié a esa parte.

—¿Qué quieres?

—No puedes irte así.

—Parece que sí.

—No tienes manada.

—Observación brillante.

—No tienes a tu loba.

El golpe fue directo.

—Eso también es culpa tuya.

Arthur palideció.

—Yo no sabía…

—Exactamente. —Me acerqué. —Nunca sabías.

—Anabella.

—Nunca sabías lo que Tatiana hacía.

—No empieces.

Me reí.

—¿Ves?

Arthur frunció el ceño.

—¿Qué?

—Todavía.

—¿Todavía qué?

—Todavía la defiendes. —Se quedó callado. —Espero que valga la pena.

—Bella…

—No. —Abrí la puerta del taxi. —No vuelvas a llamarme así.

—Eres mi…

Se detuvo. Los dos sentimos el vacío, ya no era nada suyo. Arthur cerró los ojos.

—Lo siento.

Lo miré. Aquellas dos palabras. Después de siete años, después de cada vez que me había hecho dudar de mí misma, después de destruir nuestro vínculo.

—Yo también.

Subí al taxi.

—¿Por qué?

Lo miré una última vez.

—Porque algún día vas a entender lo que hiciste.

Cerré la puerta. Arthur permaneció en la calle. Solo. Mientras el automóvil se alejaba, esperé que mi corazón se rompiera nuevamente, pero ya no quedaba suficiente para romper. Así que apoyé la cabeza contra la ventanilla, miré hacia delante y por primera vez en mi vida… No tenía Mate, no tenía manada, no tenía padres, no tenía loba, no tenía idea de qué demonios estaba haciendo.

—Fantástico —murmuré.

El conductor me miró por el espejo.

—¿Señorita?

—Nada.

Respiré. Silvercrest me esperaba. Tal vez mi vida había terminado. O tal vez… Solo había terminado la parte equivocada.

*****

***Anabella acaba de dejar atrás absolutamente todo. En el próximo tramo conoceremos a la mujer que puede convertirse cuando nadie decide por ella. Pregunta: ¿qué sería lo primero que harían ustedes al comenzar una vida completamente nueva?***