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La noche antes de la votación

Rechazada por el Alfa, Elegida por el Rey — booknet.com · All chapters

La noche antes de la votación

La noche anterior a la votación descubrí que existe una cantidad limitada de veces que una persona puede releer el mismo argumento jurídico antes de empezar a considerar que las instituciones antiguas deberían comunicarse mediante dibujos.

Estábamos en el penthouse de Cassian. Habíamos regresado de Beaumont al mediodía y pasado el resto del día con abogados, consejeros y especialistas financieros. A las once, Niccolas se llevó la última carpeta con la promesa de volver a las seis de la mañana. Lucía se negó a abandonar el edificio hasta que le mostré la habitación donde dormiría y aseguré que ningún golpe de Estado podía programarse antes del desayuno.

Cassian permanecía junto a la ventana con una llamada en silencio. Había hablado con siete Alfas, dos gobernadores humanos y la presidenta del fondo que financiaba la seguridad de Northwatch. No intentaba comprar votos. Intentaba impedir que una destitución precipitara reacciones económicas antes de que ocurriera.

Cuando terminó, dejó el teléfono y se aflojó la corbata.

—Helena no confirmó su posición.

—Eso significa que Vale tampoco la tiene confirmada.

—Dorian cuenta con cinco votos seguros. Necesita nueve para destituirme. Hay cuatro indecisos.

—Y Soren entregó documentos.

—Sí.

—Entonces podemos ganar.

Cassian me observó.

—Podemos.

El vínculo transmitió algo diferente. No duda sobre los números. Una decisión preparada en silencio.

—¿Qué estás pensando?

—Nada.

—Eso es imposible y lo sabes.

Se sentó frente a mí. Por un momento pareció elegir qué verdad podía soportar la noche. El gesto me irritó antes de que hablara.

—Si la votación exige una marca o cualquier condición sobre tu autonomía, renunciaré.

Cerré la carpeta.

—No.

—No necesito permiso para dejar un cargo.

—Y yo no necesito aceptar que conviertas la renuncia en la única respuesta moral.

—No permitiré que te utilicen.

—Ya me están utilizando. Irte sin obligarlos a mostrar lo que son no cambia eso. Solo les enseña que la estrategia funciona.

Cassian se levantó y caminó hacia la cocina. Lo seguí. No para acorralarlo. Porque habíamos pasado demasiado tiempo teniendo las conversaciones importantes con una mesa entre nosotros.

—La Corona no vale más que tú —dijo.

—Nunca dije que valiera más. Dije que no quiero ser la razón que utilices para abandonar una responsabilidad que también elegiste.

—No elegí cada parte.

—Nadie elige cada parte de una vida. Yo no elegí el vínculo con Arthur ni el rechazo. Elegí qué hice después. Tú heredaste la Corona. Elegiste cómo gobernar. Si mañana la pierdes después de defender nuestros límites y presentar pruebas, será una derrota política. Si renuncias esta noche para evitar que voten, será una decisión tuya tomada sin mí.

El silencio se extendió. Cassian apoyó ambas manos sobre la encimera.

—Tengo miedo de convertirme otra vez en el hombre que construye circunstancias y llama protección a controlar el resultado.

La confesión redujo mi enojo.

—Entonces pregúntame qué quiero.

Se volvió.

—¿Qué quieres?

Respiré. La respuesta no era sencilla. Parte de mí deseaba regresar al departamento, cerrar las cortinas y dejar que personas nacidas dentro de la política resolvieran su propia guerra. Otra parte quería entrar en la sala y demostrar que no podían convertir mi pasado en una cláusula. Liora permanecía cerca, atenta.

—Quiero que luches por la Corona porque todavía crees en lo que puedes hacer con ella —dije—. Quiero luchar a tu lado porque esta moción no trata solo de nosotros. Si ganan, cualquier vínculo podrá utilizarse para exigir obediencia a la pareja de un Alfa. Quiero que, si perdemos, sea después de obligarlos a decir en voz alta qué estaban pidiendo.

Cassian cerró los ojos.

—Y si te atacan durante la audiencia.

—Responderé.

—Y si no puedo esperar.

—Me mirarás.

—Eso no siempre funciona.

—Entonces Niccolas te golpeará con una carpeta.

—Acepto la responsabilidad —dijo una voz desde el pasillo.

Lucía apareció detrás de él con una manta y una taza.

—¿No estabas durmiendo? —pregunté.

—Intentaba. Sus emociones de alta jerarquía atraviesan paredes.

—Eres humana.

—Y ustedes son ruidosos.

Nos dejó la taza y volvió a la habitación. Cassian la observó alejarse.

—Tu asistente vive demasiado cómoda en mi casa.

—Nuestra asistente. La compraste con la empresa.

—No compré personas.

—Excelente aclaración para la audiencia.

La tensión cedió lo suficiente para respirar. Regresamos al salón. Me senté en el sofá y Cassian ocupó el lugar a mi lado. No hablamos durante varios minutos. La ciudad brillaba debajo, indiferente a la posibilidad de que un sistema político secreto cambiara de Rey al día siguiente.

—¿Te arrepientes de haber reconocido el vínculo? —pregunté.

—No.

La respuesta fue inmediata.

—¿Ni siquiera una parte?

—Me arrepiento de no habértelo dicho antes. Me arrepiento de la forma en que intenté mantenerte cerca. No me arrepiento de decir la verdad ni de que el mundo sepa que te elijo.

El vínculo se abrió con calidez.

—Yo tampoco —dije.

Cassian tocó mi mano.

—No tienes que aceptar una corona mañana aunque ganemos.

—Lo sé.

—Ni una marca.

—Lo sé.

—Ni venir a Beaumont después.

Lo miré.

—¿Después?

—Mi manada solicitó conocerte. No como ceremonia oficial. Quieren saber quién eres.

La idea produjo un miedo diferente. No institucional. Personal. La manada Beaumont no era el Consejo ni la empresa. Era el territorio donde Cassian era Alfa antes de ser Rey, la comunidad que podría mirarme como la mujer destinada a ocupar el lugar de Luna.

—¿Qué les dijiste?

—Que preguntarías cuando la votación terminara.

—Estás aprendiendo.

—Con dificultad.

Me acomodé contra su pecho. Su brazo rodeó mi cintura. La cercanía no eliminó el miedo. Lo volvió compartido.

—Liora dice algo —murmuré.

Cassian se tensó apenas.

—¿Qué?

Escuché dentro de mí. Mi loba no utilizó la palabra Reina ni habló de destino.

Rey nuestro. No corona.

Sonreí.

—Dice que eres nuestro Rey, pero la corona no.

Cassian permaneció en silencio.

—Es más sabia que muchos consejeros.

—Eso no es difícil.

Se inclinó y besó mi frente.

—Si mañana dejo de ser Rey, seguiré siendo Cassian.

—Y si sigues siendo Rey, seguirás siendo Cassian. Esa es la parte que no puedes olvidar.

Nos fuimos a la habitación cerca de la una. No buscábamos una noche perfecta ni una declaración antes de la batalla. Nos acercamos porque el cuerpo también necesitaba recordar que existía algo fuera de las mociones. La intimidad fue lenta, menos urgente que la primera vez y más profunda en las preguntas que ya sabíamos responder.

No hubo marca. No hubo promesa ceremonial. Hubo manos, respiraciones y la certeza de que cada contacto podía detenerse sin destruir nada.

Después, Cassian se quedó dormido antes que yo. Era tan raro verlo sin control consciente que durante varios minutos observé su rostro. El vínculo transmitía cansancio, miedo y una paz pequeña porque yo seguía allí.

A las tres y diecisiete, mi teléfono vibró.

Lucía había enviado una captura de pantalla.

FILTRACIÓN: BEAUMONT ADQUIRIÓ VIRELLI POR ORDEN PERSONAL DEL REY PARA CONTROLAR A SU MATE.

Debajo aparecían documentos internos, correos y una supuesta instrucción firmada por Cassian. Leí la primera página y sentí que algo estaba mal. No porque la historia fuera imposible. Porque el lenguaje era demasiado limpio, demasiado diseñado para convertir una verdad parcial en una acusación total.

Cassian despertó cuando me senté.

—¿Qué ocurre?

Le mostré la pantalla. Su rostro se volvió frío.

—Es falso.

—Parte no. Querías mantenerme cerca.

—Nunca ordené eliminar tu independencia ni condicionar tu cargo.

—Lo sé.

La respuesta salió antes de que pudiera analizarla. Cassian me miró.

—¿Me crees?

—Creo en lo que vi durante la negociación. Y sé cómo escribes. Jamás utilizarías la frase “integración emocionalmente favorable”.

—Eso es ofensivo.

—También es evidencia.

El mercado abriría en cinco horas. La votación comenzaría en ocho. La filtración estaba diseñada para convertir cada salvaguarda en una apariencia y cada error real en prueba de una manipulación completa.

Llamé a Martín.

Cassian llamó a Niccolas.

La noche antes de la votación terminó a las tres y veinte.

La batalla comenzó antes del amanecer.

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