LNCrawler

Capítulo 1: Se quedan

Seis Meses Para Amarte — booknet.com · All chapters

Capítulo 1: Se quedan

Isabella

Una historia de amor nunca debe comenzar con un matrimonio por conveniencia y bueno, justo eso me deja claro que esta historia no es de amor. David va a mi lado, pero no deja de mirar su teléfono, acabamos de firmar nuestro matrimonio, pero para él solo ha sido un simple contrato, algo que debió ser para mi también, a fin de cuentas solo es un contrato por seis meses, ni un día más, ni uno menos, luego nos divorciaremos, pero ya las empresas de las familias estarán unidas y eso es justo lo que mi padre quería, mi padre y el suyo. Suspiro pensando en eso hasta que el auto se detiene frente a una mansión y supongo que es aquí donde vive. David baja del auto y yo hago lo mismo, él no me mira, no espera por mí y tampoco me ayuda así que lo sigo rodando los ojos sin ánimo alguno.

—Como caballero no te ganas ningún premio —suelto sin poder aguantarme cuando al entrar a la casa casi deja la puerta en mi cara y David bufa.

—Por dios Isabella, nos conocemos desde hace años —me mira con esa sonrisa que tanto odio, pero es atractiva —para ser caballero primero debe existir una dama.

—Tus bromas ya no hacen gracia como cuando éramos adolescentes.

—Nunca he bromeado contigo —alza una ceja al decir eso y va hacia la bebida que está en su mesita, siento que la rabia se apodera de mí y no lo pienso dos veces antes de hablar.

—¿Qué le pasó a tu esposa? —se detiene en seco con mi pregunta —¿Se pegó un tiro al conocerte mejor?

—No vuelvas a mencionarla —masculla y cuando se gira hacia mí parece realmente incómodo —¿entendiste?, nunca vuelvas a hacerlo —me señala con rabia.

—¿La sigues amando? Han pasado años desde que

—Te dije que no hables más sobre eso —interrumpe muy rápido mis palabras —a ti no te importa mi vida así como a mí nunca me ha interesado la tuya —deja claro y sus palabras duelen —recuerda que es un matrimonio falso, dormirás en una habitación y yo en otra y solo serán seis meses, seis meses que espero pasen bastante rápido, ¿entiendes eso? —suspira —Evita cruzarte en mi camino, evita hablarme, es más, imagina que vives sola en este lugar —me acerco a él cuando sus palabras acaban y dibujo mi mejor sonrisa.

—Descuida, no esperaba mucho de ti, ¿qué esperar de un hombre que mantiene lejos a sus hijos? —su mandíbula se tensa con mis palabras.

—Tu habitación está al subir las escaleras, segunda puerta a la derecha —murmura rápido y pasa por mi lado.

—Solo falta el color negro a la casa para ser apta para película de terror —bufo mirando esta, tiene pocos muebles, nada de cuadros y nada elegante, ningún adorno en ningún lado y respiro hondo. Lo único bueno es que estará alejada de la casa de mis padres y me pregunto como se las hará David para trabajar en la empresa viviendo tan lejos aunque la respuesta quizás es muy simple, él eligió seguir viviendo aquí porque estará lejos y así pasará todo el día fuera de la casa sin tener que convivir conmigo y eso me hace sonreír con tristeza.

Luego de dejar las cosas en mi habitación salgo de esta y bajo las escaleras, al escuchar voces fuera camino hacia ahí con pasos lentos y entonces los veo, David parece discutir con un hombre que está frente a él y mis pasos son llevados por la curiosidad hasta ellos.

—No pueden quedarse aquí —escucho la voz de David y frunzo el ceño —esta casa no está preparada para ellos.

—Señor Moore —el hombre parece desesperado —el abuelo los mandó, dice que solo será hasta que la abuela se recupere, ella sufrió un accidente y

—¿Y en serio los mandan conmigo? —David se escucha enojado y mi mirada va hacia la camioneta que está a unos metros, entonces los veo, asomados por la ventanilla y alzo una ceja —no sé cuidar de ellos, no tengo la mínima idea, ni siquiera los conozco —bufa con fastidio y ¿de verdad habla acerca de los niños?

—Pero señor

—Los niños se quedan —hablo y ambos me miran, la mandíbula de David se tensa y voy hacia ellos —señor

—Raúl Milo —se presenta sonriendo —abogado y amigo de la familia Clox —asiento conociendo el apellido de la familia de la esposa de David.

—Yo soy Isabella, esposa de David —sus cejas se elevan.

—Isabella vuelve dentro —masculla David —déjanos hablar y

—¿Cuánto tiempo quieren los abuelos que los niños se queden con nosotros? —ignoro a David mirando al tal Raúl.

—Solo unos meses, hasta que la abuela de ellos se recupere —sonrío.

—Perfecto.

—No, no —David habla rápido —yo trabajo lejos, muy lejos, no puedo cuidarlos y

—Pero yo si, me tomé vacaciones por la boda así que —me callo sonriendo y la mirada de David es de puro odio.

—Perfecto, sacaré las maletas —el hombre se apresura a ir hacia el auto.

—¿Qué parte no entendiste de no meterte en mi vida? —masculla David mirando mis ojos.

—Oh disculpa —me hago la loca —¿dijiste eso en algún momento? —él bufa —Aunque no me estoy metiendo David, la estoy jodiendo, no es lo mismo —mi sonrisa aumenta viendo la vena de su frente alterada.

—No sabes lo que haces, son tres niños que no conoces y que se portan muy mal.

—Hablas como si los conocieras, pero viven con sus abuelos desde que tienen dos años —sus puños se aprietan.

—Isabella.

—Papá —murmura una vocecita, pero David los mira como si no los quisiera cerca y mi mirada va a los tres pequeños que cargan cada uno con una maleta pequeña y eso me hace sonreír.

—Hola —David suspira —Liam, Lía, Luca —pasa una mano por su cuello como si no supiera qué decir, no hay besos ni abrazos ni sonrisas —Estarán aquí unos meses, ella es Isabella —me señala si mirarme —es, es mi esposa y vivirán con ella.

—Y contigo —murmuro bajito haciéndolo enojar más.

—¡María! —grita con rabia el nombre de la única empleada que tiene, los niños se encogen un poco y la mujer sale segundos después.

—Señor.

—Lleva a los niños a una habitación, acomoda sus cosas ahí y —respira hondo —y atiéndelos —la mujer asiente y sin decir más nada los niños la siguen, ¿es en serio?

—Waw, les hablas como si fueran socios y esto fuera una reunión y no un encuentro padre e hijos, que por cierto, son preciosos y

—Estaré fuera —él corta mis palabras —no me esperes despierta —agrega y lo veo ir hacia su auto con una rapidez sobrenatural y no lo entiendo, ¿quién trata a sus hijos con tanta frialdad? Ni siquiera mi padre es así conmigo.

Camino despacio buscando la habitación de los niños y entonces la encuentro, sonrío deteniéndome en la puerta viéndolos organizar las pocas cositas que han traído y claro, viven con sus abuelos maternos y ellos no tienen mucho dinero. Sonrío sin apartar la vista, son hermosos, la niña parece una muñeca con su cabello rubio y ellos son idénticos a su madre, no se parecen para nada a David, la pequeña es una copia exacta de esa mujer y los dos niños son idénticos y sí, también se parecen a ella. Cuando se dan cuenta de mi presencia me miran y formo una sonrisa.

—Así que Luca, Liam y Lia —menciono sus nombres señalándolos —puedo ayudarlos a acomodar sus

—No nos gusta que toquen nuestras cosas —dice la niña con seriedad y asiento lentamente.

—Ok, los entiendo, soy igual.

—¿Eres la esposa de papá? —pregunta Liam y asiento aunque bufo.

—Eso dices un papel que firmé y creo estaba ebria —los pequeños ríen por primera vez desde que llegaron a esta casa.

—Eres graciosa —comenta Lia y me acerco un paso.

—Y tu hermosa —sonríe —¿así que tienen cinco años?

—Cumplimos seis hace un mes —menciona con orgullo Luca y alzo una ceja sentándome en la cama.

—Oh que mal —bufo —me gustaría haber estado en esa fiesta, debió ser

—No hubo fiesta —las palabras de la niña me callan —los abuelos nos hicieron dulces, pero no pudieron preparar más nada —agrega triste y me pierdo en esas miradas.

—¿Y David qué hizo? —frunzo el ceño.

—Él nunca ha hecho nada —la respuesta me descoloca.

—¿Nunca han tenido una fiesta de cumpleaños? —los pequeños niegan con la cabeza y me tenso mirándolos.

La noche cae y aunque intento mantenerme despierta esperando por David no lo consigo y cuando despierto ya es de día. Salgo casi corriendo de la cama y escucho entonces el sonido del auto fuera, no espero nada, ni siquiera me he peinado, pero salgo por la puerta y veo a David que va hacia el auto.

—¡David! —mi voz lo detiene y lo veo respirar hondo antes de darse la vuelta y al hacerlo alza una ceja.

—Si pretendías asustarme con tu cabello lo has logrado —bufo ante sus palabras.

—Tus hijos dicen que nunca han tenido una fiesta de cumpleaños —voy rápido al punto mirando sus ojos.

—Una fiesta se puede hacer cualquier día —asiento ante eso —es de idiotas escoger solo un día al año.

—Pero en seis años no les has hecho ninguna fiesta —deja de mirarme sin negar eso —en fin, ellos quieren una fiesta y estaba pensando en que quizás podríamos.

—¿Podríamos? —ríe deteniendo mis palabras —Basta Isabella, te lo dije cuando entraste a esta casa —me señala —mantente alejada de mis hijos, en unos días sus abuelos estarán bien y ellos se irán a vivir con estos, pero si se encariñan contigo entonces no querrán irse y eso.

—¿Que clase de padre eres? —lo miro estupefacta —Hablas como si no amaras a tus hijos.

—No sabes lo que dices —masculla.

—La próxima vez que estés con alguien usa protección —hablo con desprecio justo como él —sería lamentable que alguien por obligación deba llamarte papá cuando no sirves para ello —intento alejarme, pero toma mi brazo.

—No te permito que me hables así.

—Solo digo la verdad y si no te gusta cambia entonces —me suelta.

—Isabella quiero que estés alejada de mis hijos —repite con odio —y eso es una orden, de todas formas, ni ellos ni tú se quedarán mucho tiempo en esta casa —sus palabras son claras antes de darse la vuelta e ir hacia el auto y aprieto mis puños sintiendo rabia y frustración a partes iguales.