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Capítulo 2: Me recuerdan a ella

Seis Meses Para Amarte — booknet.com · All chapters

Capítulo 2: Me recuerdan a ella

David

Las miradas de los tres pequeños no salen de mi cabeza por más que intento pensar en otra cosa y lo peor, sus ojos, esos ojos idénticos a lo de su madre, todo en ellos me recuerda a la mujer que he querido olvidar desde hace años. Bufo cuando me doy cuenta de que no he hecho ninguno de los trabajos que debía hacer, pero no logro concentrarme y me pongo de pie, siento que la oficina es demasiado pequeña, que me asfixio dentro de ella y lo peor, no dejo de pensar en Isabella y en que estará haciendo con los trillizos, ella quiere estar en todo, es entrometida, demasiado curiosa y no le importa hacer las cosas que me molestan, suspiro pensando en ella y cuando la puerta de la oficina se abre lo agradezco.

—Pensé que no te encontraría aquí hoy David —comenta Lionel el padre de Isabella y sonrío.

—¿Y eso por qué?

—Bueno —ríe —pensé que te tomarías unos días por la boda —suspiro.

—Sabe como soy, apenas conozco esta empresa y ya firmé un contrato con la tuya señor Laurents —lo señalo —así que quiero estar al día.

—Llámame Lionel, ya somos familia —asiento con lentitud.

—¿Qué te trae por la empresa?

—Igual que tú, ponerme al día —mira su reloj —quería verte para hacerte una invitación, quiero que mañana en la noche tú y mi hija vayan a mi casa, prepararé una cena por la llegada de Isidora —alzo una ceja al escuchar esas palabras y sonrío, Isidora es la prima “favorita” de Isabella, nunca se han llevado nada bien.

—Estoy seguro de que a Isabella le encantará asistir —digo sin dejar mi sonrisa.

—Perfecto entonces, nos vemos mañana —asiento imaginando la cara de Isabella cuando se lo diga, si ella se entromete en mi vida, yo puedo hacer lo mismo.

Salgo de la empresa cuando ya he acabado todo ahí y camino hacia mi auto, lo único que deseo es que al llegar a la casa los niños estén durmiendo e Isabella no aparezca por ningún lado. Abro la puerta del auto, pero al escuchar mi nombre me detengo.

—¡David! —me tenso al reconocer la voz y me giro.

—¿Qué haces aquí Leyla? —ella se acerca sonriendo.

—Quería verte —sus ojos brillan al decir esas palabras —no has ido más por el club y

—Te dije que no volvería —hablo bajo para que solo ella escuche —la última vez salí con deudas de ese lugar, deudas peligrosas, tu también deberías alejarte de ahí —la señalo y una de sus manos toca mi pecho, pero rápido me aparto.

—Escuché que te casaste, ¿eso es…es verdad? —frunce el ceño y respiro hondo.

—Leyla no tengo por qué darte explicaciones y lo sabes bien, pero si, me casé —al mirar sus ojos hay cierto dolor en estos y resoplo, hay errores que uno comete llevado por el dolor y Leyla es uno de esos errores que cometí luego de lo de mi esposa.

—Pero eso no significa que tengamos que dejar de vernos David —sonríe al decir las palabras —sabes que no me importa.

—Te dije que lo nuestro tenía un final y es este —mascullo para que entienda —te dije también que solo, solo nos divertíamos y eso es todo Leyla, ¿entiendes? —su mandíbula se tensa —No vuelvas a buscarme —dejo claro y abro la puerta del auto y subo a este para arrancar rápido aún viéndola, lo peor es que ella no lo dejará así y ya la imagino yendo a llorar con su hermano y el imbécil es tan molesto como ella.

Entro a la casa y escuchar el silencio me alegra luego del largo día, la empleada se acerca a tomar mi saco y mi carpeta.

—Lo esperan en el comedor señor —mi ceño se frunce con esas palabras.

—¿Me esperan? —cuestiono, pero ella ya se ha alejado y respirando hondo camino hacia el comedor, al llegar tenso mi mandíbula viéndolos ahí a los cuatro.

—¿Cenando a esa hora? —miro con rabia a Isabella y luego a los niños —Deberían estar durmiendo.

—Querían que cenáramos como una familia —suelta Isabella y evito bufar tomando asiento.

—¿Esa fue tu idea? —sonrío negando —por dios.

—Papá hoy hicimos varios dibujos —dice Liam y me dedico a servirme.

—Hicimos algunos para la abuela y este para ti —el pequeño se estira sobre la mesa con el papel en la mano y es torpe, acaba derramando su refresco sobre la mesa y maldigo en voz baja.

—Por dios Liam ten más cuidado ¿quieres? —resoplo viendo el desorden —Maldición la mesa es para cenar y ya —lo regaño y él se encoge en su silla.

—Solo fue un accidente David —interfiere Isabella pero la ignoro.

—Es verdad —habla Lia y evito mirarla, ella es idéntica, una copa exacta de su madre —no deberías hablarnos así.

—Quienes no deben hablar mal son ustedes —los señalo.

—¿Nos llevarás algún día a ver a la abuela? —cuestiona Luca —Queremos

—¿Quieren hacer silencio? —golpeo la mesa cuando sus voces ya me estresan —Por dios así se le va el hambre a cualquiera —añado empujando mi plato y me pongo de pie con brusquedad para salir del comedor. Camino rápido, con esas miradas en mi cabeza y siento que me volveré loco, siento rabia, impotencia y dolor al mismo tiempo y entro a la habitación quitándome la corbata.

—¿Qué demonios te pasa? —esa voz me hace cerrar los ojos con fuerza.

—Cuidado con como me hablas Isabella —la miro gruñendo.

—Pareces odiar a tus hijos David —reclama —son niños, tienen seis años apenas y tú eres, eres un ogro con ellos —me mira enojada —los tratas mal, apenas los miras y

—Me recuerdan a ella —suelto en voz baja sin mirarla y un silencio tenso se instala en la habitación.

—Pero la amabas —dice y bufo con eso pasando las manos por mi rostro, ella no sabe nada —no deberías tratarlos así si te recuerdan a ella porque

—No sabes de lo que hablas y tampoco hablaré contigo de esto —mascullo mirando sus ojos —si no te gusta puedes irte Isabella, ahora sal de mi habitación —pido sin mucho ánimo. —Me daré una ducha y dormiré, estoy agotado —Me doy la vuelta, pero entonces lo recuerdo y sonrío —por cierto —la miro y ella se gira cuando ya iba llegando a la puerta —mañana tenemos que ir a cenar a la casa de tus padres, Isidora, tu prima, ha regresado de su viaje —su mandíbula se tensa desde que escucha el nombre.

—¿Y harán una cena?

—Y vamos a ir.

—No voy a ir a esa cena David —niega rápido —sabes bien que

—Te quejas diciendo que odio a mis hijos, pero que hay de ti —rio burlándome —es tu prima, creció como tu hermana y no la soportas, deberías examinarte un poco ¿no?

—Imbécil —se gira.

—¿Qué te molesta más? ¿Qué ella tiene más fama que tú? —mis palabras la dejan quieta —¿Que es la modelo a la que todos aclaman y claro, más hermosa obviamente? —sonrío acercándome un paso —O quizás lo que te molesta es que todos la prefieren a ella antes que a ti —Isabella me mira.

—¿Cuando dices todos solo hablas de esos que peores gustos tienen, como tú obviamente? —espeta mirando mis ojos.

—Iremos a la cena Isabella, está decidido —dejo claro —guarda tu envidia dentro de ti y no la dejes salir por favor, ahora estamos casados, no me hagas pasar vergüenza —sonrío.

—Ni tú a mí, evita los coqueteos con ella —pide y alzo una ceja.

—Vamos, somos un matrimonio falso, entre las reglas del contrato estaba que podía estar con quien quisiera —abro mis brazos.

—Lo sé, conozco bien esa regla —ella sonríe y mi sonrisa disminuye —no la he olvidado David, es más, la tengo muy presente —su sonrisa aumenta y la mía ya se ha borrado.

—¿A qué te refieres? —cuestiono con seriedad.

—Duerme bien querido esposo, mañana iremos a esa cena y siempre recuerda —me señala tocando mi pecho con su dedo —si miras, hablas o tocas, yo haré lo mismo, pero créeme, lo haré a lo grande —me guiña un ojo y sale de la habitación, yo llevo una mano a mi pecho justo donde ella tocó y aprieto mis dientes.