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Capítulo 3: Las reglas cambian

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Capítulo 3: Las reglas cambian

Isabella

Queriendo olvidar por completo a David camino hacia la habitación de los pequeños con pasos rápidos. Ellos estaban sonriendo, habían hecho dibujos, querían cenar con su padre, pero no, él siempre tiene que echarlo a perder todo y bufo pensando en eso, no lo entiendo, juro que jamás entenderé a un hombre que se comporta de esta forma aunque piense que tenga sus razones, sinceramente, ¿que razones podría tener para querer a sus hijos lejos? Dice que les recuerdan a su esposa, pero ¿acaso eso no es motivo para quererlos con él?, se supone que la amaba y ese pensamiento detiene mis pasos, he recorrido esta casa por completo, mi curiosidad me ha llevado a cada esquina, he revisado cada cosa y, y no he visto fotos de ella por ningún lado, pero eso no tiene sentido y niego con la cabeza, David debe de tener esas fotos escondidas o al menos eso pienso. Suspiro antes de empujar con cuidado la puerta y rápido recibo las miradas de los tres pequeños que están dentro. Solo que ahora esas miradas están cargadas de tristeza y eso rompe mi corazón.

—¿Sabían que cada lágrima es como una perla preciosa? —cuestiono entrando por completo a la habitación y tomo asiento frente a ellos —y esas perlas cuestan mucho —llevo mi mano hasta Liam y limpio sus mejillas manchadas por las lágrimas —por eso, no debemos derramarlas por cualquiera —sonrío mirándolos y claro, lo dice alguien que ha amado en silencio a un hombre que nunca la ha mirado, pero que por todos los medios ha evitado derramar sus lágrimas por él.

—Papá no nos quiere —bufa el pequeño y niego con la cabeza.

—No digas eso mi amor —pido con cariño —no es cierto.

—Es la verdad —masculla su hermana —nunca está con nosotros, nunca juega y quiere que los abuelos nos lleven de nuevo —se cruza de brazos.

—Y en cuanto la abuela esté bien nos mandará con esta —termina diciendo Luca.

—Pero nosotros queremos estar aquí —susurra Liam y un nudo se forma en mi garganta.

—No piensen así, es más, David si los quiere —los tres me miran cuando digo esas palabras que ni yo puedo creerme —aceptó hacerles una fiesta —suelto sin pensar y al instante las miradas de ellos cambian.

—¿De verdad? —cuestiona Lia y asiento, dios, estoy mintiendo, pero es por una buena causa.

—Pues sí, aceptó hacerlo, ¿ven? —sonrío —Él sí piensa en ustedes.

—¿Si Isa? —Luca se levanta.

—¿Papá nos hará una fiesta? —Liam limpia sus lágrimas, Lia sonríe y yo solo asiento mirando esos ojos ilusionados.

Perfecto, haré la fiesta que David prohibió y ahora debo pensar en como haré una fiesta en su casa sin que él se dé cuenta.

Respiro hondo al mirarme al espejo buscando alguna imperfección que deba corregir, no quiero ir a esa cena aunque claro, la razón es bastante distinta a lo que David piensa, ¿envidia? No, nunca envidié a Isidora, pero si sentí celos, celos cuando ellos dos se involucraron, éramos bastante jóvenes, pero ella sabía de sobra lo que yo sentía hacia David y poco le importó, desde ese momento la amistad se rompió y sí, me di cuenta de que nunca habíamos sido amigas de verdad. Cuando siento que todo está perfecto sonrío observando aún mi reflejo, llevo mi cabello recogido y un hermoso y elegante vestido rojo que deja mi espalda al descubierto. Camino entonces hacia la salida y una vez fuera veo a David que mira su reloj como si estuviera desesperado por llegar a la dichosa cena y aprieto los dientes, debo calmarme, me repito por dentro hasta que su mirada me encuentra y él se detiene por completo. Sonrío deteniéndome frente a él que parece haberse congelado.

—¿Qué? —cuestiono mirando sus ojos —¿Vas a quedarte ahí de pie o abrirás la puerta? —señalo el auto.

—¿Vestido nuevo para la cena? —su mirada me recorre sin saber todo lo que provoca —¿De verdad crees que vas a lucir mejor que ella? —ríe abriendo la puerta del auto y claro, sus palabras hirientes nunca faltan.

—No me importa lucir mejor que nadie David, solo llamar la atención —sonrío.

—¿Llamar la atención? —él ríe —¿De quién con Isidora ahí? —miro sus ojos.

—Pues hablé con mi madre temprano y resulta que Marco también estará en la cena, ¿lo recuerdas? —su sonrisa se acaba.

—¿Marco? Que Marc

—El mismo en el cual estás pensando —ya no veo la burla en sus ojos —mi ex —agrego antes de subir al auto y mi sonrisa solo aumenta cuando él tarda unos segundos de más en reaccionar.

—Hija —mi padre se acerca cuando nos ve llegar y sonríe —estás hermosa —abre sus brazos y luego acuna mi rostro entre sus manos.

—Gracias papá —él besa mi frente y entonces comienza a hablar con David alejándose de mí.

—Prima —al escucharla me giro un poco —llegas tarde como siempre —ríe —¿tanto tardaste arreglándote? No se nota mucho —su sonrisa sigue, pero tampoco consigue borrar la mía.

—Isidora, no sabía que los viajes por Europa avejentaban tanto —se tensa con esas palabras.

—Ya supe que te casaste con David —mira hacia este que aún habla con mi padre, luego vuelve a mirar mis ojos —y no me sorprendió la verdad, eres buena quedándote con mis sobras —aprieto los dientes y doy un paso hacia ella para responderle, pero entonces David llega.

—Isidora, ¿recuerdas esta canción? —cuestiona mirándola y ella sonríe.

—¿Cómo olvidarla David?

—¿Bailamos entonces? —él le guiña un ojo y ella tarda nada en tomar su brazo sonriendo y ambos se alejan de mí. Aguanto la rabia siguiéndolos con la mirada cuando se unen a otras parejas que bailan, un baile romántico, pegados y tenso mi mandíbula.

—Y yo que pensaba que las estrellas eran hermosas —el susurro en mi oído me hace dejar de mirarlos y el hombre que ahora se coloca frente a mí me hace sonreír.

—¿Te funcionan esas frases para ligar? —él ríe.

—Antes lo hacían —comenta Marco mirándome con intensidad y sé que se refiere al pasado —¿bailamos? —extiende su mano —Me gusta recordar viejos tiempos —dudo, claro que lo hago, pero acepto su mano y él me lleva hacia las demás personas, comenzamos a bailar pegados aunque no tanto, pero Marco es bueno en esto y no tarda nada en pegarme más a su cuerpo.

—¿Quieres que te sea sincero? —pregunta en mi oído y sonrío —Tu padre me invitó a la fiesta de Isidora, pero solo vine porque sabía que estarías aquí —mira mis ojos.

—Marco no comiences —niego con la cabeza —estoy casada.

—Pero bailas conmigo mientras tu esposo baila con otra —alza una ceja —alguien con quien tuvo una relación hace muchos años tengo entendido —sonríe.

—Eso no quita que esté casada —él ríe.

—Sí, llevas un anillo —sus manos bajan a mi cintura —pero no sonríes igual que antes y además, soy amigo de tu padre —se acerca más dejando de bailar —tengo entendido que todo es por la empresa y los negocios así que

—Debemos irnos —la voz a mi espalda me tensa y me separo de Marco que frunce el ceño y miro a David.

—David aún no hemos cenado y

—Lo haremos en casa —comenta serio y no lo entiendo —nos iremos ya, la fiesta esta cansa —masculla mirando a Marco.

—Venga David, Isabella se quiere quedar —ríe Marco que toca mi brazo y noto como David se tensa dando un paso hacia él.

—Y yo me quedaré con tu mano si la sigues tocando, ¿te parece? —Marco me suelta pálido —Eso pensé, nos vamos —David toma mi mano y ni siquiera me deja hablar porque prácticamente me arrastra hacia el auto.

—¿Qué te ocurre? —bufo deteniéndome y él me suelta para mirar mis ojos.

—Respeto Isabella —gruñe y alzo una ceja —eso ocurre, el matrimonio es falso pero exijo respeto.

—Por dios —niego —tú coqueteaste con Isidora y te fuiste a bailar con ella —lo señalo con rabia.

—Seis meses, solo estaremos casados seis meses, pero exijo respeto —ruedo los ojos porque esa palabra ya me cansa.

—¿Y qué exiges exactamente David?

—Fingir que estamos casados —rio con eso.

—Eso ya lo estamos haciendo —bufo.

—Casados de verdad Isabella —se acerca más a mí —no habrá terceros en estos seis meses —mis cejas se elevan.

—¿Bromeas? Te recuerdo que las reglas del contrato

—Las reglas cambian —dice claro —luego de los seis meses no quedaré como cornudo contento así que me respetas y te respeto —sigo mirándolo incrédula —me serás fiel y yo haré lo mismo, es falso sí y siempre lo será, pero no seré el hazmerreír de nadie —David se cruza de brazos y me pierdo en su mirada sin entender nada.

—¿Y si digo que no? —su mandíbula se tensa cuando me escucha y solo lo desafío sintiendo mi corazón latir tan rápido que da miedo.