Capítulo 5: Operación fiesta secreta
Isabella
Tres días. Ese es el tiempo justo que ha pasado desde que David prohibió rotundamente una fiesta y la verdad desconozco la razón, ignoro si es porque odia el ruido, la gente o simplemente porque quiere fastidiar, pero en fin, a mí, poco me importa eso aunque aún recuerdo las caras de los trillizos ese día cuando lo escucharon diciendo eso. Ellos pensaban que él había aceptado y sí, fue mi culpa por mentirles y sus miradas tristes se quedaron grabadas en mi cabeza. David habló rápido y sin pensar y los gemelos estaban detrás de él. Corrí hacia la habitación deseando encontrarlos ahí y estaban sentados sobre la cama, con miradas tristes, ojos llorosos y bueno, Lia enfadada, me acerqué con cuidado a ellos y cuando sus miradas se posaron sobre mi sabia que todo sería culpa mía.
—Nos mentiste —exclamó la pequeña molesta y me acerqué aún más a ellos —Papá no nos quiere hacer ninguna fiesta —bufó.
—Lo lamento.
—Mentir es malo —murmuró Luca y suspiré.
—Bueno, fue una mentira pequeña y no era mala —me defendí como pude.
—Una mentira siempre es mala —dijo Liam.
—Sí, pero —me senté en la cama —a veces es necesario mentir para hacer algo bueno —agregué sabiendo que les estaba enseñando mal, pero en fin, nadie es perfecto, ellos me miraron, frunciendo el ceño.
—Da igual —Lía resopló con fastidio —no tendremos ninguna fiesta.
—¿Quién lo dijo? —solté sin pensar.
—Papá —respondió Luca y sonreí.
—Él no hará una fiesta —seguí sonriendo —pero nosotros sí.
—¿Cómo así? —Luca me miró raro y sonreí llevando mi mano a su cabello revolviendo este, pero el chico se apartó rápido.
—Odia eso —susurró Lía y suspiré.
—Bueno —miré a cada uno de ellos —haremos la fiesta, a escondidas de David —me crucé de brazos decidida, porque después de todo, David había prohibido la fiesta, pero no había dicho nada sobre no hacerla cuando él no estuviera y la idea llegó a mi mente, se formó, creció y aquí estoy, contándola a los pequeños porque sí, es su casa y él puede prohibir muchas cosas pero ¿a mí? A mí nunca va a decirme qué hacer y que no y ese pensamiento me hace sonreír.
—Me gusta la idea —susurró Lia mirándome cómplice.
—Operación fiesta secreta —les guiñé un ojo y desde ese día comenzó todo, un plan lleno de ideas en donde cada día cuadrábamos todo, hablábamos en voz baja y preparábamos algo que David ni siquiera imaginaba.
Camino despacio por la casa, es tarde, la oscuridad fuera mantiene la casa en silencio y apenas veo bien mientras me muevo por los pasillos hasta llegar al cuarto de juegos o bueno, nuestro centro de operaciones según los trillizos y cuando entro, los tres ya están ahí, bien despiertos, sonriendo, esperando por mí, habían dormido toda la tarde para a esta hora no tener sueño y sonrío acercándome a ellos para acabar de preparar nuestra operación. Tomo asiento en el suelo, la puerta está bien cerrada, hay una linterna en el medio de los cuatro y pongo la libreta que traigo frente a mí, entonces miro a mis cómplices y por lo cuales hago todas estas locuras.
—Esta reunión es secreta —susurro y tres cabecitas asienten muy serias —Lo que se diga aquí, se queda aquí. Si alguien pregunta, no sabemos nada —sonrío.
—¿Ni aunque papá nos mire con la cara de “te estoy leyendo el alma”? —pregunta Luca tragando saliva.
—Ni aunque te mire con esa cara —lo señalo.
—Yo no puedo mentir —dice Lia dando un suspiro largo —Se me nota en la nariz.
—Pues entonces no hablas —la señalo a ella —Te quedas callada y sonríes.
—Eso sí puedo —sonríe.
—Perfecto. —Abro la libreta en donde con letras grandes está escrito: OPERACIÓN FIESTA SECRETA —Punto uno —miro los ojos de los tres al hablar —Mañana —respiro hondo —David sale a las ocho —comento mirando la libreta, en estos tres días he anotado todas sus entradas y salidas —Los invitados llegan a las nueve —sonríen —A las dos de la tarde todo debe estar limpio y él no debe sospechar nada.
—¿Y si se da cuenta? —pregunta Liam con cara de muy preocupado.
—Por eso hay un plan B —le resto importancia con la mano.
—¿Cuál es? —cuestiona Lia y suspiro mirando la libreta pensando un momento.
—Correr —los cuatro reímos con mi respuesta, pero rápido las risas acaban recordando que no debemos hacer ruido.
—Punto dos —sigo leyendo lo anotado —la comida —sonrío —Quiero pastel, dulces y una fuente de chocolate.
—¡¡FUENTE DE CHOCOLATE!! —gritan los tres en un susurro desesperado, que es una habilidad que solo los niños dominan y sus caras me hacen sonreír porque ese punto les ha encantado.
—Punto tres —asienten rápido —los globos. Muchos globos —los ojos de ellos brillan y pensar que mañana solo tenemos una hora para preparar todo me pone nerviosa.
—¿Y un arco? —pide Lia con los ojos brillantes—Uno enorme, ¿cómo el de las películas? —me ruega con la mirada —que esté en la puerta de la entrada Isa —pide.
—Un arco enorme —anoto en la libreta y ella exclama un sí, feliz —De los que se ven desde el espacio —exageré y la niña sonríe encantada.
—¿Y un dinosaurio? —añade Luca tímido y rápido lo miro pensando haber escuchado mal.
—¿Un dinosaurio? —ladeo el rostro confundida, es su fiesta, he tratado de poner todo lo que le guste a ellos pero eso
—Mi amigo Tomás tiene un disfraz de dinosaurio —me mira con la misma cara de ruego que su hermana y me pregunto quién es ese amigo, pero en fin, he enviado más de treinta invitaciones y no recuerdo los nombres de nadie.
—Aprobado —él sonríe —El dinosaurio entra —vuelvo a anotar lo nuevo y entonces Liam levanta una mano de forma educada y lo miro.
—Isabella… ¿Y las pistolas de pintura? —cuestiona y eso me tensa.
—¿Qué pistolas de pintura? —miro sus ojos negando por dentro, ya eso es mucho.
—Las que vimos en la tienda —murmura —Son lavables, dice el empaque —sonríe de oreja a oreja y niego con la cabeza.
—Liam —respiro hondo —eso es una pésima idea —agrego pensando en cómo terminará la casa luego y en que yo tendré que limpiar todo.
—¿Por qué? —el pequeño frunce el ceño.
—Porque en una casa con niños, globos y chocolate, agregar pintura es pedir un desastre —el silencio llena la sala y los tres me miran con esos ojos de cachorro abandonado, esas miradas imposibles de ignorar que me hacen suspirar.
—Solo una —digo después de pensar mucho —Y se queda guardada, para emergencias.
—¡¡Sí!! —susurraron los tres, abrazándose y sonrío mirándolos sintiendo algo cálido en mi pecho, de esos sentimientos que no entran en ningún contrato, ellos tienen seis años y nunca han tenido una fiesta de verdad.
—Créanme —me miran —Tendrán la mejor fiesta del mundo —sonríen —y si David se entera y se enoja, yo me hago responsable —sonrío.
—¿Y si te grita? —pregunta Lia preocupada y pienso en David, en lo orgulloso e insoportable que es y en como mira a los niños sin siquiera sonreír.
—Ya habremos hecho la fiesta —sonreímos cómplices cuando digo esas palabras —Operación fiesta secreta —acabo diciendo cerrando la libreta, Liam abre la boca, pero el clic de la puerta lo deja paralizado, a todos y me tenso mirando hacia esta.
—¿Isabella? —la voz de David cruza la puerta y miro a los niños —¿Con quién hablas? —Lía se tapa la nariz, Luca se encoge en su sitio y Liam me mira con terror, pero, en cambio, yo solo sonrío y señalo el closet pidiéndoles en un susurro que se escondan.
—¡Con nadie! —grito mirando a los niños que se mueven —¡Estoy… rezando! —agrego lo único que llega a mi mente y me pongo de pie.
—¿Rezando?
—Si David —ruedo los ojos y me acerco al closet —¿acaso no sabes lo que es rezar? —les guiño un ojo a los pequeños y cierro la puerta.
—¿En el cuarto de juegos? —su voz se escucha mal, bien, está molesto y no me cree nada.
—Es más tranquilo —digo tranquila escondiendo la libreta.
—Son las once y media —masculla y me acerco a la puerta luego de mirar que todo está organizado y no hay pruebas de nada.
—Dios no tiene horario —respondo sonriendo y entonces abro la puerta, la mirada de David tarda segundos recorriendo mi cuerpo y claro, mi ropa de dormir es bastante cómoda, corta y algo transparente, lo noto tensar su mandíbula cuando mira mis ojos como si fuera obligado solo mirar ahí y casi sonrío pensando, pensando demasiado, pero es absurdo, es David y yo nunca le he parecido atractiva.
—¿Me vigilas? —me acerco a él probando algo y da un paso atrás haciéndome sonreír alzando una ceja, ¿es en serio?
—No sabía que eras religiosa —bufo.
—Hay muchas cosas que ignoras de mí, David —muerdo mi labio y él deja de mirarme al instante incómodo, entonces echa a andar, ¿le he puesto nervioso? No lo sé, pero ha funcionado para que se aleje.
—Dudo que dios escuche tus oraciones —masculla y sonrío.
—¿Dijiste algo? —me hago la sorda, pero él no me mira, no dice nada y camina desesperado, cuando desaparece solo me echo a reír hasta que recuerdo a los niños y corro hacia el closet, todo está listo, mañana será la fiesta y nada ni nadie va a impedir que ellos disfruten esta.