Capítulo 12
Capítulo 12
Capítulo 12: La inocente tú Abrió sus ojos lentamente. Se sentía extraña, este era el amanecer más raro que había tenido en su vida y, al voltear, se dio cuenta de la razón; no estaba en su cama ni se encontraba sola; él estaba durmiendo a su lado. Su rostro se veía tan sereno que ella no pudo evitar acariciarlo con su mano, sonrojándose completamente al asimilar por fin lo que había pasado entre ellos.—Naruto-kun, eres tan lindo... —susurró con una pequeña sonrisa. Aún no podía creer lo que habían hecho la noche anterior, pero había sido real, realmente se entregó al chico que amaba. Siempre había pensado que llegaría virgen al matrimonio, pero ¿qué importaba ahora? Había sido con él, así que se sentía la mujer más feliz del mundo.—Hmmn —balbuceó Naruto mientras, se daba una pequeña vuelta sobre la cama, abriendo sus ojos azules para observar a la joven que estaba recostada a su lado y que lo miraba sonriente—. Buenos días, Hinata —saludó emitiendo su brillante sonrisa, la cual aceleró el corazón de Hinata.—Buenos días, Naruto-kun —saludó la ojiperla cubriendo su cuerpo con la sábana, ya que le avergonzaba que Naruto la viera desnuda, a pesar de que anoche ya lo hubiese hecho. Él rio divertido al verla hacer eso, se veía tan tímida y linda.—¿Para qué te cubres? Anoche ya te vi toda —le comentó, provocando nuevamente el sonrojo de la joven.—N-Naruto-kun —susurró en tono de regaño.—No te enojes, te ves tan bonita sonriendo —dijo Naruto, aprisionando a Hinata con su cuerpo, mientras le acariciaba la mejilla para luego besarla en los labios de forma apasionada y profunda, hasta sacarle un leve gemido a la ojiperla, luego se separó sonriente—. Anoche no te lo pregunté porque claramente estábamos ocupados, pero...—¿Qué cosa? —cuestionó la chica, sin dejar de mirarlo fijamente. Naruto la volvió a besar de forma lenta y dulce, pues realmente besar a Hinata era algo que le encantaba y hacía temblar su cuerpo completamente, hacía vibrar su corazón como nadie. Era mil veces mejor que todas las noches que pasó con Sakura.—Hinata... ¿quieres ser mi novia? —preguntó, casi rozando sus labios en contra de los de la Hyûga, la cual se quedó sorprendida, sintiendo como si nada de esto fuese real. Sin darse cuenta, un par de lágrimas rodaron por sus mejillas sonrojadas y Naruto se separó un poco, mirándola preocupado—. ¿Por qué lloras? ¿Acaso no quieres?—No es eso, es que estoy demasiado feliz —contestó Hinata sonriendo ampliamente, como nunca antes—. Te amo mucho, y por supuesto que acepto.Naruto sonrió lleno de felicidad, por saber que al fin la mujer de sus sueños era su novia. La besó nuevamente, pero esta vez había comenzado a acariciarla bajo las sábanas, dispuesto a repetir el acto de anoche, ¿y que importaba si llegaban tarde al trabajo? Después de todo, él era el jefe.*• - _ -•**• - _ -•**• - _ Mientras conducía hacia la empresa, Gaara no podía dejar de pensar en todo lo sucedido el día anterior, tanto en ese magnífico beso, así como en lo hermosa que Matsuri lucía anoche. Ella iba sentada a su lado, mirando por la ventana mientras lo ignoraba, y él no la podía dejar de mirar de reojo. Se notaba que estaba molesta, por lo que él no era capaz de decirle algo, era obvio que le gritaría hasta de lo que se iba a morir. Ahora que lo pensaba con la cabeza fría, había sido un verdadero idiota en dudar así de Matsuri, el que Sasori fuese un descarado no era culpa de ella, no tenía que haberla acusado de ser su amante, pero los celos habían sido más fuertes que nada en ese momento, porque de verdad no quería compartirla con nadie, la sentía como suya.La amaba, estaba tan estúpida y completamente enamorado de ella, que no podía contener sus impulsos y esa ira que se apoderaba de él cada vez que cualquier hombre que no fuera él se le acercaba, cada vez que cualquier idiota la miraba y apreciaba lo hermosa que era, porque Matsuri era su esposa y sólo él debía mirarla, sólo él tenía el derecho de hacerla sentir mujer y eso era algo que deseaba con todas sus fuerzas; poder estar con ella sin importarle nada.—Llegamos —avisó, volviendo a mirar de reojo a Matsuri, la cual no le dijo nada y sólo bajó del auto dando un portazo.Ella estaba enojada y harta de ser siempre la idiota que le perdonaba todo a Gaara, que le perdonó incluso por haberse metido con esa Yuki cuando estaban casados, que soportaba que él estuviera con todas esas mujeres mientras se moría por dentro del dolor. Lo amaba con todas sus fuerzas, pero esta vez no se dejaría humillar, él entendería que no podía pasar a llevar a todas las personas como se le diera la gana sin recibir un castigo. Matsuri era la persona que más lo quería en el mundo y, aun así, él se atrevía a lastimarla cada vez que podía, cada vez que le restregaba en la cara que eran sólo amigos.—¿Matsuri? —Gaara bajó del auto y tomó de la mano a la castaña, que sólo trataba de alejarse—. Oye, ¿qué te pasa? —preguntó un tanto dolido, pues no podía soportar la indiferencia de la chica. Ella sólo lo miró fríamente y se soltó de su agarre con cierta brusquedad.—Es curioso que lo preguntes, ¿acaso has perdido la memoria? —cuestionó altanera, para luego alejarse de él, dejándolo con una amarga sensación.—Matsuri... —susurró bajando la mirada. Era la primera vez en todos sus años de amistad que Matsuri lo trataba de esa manera tan fría y extrañaba ahora que ella le sonriera de esa forma tan especial, que le dijera con su dulce voz que todo estaría bien y que le mirara con sus brillantes ojos negros, transmitiéndole su calidez.Matsuri entró al ascensor del estacionamiento y presionó el botón del último piso. Tenía el ceño fruncido y empuñaba su mano derecha con rabia, ¿es que acaso a Gaara se le había olvidado cómo la trató ayer? ¿Cómo se podía hacer el desentendido así como así? Y aunque sí le había dolido tratarlo de esa manera, no iba a ser una tonta de nuevo, él debía disculparse.—Eres un tonto, Gaara, un idiota —masculló enojada, pero enseguida se sintió triste y bajó la mirada.*• - _ -•**• - _ -•**• - _ Ella estaba revisando unos papeles, sentada en su escritorio, cuando un par de golpes a su puerta la distrajeron. Levantó la mirada y vio a su esposo parado en la entrada, sonriéndole.—¿Sucede algo, Shikamaru? —preguntó con una sonrisa la rubia, la cual se amplió más al ver las lindas flores que traía Shikamaru en sus manos—. ¿Qué es eso?—Pensé en traerte un pequeño detalle, ahora que ya no estás enojada conmigo —respondió acercándose a ella, para luego darle un dulce beso en los labios y sentarse a su lado.—Gracias, Shikamaru —dijo Temari, recibiendo las flores, ese tipo de gestos de parte de él eran realmente inusuales, pero a ella le encantaban. Shikamaru posó una mano sobre su vientre; quería sentir a su hijo, aunque con sólo tres meses, no se notara nada aún, era una necesidad que iba mucho más allá de todo eso.—¿Se te empezará a notar pronto? —preguntó acariciándola. Ella asintió con la cabeza y sonrió—. Oye, ¿y qué crees que sea? A mí me gustaría un niño.—Yo no sé, pero lo que sea, lo amaré mucho —Temari posó su mano sobre la de Shikamaru—. Aunque preferiría un niño también, la vida de las mujeres es muy complicada.Él sonrió. —Bueno, no importa tanto si es hombre o mujer, lo importante es que los dos lo querremos mucho, porque te lo repito, yo lo voy a querer —aseguró el Nara, atrapando entre sus manos el rostro de su esposa, para luego darle un profundo y apasionado beso, el cual duró hasta que ya no pudieron respirar.*• - _ -•**• - _ -•**• - _ Naruto entró al edificio de Konoha con una sonrisa de oreja a oreja y todos los que lo observaban se le quedaban viendo con curiosidad, ya que él solía sonreír, pero jamás con ese afán. Cuando llegó frente a Sasuke, éste no dudó en preguntar.—¿Pasaste buena noche? —interrogó, delineando una arrogante sonrisa.—La mejor de toda mi vida —respondió el rubio, sin ocultar su felicidad. Sasuke le puso una mano sobre el hombro y lo miró con expresión pícara, nada típica de él.—Ya confesa, es Hinata, ¿cierto?Naruto frunció el ceño. ¿Cómo rayos se habían dado cuenta? Sin embargo, no alcanzó a responderle, cuando vio entrar a Hinata por la puerta de la empresa, tan hermosa, tan radiante que no tuvo más opción que correr a sus brazos y estrecharla muy fuerte, sin importar que mucha gente les estuviera viendo.Hinata era simplemente perfecta, era todo lo que deseaba en una mujer; dulce, sensible, inteligente y hermosa. Aún podía recordar la suavidad de su piel, la fragilidad de su cuerpo y el dulzor de sus besos mientras la hacía suya, jamás olvidaría aquello, sólo ansiaba repetirlo mucho más; la amaba.—Je, que escandaloso es —susurró Sasuke, soltando una pequeña sonrisa y dándose la vuelta para subir al ascensor, ya que debía trabajar.Él entendía a la perfección lo que sentía Naruto; le pasaba lo mismo con Sakura, claro que él no podía andarlo gritando a los cuatro vientos, a diferencia de su amigo, pero tampoco deseaba mantener esa relación a escondidas por mucho tiempo más. *• - _ -•**• - _ -•**• - _ —Ya estoy aquí, ¿de qué querías hablarme? —preguntó Sasori, sentándose a la mesa de una fuente de sodas, justo frente a cierta rubia de mirada maliciosa.—Sabes de lo que quiero hablar, es sobre el trato que te propuse ayer, Sasori —respondió ella, tomando una cucharadita de helado para llevarlo a su boca.—Sayuri, no sé si esto sea buena idea, yo amo a Matsuri, pero no quiero hacerle daño separándola de la persona que ama, aunque me duela, debo aceptar que ella es la esposa de Gaara —el pelirrojo apretó sus puños con rabia, pero era cierto lo que decía, no podía interferir en un matrimonio, a pesar de haberlo pregonado frente a muchas personas con total descaro, no era capaz.Amaba a Matsuri de verdad, por eso era capaz de renunciar a ella si eso le daba felicidad.—Qué tierno e ingenuo eres —comentó Sayuri, riendo divertida por lo que acababa de presenciar, de verdad Sasori era todo un hombre, Matsuri no se merecía a alguien tan bueno, pero era su única opción para separarla de Gaara y volver a tenerlo con ella—. ¿De verdad te has creído esa tontería del matrimonio? —Sasori arqueó una ceja, sin comprender sus palabras—. Ese matrimonio no es más que una farsa.—¿A qué te refieres con eso? —cuestionó el hombre, confundido. Sayuri levantó su dedo índice, como si estuviera haciendo una aclaración, sonriendo con astucia.—Hace seis meses atrás, cuando el padre de Gaara murió, le dejó en su testamento una cláusula muy especial para que él pudiera recibir su herencia y la presidencia de la empresa.—Sigo sin entender —dijo el pelirrojo con el ceño fruncido, ¿a dónde quería llegar aquella mujer?Sayuri llevó otra cucharadita de helado a su boca y prosiguió con su relato.—La cláusula en cuestión decía que Gaara debía casarse, yo misma le vi buscando una esposa desesperadamente durante un mes, hasta que un día él y Matsuri anunciaron que se iban a casar, sospechosamente, un mes antes de que se venciera el plazo.Sasori por fin se sorprendió, entendiendo todo al instante.—¿Estás diciendo que sólo se casaron para obtener la herencia? —cuestionó, sin salir de su asombro, observando a la rubia asentir con la cabeza—. ¿Cómo es que sabes todo eso?—Tengo mis fuentes, me interesa mucho Gaara y quiero que esté a mi lado —respondió la chica, mirándole fijamente, para esperar su respuesta—. ¿Y entonces? ¿Aceptarás?—Yo... —Sasori lo dudó por un momento, de verdad no quería hacerle daño a Matsuri, pero ese idiota de Gaara no la merecía, no hacía más que jugar con sus sentimientos y utilizarla de una vil manera, cuando ella se moría de amor por él. No iba a permitir que Gaara se saliera con la suya; él no amaba a Matsuri, no como él—. De acuerdo —miró a Sayuri, extendiendo su mano para estrecharla con la de la chica—. Te dejaré el camino libre con Gaara, Matsuri será mía, te lo aseguro.—Trato hecho —dijo Sayuri, estrechando su mano y sonriendo satisfecha—. Qué fácil has caído... —pensó con malicia.*• - _ -•**• - _ -•**• - _ En todo lo que llevaba del día, ella apenas le había dirigido la palabra, e incluso cuando le llevó su café, casi se lo aventó por la cabeza. Gaara se sentía abrumado, no sabía qué hacer para arreglar las cosas, puesto que el trato que estaba recibiendo de su esposa no era nada agradable, le dolía que esa dulce sonrisa que ella siempre tenía para él, hoy ya no estuviera.—Matsuri, Matsuri... —murmuraba, tratando de pensar en una solución, devanándose los sesos en ello, pero nada se le venía a la cabeza, además, tenía muchos proyectos que revisar, con lo nuevo que iban a lanzar al mercado en compañía de Konoha, ya casi no faltaba nada para eso y él lo único que hacía era pensar en Matsuri.Unos golpes a la puerta le llamaron la atención, dio un simple " adelante " y observó a su hermano Kankuro entrar, el cual traía unos papeles en sus manos.—Oye, Gaara, te traigo estos presupuestos para que los apruebes, la reunión con Konoha será en dos días para afinar sobre el sistema operativo y los programas integrados —dijo Kankuro, sentándose en la silla frente a su hermano menor.Gaara recibió los papeles.—Está bien, déjame revisarlos —dijo de mala gana. Kankuro arqueó una ceja al notar el mal humor de su hermano, pero esperó hasta que él terminara de revisar y luego firmara—. Listo.—Oye, ¿estás bien? —preguntó el castaño, recibiendo de vuelta los documentos. Gaara le miró con el ceño fruncido—. No te ves muy contento que digamos.—No, bueno... —el pelirrojo bajó la mirada ofuscado, llevando una mano a su sien—. Lo que pasa es que... peleé con Matsuri y ahora está muy enojada conmigo, ni siquiera me habla.—¿Qué le hiciste? —interrogó Kankuro, cruzándose de brazos, porque para él era obvio que había sido culpa de Gaara; tenía tan poco tacto con las mujeres. Podía ser todo un conquistador de primer nivel, pero la diferencia estaba en que Matsuri no era una de esas mujeres a las que él estaba tan acostumbrado—. Vamos, Gaara, algo le habrás hecho —insistió.Gaara le miró con cierta culpabilidad en sus ojos y luego desvió la vista.—Yo... le grité en su cara que ella y Sasori eran amantes —respondió por fin, notando de reojo como su hermano se sorprendía bastante.—Idiota, ¿cómo pudiste decirle algo como eso? Y con Sasori...—Es que ese imbécil se le declaró enfrente de mis narices, ¿qué querías que hiciera? —el menor se puso de pie, golpeando el escritorio con fuerza con ambos puños. Kankuro se fijó en lo irritado que estaba y sonrió ladino—. Yo estaba tan molesto... estaba tan...—¿Celoso? —lo interrumpió el castaño. Gaara se sorprendió al oírlo, antes nunca lo hubiera aceptado, pero era verdad y Kankuro lo acababa de descubrir; Gaara no había sentido celos nunca por otra mujer que no fuera Matsuri. Finalmente, asintió con la cabeza, relajando un poco su cuerpo; no había sido capaz de negarlo—. Gaara, dime la verdad... ¿Te enamoraste de Matsuri?Gaara guardó silencio por unos segundos, volviendo a sentarse con la mirada baja. No lo había reconocido ante nadie aún, sólo cuando estuvo hablando con Sasuke, aquella ocasión en el bar, pero nadie más sabía de sus sentimientos. Nuevamente, su cuerpo se sentía tenso y pesado, como si llevara una gran carga sobre su espalda.—Es verdad... —respondió finalmente, volviendo a mirar al suelo con frustración, sin notar la sonrisa que se acrecentaba en los labios del mayor—. Hermano... ¿qué hago? ¿Cómo decirle a Matsuri que estoy enamorado de ella? ¿Cómo demonios soporto estos celos y esta rabia que me da cada vez que la veo con alguien más? —interrogó, casi desesperado. —Me sorprendes, tú mismo dijiste que el amor te parecía algo estúpido —comentó Kankuro, en tono de burla—. Pero llevas alrededor de cuatro meses de "casado" —hizo comillas con los dedos—, y me vienes a confesar que estás enamorado de tu mejor amiga.—No lo digas de esa forma, me haces sentir peor, ¿sabes? —dijo el pelirrojo, frunciendo el ceño. Kankuro sólo le miró soltando un suspiro.—Lo único que puedo aconsejarte es que se lo digas.—¿Estás loco? Confesárselo a Matsuri es lo último que haré —aseguró aún con el ceño fruncido. Había estado con muchísimas mujeres, pero jamás se había enamorado y no sabía cómo declararse, cómo demostrar que sus sentimientos eran verdaderos, menos aún, si se trataba de su querida mejor amiga. Por otro lado, Kankuro suspiró resignado una vez más, si tan sólo Gaara supiera que todo sería tan fácil como decirle a Matsuri lo que sentía, porque ella definitivamente le correspondía, pero él no podía meterse en eso, no quería arruinarle la sorpresa a su hermanito y la emoción de saber lo que se sentía amar a alguien por primera vez.*• - _ -•**• - _ -•**• - _ Sakura y su amiga Ino se encontraban en una galería de arte, donde se estaba exhibiendo nada más y nada menos que los cuadros del novio de la rubia. Ella y Sakura eran amigas de la infancia y trabajaban en el mismo hospital.—Ah, mi Sai es tan genial —decía Ino sonriendo. Sakura sólo asintió, riendo divertida al ver la cara de boba enamorada de su mejor amiga, que nunca se había tomado una relación tan enserio como esta. En ese momento, observó al chico alto, de cabello y ojos negros que se acercaba a su amiga para abrazarla.—Hola, Ino-chan —la saludó, dándole un beso en la mejilla.—Sai, qué guapo te ves, amor, me encanta tu exposición —saludó emocionada Ino. Sai le dio un beso en los labios y Sakura entornó los ojos al verlos ponerse tan melosos. Luego de eso, Sai se separó y miró a Sakura.—Hola Sakura, luces bien —le comentó, esbozando su peculiar sonrisa—. Por cierto, ¿Naruto estará en su oficina?—Pues no sé, ya no salgo con Naruto, pero me imagino que sí —respondió la peli rosa en pose pensativa.—Ah, es que él me pidió que leyera la novela de una amiga suya y que le diera mi opinión —dijo el artista, abrazando un poco más fuerte a su novia—. Solamente quería decirle que es fantástica, pero ya sabes cómo soy, perdí mi móvil y no sé su número.—Pero si quieres te lo doy —ofreció la chica de ojos jade, viendo a su amigo asentir con la cabeza. Tenía un poco de curiosidad acerca de ese libro, Naruto no solía recomendar cosas porque sí, a pesar de que era una persona muy amable, tenía que ser algo que de verdad le hubiese gustado como para intervenir. *• - _ -•**• - _ -•**• - _ La tarde ya había llegado y el sol se estaba poniendo en el cielo. Matsuri salía del edificio de Suna Corp, ignorando los gritos que le pegaba Gaara para que se detuviera.—¡Matsuri! —vociferó el pelirrojo una vez más, pero nuevamente fue completamente ignorado por su esposa, la cual caminaba a paso rápido por la calle, llevando sólo su bolso consigo—. ¡Matsuri, por favor háblame! —insistió.Matsuri detuvo sus pasos en seco y entornó los ojos, dándose la vuelta para mirar a Gaara. Se le estrujó el corazón al ver su expresión de tristeza y quiso olvidarse de todo, arrojarse a sus brazos y perdonarlo de una vez, pero no podía ser tan idiota y débil, él se merecía que lo tratara con la punta del zapato, por ser un insensible.—¿Qué es lo que quieres? —preguntó con indiferencia, dándose cuenta de que la expresión de Gaara era cada vez más triste. A ella también le hacía mal, ella también tenía sentimientos, ¿acaso Gaara no podía darse cuenta de eso?—Quiero que dejes de tratarme así, por favor, sólo fue una pelea estúpida.—¿Una pelea estúpida, Gaara? —cuestionó ella, esbozando una sonrisa llena de sarcasmo—. ¿Es estúpido que tú me trataras como si fuese una mujerzuela barata? ¡¿Es estúpido que me hayas lastimado de esa manera?! —gritó la castaña sin fingir su enojo, pues realmente le molestaba que él se siguiera comportando como si fuera inocente de toda culpa, que siguiera creyendo que la podía pasar a llevar todas las veces que quisiera y ella siempre lo iba a perdonar.—¡No fue mi culpa! ¡Es por ese imbécil! —Gaara tampoco podía contenerse, nuevamente se había dejado llevar por la ira, sin darse cuenta de que le hacía daño a su Matsuri—. Matsuri... —posó ambas manos sobre los hombros de la chica y la miró fijamente—. Entiende, ese estúpido... —se mordió el labio inferior antes de continuar—. No quiero, no tolero que esté cerca de ti, no lo soporto...La chica lo miró confusa, mientras Gaara se acercaba un poco más a ella. —¿Por qué, Gaara? ¿Por qué te molesta tanto si estoy o no con Sasori? —preguntó Matsuri, sin atreverse a apartar la mirada. Sentía el aliento del pelirrojo cada vez más cerca, nublando sus sentidos; él estaba a punto de besarla.—Porque eres mi esposa —fue la respuesta de Gaara, acortando cada vez más la distancia entre sus labios y los de Matsuri, pero cuando sólo quedaban unos centímetros, se detuvo y simplemente la abrazó por la cintura de manera protectora, como si una extraña fuerza sobrenatural lo hubiese frenado—. Y porque eres mi mejor amiga, no quiero que Sasori te lastime.Matsuri se quedó unos segundos más así, permaneciendo en silencio, regodeándose del calor corporal de ese hombre, pero, de un momento a otro, se separó, mirándolo con cierta frialdad; había estado a punto de caer.—Te aseguro que él no me lastima —dijo alejándose por completo de él y dando unos cuantos pasos hacia atrás, y era cierto, Sasori no era capaz de hacerle ningún daño, porque él no era el dueño de su corazón, el único que siempre la hería era Gaara y, aunque no se diera cuenta, ya tenía destrozado su corazón.Gaara sintió como si le clavasen una puñalada en el pecho, el dolor fue el más fuerte que había experimentado en su vida, porque esas palabras sólo podían significar que ella también amaba a Sasori, por eso él no la lastimaba, porque la hacía feliz.—Matsuri, por favor, aléjate de él...—No tienes derecho a exigirme que me aleje de él ni de nadie, eres mi esposo, pero nuestra unión no es más que un simple papel, a nosotros no nos unen los sentimientos, no estamos enamorados —mintió como jamás lo había hecho, ocultando bajo su rostro de enfado todo el dolor que sentía su corazón al asegurar que no lo amaba como lo hacía. Mientras que Gaara bajó la mirada; sus palabras sólo le confirmaban que ella no sentía nada por él, que los sentimientos que ella hizo aparecer en su pecho eran inútiles, que sus besos no significaban nada, que todo su hermoso ser no era para otro que no fuera Sasori. Ni siquiera le importaba que estuvieran casados, Matsuri simplemente no lo amaba como él a ella.Quiso escapar de todo por un momento, quiso volver a ser aquel insensible que no amaba a nadie, por eso fue que la miró con frialdad.—Muy bien, haz lo que quieras —dijo con la mirada vacía, pero sus ojos se crisparon de ira casi al instante—. ¡Si quieres revolcarte con Sasori como una zorra, adelante!—¡Vete a la mierda, Gaara! —Matsuri le dio un empujón en el pecho y se fue corriendo, mientras que Gaara se quedaba paralizado en su sitio; la había cagado.—Maldita sea, lo arruiné de nuevo —se dijo enojado, dándose una palmada en la frente, pero se sentía tan mal por lo que había pasado, que no estaba seguro de regresar a casa. Justo en ese momento recibió una llamada de Yuki. Miró la pantalla con cierta molestia, pero decidió contestar—. Hola, Yuki.*• - _ -•**• - _ -•**• - _ Shikamaru había quedado de salir hoy un poco antes que su esposa, ya que ella tenía que terminar un trabajo antes de bajar, por lo que él la estaría esperando en el estacionamiento. Apenas llegó a su auto y estiró la mano para abrir la puerta, notó a su cuñado Gaara arrancar su auto como alma que lleva el diablo. No le prestó demasiada atención a eso y abrió la puerta.—¿Qué le pasará a ese problemático de Gaara? —se preguntó de forma desinteresada, pero justo en ese momento, alguien le llamó.—Shikamaru-san... —el Nara se dio la vuelta, encontrándose con Kin. Aquella chica era bastante agradable, siempre le estaba sonriendo y actuaba dulcemente, no como Temari, que le gritaba por todo, aunque a él le encantaba el carácter problemático de su esposa. —Kin —saludó con un gesto de mano—. ¿Sucede algo? —preguntó, sonriendo levemente. Ella asintió con la cabeza y le volvió a sonreír.—Así es, tengo algo que decirle —respondió Kin, acercándose un poco a él.En ese momento, estaba Temari bajando las escaleras hacia el estacionamiento, mientras rebuscaba en su bolso para asegurarse que las llaves de su auto estaban ahí, a pesar de que hoy se iría con su esposo.—¿Qué es lo que tienes que decirme, Kin? —interrogó Shikamaru, arqueando una ceja, pues que ella se le acercara así era bastante extraño.—Que yo sé... que usted está casado, pero no puedo evitar lo que siento al mirarlo —confesó la chica algo sonrojada. El Nara la miró sorprendido, pero cuando iba a decir algo, Kin se lanzó a sus brazos y lo besó, dejándolo paralizado.Las llaves de Temari cayeron al suelo al haber presenciado esa escena; su esposo estaba ahí, siendo besado por otra mujer. Sus ojos se llenaron de lágrimas y trató de desviar la mirada, pero no podía.—S-Shikamaru... —de pronto sintió un terrible dolor en su vientre, algo que jamás había experimentado, era como estarse desgarrando. Inmediatamente se fijó en que estaba botando sangre, y temió por la vida de su hijo—. ¡Ah! —exclamó asustada.Ese grito llamó la atención tanto de Shikamaru como de Kin, quien se separó de él para voltearse y ver con horror lo que estaba pasando. Shikamaru se quedó estupefacto, ¿qué le pasaba a Temari?—T-Temari... —escapó de sus labios, hasta que al fin reaccionó cuando vio a Kin correr hacia la rubia, entonces supo que algo malo pasaba—. ¡Temari! —y corrió hacia ella con desesperación.*• - _ -•**• - _ -•**• - _ Matsuri soltó un suspiro de resignación, mientras se secaba las lágrimas de su rostro. Estaba sentada en el solitario columpio de un parque, tratando de dejar de llorar por la increíble rabia que sentía, porque realmente había sido un duro golpe el horrible insulto de Gaara.—Él cree que soy una zorra... —susurró, llorando esta vez con tristeza, pues le dolía que él tuviese un tan mal concepto de ella.Se volvió a secar las lágrimas, hacía mucho frío y de pronto pequeñas gotas comenzaron a caer del cielo, lo cual se intensificó al cabo de unos segundos, resultando en una torrencial lluvia.—¡Demonios! ¡¿Por qué a mí?! —reclamó completamente empapada y molesta.*• - _ -•**• - _ -•**• - _ —¡Cielos! No pensé que se pondría a llover de esta manera —decía Naruto, corriendo hacia su auto mientras se cubría la rubia cabellera con su maletín. Al llegar, vio salir corriendo a Hinata, por lo que sonrió levemente al notar como el agua había hecho que las ropas de la chica se pegaran a su cuerpo. Se sintió extasiado con aquella sensual imagen y no pudo evitar atrapar a la ojiperla entre sus brazos en cuanto ésta pasó cerca de él.—N-Naruto-kun... —balbuceó la joven con las mejillas teñidas de rojo, mientras que la insistente lluvia los mojaba de pies a cabeza.—¿Ya te vas a tu casa, Hinata-chan? —le preguntó susurrándole al oído, cosa que estremeció por completo el cuerpo de la Hyûga, además de que ese tono sensual realmente le provocaba y el repentino apodo la había tomado por sorpresa.—Así es, es muy tarde ya —respondió la ojiperla, bajando la mirada. Naruto la tomó del mentón para hacer que lo mirara directo a los ojos y así ella pudiera notar la decepción en ellos—. ¿Qué sucede?—Vamos a mi casa, no te vayas a la tuya, quiero estar contigo —rogó el ojiazul en tono de súplica, por lo que Hinata no le pudo replicar.—Pero me llevas temprano a mi casa mañana —dijo con una sonrisa en esos delicados labios que Naruto deseaba tanto besar. Él asintió con la cabeza y le abrió la puerta del auto para que se subiera con él, aunque no estaba seguro de poder levantarse temprano si dormía con ella otra vez.*• - _ -•**• - _ -•**• - _ —¿De qué querías hablarme? —preguntó Gaara a Yuki. Se encontraba en el departamento de ella, sentado en el sofá individual, mientras notaba la lluvia caer con fuerza a través de la ventana que estaba cerca de él.—¿Por qué me tratas tan fríamente, Gaara? —se quejó Yuki, frunciendo el ceño. Observó al pelirrojo beber un poco de té, ella suspiró, era evidente que Gaara no se sentía de buen humor, ni siquiera la estaba mirando—. Oye, sólo quiero saber por qué me has estado evitando.—No es que te haya estado evitando, es sólo que... —Gaara bajó la mirada sin saber qué decir, no tenía idea de las palabras que debía usar ahora, pero estaba seguro de que ya no quería tener nada más con ella, porque sólo amaba a su esposa, porque le aburría y le fastidiaba el acercamiento de otras mujeres.—No importa —le susurró Yuki al oído, sentándose a horcajadas sobre las piernas de él. Gaara estaba algo sorprendido, ¿en qué momento ella había llegado ahí? Ni siquiera lo notó por estar pensando en Matsuri—. Gaara... no me importa que me hayas estado ignorando, ahora no podrás hacerlo —aseguró, tomando la mano izquierda del pelirrojo y haciendo que la pusiera sobre uno de sus pechos. Gaara sólo la miraba fijamente, sin hacer ningún movimiento, realmente no estaba sintiendo nada.—Yuki... yo... —Iba a hablar, pero ella lo calló poniendo un dedo sobre sus labios.—No digas nada ahora, sólo hazme tuya —le pidió antes de besarlo apasionadamente en los labios, mientras que con su mano hacía que Gaara masajeara su seno. El pelirrojo comenzó a corresponderle, llevando la mano derecha a su nuca para profundizar el roce, sintiendo como la lengua de la chica entraba en su boca.— ¿Por qué? ¿Por qué no siento lo mismo de antes? —se preguntó mentalmente, pues en este momento -y a pesar de estar a punto de hacerlo con Yuki- no podía dejar de pensar en Matsuri.Cuando se separaron, él la volvió a mirar fijamente, observando sus ojos azules, dándose por fin cuenta de qué era lo que faltaba; le faltaba aquel sentimiento, ese que le hacía vibrar y temblar como un adolescente, le faltaba amar a esa persona como amaba a su esposa.—Lo siento, Yuki —dijo con seriedad, para luego apartarla de encima de él con suavidad, se levantó con rapidez y caminó hacia la puerta.—¿Qué sucede contigo? ¿Por qué me rechazas? —cuestionó sorprendida y ofendida, pues era la primera vez que Gaara le hacía esto.—No puedo estar contigo, estoy enamorado de mi esposa —respondió el pelirrojo, apoyando su mano en el pómulo de la puerta, pero Yuki lo detuvo tomándole de la mano.—¿Enamorado tú? ¿Estás jugando? —Gaara la miró fríamente y se soltó de su agarre, abriendo la puerta y saliendo fuera del departamento, pero se detuvo justo en ese lugar.—No estoy jugando, amo a Matsuri y eso no lo cambiarás ni tú ni nadie —aseguró antes de marcharse, mientras que Yuki se había quedado asombrada, ya que nunca pensó que Gaara llegaría a enamorarse; la había traicionado.*• - _ -•**• - _ -•**• - _ —Maldita sea, estúpida lluvia —se quejó Matsuri, entrando a la casa. Estaba demasiado furiosa y triste, además de estar completamente empapada. Sentía ganas de gritar, de golpear algo, nunca se había sentido tan molesta como ahora.—Señora Matsuri, ¿se encuentra bien? —le preguntó su empleada Juuna muy preocupada al verla toda mojada, pensando en que se podría resfriar—. Está empapada, ¿quiere que le ayude?—No, gracias, Juuna-san —respondió la castaña, sonriendo dulcemente y, justo en ese momento, la puerta se abrió, dejando ver a un enfadado y todo empapado Gaara.Matsuri lo observó y frunció el ceño.—¡Madre santa! El señor también está mojado —exclamó Juuna con sorpresa, pero se quedó en silencio al notar cómo se miraban los señores de la casa, como si sintieran mucha rabia el uno por el otro.—Juuna-san, váyase a dormir, nosotros nos haremos cargo de esto —dijo Gaara. La mujer sólo asintió y se alejó, entonces Gaara miró a su esposa—. Matsuri, yo...—No me digas nada, no quiero oírte, estúpido —lo interrumpió Matsuri, para luego irse corriendo escaleras arriba, dejando a Gaara estático en su sitio. Ella acababa de insultarlo. ¡Lo había insultado!—¡Matsuri! —gritó furioso, corriendo detrás de ella. Ya estaba harto de esta situación, no iba a permitir que ese imbécil de Sasori se saliera con la suya, no iba a dejar que él se quedara con su esposa, y mucho menos se iba a quedar con las ganas de gritarle todo lo que sentía por ella a Matsuri.Matsuri entró a su cuarto y dio un tremendo portazo. Sin poderlo evitar, comenzó a llorar otra vez, lanzándose sobre la cama. En ese momento, Gaara entró al cuarto, se veía muerto de rabia, pero al darse cuenta de las lágrimas que surcaban el fino rostro de su esposa, toda su rabia desapareció, siendo reemplazada por preocupación y culpa.—Suri, no llores por favor —le pidió con un tono suave, acercándose a ella y posando su mano izquierda sobre el hombro de la chica, mientras con la derecha acariciaba su rostro, secando sus lágrimas.—Gaara, yo no tengo nada con Sasori... —dijo Matsuri bajando la mirada. Gaara se sintió muy mal, se sentía como un completo imbécil, la había hecho llorar y la lastimó con sus comentarios estúpidos y su insistencia.—Lo siento —se disculpó abrazándola, tomándola con una mano por la cintura y con la otra acariciando ese cabello castaño que le gustaba tanto. Matsuri descansó su rostro sobre el pecho de Gaara y continuó llorando—. Perdón, Suri, fui un idiota, jamás debí decirte todo eso.—No —la chica se separó de él, dándole la espalda y secándose las lágrimas mientras se ponía de pie. Él sólo la miró con tristeza—. Gaara, por favor, vete a dormir a otro cuarto, no quiero verte.—Bien —fue todo lo que dijo Gaara antes de salir. Matsuri se volvió a sentar sobre la cama y soltó un hondo suspiro, para finalmente levantarse y comenzar a quitarse la ropa mojada.Gaara, mientras tanto, había bajado hasta el bar, se sirvió un vaso de whisky y lo bebió de una sola vez. Se había sentido tan miserable al ver llorar a Matsuri por su culpa, si se suponía que la amaba, entonces no debería hacerla sufrir, pero esos malditos celos lo enfermaban y no lo dejaban pensar en nada con claridad. Volvió a beber otro trago y golpeó el vaso contra la madera del mesón de ese pequeño bar; había decidido que se lo diría a Matsuri, no importaba lo que ella dijera, no importaba que lo rechazara, ya no podía soportarlo.—Es suficiente, Matsuri lo sabrá ya, no importa lo que pase, le diré que la amo —estaba totalmente decidido. Dejó el vaso ahí y regresó sus pasos hacia el cuarto, abriendo la puerta sin siquiera tocarla y quedando maravillado con la vista de su hermosa esposa usando un diminuto pijama de encaje en rojo, con su cabello aún mojado y un tanto ondulado por el efecto del agua.—Gaara... ¿qué te sucede? ¿Qué haces aquí? —cuestionó la castaña, frunciendo el ceño, sin embargo, Gaara no le respondió, simplemente la arrojó sobre la cama, dejándola sorprendida—. ¿Q-que te pasa?—Tengo algo que decirte y me vas a oír, aunque no quieras —respondió Gaara, posicionándose sobre ella y apoyándose en sus palmas y sus rodillas para no aplastarla y acorralarla al mismo tiempo. Matsuri se sonrojó al verlo sobre ella, su corazón y su respiración se agitaron considerablemente, mientras que su intimidad se humedecía, deseosa por sentirlo dentro de ella, porque tenerlo tan cerca le tentaba demasiado, el peso de su cuerpo y su calor -a pesar de estar empapado- la estaban matando.—S-suéltame, estás todo mojado —reclamó la chica, sintiéndose totalmente avergonzada y acalorada. Gaara no podía dejar de mirarla, se veía tan hermosa con esa expresión de confusión en su rostro, lucía tan inocente con ese tierno rubor en sus mejillas, como una niña asustada que jamás había pecado. Era realmente adorable cómo ella se estremecía debajo de él, cómo desviaba su mirada para no tener que verlo a los ojos. No pudo evitar acercarse a su oído de forma sugerente, ardiendo en deseos por hacerla su mujer, por irrumpir lentamente en su dulce intimidad y escucharla gemir sutilmente su nombre.—Te ves tan inocente y linda... —Matsuri abrió sus ojos como platos ante aquel susurro tan suave y el solo gesto de seducción tan evidente, pero todo fue aún más sorprendente cuando él la besó, cuando unió sus labios en un cálido contacto que era totalmente diferente de todos los anteriores. Era un sabor delicioso, dulce y adictivo, probar los labios de Matsuri era algo que le llevaba a la locura y no quería dejar de sentirla, de pensar que ella le pertenecía.Sus lenguas se unían en un frenesí apasionado, que tomaba cada vez más fuerza, hasta el punto de hacerles perder la razón, de llevarse por completo el aire de sus pulmones.El desenfreno se apoderó de ambos, haciendo que sólo quisieran más del otro. Gaara aprovechó el impulso que ella le estaba dando al corresponderle y usó su mano derecha para acariciar con delicadeza su pierna. Podía sentir esa suave piel bajo sus dedos y la sensación de placer era simplemente indescriptible, porque lo que más deseaba en el mundo era tocarla, quemarle la piel con sus caricias. Nunca había sentido a su corazón latiendo tan fuerte como en ese momento, con ninguna de las mujeres con las que estuvo antes sintió tantos deseos, tanta pasión.—Ah, Gaara... —gimió Matsuri cuando él por fin liberó sus labios para dejarla respirar, y al oírla, Gaara se excitó terriblemente. Comenzó a depositar húmedos y cortos besos sobre su cuello, sintiendo cómo su miembro ahí abajo se endurecía más con cada caricia que le hacía la castaña en su espalda o en su cabello, con cada beso lleno de pasión que le brindaba. Ansiaba estar dentro de ella de una vez, quería irrumpirla y llevarla a la cima del placer mientras la embestía. Necesitaba poseer a esa mujer antes de volverse loco; sin embargo, sabía que aún le debía algo, sabía que primero ella debía conocer sus sentimientos, lo que su dulce presencia había despertado en él.—Matsuri... —por un momento se separó, notando la mirada de ansiedad que ella tenía, como si no hubiese querido terminar con esa maravillosa escena que ambos protagonizaban. Ella estaba más sonrojada y agitada que antes, su respiración era irregular y eso era porque podía sentir la erección del pelirrojo sobre su entrepierna, como esa vez cuando cuidaban de Miki, pero ahora no había quien los interrumpiera—. Matsuri, yo quiero decirte algo —prosiguió él—. Yo... yo te... te a...Justo en ese momento, el teléfono que estaba junto a la cama comenzó a sonar, haciéndolos dar un pequeño salto que prácticamente los devolvió a la realidad. Gaara se separó de un momento a otro, tomando el teléfono y dejando a Matsuri recostada en la cama, con la mirada triste y perdida, paralizada en su sitio.—¿Bueno? —contestó de mal humor, después de todo, era realmente frustrante el haber sido interrumpido cuando estaba por hacerle el amor a Matsuri.— Gaara, Soy Shikamaru, tienes que ayudarme —dijo el Nara del otro lado, oyéndose en verdad desesperado, lo que preocupó al pelirrojo.—Cálmate, Shikamaru. ¿Me puedes explicar qué te sucede? —preguntó extrañado, pero con un mal presentimiento. Matsuri, mientras tanto, se sentó sobre la cama, arreglándose un poco la ropa y el cabello, viéndole intrigada.— Es Temari, se desmayó y está muy mal, creo que va a perder al bebé —decía Shikamaru con voz asustada, Gaara jamás lo había escuchado así en toda su vida, estaba sorprendido de que alguien como él perdiera los estribos—. Estamos en el hospital, llamé a Kankuro y no me respondió, no sé qué hacer... —Tranquilo, voy enseguida al hospital —dijo Gaara exaltado y terminando la llamada. Estaba verdaderamente preocupado por su hermana y su sobrino.—¿El hospital, Gaara? ¿Qué pasó? —preguntó Matsuri muy preocupada, tratando de ignorar lo que había pasado hace un momento y observando cómo Gaara iba a buscar algo de ropa para cambiarse la mojada.—Es Temari, al parecer tuvo síntomas de pérdida —al oírlo, Matsuri se levantó de la cama como un resorte, yendo a buscar también algo para vestir, pues tenía que estar junto a su amiga ahora.*• - _ -•**• - _ -•**• - _ Shikamaru se encontraba en la sala de espera del hospital. Tenía ambas manos cubriendo su rostro, tratando de mantenerse tranquilo, pero nunca se había sentido tan desesperado como ahora, pues tenía mucho miedo, miedo de perder a su esposa y a su hijo.—Ten, Shikamaru —le dijo Matsuri, mostrándole una dulce sonrisa, mientras le ofrecía un vaso de café al Nara, el cual la miró hacia arriba, aceptando el ofrecimiento.—Gracias, Matsuri —dijo antes de beber un sorbo, ya que necesitaba calmarse. Hace al menos quince minutos, Gaara y Matsuri habían llegado y lo habían estado acompañando, todos muy expectantes por saber algo de Temari, que llevaba ya demasiado tiempo ahí dentro.Finalmente, después de un rato, salió un doctor y apenas le vio, Shikamaru se puse de pie, dirigiéndose a él.—Doctor, ¿qué pasó? —inquirió con cierto desespero, pero se calmó la ver la expresión positiva del médico.—Los dos estás bien, tuvo una amenaza de aborto, pero logramos controlarla a tiempo —todos suspiraron con alivio al oírle, en especial Shikamaru, que no esperó un segundo para entrar y explicarle a Temari que lo que vio fue un error.Temari estaba recostada en una camilla, se veía un poco pálida y Shikamaru tuvo miedo de acercarse, pensó que tal vez ella lo echaría a patadas, pero al verlo, sólo bajó la mirada con tristeza.—¿Por qué esa mujer te estaba besando?—Te juro que fue ella quien lo hizo —aclaró rápidamente, sin sentir ningún tipo de nervio, pues no estaba mintiendo—. Yo no tengo nada con ella, a mí sólo me importas tú y nuestro bebé —aseguró bajando la mirada, preocupado al ver que ella no le decía nada; seguramente no le había creído una palabra—. Me crees, ¿verdad?—Claro... claro que sí —respondió Temari, dibujando una sonrisa tranquila en sus labios, acariciando con delicadeza su vientre. Ella había visto cómo esa mujer se le lanzó a su esposo, así que sólo quería oírlo a él para estar segura. Se sentía feliz de no haber perdido a su bebé, se hubiera muerto de haber sido así.Shikamaru sólo se acercó a ella y la besó, para después abrazarla fuertemente, pero con mucho cuidado.Mientras tanto, en la sala de espera, Gaara no podía dejar de mirar a Matsuri, recordando lo que estuvieron a punto de hacer. Había estado a punto de decirle que la amaba, que se moría por ella, y estuvo a punto de poseer su hermoso cuerpo. Sus besos habían sido maravillosos y ansiaba repetir esa experiencia con todas sus fuerzas; la quería tener de nuevo en esa cama, acariciarla, besarla y decirle que estaba enamorado, pero no era capaz.Por otro lado, se sentía un poco idiota, pero cuando pensaba en esa fragilidad que ella había demostrado, en esa inocencia, no podía evitar anhelar con todas sus fuerzas pensar en que, a pesar de su edad y de haber salido antes con otros chicos, Matsuri actuaba como si nunca se hubiera encontrado en esa situación antes, aunque eso era algo bobo, ¿no?— Dios, ayúdame a dejar de desearla tanto, ya estoy comenzando a desvariar —pensó desviando la mirada, no debía seguir viéndola o no soportaría la tensión.— Gaara, nuevamente fuimos interrumpidos —pensaba la castaña con tristeza—. ¿Eso significa que no debo entregarme a ti? ¿Que nunca estaremos juntos? O tal vez... sólo querías sexo y nada más, porque tú no amas a nadie... Su tristeza volvió a verse reflejada en sus ojos, porque hubiera deseado estar con él, entregarse a su amado y olvidarlo todo, pero los hechos le demostraban cada vez más que estar juntos no era una opción.¿Sería lo mejor buscar otro amor?Continuará...