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Capítulo 14

¿Te Casas Conmigo? — fanfic.es · All chapters

Capítulo 14

Advertencia: Lemon cursi, jajaja. .......... Capítulo 14: Tú me perteneces —Así que todo sigue normal —dijo Sari, viendo asentir con la cabeza a su amiga Matsuri. La miró en silencio por unos segundos, hasta que, finalmente, decidió hablar—. ¡Eres una tonta! —le gritó enojada, mientras que Matsuri se cubría los oídos.—N-no me grites, Sari —se quejó la castaña, frunciendo el ceño. Temari, que estaba junto a ella, la miró con reproche y Hinata sólo suspiró resignada.Estaban las cuatro en una tienda de ropa, escogiendo el vestido que usarían esta noche para el lanzamiento del nuevo celular de las empresas Suna y Konoha, que sería la competencia directa del nuevo modelo de Akatsuki.—Es verdad, Matsuri, mañana se cumplen los seis meses y los has desperdiciado todos —habló esta vez Temari, luciendo sus casi cinco meses y medio de gestación con orgullo. Ella se veía radiante y hermosa, se notaba realmente feliz con su embarazo, a pesar de que los primeros meses habían sido muy tristes para ella.—No se trata de eso, es sólo que me di cuenta de que nunca podré ser algo más para Gaara y de verdad no quiero perder su amistad —respondió Matsuri, bajando la mirada, no podía negar que conformarse con una simple amistad después de haber sido su esposa, realmente le dolía y era deprimente, pero eso era mucho mejor que perder la hermosa relación que existía entre ellos.—Matsuri-chan, yo creo que deberías decírselo, al menos ahora que no les queda nada de tiempo para estar juntos —opinó Hinata, quién estaba en verdad muy feliz con su relación con Naruto, a pesar de que a su padre no le agradara del todo que ella saliera con su jefe.—No, jamás se lo diré a Gaara, ya se los dije, me he resignado por completo —Matsuri se alejó de sus amigas para ir a mirar otros vestidos, pues como su último día siendo la esposa de Gaara, quería lucir perfecta, hermosa y deslumbrante.—Ella está sufriendo —dijo Temari, observando cómo Matsuri veía los vestidos con una alegre sonrisa dibujada en sus labios, aunque ella sabía que su amiga sólo fingía, que por dentro se estaba muriendo lentamente y no estaba equivocada.—Pobre Matsuri, se va a morir cuando se tenga que separar de Gaara-kun —comentó Sari, bajando la mirada, mientras que Hinata sólo ponía expresión de tristeza.— No quiero perderte, Gaara, te amo tanto y quisiera poder decírtelo, pero sé que jamás me atreveré —pensó Matsuri, mientras miraba los vestidos y fingía que todo estaba bien, hasta que se detuvo en uno en particular, el cual creía el perfecto.*• - _ -•**• - _ -•**• - _ —¿No se supone que ibas a conquistarla? No has sido más que un hablador —dijo Sayuri enfadada, bebiendo una malteada mientras veía a Sasori, que estaba sentado frente a ella.—No es que sea sólo un hablador, es que debo ir despacio con Matsuri, ella no es una mujer como las otras, no estará conmigo si sigue casada con Gaara —respondió Sasori algo fastidiado, sabía que Matsuri no lo amaba y por eso no había querido acostarse con él, a pesar de haberla tenido ahí, tan cerca, debajo de su cuerpo, besándola y acariciándola, pero Matsuri se había detenido de pronto y se había ido apresurada, después de eso, lo evitaba todo el tiempo, pero esta noche no sería igual.No iba a permitir que ella continuara ignorándolo por más tiempo, después de casi probar la gloria de tenerla entre sus brazos, no pensaba dejarse vencer así como así. —Bueno, si el matrimonio es el problema, simplemente lo destruimos y ya —dijo la rubia maliciosamente, mostrando una sonrisa perturbadora. Sasori sólo la miró y frunció el ceño, la verdad era que Sayuri no le agradaba para nada, cada vez que la veía, podía darse cuenta de que ella odiaba a Matsuri con todas sus fuerzas y que deseaba hacerle el mal, pero él no lo iba a permitir, quería alejarla de Gaara, pero para hacerla feliz, no para lastimarla.*• - _ -•**• - _ -•**• - _ Gaara se encontraba en el salón de reuniones de la empresa, el lugar en donde iban a realizar el acto de lanzamiento del nuevo modelo de celular. Él estaba coordinando los últimos detalles sobre el evento, al que asistirían famosos empresarios del mismo rubro, así como representantes de grandes tiendas.—Ya está todo listo por fin —dijo luego de alejarse del organizador. En ese momento, se le acercaron Naruto y Sasuke, que se veían tan bien como siempre—. ¿Qué hay, chicos?—Todo bien —respondió Sasuke muy calmado, mientras que Naruto sólo asentía con la cabeza—. ¿Y qué hay de ti? ¿Cómo va todo con tu esposa?—Igual que siempre —fue la respuesta del pelirrojo, quién se veía bastante afectado por aquel tema. La verdad era que no quería perderla, no quería que Matsuri dejara de ser su esposa, deseaba tanto poder decirle que la amaba y oírle decir a ella que lo amaba también, pero sabía que eso era imposible.—Gaara, ¿por qué no intentas decírselo? —le aconsejó Naruto, estaba preocupado por su amigo, sabía que en este momento él debía de estarse sintiendo muy mal—. No perderás nada, y tal vez ganes mucho.—No puedo hacerlo, sé que ella no me corresponde y además es mi mejor amiga —dijo Gaara, negándose rotundamente, porque en el fondo lo que sentía era miedo a perderla, de no volver a verla nunca más, porque prefería mil veces tenerla cerca y no poder tenerla entre sus brazos, que la posibilidad de que ella se alejara de él para siempre, o que se fuera con otro hombre.—Ella no es tu mejor amiga en este momento —habló Sasuke, mirándole fijamente, posando su mano sobre el hombro de Gaara—. Matsuri es la mujer que tú amas —finalizó, logrando hacer pensar a Gaara, quién bajó la mirada y frunció levemente el ceño.— Tal vez es cierto, tal vez sólo debo dejar de sentir miedo y debo confesarle a Matsuri mis sentimientos, aunque ella me rechace —pensó con una leve sonrisa, por fin tomando un poco de valor—. Lo haré, esta noche será mi última oportunidad, le diré a Matsuri que la amo. Por su parte, Naruto arqueó una ceja, no le quedaba muy claro desde cuando el mujeriego de Sasuke se había convertido en consejero amoroso, aunque tenía mucha razón en sus palabras.*• - _ -•**• - _ -•**• - _ Aquella noche había caído rápidamente y el presidente de Suna Corporation se encontraba frente al espejo de su habitación, acomodando un poco su cabello rojizo, para luego pasarse la corbata roja alrededor del cuello, pero no lograba hacerse un nudo que le gustara.—Maldito nudo —masculló con fastidio. En ese momento, Matsuri salió del baño y al verlo luchar con la corbata, sonrió graciosamente, Gaara siempre era así, al no poder lograr una cosa, se obsesionaba con ello de tal manera que era imposible que lo olvidara.—¿Quieres que te ayude? —preguntó con su dulce voz.—Sí, gracias, Matsu... —Gaara no fue capaz de completar su frase al posar sus ojos aguamarina sobre su esposa. Matsuri lucía simplemente preciosa, deslumbrante, perfecta. Usaba un vestido de color verde olivo, casi café, el cual le llegaba justo hasta las rodillas. Desde la cintura hasta el busto, era ceñido y delineaba perfecto su figura delgada y estilizada, mientras que la caída era más suelta, haciéndolo lucir más armonioso. Tenía un escote que demostraba sólo lo justo y necesario, mientras que su cabello estaba tomado en una especie de tomate, dejando su flequillo igual que siempre. Tenía dos aretes plateados en forma de corazón y usaba unos zapatos de tacón de color negro, con un delicado collar plateado adornando su fino cuello.Gaara no podía dejar de mirarla con la boca abierta, era simplemente imposible no verla, no desearla, no querer arrojarla sobre la cama y hacerle el amor.—¿Qué te pasa, Gaara? —le preguntó Matsuri, esbozando una media sonrisa, pues él de pronto se había quedado paralizado, mirándola como un idiota.—Ah, yo... esto... la corbata... —el pelirrojo no era capaz de hilar una sola frase que fuese coherente, estaba seguro de que, si no fuera por ese lanzamiento y porque él era el presidente de la empresa, no asistiría y se quedaría toda la noche poseyendo a Matsuri—. Luces preciosa... —dijo al fin.—Gracias —dijo la chica, ampliando aun más su sonrisa, mientras un tierno sonrojo se apoderaba de sus mejillas. Se acercó a Gaara y tomó entre sus manos ambos extremos de la corbata, haciendo el nudo mientras miraba a su esposo de reojo y él la veía fijamente, perdiéndose con la imagen de esos delicados y deliciosos labios que deseaba tanto besar.Cuando por fin el nudo de la corbata estuvo listo, ambos se sonrieron de forma cariñosa y salieron de su habitación. Al salir de la casa, subieron a su auto y partieron rumbo a la empresa.*• - _ -•**• - _ -•**• - _ —Entonces... ¿cómo me veo? —preguntó una sonriente Temari, quien lucía un hermoso vestido negro de maternidad. Shikamaru la observaba embelesado, de verdad Temari se veía preciosa, ese brillo tan especial en sus ojos delataba lo feliz que se sentía por encontrarse en la dulce espera.—Te ves hermosa, amor —respondió el Nara, con la mayor sinceridad que pudo, sacándole una sonrisa a la rubia, que se lanzó a abrazarlo.—¿De verdad, Shikamaru? —preguntó ella, aún sin soltarlo. Su esposo asintió con la cabeza, mientras que dirigía su mano al cabello de su amada, acariciándolo suavemente—. ¿No crees que me he puesto un poco fea ahora que he engordado?—Qué problemática eres, fuiste tú quién quiso quedar embarazada, no te quejes —le recordó Shikamaru en tono de regaño, haciendo que Temari frunciera el ceño y se molestara, pero él le sonrió—. Además, ya te dije que estás hermosa.—Shikamaru... —susurró la rubia, acurrucándose más en el pecho de su esposo, quién sólo la rodeaba por la cintura, sin intención de soltarla.*• - _ -•**• - _ -•**• - _ Su auto se detuvo justo en frente de edificio de Suna Corporation . Apagó el motor y se dispuso a bajar, pero la mano de ella puesta sobre la suya le hizo detenerse.—¿Qué pasa? —cuestionó con su ceño fruncido, dándose la vuelta para mirarla; ella se veía un tanto preocupada y eso le molestó—. Dime qué sucede, Sakura.—Sasuke... no sé si sea buena idea que vengamos juntos, Naruto aún no lo sabe —dijo Sakura, bajando la mirada, demostrando la preocupación que sentía en sus ojos jade. Sasuke se acomodó en el asiento junto a ella, tomando su mano.—Sé que es difícil, pero Naruto tarde o temprano lo sabrá, era sólo cuestión de tiempo, era mejor de una vez, además, él está ahora con Hinata —las palabras del Uchiha tranquilizaron a la chica, quién finalmente asintió con la cabeza y decidió bajar del auto. Sasuke tenía razón, Naruto tarde o temprano se enteraría de lo que pasaba entre ellos, pero Sakura no dejaba de estar inquiera, después de todo, no es tan simple el salir con el mejor amigo de tu ex.*• - _ -•**• - _ -•**• - _ Gaara se encontraba bebiendo una copa de vino, mientras se alejaba de unos empresarios. Él y Naruto habían presentado el nuevo celular, el cual dejó encantado a más de alguno y después de eso, todos se pusieron a disfrutar del cóctel, sin embargo, hace como media hora que había perdido de vista a Matsuri y tenía muchas ganas de verla, porque ella lucía en verdad preciosa esta noche y deseaba admirarla, así fuera en silencio.—Matsuri... —susurró, mirando para todos lados, buscándola como un loco, pero en lugar de encontrarse con ella, sólo se topó con una desagradable persona, lo que le hizo fruncir el ceño con cierto fastidio.—¿Por qué me miras con esa cara, Gaara? ¿No te parece un poco grosero? —preguntó la rubia, poniendo una sonrisa sardónica en su rostro, por lo que Gaara se molestó aún más.—¿No te vas a hartar de molestarme, Sayuri? —cuestionó el pelirrojo, enfadado, no tenía ganas de verla a ella, sólo quería ver a su esposa y estar con ella toda la noche.—Pero si no te he molestado, sólo te venía a saludar —dijo Sayuri, haciéndose la inocente, cosa que sólo exasperó más a Gaara, pues él sabía perfectamente que la única intención de esa mujer era acosarlo a él y tratar de conquistarlo, pero él no estaba para nada interesado en involucrarse con ella de nuevo, ni con ninguna otra mujer que no fuera Matsuri.—Bueno, hola y adiós —dijo Gaara cortante, dispuesto a alejarse de ella, pero Sayuri lo tomó del brazo, deteniéndolo sin mirarlo.—Eres un idiota, tu esposa está engañándote con Sasori otra vez y tú buscándola —le musitó la rubia de forma maliciosa, mientras los ojos de Gaara se abrían con sorpresa.No podía, simplemente no podía creer en esas palabras dichas con toda la mala intención del mundo, pero aun así se sentía morir, si llegara a ser verdad, no sabría qué hacer. No perdió más el tiempo con esa mujer y corrió a buscar a Matsuri, no podía permitir que Sasori se volviera a acercar a ella nunca más.*• - _ -•**• - _ -•**• - _ Naruto se encontraba junto a la mesa de cóctel, esperando a su novia Hinata. Todo iba de maravilla entre ellos, sobre todo desde lo del libro, que se había publicado hace sólo unos días y tenía gran éxito, por lo que Hinata le había agradecido con una apasionada noche de amor. Era en verdad increíble cada vez que estaban juntos, realmente estaba enamorado de Hinata y tenía pensado volver las cosas aún más serias y oficiales, no le bastaba con tenerla sólo como novia, sin embargo, no quería apresurar todo y se tomaría su tiempo en ello.Sonrió para sí, cuando de pronto vio una extraña escena que le llamó la atención, se trataba de Sasuke, su mejor amigo Sasuke, tomando la mano de su ex novia, Sakura. De repente, fue que lo comprendió, esa mujer con la que salía Sasuke, con quien tenía algo serio, era Sakura Haruno. No sabía por qué verlos juntos le causaba cierto dolor, tal vez porque le daba tristeza darse cuenta de que no fue capaz de hacer feliz a Sakura y que Sasuke sí podía hacerlo, porque la forma en que ella miraba al Uchiha era muy diferente a la forma en que siempre lo miró a él. O quizá era el hecho de que su mejor amigo no confió en él para decirle que estaba saliendo con su ex.—Naruto-kun... —escuchó la dulce voz de su novia Hinata, la cual le tomó la mano, poniendo una expresión de tristeza al darse cuenta de cómo él miraba a cierta pareja.—Hinata, ¿pasa algo? —preguntó él, poniendo una sonrisa fingida. Hinata le respondió con otra sonrisa, sólo negando con la cabeza y abrazándose a él con fuerza.No había nada que temer.*• - _ -•**• - _ -•**• - _ Sayuri le había dicho que quería hablar de algo muy importante con ella en la sala de reuniones de la empresa, por esa razón, Matsuri había ido ahí sola, sin decirle a nadie. No tenía ni la menor idea de lo que quería esa mujer, pero fuera lo que fuera, no caería en ninguna de sus provocaciones ni juegos estúpidos.—Pero aquí no hay nadie —se dijo frunciendo el ceño con molestia, pero se sorprendió al sentir como alguien la tomaba por la cintura y la abrazaba cálidamente por la espalda.—Por fin solos —susurró a su oído, haciéndola temblar por un momento. Ella sabía perfectamente de quién se trataba, así que, sin ser brusca, hizo que él la soltara, dándose la vuelta para mirarlo a los ojos con algo de enfado—. ¿Por qué me ves así, Matsu?—Sasori, ¿qué haces aquí? —interrogó la castaña, con el ceño fruncido, ignorando la pregunta de Sasori. Él la miró esbozando una sonrisa y acariciando su mejilla.—Vine a hablar contigo, ¿o crees que ya me he rendido? —dijo con su tono seductor pero dulce a la vez, clavando su mirada sobre la figura de la castaña que, por un momento, se sintió algo nerviosa, sin embargo, apartó la mano de Sasori de su rostro.—Te lo dije, te lo he dicho mil veces, que yo estoy con Gaara —Matsuri se mostró seria y firme, pues no estaba dispuesta a dejarse enredar por las palabras encantadoras de él, ya no más—. Yo lo amo a él, él es mi esposo, entiéndelo.—Sé que tú lo amas, pero ¿él te ama a ti? ¿Acaso ese imbécil ha correspondido alguna vez tus sentimientos? ¿Te ama como yo? —cuestionaba el pelirrojo, en tono de desesperación, logrando hacer sentir mal a Matsuri con todas esas preguntas, pues claramente, la única respuesta a todas ellas era un rotundo no.—No sé por qué preguntas eso, es obvia la respuesta, por algo nos casamos él y yo —respondió la chica, bajando la mirada, pero la volvió a subir al sentir cómo Sasori apoyaba las manos sobre sus hombros, acercando su rostro al de ella.—Matsuri, por favor no me mientas, sé a la perfección lo que sucede entre ustedes, pensaba quedarme callado, pero ya no me aguanto, sé que su matrimonio es fingido y que tarde o temprano se divorciarán.Matsuri abrió sus ojos con sorpresa ante lo que acababa de oír, no podía creer que Sasori estuviera enterado de eso, pero ¿cómo era que lo sabía?—¿D-de donde has sacado eso? —preguntó nerviosa, asustada de que alguien más lo supiera, mas Sasori sólo negó con la cabeza.—Eso no importa, lo que importa es que lo sé —una vez más, Sasori se acercó a ella, logrando sentir ese suave aliento que lo enloquecía; quería besarla, hacerla suya, sólo suya—. Matsuri, yo te amo, te amo de verdad y jamás me casaría contigo sólo por mi beneficio como lo hizo él, jamás te haría sufrir como él, sólo dame una oportunidad y verás que no te arrepentirás, que yo te puedo hacer muy feliz —susurró casi contra los labios de la chica.—S-Sasori... —murmuró Matsuri, mientras una lágrima rodaba por su mejilla, estaba triste al darse cuenta de que para Gaara no significaba nada, que ella era sólo un trato por conveniencia, algo que en el futuro habría quedado olvidado para su mejor amigo, pero estaba muy equivocada.Justo cuando Sasori iba a besarla, Gaara se apareció, observando con sus ojos crispados de rabia la escena que se desarrollaba delante de él. No se esperó ni un solo segundo, se acercó a ellos dos y agarrando a Sasori del cuello de la camisa, lo apartó bruscamente del lado de Matsuri, estampándolo contra una pared, mientras que la chica observaba asombrada lo que acababa de pasar.—¡¿Qué demonios te sucede, imbécil?! —exclamó Sasori, empujando a Gaara con fuerza, quien no cambió en lo más mínimo su expresión de odio. Sasori volvió a abalanzarse, dispuesto a golpearlo, pero Gaara fue más rápido y le asestó un golpe en la cara, lleno de ira, sin contenerse.—¡¿Hasta cuándo tratarás de robarme a mi esposa?! —gritó Gaara, hecho una furia, una vez más, dejando a Matsuri sorprendida, la forma en que acababa de comportarse lo hacía ver como si realmente estuviera celoso.—G-Gaara... —pronunció en voz baja, aún sin poder creer lo que veía. Notó como Sasori se limpiaba la sangre que había brotado de su labio roto y luego de eso, se lanzaba hacia Gaara, golpeándolo en el rostro, tirándolo al suelo por el impacto—. ¡Gaara! —gritó la chica, mientras soltaba un par de lágrimas por el miedo y la preocupación que sintió al ver como su amado se golpeaba en la cabeza.Matsuri corrió hacia Gaara, agachándose a su lado para revisar que se encontrara fuera de peligro, por suerte, sólo sangraba un poco su frente, pero no parecía algo demasiado grave.—Gaara, ¿estás bien? Estás sangrando —decía con preocupación. Se quitó de encima la pañoleta que cubría su cuello y la usó para limpiarle la sangre a su esposo, mientras él -un poco mareado por el golpe- le sonreía quedamente para tranquilizarla.—Estoy bien, Suri, no te preocupes —le aseguró, mirando de reojo la expresión de rabia y frustración en el rostro de Sasori. Él se sentía humillado, Matsuri lo estaba ignorando, era como si él no estuviera ahí, no hacía más que ver a Gaara, como si nada más importase.De pronto, soltó una extraña sonrisa dolorosa.—Ya veo, siempre será él... —susurró, para luego girar sobre su propio cuerpo y marcharse en silencio, cuando aún la chica no se percataba de él, pues toda su atención estaba centrada en la persona que ella amaba, nada más podía importarle.—¿Estás loco? ¿Por qué te has puesto a pelear? —cuestionó Matsuri con el ceño fruncido, mientras que Gaara la miraba fijamente, encantado por esa expresión en el rostro de ella. Ya no podía soportarlo, tenía que confesarle a Matsuri de una vez lo que sucedía con él.—Porque ya no aguanto más, Matsuri —respondió al fin, después de un intenso y prolongado silencio, porque buscaba las palabras correctas, sabía que después del paso que estaba a punto de dar, no habría marcha atrás. Tomó ambas manos de la castaña con suavidad, mirándola a los ojos—. Siempre has sido mi mejor amiga, la persona que mejor me ha entendido en este mundo... siempre con tu carita sonriente, con los ánimos que día a día me entregabas, te fuiste ganando un pedacito de mi alma, instalándote en mi corazón —hizo una pausa, bajando la mirada—. Eres mi esposa, Matsuri, deberías ser... deberías ser mi mujer... no quiero verte con otro hombre, porque tú me perteneces...Matsuri no hacía más que mirarlo desconcertada, no entendía lo que quería decirle Gaara con esas palabras, pero su corazón estaba latiendo cada vez más rápido, se sentía como si tuviera un nudo en la garganta, mientras Gaara seguía hablando.—Suri, cada vez que te veo, siento el deseo de besarte —Gaara ya no podía contenerse, lo que sentía por ella era más fuerte que su propia consciencia y necesitaba decirlo, soltarlo todo—. Siempre que miro tus ojos, tu sonrisa, tengo deseos de estrecharte entre mis brazos, de hacerte mía hasta desfallecer, Matsuri, estoy perdidamente enamorado de ti.Los ojos de ella se abrieron tanto que casi salían de sus cuencas, sus labios se movían tratando de decir algo, de explicar eso tan maravilloso que estaba sintiendo al haber oído lo que Gaara sentía por ella, pero estaba demasiado abrumada para hablar, su cuerpo no respondía, era como estar flotando en las nubes.—Matsuri, todo el maldito día pienso en ti, en que me gustaría poder besarte, poder decirte lo que siento, estar contigo... estar contigo de verdad, te amo, te amo como no tienes idea.Nuevamente, recibió un profundo silencio de parte de la joven, algo que le rompía por completo el corazón, más aún cuando ella soltó sus manos y se puso de pie, dándole la espalda. Él no podía verlo, pero pequeñas lágrimas se asomaron por los ojos de Matsuri. Gaara bajó la mirada, imaginaba lo que ahora vendría, ella se disculparía y le diría que no sentía lo mismo, que seguramente seguía enamorada de ese otro tipo, eso lo terminaría de quebrar y no quería oírlo, tenía que salir de ahí cuanto antes.—Perdóname, sé que soy un idiota por decirte esto, no tienes que sentirte mal por mí, a fin de cuentas y como tú dijiste, dentro de poco tiempo serás libre, tal vez puedas casarte con ese hombre al que amas y ser feliz a su lado —dijo con una sonrisa retraída, que demostraba dolor en lugar de felicidad—. Ya no tendrás que estar a mi lado.Al oírlo, Matsuri volvió a sorprenderse y antes de que él se atreviera a dar un paso, la castaña se volteó, aun llorando.—¡Cállate, Gaara! —exclamó con todas sus fuerzas, se sentía como una verdadera tonta, tanto tiempo sufriendo en silencio para que ahora él le dijera que sentía lo mismo por ella. Siempre fue una cobarde, pero ya era momento de dejar de serlo, tenía que ser valiente por una vez y no dejarlo ir, no podía dejar escapar al amor de su vida cuando ya lo tenía tan cerca—. Nunca... nunca digas de nuevo que yo amo a otro hombre, nunca vuelvas a pensar que yo quiero estar lejos de ti, jamás... pienses que yo podría sentirme mal por lo que me acabas de decir... yo soy la persona más feliz de este mundo al saber que tú... que tú me amas... —se vio interrumpida cuando le dieron unas ganas incontrolables de llorar, lloraba por toda esa emoción que se acumulaba en su pecho, la felicidad, la sorpresa, todo eso la estaba abrumando—. Porque yo te amo, Gaara, tú eres el único... el único hombre que yo he amado en toda mi vida, no hay nadie más para mí.—Matsuri... —ahora era él quien no podía hablar, que no podía expresar el sentimiento de dicha que crecía en su corazón, las palabras se habían perdido, se le había olvidado incluso cómo respirar, lo único que deseaba en ese momento era tenerla a su lado, tenerla entre sus brazos, así que ya no esperó ni un segundo más.No pensaba decir ninguna ridícula frase, no quería explicarse nada de lo que estaba pasando, simplemente se acercó a ella, la tomó por la cintura, mirándola fijamente a los ojos y entonces la besó, y fue un beso tan profundo y lleno de amor, que inmediatamente los trasportó hasta el cielo, porque ya nada más importaba, sólo el hecho de que por fin estaban juntos, y ni siquiera tenían la necesidad de decirlo, sabían que era así porque ya no necesitaban fingir que se querían frente a alguien más, sólo estaban ellos y el mutuo sentimiento que los unía.Cuando se separaron en busca de aire, el pelirrojo la siguió viendo a los ojos aun, pero con una leve sonrisa dibujándose en sus labios, gesto que la joven copió.—Vámonos, no quiero estar más aquí en este lugar, quiero estar contigo, sólo contigo —dijo Gaara, abrazándola un poco más fuerte, porque quería sentir el calor de su pequeño cuerpo recorriendo cada célula de su piel. Ella cerró los ojos, ciertamente, se sentía como en un sueño, pero sabía que era la realidad.—¿Y qué pasará con la reunión?—Naruto puede hacer el resto, no me necesita —respondió él, tomándola del mentón, para hacer que lo mirara directo a los ojos—. Quiero que seas mi mujer...Las mejillas de la castaña se tiñeron levemente de rojo, entendiendo a la perfección lo que querían decir esas palabras, por lo que sólo asintió con la cabeza.—Sí, Gaara —fue su contestación, antes de que él la volviera a besar apasionadamente.*• - _ -•**• - _ -•**• - _ —¿Alguien ha visto a Gaara? —preguntó Naruto, acercándose a los hermanos del pelirrojo. Tanto Temari como Kankuro se miraron entre sí, para luego negar con la cabeza de forma unánime, la verdad era que desde hace un rato ninguno sabía de él.—Ahora que lo dices, Matsuri tampoco está por ninguna parte —dijo Temari en pose pensativa, logrando de inmediato implantar "cierto" pensamiento en la cabeza de todos.—Qué par de problemáticos, seguro que se han dado una escapada romántica —opinó el marido de la rubia, lo que al principio la sorprendió.Pero ¿y si era verdad?*• - _ -•**• - _ -•**• - _ Cayeron besándose sobre la suave cama de su habitación. Ella quedó atrapada bajo el varonil cuerpo de su marido, mientras él la llenaba de apasionados besos y suaves caricias, esos que por tanto tiempo se había guardado y que hoy anhelaba entregarle con todas sus fuerzas.—Matsuri... —el pelirrojo abandonó los labios de la chica para bajar por su cuello, dándole besos cortos y húmedos, mientras que una de sus manos subía despacio por la pierna de la chica, pasándose por debajo de la tela de su vestido. Era fascinante sentir la suavidad de su piel, la dulzura que ella mostraba con cada una de sus caricias. Deslizó su mano sobre el vestido nuevamente, subiendo por las caderas de la joven, para después llegar a su cintura, ahí se detuvo un momento, al mismo tiempo que besaba detrás de su oreja, para después volver a subir su mano un poco más, llegando al costado de sus pechos.—G-Gaara... —soltó de pronto la castaña, que al sentir como él acariciaba con delicadeza sus senos, el nerviosismo la recorrió por completo. Era la primera vez que un hombre la tocaba de esa manera, incluso aquella vez en que estuvo con Sasori, él no había llegado a eso porque no se lo permitió, ahora que estaba en esta situación con Gaara, no sabía qué hacer, se sentía demasiado avergonzada, pero a la vez, era agradable. Por su parte, Gaara se detuvo al darse cuenta de que ella estaba demasiado tensa, se suponía que este momento debían disfrutarlo juntos, no había razón para que su amada se comportara de esa forma.—Matsuri, ¿te sucede algo malo? —interrogó con preocupación, pero ella negó inmediatamente con la cabeza, mostrándole su sonrisa tranquilizadora, sin embargo, él sentía que ella no estaba segura de esto, no quería forzarla, la deseaba más que nunca, pero aun así era capaz de contenerse, después de todo, ya sabía que ella lo amaba—. ¿Segura que no pasa nada? Te veo demasiado tensa, si no estás segura y quieres que pare, sólo dilo.—No se trata de eso —dijo la chica, alzando sus brazos para rodear el cuello del pelirrojo. Lo atrajo hacia sí misma, abrazándolo con dulzura—. Te amo, Gaara, por supuesto que quiero estar contigo, quiero ser tuya.—¿Entonces qué sucede? —insistió él, porque sabía que no era normal que ella se comportara tan nerviosamente, parecía que era la primera vez que hacía esto, pero eso era prácticamente imposible, con todos esos buitres rondándola siempre, era ilógico creer que ella nunca lo hubiese hecho, y de todos modos, no quería pensar en ello, imaginar que otro hombre la había tocado le hacía retorcerse de los celos, así que lo mejor era que no lo pensara tanto.—Aún no puedo creer que esto esté pasando, estoy muy nerviosa porque nunca pensé que estar contigo fuese una realidad —confesó Matsuri, sin atreverse a mirarlo a los ojos. Después de esas palabras, Gaara comprendió un poco qué era lo que le perturbaba, por eso quiso hacerla sentir mejor, así que la besó tiernamente en los labios.—No tienes que preocuparte por nada, yo estoy aquí, esto está sucediendo y es porque ambos lo deseamos —sonrió al tiempo que acariciaba el cabello de su esposa, la cual aún mostraba esa expresión de inocencia que a él tanto le gustaba, que lo enloquecía y lo excitaba tanto—. Tonta, no puedo creer que pensaras que yo no te quería, si yo te amo como un loco, y tenía tanto miedo de perderte... —depositó un leve beso en los labios de la joven castaña, volviendo a separarse de ella luego—. Y ya no puedo más, Matsuri, de verdad quiero hacer el amor contigo, quiero que cada segundo que pase aquí se quede para siempre grabado en nuestros cuerpos, quiero que seas mía.—Y yo quiero ser tuya Gaara, ya te lo dije, te amo demasiado, siempre te he amado —volvió a confesar Matsuri. Se sentía tan bien poder decirlo, sabiendo que finalmente era correspondida, a pesar de que las palabras de su esposo le avergonzaban y la hacían sonrojarse. A Gaara le sucedía lo mismo que a ella, cada vez que Matsuri le decía que lo amaba, sentía como si mil mariposas revolotearan en su interior.—Te amo... —respondió en un susurro. Ya ninguno quiso esperar un segundo más y retomaron aquel juego que habían dejado pendiente, cuando el pelirrojo volvió a besarla con desenfreno, tocando con suavidad su pequeño y frágil cuerpo. Con sus manos, Matsuri se encargó de quitar el saco de su esposo, dejándolo caer a un lado de la cama, para luego hacer lo mismo con la corbata. Mientras más lo miraba, más nerviosa se sentía, pero también estaba feliz, su corazón parecía a punto de reventar con cada caricia que recibía. Gaara nuevamente comenzó a degustar su cuello, pero esta vez bajó mucho más, hasta llegar a aquel lugar en donde nacían los pechos de la mujer, besando aquella deliciosa piel que el escote no cubría.Un pequeño gemido escapó de los labios de Matsuri, no se dio cuenta como fue, pero no pudo reprimirlo. Volvió a sentir las manos de su esposo sobre sus atributos femeninos, pero esta vez no sintió nervios o miedo, ni algo parecido, se sentía bien, ahora sabía que junto a él estaba segura, que Gaara no le haría daño, porque sentía lo mismo que ella, ambos estaban hechos el uno para el otro y listos para demostrarse su amor.—Gaara... —susurró la castaña, acariciando el cabello rojizo de su amado. Él se detuvo para mirarla, se notaba que quería preguntarle algo importante.—¿Qué pasa?—¿Qué... qué se supone que somos? —cuestionó Matsuri, otra vez ligeramente sonrojada, pues ciertamente, no lo tenía muy claro, nunca habían sido novios o algo parecido, además, estaban casados, podía ser falso, pero si en este momento hacían el amor, ya no lo sería, ¿o sí?—¿Qué clase de pregunta es esa? —interrogó Gaara, divertido, más que nada por la forma en que ella lo había preguntado, parecía asustada de la respuesta, por eso él procuró quitarle ese miedo con un dulce beso en la frente—. Por supuesto que somos marido y mujer.—¿Eso quiere decir que ya no nos vamos a separar?—Jamás —respondió el pelirrojo antes de besarla. Con ambas manos, comenzó a subir el vestido de Matsuri, primero por sus piernas, para luego pasarlo por las caderas y la cintura. Cuando el vestido llegó a la altura de sus senos, él comenzó a repartir traviesos besos por el vientre de la chica, haciéndola reír, ya que le provocaba cosquillas. Después de eso, la jaló de la muñeca, haciendo que se levantara, para así poderle quitar esa molesta prenda completamente. Su brasier rosa era sin tirantes, lo que la hacía lucir muy sexy, mientras que sus pequeñas bragas de encaje, también rosadas, le daban un aspecto más dulce, pero igual de apetitoso—. Quiero comerte —dijo antes de lanzarse encima de ella con un apasionado beso, introduciendo su lengua en la boca femenina.Sus manos se movían intrépidas por cada parte del cuerpo de su esposa, ahora que ella no llevaba ese vestido encima, era capaz de sentir mucho mejor la suavidad de su piel, le encantaba esa sensación tan placentera, en el momento en que la tocaba, ella temblaba, pues sus manos estaban frías y la piel de su amada era muy cálida.Cuando se separaron, la miró fascinado, se volvía loco de sólo pensar en que por fin la tenía como tanto había soñado, estaba por hacerla suya, Matsuri finalmente se entregaría a él.—Eres tan hermosa, Matsuri, tan hermosa —ella le sonrió y, con rapidez, le quitó uno a uno los botones de la camisa, dejando su pecho al descubierto. Gaara se encargó de quitarse aquella molesta tela, dejando su torso desnudo ante la mirada casi embriagada de su chica, quien siempre había soñado con tenerlo así, sólo para ella. No podía negar que los nervios la seguían aniquilando, pero la felicidad que sentía iba mucho más allá, por el sólo hecho de pensar que estaba a punto de entregarle su virginidad a la persona que amaba con toda esa locura y pasión, eso era algo que llenaba su ser.Sin que ella lo notara, Gaara se acercó hasta rozar sus pechos con los labios, bajándole el brasier. Nuevamente podía verlos, aquellos blancos y redondos senos que lo enloquecieron la primera vez, cuando sin querer la había visto semi desnuda, sin embargo, la diferencia estaba en que esta vez había sido él quien la estaba desnudando, porque ella se lo permitía. Al desabrochar la prenda, la arrojó sin importarle a donde cayera, sólo se dedicó a dibujar pequeños círculos con su lengua, alrededor del rosado pezón de la chica, quién soltaba leves gemidos.Se sentía realmente bien, cuando él de pronto la mordía despacio, cuando con su otra mano masajeaba su pecho restante y le daba leves apretones, pero sin duda, lo mejor no era eso, sino cuando él comenzó a tocar sobre la tela esa zona tan preciada para ella, tan íntima. Los dedos de Gaara se paseaban con habilidad sobre la zona femenina de Matsuri, oyendo como ella le pedía que no se detuviera, a pesar de que aún no se había atrevido a tocar directamente su piel.La chica recorría la espalda masculina con sus pequeñas manos, una y otra vez lo tocaba, su torso y su abdomen, incluso sus glúteos, él ahora era tan suyo como ella lo era de él, por eso quería disfrutar al máximo cada segundo, descubriendo con deleite cada centímetro del cuerpo de su esposo.—¡Ah...! —se quejó al sentir que Gaara finalmente se aventuraba a tocarla debajo de su ropa interior, estimulando con gran maestría su clítoris. Podía sentir lo húmeda que se encontraba y eso lo incitaba aún más a querer continuar con ese acto, tan carnal, pero a la vez apasionado, dulce y extremadamente placentero. Introdujo uno de sus dedos en la entrada de la joven, la cual se aferró a sus hombros por la sorpresa y la incomodidad que aquel suceso le provocó, al principio fue sólo eso, pero cuando él incorporó un segundo dedo, lo que sintió fue un leve dolor, que poco a poco se hacía más llevadero, volviéndose una sensación muy agradable.Gaara volvió a besarla en los labios, sintiendo como su miembro se endurecía debajo de su bóxer y sus pantalones, palpitando por estar dentro de ella de una vez por todas, pero no podía ser así, primero quería que Matsuri disfrutara al máximo, quería demostrarle que no existía otro hombre en el mundo que pudiera hacerle el amor como él, que nadie la llevaría a la cima del paraíso como su persona.Con ambas manos, retiró la última prenda íntima de Matsuri, dejando a la vista y para su deleite su divinidad de mujer. Con una sonrisa un tanto lujuriosa, se acercó a ella, comenzando a rozarla con su lengua. Matsuri nuevamente comenzó a quejarse, moviendo su cuerpo sobre aquella cama con deleite. Una de sus manos se aferró a la almohada, arqueó su espalda y empezó a soltar gemidos cada vez más fuertes, al tiempo que leves corrientes eléctricas la recorrían de pies a cabeza.—G-Gaara... ah... n-no... e-eso es... vergonzoso... —se quejaba, pero él no le hacía caso, estaba demasiado concentrado en su labor, envuelto totalmente en aquel maravilloso acto, que incluso a él lo llevaba a sentirse enormemente satisfecho, al saber que a ella le gustaba, por los gemidos que no era capaz de reprimir ni aunque quería.Sólo unos toques más con su lengua bastaron para que Matsuri llegara al orgasmo, era la primera vez que ella se sentía así, nunca antes había experimentado algo tan increíble y eso que aún faltaba lo mejor, aún seguía siendo virgen, pero pronto eso ya no sería más, muy pronto Gaara la haría mujer.—Gaara... —lo llamó, jadeante por lo que acababa de suceder. El chico levantó la mirada, aún se encontraba en esa posición que a ella le avergonzaba, pero no le importó aquello. El pelirrojo finalmente acercó sus labios a los de ella, besándola, haciéndole sentir su propio sabor. Matsuri lo miró a los ojos cuando él se separó, notando de un momento a otro que él aún traía puestos los pantalones, por lo que hizo un gracioso puchero—. Esto no es justo, yo... ya estoy completamente desnuda, y tú aún sigues vestido.Gaara le sonrió, tomándole la mano para dirigirla a su entrepierna y que así ella sintiera su excitación.—¿Y qué esperas para desnudarme?Matsuri no respondió, simplemente se limitó a palpar esa zona que se sentía tan caliente, una vez más, no podía creer que estaba haciendo esto con Gaara, pensaba que estaba en un sueño, pero uno del que jamás iba a despertar.Como si estuviera hipnotizada, comenzó a tocar otra vez el torso de su esposo. Siempre había pensado que Gaara era un hombre extremadamente guapo, quería tocarlo, sentirlo con sus manos.—Siempre fuiste tan atractivo... no sabes la envidia que sentía de todas esas mujeres que estaban contigo, deseaba tanto ser una de ellas, poder estar entre tus brazos...—¿Y acaso crees que yo no siento envidia de todos esos hombres que han estado contigo antes? Me muero de celos de sólo imaginar que cualquiera de ellos te haya tocado, no sabes la rabia que me da —dijo Gaara con el ceño fruncido, aunque le desconcertó un poco ver que una graciosa sonrisa aparecía en los labios de Matsuri.—Gaara, no tienes que sentir envidia de nadie, porque yo nunca he estado con nadie... —Matsuri desvió la mirada, mientras Gaara se quedaba sorprendido con lo que acababa de oír, tal vez sólo había escuchado mal, pero el sonrojo en las mejillas de su esposa le decía que no era así—. Yo nunca he tenido relaciones con nadie —volvió a afirmar la castaña, esta vez, mirándolo a los ojos —. Aún soy virgen.—¿Eso es verdad? —preguntó Gaara, incrédulo, aunque se sentía feliz por eso, aún no lo podía creer, esto era mejor de lo que lo había imaginado, siempre pensó que Matsuri ya había sido de otros hombres, pero ahora ella le decía que no, que él sería el primero—. ¿Pero cómo? ¿Por qué?—Porque te amo a ti —respondió la chica, como si fuera lo más obvio—. No podía estar con otro hombre que no fueras tú, es por eso que nunca me he entregado a nadie, siempre quise que fueras sólo tu —explicó, totalmente roja, pero aliviada de por fin poder decirle la verdad a Gaara.Él no podía más de la felicidad, comenzó a besarla como un loco, con tanta emoción, que sentía que en cualquier momento estallaría de alegría, porque su Matsuri era sólo suya, solamente suya.—Te amo, te amo, hermosa, te amo —le repetía, a lo que ella sólo sonreía y trataba de corresponderle a cada beso. Gaara se separó de ella para tomar aire, notando como, sin decir nada, la chica le desabrochaba tímidamente los pantalones. Miró hacia su costado, toda aquella ropa cara tirada en el suelo como si fuera cualquier cosa, porque en ese momento lo era, no importaba que se arrugaran el vestido o la camisa, ahí lo único valioso para ellos dos, era estar juntos, demostrarse cuánto se amaban. Fue él mismo quien terminó de quitarse los pantalones, haciendo lo mismo con su ropa interior, para dejar finalmente su miembro masculino al descubierto.Por el miedo que veía reflejado en los ojos de su esposa, sabía que ella no estaba mintiendo cuando le dijo que era virgen, ahora sí que estaba seguro de ello, pero no podía evitar sentirse estúpidamente emocionado al saber que la haría mujer por primera vez, de sólo pensarlo, se sentía en las nubes. La tomó del mentón y comenzó a besarla, al mismo tiempo que rozaba su erecto miembro contra la pequeña entrada femenina, repitiendo aquel movimiento una y otra vez, pero sin llegar a penetrarla.—G-Gaara... h-hazlo ya... —rogó Matsuri, entre jadeos, porque sabía que eso que él hacía era para torturarla, aunque, sinceramente, le gustaba, sentía su intimidad cada vez más húmeda y deseosa por tener a aquel hombre dentro de ella. Por su parte, Gaara la miró y se sintió por un instante en el pasado.Recordó el momento en que la conoció, a esa dulce y frágil niña, siempre tan bonita y alegre, que le daba un nuevo sentido a su vida con esa sonrisa que la caracterizaba, siempre aguantándole su mal genio, su forma de ser tan autoritaria y fría, cuando no deseaba hablar con nadie, o cuando sólo quería ser escuchado, ella siempre estaba ahí. Cada vez que necesitaba algún consejo, tenía a su mejor amiga para dárselo, siempre que estaba perdido, ella le mostraba el camino. Había sido tan ciego, durante tantos años había tenido aquella felicidad al alcance de su mano y no fue capaz de tomarla, pero hoy era distinto, podía reconocer ante su padre fallecido o ante cualquier otra persona que se había enamorado como un demente de esa mujer, que sin importar las peleas y los malos momentos, la seguía amando y que ya no había remedio para curarle, era como una enfermedad que día con día iba ganando más terreno, así le había sucedido con ese sentimiento tan maravilloso, el que hoy por fin podría demostrar con toda su grandeza.—¿Sabes, Suri? Quiero hacerte una promesa —dijo serio, a pesar de encontrarse tan ansioso por poseerla. Ella le miró dudosa.—¿A qué te refieres? ¿Qué promesa?—Te quiero prometer que de ahora en adelante ya no habrá ninguna otra mujer para mí, que tú serás la única en mi vida, mi esposa, mi mujer... —ante sus palabras, Matsuri sonrió con dulzura, porque eso era sin duda lo más hermoso que podía prometerle, su fidelidad absoluta, algo que no era fácil para una persona como Gaara, que nunca había tenido una sola relación seria en su vida. —Te amo, Gaara —respondió antes de besarlo ella misma. Entonces, en medio de aquel delicioso y excitante beso, sintió como lentamente el miembro masculino comenzaba a penetrar su intimidad. Enterró sus uñas en la espalda de su esposo, al mismo tiempo que él se hundía más profundamente en ella, llegando hasta esa barrera ilusoria que marcaba su virginidad. Gaara sabía que a Matsuri le dolería, que incluso ahora ya le estaba doliendo, pero era simplemente maravilloso saber que sí, que efectivamente era el primero y que, sin duda, sería el único en la vida de esa chica, porque no pensaba dejarla nunca. Empujó con más fuerza, desgarrando esa delgada defensa, convirtiéndola así en su mujer.Matsuri soltó un enorme grito por el dolor, por ese ardor que recorrió su cuerpo en un instante y que fue el más fuerte que había sentido en toda su vida. Sus ojos se cerraron con fuerza y lágrimas rodaron por sus sonrojadas mejillas, aferrándose aún más a los hombros de su amado, sentía que se partía en dos, a pesar de lo húmeda que se encontraba, aun así, le dolía. Sin embargo, para él se sentía tan grandioso estar dentro de ella por fin, lo había anhelado por tanto tiempo y ahora finalmente lo conseguía, su sexo masculino estaba completamente en el interior de la intimidad de su mujer, era tan cálido y apretado... tan exquisito.—¿Estás bien? —preguntó Gaara, sin atreverse a moverse, para no seguir lastimándola, quería esperar a que Matsuri estuviera cómoda, nunca había robado la virginidad de una mujer antes, pero podía imaginar lo que ella debía estar sintiendo.La castaña asintió con la cabeza, con sus ojos cristalizados por las lágrimas.—Estoy bien... Gaara... sólo sigue... por favor.Gaara asintió con la cabeza, comenzando con suaves y delicadas embestidas, que aún hacían sentir dolor a su compañera, pero lentamente ella comenzaba a acostumbrarse. Cuando ella menos se lo esperaba, el dolor fue reemplazado por un inmenso placer, algo que la recorría de pies a cabeza y que, de alguna manera, le hacía sentir en el verdadero paraíso, era tan divino como increíble, delicioso y placentero.—Ah... Gaara... más... —rogaba entre gemidos ahogados, jadeando y de vez en cuando gritando por el goce, porque las embestidas se volvían cada vez más fuertes y rápidas, provocando que las sábanas se manchasen de rojo con la sangre que había brotado de su entrepierna, aunque eso no le preocupaba en lo más mínimo, pues sabía bien que era algo normal, por eso no se detuvo a pensar, solamente quería sentir más placer al lado de su amado, que acompañaba sus dulces gemidos con leves gruñidos, excitantes para ambos.El pelirrojo volvió a acelerar las penetraciones, llegando a tal punto en que prácticamente perdió la razón, sólo podía pensar en que Matsuri le pertenecía, en que ella era su esposa y que nadie se la arrebataría, mientras ella le rodeaba las caderas con sus piernas, empujándole con sus pies a que llegara aún más profundo, hasta que finalmente, ninguno de los dos aguantó por más tiempo aquel acto, explotando en sensaciones al llegar al tan esperado orgasmo, juntos, como siempre habían soñado.Él se derramó por completo en el interior de la castaña, que sintió como ese líquido caliente llenaba todo su ser, al mismo tiempo que la corriente eléctrica golpeaba su cuerpo con intensidad. Sus fuerzas se desvanecieron en un abrir y cerrar de ojos, mientras su esposo salía cuidadosamente de ella, mirándola a los ojos.—Fue grandioso, fue lo mejor que me ha pasado en la vida —dijo Gaara, con una sonrisa, respirando agitadamente, con su frente perlada por el sudor y cansado a más no poder. Se recostó al lado de Matsuri y ella lo abrazó, luego de que cubrieran sus cuerpos desnudos con las sábanas.—Para mí también fue lo mejor, Gaara, nunca me había sentido así... te amo tanto... —repitió, cerrando sus ojos. Su esposo la tomó del mentón, viéndola con diversión, la verdad era que aún se veía con muchas energías—. ¿Qué pasa?—Es que... fue tan genial que quiero repetirlo, ¿no te apetece? —preguntó a modo de broma, sabía que Matsuri se avergonzaría y lo consiguió, pero él no estaba simplemente bromeando, quería volver a hacerla suya una y otra vez, ahora que por fin comprendía lo que era verdaderamente hacer el amor, no podía esperar para estar de nuevo con ella, para poseerla.—Estoy cansada... —dijo Matsuri, soltando una sonrisa, le dio un dulce beso en los labios y de pronto, se quitó la sábana de encima, dejando a la vista su cuerpo desnudo—. Pero te amo, y quiero estar contigo siempre, siempre.Gaara volvió a besarla, acorralándola debajo de su cuerpo. Definitivamente aquella noche, acababa de comenzar.Continuará...