Capítulo 16
Capítulo 16
Capítulo 16: A la luz del mundo —¡Ahhh! —se oyó un estruendoso grito—. ¡Oh, por Dios, que alguien me ayude! —una desesperada Temari vociferaba a todo volumen mientras era llevada en una silla de ruedas hacia el interior de la sala de maternidad. Estaba en pleno trabajo de parto y en cualquier momento daría a luz.Shikamaru, después de avisar a sus cuñados, se dedicó a llenar la ficha de ingreso de su esposa, mientras esperaba a que todo estuviera listo. Se sentó un momento para apaciguar los nervios y esperó pacientemente, aunque no dejaba de pensar en lo alterada que debía estar Temari, nunca creyó que vendría a tener al bebé a esta hora de la noche y, aunque ella normalmente gritaba muchísimo, nunca la vio así antes.—Rayos, en buena hora se le ocurrió parir a esta mujer —susurró con sarcasmo, pues la situación se le hacía contradictoria y satírica—. Qué problemática es.—¡Shikamaru! —la voz de Matsuri lo distrajo. Se puso de pie y pudo ver a la castaña y a Gaara corriendo hacia él, ambos se veían preocupados y medio agitados, es decir, más de lo que alguien estaría luego de haber corrido. Shikamaru no era idiota y sabía perfectamente a que se debía su estado, seguramente los había interrumpido en algo "importante". Aunque, bueno, él también era un mal pensado, pero como dice el dicho: piensa mal y acertarás. —Shikamaru, ¿cómo está mi hermana? —preguntó Gaara con seriedad apenas llegó, aunque muy en el fondo, estaba igual de preocupado que el Nara, después de todo, Temari era su hermana mayor y el que nacería sería su sobrino; y Temari ya le había aclarado que sería también su padrino, aunque Kankuro se quejó bastante.—Todavía no sé, la ingresaron hace como media hora y no han salido aún —respondió atropelladamente el pelinegro, a leguas se notaba que se estaba muriendo de los nervios, y es que para nadie es fácil convertirse en padre por primera vez, no sabía cómo rayos se sentiría una vez que viera al bebé, no tenía la certeza de que lo podría cuidar como era debido, después de todo, era demasiado perezoso para todo eso, pero ahora estaba pensando que de verdad debía esforzarse, aunque sea un poco.En ese momento, vio la tierna y apacible sonrisa que adornaba el rostro de Matsuri y tanto él como Gaara no podían creer que ella se encontrara tan tranquila ante esta situación.—Qué lindo —habló la chica—. Temari debe sentirse realmente feliz en este momento, por fin va a convertirse en madre después de que tanto lo ha deseado —cerró los ojos y se llevó ambas manos a su pecho, como haciendo una plegaria—. Estoy segura de que todo saldrá muy bien.Al oírla, Shikamaru no pudo hacer más que sonreír, dándole la razón.—Sin embargo, me encuentro muy nervioso, no me siento preparado —dijo, bajando la mirada y apretando los puños levemente. Matsuri se sentó a su lado, mirándole con esa contagiosa sonrisa de apoyo y confianza.—No te preocupes, Shikamaru, es normal que tengas miedo porque nunca habías vivido algo así, pero ten fe en que todo saldrá muy bien y en menos de lo que esperas, ya tendrás a tu hijo en los brazos.—Gracias, Matsuri —Shikamaru la miró con una sonrisa pequeña. Recordaba las palabras que ella le había dicho la otra vez, cuando lo regañó y prácticamente lo hizo sentir como basura. Era gracioso pensar que era ella misma quien le animaba ahora, llegó a pensar que Matsuri lo odiaba por un tiempo, pero ahora veía que eso no era así y le alegraba, se sentía aliviado y bendecido por los buenos amigos que tenía—. Gaara —miró a su cuñado, que aún seguía de pie—. Cómo se nota que te has llevado el premio mayor.Matsuri se sonrojó levemente y Gaara delineó una media sonrisa, con cierto orgullo en su mirada.—Lo sé —fue todo lo que dijo, manteniendo la vista fija en su esposa.En ese momento salió una enfermera de la sala de partos y le dijo a Shikamaru que ya podía pasar, dándole un uniforme especial para mantener todo esterilizado. Tras esto, el Nara se perdió detrás la puerta junto a la mujer.Gaara se sentó en donde antes había estado Shikamaru, rodeando con su brazo el cuello y los hombros de su mujer y notándola algo helada y temblorosa, seguramente estaba muriendo de frío y no le había dicho nada, así que, para calentarla un poco, la abrazó usando todo su cuerpo.—Sé lo que piensas —le susurró al oído, haciéndola estremecer—. Te gustaría estar en el lugar de mi hermana, ¿no es así?—Puede ser —respondió Matsuri, con una pequeña sonrisa en sus labios, mirando a Gaara a los ojos—. Para mí sería hermoso tener un hijo tuyo, un bebito que tenga tus ojos y se parezca a ti —sus mejillas tomaron un leve tono carmesí en cuanto pensó en esa idea, algo que ansiaba de manera inconsciente y que, sin darse cuenta, Gaara también deseaba.—Podría suceder en cualquier momento —dijo el pelirrojo, separándose un poco de ella para acariciarle la mejilla y así darle un beso en los labios, breve pero dulce—, a fin de cuentas, nunca nos hemos protegido cuando estamos juntos, quien quita y ya estás embarazada —volvió a acercarse al oído de la chica, porque le gustaba hacerla temblar como sabía que sólo él lo conseguía—. Puede que haya sucedido esta misma noche.Matsuri volvió a temblar al sentirle. Aun siendo su esposa y después de haber sido suya ya tantas noches, no lograba acostumbrarse a la faceta medio pervertida que Gaara le mostraba sólo a ella, la hacía sacudirse como una gelatina cada vez que susurraba dentro de su oído, o cuando la tocaba con esa delicadeza inexplicable. Además de todo eso, estaba el hecho de que él podía tener razón, tal vez estuviera embarazada y no le parecía para nada una mala idea. Era cierto que llevaban muy poco tiempo juntos, pero ya estaban casados y formarían juntos un futuro, el paso siguiente era tener una familia, así su madre la dejaría de molestar.Recargó su cabeza contra el pecho masculino y se acurrucó como una niña buscando protección y calor, recibiéndolo al sentirse rodeada por los brazos de su amado nuevamente.—¿No te molestaría? —le preguntó, cerrando los ojos—. ¿De verdad te gustaría que tú y yo tuviésemos un bebé?—Me encanta la sola idea de imaginarlo —dijo Gaara, besando su frente—. Sabes que te amo, y si tú me dieras un hijo, sería el hombre más feliz del mundo.Ella no respondió, simplemente se quedó en esa cómoda posición, disfrutando aquel confortante calor humano que sólo él podía brindarle. Nadie más que él podía hacerla sentir tan feliz.*• - _ -•**• - _ Dentro de la sala de partos, Temari no dejaba de quejarse por el dolor que sentía, las contracciones eran cada vez más fuertes y le hacían pensar que en cualquier momento terminaría por partirse en dos. Cerró los ojos con fuerza, tratando de aguantarse, y en ese momento vio como entraba Shikamaru, vestido con la bata y la cofia esterilizadas. Él se acercó a ella y tomó su mano con fuerza.—Shikamaru... —la rubia sonrió. A pesar de sentirse tremendamente cansada, estaba feliz de verlo, de tenerlo a su lado, compartiendo este momento tan importante.—Temari, todo va a salir bien, recuerda que siempre estaré contigo —el futuro padre le dio un beso en la frente a su esposa. Él era quien debía darle confianza y seguridad, aunque por dentro se estaba muriendo de los nervios y sentía deseos de salir corriendo de allí, debía ser muy fuerte y soportarlo—. Te amo y sé que puedes hacerlo —le sonrió al separarse.—Gracias por estar aquí, Shikamaru... —le dijo Temari, soltando algunas lágrimas por el dolor, pero aun así, sonreía de felicidad.Finalmente, la doctora Ino apareció, tomando lugar en el sitio que le correspondía, porque al fin había llegado la hora de que el bebé naciera y viera la luz del mundo que le rodeaba.—Muy bien, prepárate, Temari —anunció la joven doctora rubia, sonriendo mientras se ponía unos guantes de látex, luego de desinfectarse las manos adecuadamente—. Manos a la obra.Después de eso, Shikamaru sólo cerró los ojos, apretando con fuerza la mano de su esposa, casi podía sentir que se la iba a sacar de lo fuerte que le estrujaba, pero en verdad no quería mirar, ella gritaba como una endemoniada y sabía que le estaba doliendo demasiado, no quería ni imaginarse cuánto. Pasó bastante tiempo con los ojos cerrados, sólo oyendo los gritos de Temari, hasta que algo sucedió. De pronto, ella dejó de gritar y lo siguiente que oyó fue un estruendoso llanto de bebé. Abrió los ojos sorprendido al ver a su pequeño hijo recién nacido en los brazos de su amiga Ino, quien segundos después, lo entregó a una enfermera, la cual lo arropó con una manta para limpiarlo un poco antes de entregarlo a los brazos de su madre.Temari estaba aún muy agitada, pero no paraba de sonreír, mientras su esposo aún se mantenía en una especie de trance. Al mirar a la criatura, había sentido algo tan increíble, era una sensación de lo más hermosa y reconfortante; por fin tenía a su hijo.—Felicidades a ambos, es un niño muy sano y fuerte —les dijo Ino, sonriendo, para luego quitarse los guantes. Miró a Shikamaru y le dio un leve golpe en la espalda—. ¿Qué esperas? Ve y conócelo, tarado.Él no le hizo caso, simplemente se acercó a la cama en donde estaba sentada su esposa con el bebé en los brazos. Se sorprendió al notar que era tan pequeño, tan frágil e indefenso, parecía que cualquier cosa lo podría acabar, y fue entonces que nació en él ese instinto de querer protegerlo, de procurar que nada malo le fuese a pasar, de velar siempre por él y por su seguridad. Por un momento, se sintió miserable al recordar que en un principio no lo quería, que había despreciado a ese ser inocente y dulce que llevaba su sangre, pero ya no era así, ahora lo quería, lo amaba más que a su vida.—Está hermoso —dijo Temari, acariciando la cabecita del bebé, que ya había dejado de llorar al sentirse protegido por los brazos de su madre—. Ven, Shikamaru, míralo.El Nara se acercó un poco más y finalmente lo tocó. Fue gracioso, porque estaba seguro de que el pequeño bultito había sonreído.—Tenías razón —habló mirando aún al bebé—. Tener un hijo es fantástico.Temari sólo sonrió ante el comentario, volviendo a abrazar al bebé, estaba muy emocionada de que al fin Haru Nara hubiese llegado al mundo.*• - _ -•**• - _ Eran las siete de la mañana y Hinata acababa de levantarse, se había duchado y se estaba vistiendo frente al espejo. Se sentía triste igual que todos los días, ya hace más de tres meses que había dado por terminada su relación con Naruto y no lo había vuelto a ver. Podía sonar extraño, pero era cierto, había estado evitándolo de todas las formas posibles. Al principio, él la llamaba todos los días, e incluso iba a buscarla a su casa, pero ella no quería verlo ni atenderle las llamadas, así que, en poco tiempo, el rubio se cansó y dejó de buscarla. Ella, por su parte, había decidido renunciar al trabajo que tenía con él, aunque no se atrevió a hacerlo frente a Naruto, simplemente habló con Sasuke.Ahora ella estaba trabajando en la empresa de su familia, como siempre debió ser, aunque no le gustaba del todo estar ahí, su padre siempre le sacaba en cara que gracias a él tenía donde caerse muerta.—¡Hinata, baja a desayunar! —escuchó la voz de su hermana menor. Se miró al espejo mientras peinaba su largo cabello, soltando un suspiro de resignación y tristeza.—¡Ya voy, Hanabi-chan! —respondió, volviendo a mirarse al espejo por última vez aquella mañana. Su expresión de tristeza no podía disimularse ni con el maquillaje, nada podía hacerla ver bien—. Te extraño... Naruto-kun —susurró depresiva—. Pero tú no me quieres, sé que no me quieres...Bajó la mirada y salió de su habitación para desayunar, preguntándose si había hecho bien o mal en ignorar por tanto tiempo a Naruto, pero le daba demasiado miedo creerle, perdonarlo y luego descubrir que nunca estuvo equivocada, que él no la amaba.*• - _ -•**• - _ Se levantó con tremendo dolor de cabeza, anoche había tomado como un loco y todo se debió a ella . Desde que Hinata lo había dejado, se sentía como desmoronado, la extrañaba demasiado y no había nada que pudiera hacer para recuperarla, porque ella lo evitaba todo el tiempo. La buscó tantas veces para explicarle las cosas y ella simplemente le cerró la puerta en las narices, le impidió decirle que todo había sido un malentendido, porque pensaba que él no la amaba.Naruto se metió bajo la ducha y dio el agua tibia, tal vez eso le haría relajarse, aunque sea un poco.—Maldita sea, Hinata, ¿qué hago para que me perdones?Nuevamente se quedaba sin una respuesta y lo único que pudo hacer para tranquilizarse fue darle un golpe a la pared. Al principio, pensó que quizá todavía sentía cosas por Sakura, por eso se había enfadado tanto al saber de su relación con Sasuke, pero no, se dio cuenta de que no era así, él amaba a Hinata, la extrañaba, la necesitaba a su lado, por eso fue tras ella, por eso buscó su perdón, pero era inútil, parecía que nunca podría conseguirlo. *• - _ -•**• - _ —Matsuri, despierta, tonta —llamaba Gaara, tratando de hacer que su esposa abriera los ojos. La castaña se había quedado dormida en un sillón en la sala de espera. Se habían amanecido en el hospital, porque ninguno de los dos había querido marcharse y, si bien, Gaara no tuvo ningún problema para quedarse despierto toda la noche, con Matsuri había sido otra historia.—Gaara... no te comas mi postre, maldito... —se quejaba la chica, frunciendo el ceño, por lo que él no pudo evitar sonreír, de verdad era demasiado linda y le hizo recordar cuando eran más jóvenes y él siempre le robaba su postre.—Matsuri —la llamó una vez más, sentándose a su lado, para sacudirla levemente—. Mi amor, ya es de día, será mejor que vayas a la casa a descansar.—¿Ya es de día? —preguntó la castaña, abriendo sus ojos para mirar a su esposo y dejar caer su cabeza sobre el pecho masculino. Gaara la miró y la notó algo roja, así que posó una mano sobre su frente.—Suri, tienes fiebre —dijo ligeramente preocupado, seguro que se había enfermado por estar ahí dormida toda la noche, pudo haber pescado un resfriado y si no la llevaba a descansar, lo más probable era que se pusiera muy mal, ella siempre había sido algo débil de cuerpo y por ende, él la sobreprotegía demasiado—. Será mejor que te lleve a la casa ahora, no pienso dejar que te enfermes.—Estoy bien, Gaara, no me siento mal —afirmó Matsuri, pero su rostro decía lo contrario, se veía muy cansada y pálida y con lo terco que era Gaara, no pensó ni un segundo en hacerle caso y dejarla, en lugar de eso, se puso de pie y la levantó entre sus brazos, dejándola sorprendida—. G-Gaara... —se quejó.—No te creo nada, así que pienso llevarte a la fuerza si es necesario —dijo obstinadamente el pelirrojo, sosteniendo a la chica entre sus brazos como si se tratara de una princesa. Las mejillas de Matsuri habían enrojecido sobre la aparente fiebre que tenía y eso la hacía lucir muy tierna, pero, aun así, a Gaara no se le quitaba la idea de que ella estaba enferma de algo, seguro alguna gripe.—Gaara, bájame, que estamos en un hospital —lo regañó la castaña con el ceño fruncido y algo avergonzada, ya que los médicos y enfermeras que pasaban se les quedaban mirando y se reían.—Vaya, pero cuánto amor se respira en el aire a esta hora de la mañana —se escuchó una voz masculina en tono gracioso. Ambos se voltearon y se sonrojaron un poco al ver a Kankuro y a Sari junto a la pequeña Miki, que estaba en brazos de su padre.—¿Que no se pueden controlar aun estando en un hospital? —esta vez habló Sari, lo que los avergonzó aún más, ¿parecían un par de desesperados acaso?—¡No es lo que piensan! —exclamaron al unísono, mientras Matsuri bajaba de los brazos de Gaara y se apoyaba en sus propios pies, sólo que, al hacerlo, sintió un leve mareo y se tambaleó, por suerte, fue sostenida por el pelirrojo, quién la veía preocupado.—¿Ves? Te dije que no estabas bien, pero tú eres una terca.—Ya no me regañes, Gaara, me iré a la casa a descansar, pero primero quiero ver a Haru-kun, no me iré hasta que lo conozca —nuevamente, Matsuri se mostraba berrinchuda, por lo que Gaara no le pudo replicar, con esa carita de niña se veía tan tierna, que siempre lograba manipularlo fácilmente.Por su parte, Kankuro y Sari sólo les observaban con una sonrisa, ese par ya se habían olvidado de ellos dos y se notaba que eran puro amor. A cientos de kilómetros, era posible darse cuenta de que estaban realmente enamorados y que eran muy felices juntos.— Qué gusto me da por mi amiga, sólo espero que las cosas no vayan a cambiar —pensaba Sari con alegría, porque de verdad sentía mucha felicidad por Matsuri, la había visto sufrir demasiado por Gaara, por eso le alegraba verla ahora a su lado y sonriendo de esa manera.—Mami, papi, quelo conocel a mi pimito bebé —habló Miki de pronto, captando la atención de los cuatro adultos, que sonrieron al notar la ternura de la niña.Y mientras todos reían, Matsuri nuevamente sintió un mareo, ahora un poco más fuerte que el anterior, pero decidió ignorarlo, pensando que no era nada importante, aunque estaba muy equivocada.*• - _ -•**• - _ Temari estaba algo ansiosa, había dormido toda la noche después de tener al bebé y ahora sólo deseaba que se lo trajeran, quería volver a verlo y tenerlo entre sus brazos, y que Shikamaru –quien se encontraba dormido sobre el pequeño sillón– lo cargara. Al verlo, no pudo evitar sonreír, de verdad él se estaba esforzando por demostrarle que estaba arrepentido por las tonterías que había cometido.—Oye, Shikamaru —lo llamó para despertarlo, debía estar agotado después de pasar la noche tan incómodamente, pero, aun así, no tenía por qué no hacerle caso, así que no le quedó más remedio que alzar la voz—. ¡Shikamaru, despierta, vago! —le gritó, haciendo que su esposo diese un salto asustado, cayéndose del sillón.—Tsk, pero qué problemática eres, mujer, despertándome de esa manera —se quejó el Nara, mientras se ponía de pie, sacudiéndose los pantalones.—Tenía que gritar, sino no me harías caso —dijo Temari cruzándose de brazos y haciendo un desprecio. Shikamaru sonrió ante su graciosa cara, aun cuando acababa de tener un bebé, podía lucir tan infantil.—Bueno, ¿y cómo te sientes hoy? —preguntó acercándose a ella, para sentarse a su lado, tomando una de sus manos.—Muy bien —respondió la rubia, ampliando su sonrisa. Miró a su esposo fijamente, con sus ojos llenos de amor—. Ya quiero que nos traigan al bebé para tenerlo conmigo.—¿Sabes? Es realmente muy lindo, digno hijo mío —Shikamaru comenzó a besar a Temari en los labios de forma lenta y dulce luego de sus palabras, estaba feliz, porque habían tenido un hermoso hijo y no hallaba la forma de hacérselo saber—. Temari, a pesar de que seas una problemática... yo te amo —de un momento a otro, volvió a besarla y el contacto se volvió mucho más apasionado. Temari lo rodeó por el cuello, dejándose llevar al cielo, hasta que el beso se rompió por falta de oxígeno.Se miraron con una sonrisa y repentinamente la puerta se abrió, dejando ver a Gaara, Matsuri, Sari, Kankuro y la pequeña Miki.—Buenos días, venimos a ver cómo estás y a conocer a Haru-kun —dijo animadamente Matsuri, agitando su mano derecha en son de saludo. Temari la observó y enseguida reparó en el tono sonrosado de sus mejillas, así como que el resto de su piel se encontraba más pálido de lo normal.— Matsuri... ¿podría ser que tú...? —pensó mirándola con sospecha, pues ella –que acababa de tener un hijo– podría reconocer esos signos en cualquier mujer. Miró a su hermano Gaara, quien al igual que ella, parecía estar demasiado pendiente del estado de Matsuri, pero por su expresión de confusión, se notaba que no tenía idea de que le estaba pasando. Temari realmente estaba temiendo de qué se trataba este asunto, pero se vio interrumpida cuando entró la enfermera a traerle a su hijo.—¡Ah! —tanto los ojos de Matsuri como los de Sari se iluminaron al observar a la criatura recién nacida de su amiga y cuñada Temari, quien lo recibió en sus brazos con una sonrisa. Kankuro se acercó, llevando a su hija en los brazos, para que pudiera conocer a su primito, como era su deseo.—Oh, qué bebé tan bonito, papi —dijo la niña, sonriendo alegremente—. ¡Yo quelo un hemanito bebé! —exclamó con alegría, lo que hizo sonrojar un poco a sus dos padres e hizo reír al resto de adultos.— Un bebé... —pensó Matsuri, mientras abrazaba a Gaara, sin poder evitar soñar con aquel momento—. Yo también quiero tener un bebé... un hijo de Gaara..." —miró a su marido y se sonrojó levemente, pero éste sólo le sonrió.*• - _ -•**• - _ —¡Sakura, es increíble! —exclamó Ino, totalmente sorprendida ante lo que su mejor amiga le acababa de mostrar. En el dedo anular de la mano de Sakura había un precioso anillo de compromiso de lo más lujoso, pues sí, la noche anterior, Sasuke le había propuesto matrimonio y ella aceptó encantada.—¿Verdad que es una joya hermosa? —rio la peli rosa—. Aunque a mí me gusta más porque me la dio Sasuke.—Sí —la secundó Ino—. Pero lo increíble es que alguien como Sasuke Uchiha te pidiera matrimonio —dijo la rubia, entrecerrando la mirada, mientras a Sakura se le marcaba una venita en la sien. ¿Cómo se atrevía a decirle eso? Aunque no debía enojarse, después de todo, Ino siempre le jugaba ese tipo de bromas.—Bueno, seguro este anillo no es nada comparado con el que te ha dado Sai —decía la peli rosa fingiendo desinterés, hasta que un destello de maldad se cruzó por sus ojos—. Oh, olvidaba que él aún no te ha pedido matrimonio.—Desgraciada... —susurró la ojiazul. En ese momento observó cómo cierto azabache se acercaba a su amiga, sosteniendo delicadamente su mano y tomándola por sorpresa.—Hola, Sakura, Ino —saludó Sasuke, sentándose despreocupadamente junto a su novia y ahora futura esposa, la cual enseguida lo abrazó, ligeramente sonrojada. Era cierto que en un principio su relación había sido muy extraña, pero ahora eso no importaba mucho, ambos se amaban y deseaban afianzar aún más su lazo.—Oh, Sasuke, buenos días —le respondió Ino, sonriendo ampliamente—. Justo estábamos comentando lo del matrimonio, felicidades.—Gracias —fue todo lo que dijo el Uchiha. Aunque ahora era mucho más expresivo gracias a Sakura, había cosas de él que nunca cambiarían, como su manera de hablar con las personas, pero aún con todo eso, Sakura lo quería así, tal y como era.*• - _ -•**• - _ Una semana después...—Qué cosas contigo, amor, aún eres incapaz de hacerte bien el nudo de la corbata —regañaba Matsuri, mientras le arreglaba la roja corbata a su esposo, quien sólo le sonreía algo apenado.—Al menos tengo a mi linda esposa para que lo haga por mí —dijo Gaara, al mismo tiempo que la tomaba por la cintura de forma posesiva. Matsuri se sonrojó graciosamente, encantando a Gaara con ese dulce gesto. Ella lucía realmente hermosa con sus mejillas encendidas y él adoraba verla de esa manera tan frágil, porque a pesar de todo lo que había pasado entre ellos, cada vez que la hacía suya, le seguía encantando esa actitud de timidez, era como si siempre fuera la primera vez.—Eres un aprovechado —le reprochó la castaña, soltando una sonrisa. Gaara se acercó un poco más a ella para besar sus exquisitos labios de forma apasionada. Ella apoyó ambas manos sobre el pecho masculino, mientras que Gaara la acercaba más a su cuerpo, con las manos apoyadas sobre su delicada cintura y deslizándolas suavemente hacia su espalda, arrugando un poco el vestido azul de su esposa.Ambos estaban muy bien arreglados, pues tenían una importante reunión con unos ejecutivos y luego querían tener una cita a solas, así que aprovecharían el tiempo para salir a bailar o algo así.—Preciosa, se nos hará tarde —el pelirrojo se separó con pesar, ya que hubiera querido seguir besándola y, si fuera por él, hasta le habría sacado la ropa ahí mismo, no obstante, el deber les llamaba. Se alejó de ella y recogió el saco que estaba sobre la cama, pero mientras se lo ponía, a Matsuri le vino un leve mareo, que la hizo caer sentada sobre la cama. Había sido algo extraño, como si por un momento, todo se volviera borroso y no pudiera ver en dónde estaba parada.Al notarla sosteniéndose la cabeza, Gaara se acercó a ella preocupado.—¿Estás bien, amor?La chica, aún algo desconcertada, le miró con una sonrisa.—Sí, es que de pronto me sentí mareada, pero estoy bien —aseguró con tranquilidad, pero Gaara no le creyó del todo, ya que nuevamente se veía extraña, por ende, posó una de sus manos sobre su frente para comprobar si tenía fiebre.—¿Segura? —preguntó—. Si quieres no me acompañas, puedo ir a esa tediosa reunión yo solo.—Estoy bien —insistió la chica con el ceño fruncido, pero volvió a sentir vértigo apenas trató de levantarse. Gaara le miró de mala gana y se sentó a su lado.—¿Lo ves? Eres una terca —le dijo en tono de regaño—. No te dejaré salir de la casa.Matsuri iba a replicar, pero él le dio un beso en la frente, evitando que fuese a hablar, para luego darle otro en los labios.—Nada —le calló con vehemencia—. No pienso arriesgarte, hace días has estado así de extraña y no has querido ver al médico, no quiero que te pase nada, así que te quedarás y punto —dio por terminada la conversación, cruzándose de brazos y cerrando los ojos.La castaña bajó la mirada con cierta tristeza, ella estaba muy ilusionada con salir con él, pero era verdad que se sentía mal, no estaba en condiciones de hacer un viaje ahora y además estaba siendo regañada como si fuera una niña.—Pero yo quería salir contigo, Gaara —susurró deprimida, provocando que su esposo se sintiera un poco mal por haberle hablado así antes, por eso volvió a sentarse a su lado.—Te prometo que volveré temprano para estar contigo, y que otro día, cuando te sientas bien, iremos los dos, ¿sí? —le dijo sonriendo. Matsuri estuvo en silencio por unos segundos, hasta que finalmente lo miró y le sonrió, asintiendo con la cabeza, para luego abrazarlo dulcemente.Sabía que se estaba comportando como una niña al no querer ir al médico, pero de verdad pensaba que estaba bien, aunque en realidad, últimamente lo estaba dudando, así que tarde o temprano se tendría que rendir, los mareos eran cada vez más frecuentes y –aunque Gaara no lo sabía– hasta había vomitado después de comer.*• - _ -•**• - _ Acostó con cuidado a su bebé de tan sólo una semana. Siempre pensó que cuidar a una criatura tan pequeña y frágil sería tremendamente problemático, pero no era así en lo absoluto, ese bebé le producía una sensación de felicidad indescriptible y hasta para alguien como él, era divertido entrar en esta nueva etapa, en donde tuvo que aprender a cambiarle el pañal y a darle el biberón.—Duerme bien, Haru, y no seas un problemático como tu madre —le susurró, mientras lo tapaba con las mantas de su cunita. No podía dejar de mirarlo mientras éste dormía, parecía un angelito caído del cielo—. Te quiero, hijo —dijo antes de darse la vuelta y salir del cuarto.Cerró la puerta con cuidado de no hacer ruido y sin olvidar encender el radio que habían comprado para saber si se despertaba durante la noche. Se dirigió a su cuarto y vio a Temari recostada y con los ojos cerrados, pero apenas él llegó y se sentó a su lado, los abrió.—¿Lo acostaste? —preguntó medio dormida, al tiempo que Shikamaru se quitaba los zapatos y luego la camisa, para recostarse junto a ella y abrazarla.—Costó para dormirlo, pero sí —respondió soltando un bostezo—. Aunque viéndolo a él, sí que me ha dado sueño...Temari se dio la vuelta y lo abrazó, sintiendo como el Nara pasaba sobre sus cuerpos la sábana de la cama y así, ambos se quedaron dormidos, sin deshacer aquel abrazo.*• - _ -•**• - _ Eran cerca de las once de la noche y Gaara se encontraba en el bar de siempre, reunido con su amigo Naruto. Él y Sasuke aún no se habían perdonado ni se dirigían la palabra y, de hecho, al rubio le había costado mucho trabajo volver a hablarle a Gaara, debido a que él lo sabía todo y no fue capaz de contarle, solapando el engaño de Sasuke, pero, al fin y al cabo, no era culpa de Gaara, así que lo dejó pasar.—Bueno y cuéntame, ¿qué tal vas con Matsuri-chan? —preguntó bebiendo un trago, mientras una venita se marcaba en la frente del pelirrojo.—Te he dicho que no la llames de esa manera —replicó enojado, pues siempre sentía muchos celos cuando alguien trataba tan familiarmente a su mujer, la verdad era que sólo él tenía el derecho de ponerle apodos cariñosos—. Pero, en todo caso, todo va genial con ella, no sabes lo feliz que me hace —confesó con una sonrisa.—La suerte de algunos —susurró el rubio, algo envidioso, porque las cosas con él y Hinata iban de mal en peor, ya se había resignado a que nunca más la tendría a su lado, pero eso no le hacía sentir nada bien.—Mira, Naruto, así como una vez tú me aconsejaste con Matsuri, ahora yo te daré un consejo —dijo Gaara—. Si de verdad la amas, lucha por ella y no la dejes ir, no te rindas hasta que lo hayas intentado todo, sé que volverás a estar con ella —aseguró con la mirada confiada, dejando algo intrigado a su amigo. ¿Cómo podía tener tanta seguridad en sus palabras? ¿Acaso sabía alguna cosa?—¿Cómo es que...?—Hinata es amiga de mi esposa —le interrumpió el pelirrojo, adivinando el resto de la oración que formulaba el rubio—. Matsuri me lo contó, que Hinata aún te ama.Esas palabras sorprendieron un poco a Naruto, sinceramente, había perdido toda esperanza con su amada ojiperla, pero que Gaara le contara algo como eso, en cierto modo, le daba un poco de luz. —Hinata... —murmuró para sí el Uzumaki.Justo en ese momento, apareció una persona que no esperaban, y que encendió automáticamente la furia de Naruto.—Gaara, Naruto, no esperaba verlos por aquí —habló Sasuke, que estaba un poco sorprendido, notando de reojo la expresión de ira en el rostro de Naruto, pero decidió ignorarlo—. Bueno, puedo aprovechar de contarles las buenas nuevas.—¿Y de qué se trata? —preguntó Gaara, estaba curioso, a pesar de que su expresión no lo demostraba. Sasuke se sentó a un lado de Gaara, dejándolo en medio de él y de Naruto.—Felicítenme, muy pronto seré un hombre casado, le propuse matrimonio a Sakura —anunció como si nada, pero eso rebasó el límite de paciencia de Naruto, quien se levantó de la silla furioso, agarrando a Sasuke del cuello de la camisa y halándolo.—¡No bromees conmigo! ¡¿Quién diablos te crees?!—¡¿Qué mierda te pasa, Naruto?! —exclamó Sasuke, también enojado, harto de la estúpida actitud que tenía Naruto—. ¿Qué es lo que te molesta tanto? Si de todas formas nunca amaste a Sakura, ¿qué te importa si está conmigo?—Tú te atreviste a verme la cara de idiota, acostándote con ella cuando aún era mi novia, y encima... por tu culpa... por tu culpa perdí a Hinata —dijo Naruto, aun halando a Sasuke por la camisa, quien sólo sonrió arrogantemente, ni siquiera tenía miedo de volver a salir golpeado. —No me culpes por tus estupideces, si perdiste a Hinata, fue porque no te importó armar ese escándalo aun teniéndola a ella a tu lado.Naruto por fin soltó a Sasuke, sabía que él tenía tazón, pero durante todo este tiempo no había querido admitirlo, porque era más fácil culpar a alguien más de sus faltas, y aunque Sasuke sí cometió un error en no decirle la verdad, tampoco era una justificación para haber descargado su ira sobre Hinata aquella vez. La había perdido por sus propios méritos.—Hasta que te has calmado —habló Gaara, soltando un suspiro, no había querido intervenir en la pelea, pero lo haría si era realmente necesario. Cuando todo parecía haberse puesto tranquilo, recibió un mensaje en su celular, algo que le hizo fruncir el ceño, pero a la vez le dio un gran alivio—. Disculpen, chicos, pero debo irme, sólo no vayan a matarse.Sasuke y Naruto se miraron de mala gana, mientras el pelirrojo se marchaba luego de pagar su cuenta. Hoy planeaba ponerle fin para siempre a esa molestia situación que pasaba a espaldas de su esposa; terminarían de una vez los acosos de esa mujer.—Sasuke, yo...—Escucha, Naruto —le interrumpió el azabache, volviendo a sentarse en el mismo lugar, algo molesto—. Disculpa por no haberte dicho que estaba con Sakura, pero tampoco es que a ti te importara mucho, estabas muy feliz con Hinata en ese momento.El rubio simplemente bajó la mirada sin decir nada, pues Sasuke tenía mucha razón en lo que acababa de decir; él realmente era feliz al lado de Hinata.*• - _ -•**• - _ Matsuri seguía despierta, pero estaba recostada en su cama viendo la televisión, mientras comía postre de fresas con chocolate y manjar. Estaba algo preocupada porque ya pasaba de las once y media y Gaara aún no llegaba, por eso mismo, tenía una increíble ansiedad y no había encontrado otra forma de mitigarla que comiendo cosas deliciosas y bien dulces.—Que tonta soy, ¿por qué tuve que enfermarme justo hoy? —dejó su postre de lado y apagó el televisor, cubriéndose con las sábanas para intentar dormir, pero no podía estar tranquila, extrañaba demasiado el calor del cuerpo de Gaara.Recordaba cuando sólo eran amigos, cuando su amado no le hacía el menor caso y ella se moría por estar entre sus brazos. Ahora se reía de aquellos tiempos, porque ahora era la mujer de Gaara, su única dueña y era feliz cada vez que estaban juntos en esa cama, cada vez que él le hacía el amor tan apasionadamente y la llevaba a la locura. Incluso pensar en eso le hacía sentir avergonzada, pues antes de estar con Gaara, ni siquiera conocía por sí misma lo que era el sexo; él le había dado un giro completo a su vida y a su relación de " sólo amigos ".—Gaara... por favor, vuelve pronto, mi amor, te extraño... —susurró, comenzando a cerrar sus ojos lentamente, para por fin, quedarse dormida.*• - _ -•**• - _ La puerta del departamento se abrió, dejando ver la joven rubia de ojos azules, la cual sonreía abiertamente al tener frente a ella al hombre que tanto la obsesionaba, hasta hacerle perder la razón y cometer locuras, como acosarlo en secreto durante meses.—Bienvenido, Gaara, qué bueno volver a tenerte por aquí.—Sayuri, ¿qué es lo que quieres? —quiso saber el pelirrojo, con el ceño fruncido. Realmente estaba cansado de ella y de sus constantes persecuciones, era por eso que había decidido venir, para dar por terminada esa situación de una vez por todas. Matsuri no estaba enterada de lo que estaba pasando, pero casi desde el mismo instante en que ellos dos habían comenzado su relación formalmente, Sayuri se había puesto con todo para tratar de volver a conquistarlo, incluso le había besado en la oficina con la intención de que Matsuri los encontrara, pero, obviamente, él la apartó enseguida, pues esa mujer ya no despertaba nada en él, ni una fibra de emoción. De todos modos, no quería que Matsuri lo supiera, puesto que podría llegar a pensar cosas que no eran.—Por favor, pasa, hablemos adentro —le invitó la rubia, a lo que Gaara simplemente asintió. Era un bonito apartamento, bastante bien decorado y estaba casi igual a la última vez que había entrado, esa vez en que rompió todo con Sayuri al cansarse de ella. Solía ir allí a acostarse con ella por diversión y aburrimiento, sin embargo, al poco tiempo se volvió rutinario y tedioso, por eso la abandonó. Además, para él, cada una de las mujeres con las que había estado antes de Matsuri, no significaban nada en su vida.Gaara se sentó en el sofá de la sala y Sayuri se paró a su lado.—¿Quieres algo de beber?—Sí, por favor —Sayuri se alejó hacia el mini bar, sirviendo dos tragos de vodka, sin que el pelirrojo pudiera ver lo que ella estaba haciendo mientras le daba la espalda. Ella no iba a dejarlo ir tan fácil y esta noche le demostraría que él no había cambiado nada como decía, que seguía siendo el mismo mujeriego, porque tarde o temprano, las fuerzas le iban a flaquear y la carne es débil, además, tendría una pequeña ayudita extra con lo que le había echado al trago.—Aquí tienes —la chica dejó el vaso sobre la mesa y de ahí Gaara lo levantó para beber un poco—. Bueno, yo te llamé porque tengo algo que decirte —fingió tristeza y arrepentimiento—. Te dejaré en paz, pero con una condición —volvió a sonreír en forma maliciosa.—¿Y cuál es, si se puede saber?En ese momento, Sayuri se puso de pie y se sentó sobre las piernas de Gaara, quien estaba un poco sorprendido al verla hacer aquello. Ella lo besó en los labios, sin darle tiempo a nada, acunándole el rostro con sus manos, recargándose más contra el cuerpo masculino. Por un instante, Gaara se sintió como antes, como aquel descarado al que sólo le importaba tener sexo, pero ahora él ya no era así, ahora que había descubierto lo que era realmente amar y hacer el amor, no sólo por placer, sino por los sentimientos, no se podía dejar atrapar tan fácil.—Aléjate, estás loca —dijo enojado, apartando a la rubia de forma algo brusca—. ¿Qué es lo que intentas hacer?—Por favor, quédate conmigo una última vez, hazme el amor por última vez y te dejaré en paz para siempre, lo juro.Gaara la miró despectivamente, poniéndose de pie para dirigirse a la puerta.—Jamás me acostaría contigo por lástima, ya no soy esa clase de persona —le aseguró—. Además, quiero que tengas algo bien claro; lo que hubo entre nosotros fue sólo sexo, la única mujer con quien he hecho el amor se llama Matsuri y es mi esposa.La expresión de Sayuri no podía ser más enojada, de verdad Gaara acababa de volver a despreciarla tan descaradamente; esto no iba a perdonárselo, estaba completamente decidida a separarlo de Matsuri para siempre.El pelirrojo posó su mano sobre el pomo de la puerta, dispuesto a abrirla, pero entonces sintió que toda su vista se volvía borrosa y antes de poder pestañear, cayó desmayado sobre los brazos de la chica, que había corrido para atraparlo.—Nunca está demás tener una segunda opción, ¿no, querido? —habló mirando el trago que le había dado a Gaara. Sabía que él la rechazaría, por eso había planeado que no pudiera hacerlo, aunque él no quisiera, estaría con ella toda la noche.*• - _ -•**• - _ Naruto iba por la calle con las manos en los bolsillos del pantalón, mirando hacia el suelo y pensando en lo que había hablado con Gaara y Sasuke.—Tal vez ellos tengan razón, sólo debo hablar con Hinata y decirle lo que siento, no importa si ella no quiere oírme —se dijo cerrando los ojos, tenía algo en mente y no pensaba fallar en ello, así que tomó su celular—. ¿Bueno? Sai, soy yo... sólo quería saber, ¿cuándo es la firma de libros de Hinata? —sonrió con la respuesta—. Perfecto, ahí estaré.Sin más, colgó la llamada, pero ahora se sentía mucho más animado.*• - _ -•**• - _ La luz del sol le molestaba en los ojos, haciendo que le fuera difícil poder seguir dormido. Se sentó un poco distraído sobre aquella cama y notó que no estaba en su cuarto, no parecía estar siquiera en su casa, pero lo peor de todo era que estaba desnudo.—¿Q-que mier...? —miró a su costado y ahí la vio, quedándose con la boca abierta al distinguir a esa mujer a su lado, durmiendo desnuda. No recordaba nada de lo sucedido anoche, estaba seguro de que había decidido irse de aquel lugar y no caer en su juego. ¿Pero entonces qué hacía en su cama? No podía ser real—. Esto no puede ser... yo no puedo haber... no puedo haber engañado a Matsuri... —se sintió realmente horrible al decir esas palabras, lo último que deseaba en el mundo era serle infiel a su esposa. ¿Cómo había sido capaz de acostarse con Sayuri? Precisamente ella.No, ella tuvo que haber manipulado la situación, pero era una tonta si creía que se saldría con la suya, Gaara no le creería nada de lo que dijera, porque estaba loca, era su palabra contra la de él, así que, sin más, se levantó y se vistió lo más rápido que pudo, saliendo de ahí apenas estuvo listo.Buscó en su bolsillo las llaves del auto y se marchó hacia su casa. Estaba seguro de que ella lo había intentado embaucar, la conocía a la perfección y era capaz de eso y más para retenerlo. Se suponía que él había cambiado, que Matsuri lo había cambiado, así que no tenía de que preocuparse, porque él no había hecho nada malo, o al menos eso quería creer; la verdad era que esta no era la primera vez que amanecía desnudo con una chica sin recordar lo que había sucedido la noche anterior, pero eso no quería decir que sí había tenido sexo con Sayuri, ¿no?Cuando llegó a su casa, eran casi las siete de la mañana, pero Matsuri aún seguía dormida. Se sentó a su lado, observando su fino y tranquilo rostro de niña con los ojos cerrados. Era tan hermosa, la amaba tanto, que era imposible que aun estando bajo los efectos de alcohol o de cualquier otra cosa, la hubiera engañado. Definitivamente era mentira.—Suri... perdóname... —susurró, acariciando suavemente su mejilla—. No debí dejar que esa loca me manipulara, pero... estoy seguro de que no pasó nada, tiene que ser así —cerró los ojos con impotencia y molestia, no podía evitar tener la duda latente en su cabeza de si había sucedido o no, pero quería creer que no.—¿Gaara? —susurró la castaña, abriendo lentamente sus ojos, para luego sonreírle dulcemente a su amado esposo—. ¿Qué hora es? ¿Acabas de llegar?—Van a ser las siete, y sí, acabo de llegar —respondió Gaara—. Me pasé la noche en casa de Naruto, ya sabes, haciendo tonterías —mintió con cierta culpa, pero no podía decirle que fue a casa de Sayuri y que amaneció desnudo en su cama y con ella a su lado en igual condición, ella seguro lo lanzaría por la ventana o algo peor.—Bueno... —ella no le riñó por la respuesta, no le molestaba que de vez en cuando él se divirtiera con sus amigos, además, ella los conocía muy bien—. Te echaba de menos, tenía mucho frío en la noche —se quejó, sintiendo como él se recostaba a su lado para abrazarla.—Aún es temprano y hoy no hay trabajo, así que duerme un rato más, Suri, yo te cuidaré —le dijo, besándola en los labios, a lo que ella se acurrucó en su pecho como una gatita mimada, volviendo a quedarse dormida.El pelirrojo la abrazó más fuerte aún, besando su frente.—Te amo, mi Suri, y no pienso dejar que nadie arruine lo nuestro —susurró.Sin importar cómo, debía esconderle a Matsuri lo que había pasado esa noche y esta mañana, tenía que hacerlo.*• - _ -•**• - _ Ya había pasado una semana. Gaara estaba en su cuarto, vistiéndose para irse a trabajar, cuando vio salir a su hermosa esposa del baño, quien cubría su cuerpo desnudo con una toalla rosada, haciendo que se viera adorable y tentadora al mismo tiempo.—Rayos, no deberías pasearte así frente a mí, ¿que no ves que me enloqueces? —susurró al oído de la castaña, abrazándola por la espalda—. Te ves tan sexy que me provocas.—Pervertido, sabes que esa no era mi intención —respondió Matsuri, avergonzada y sonrojada, sintiendo como el cuerpo de su amado se pegaba al suyo de una manera excitante, subiéndole la temperatura. Él siempre hacía eso, la volvía loca cuando actuaba de ese modo posesivo. —Eso no importa, lo has conseguido de todas formas —Gaara la volteó y comenzó a besarla en los labios, bajando sus manos por la cintura delgada de la chica, hasta llegar a su trasero, en donde comenzó a aplicar masajes circulares que la hacían gemir débilmente—. Dios, cómo me gustas —susurró mientras besaba su cuello.Mandó al diablo el llegar temprano al trabajo, ahora mismo estaba más concentrado en hacer suya a su esposa que en llegar a su empresa, por eso mismo, mientras sentía como ella le acariciaba el torso, desabrochándole la camisa que él mismo acababa de ponerse, la empujó hasta el borde de la cama, haciéndola caer sobre ésta y cayendo encima del cuerpo de ella.Comenzó a besarla en los labios una vez más, subiéndole despacio la toalla para dejar ver aún más sus perfectas piernas, las cuales acariciaba con gusto. Introdujo su lengua en la boca de la chica, la cual le correspondía con intensidad, cerrando sus ojos y terminando de abrirle la camisa, pero fue justo ahí que Matsuri sintió algo demasiado extraño, algo que la hizo apartarse de él.—G-Gaara —lo llamó, alejándolo de un empujoncito—. N-no puedo —le dijo observándolo, notando el estado en el que lo había dejado –completamente agitado y duro ahí abajo–, pero, sin poder hacer nada al respecto, salió corriendo de regreso al baño, dejándolo sorprendido.—¿Matsuri? —la llamó el pelirrojo, preocupado. Estaba a punto de preguntar qué le pasaba, cuando la oyó vomitar, así que sin decir nada se acercó a ella, notándola arrodillada junto al retrete. Se acuclilló a su lado y le sostuvo el cabello—. ¿Estás bien? ¿Qué tienes?—No sé —dijo Matsuri, limpiándose la boca. Miró a Gaara y él se dio cuenta de que tenía pequeñas lágrimas surcando sus ojos, en realidad, parecía que estaba a punto de ponerse a llorar —. Perdóname, Gaara —soltó de repente, lanzándose a los brazos del chico.—¿Que te perdone? ¿Pero por qué? —preguntó él, rodeándole por la cintura, al mismo tiempo que le acariciaba el cabello—. Si no has hecho nada malo, Suri.—Claro que sí, lo arruiné todo —aseguró ella, separándose un poco de su esposo para secarse las lágrimas, a lo que Gaara sólo le sonrió y posó una mano sobre su cabeza.—No seas tonta, aquí lo único importante es que tú estés bien, ¿de acuerdo? Así que por la tarde irás a ver a un médico —le dijo en tono de regaño, obteniendo otro abrazo de niña consentida por parte de la chica, así que él sólo pudo corresponder.Por otra parte, Matsuri estaba cada vez más convencida de qué era lo que tenía, pero primero debía confirmarlo.Continuará... Ya se acerca la parte dramática, jajaja ):