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Capítulo 17

¿Te Casas Conmigo? — fanfic.es · All chapters

Capítulo 17

Advertencia: Lemon Capítulo 17: Aquella vida en mi interior Esa mañana se había levantado con el pie izquierdo, primero se había puesto a vomitar justo en un momento tan importante como era estar con Gaara y, después, se había sentido mareada todo el día, las náuseas no habían cesado y no era capaz de probar un bocado.—Demonios... —susurró, llevándose una mano a la cabeza. Cayó sentada sobre la silla de su escritorio, notando cómo uno de sus amigos se le acercaba con preocupación.—Hey, Matsuri, ¿estás bien? —preguntó Shikamaru; la había visto extraña todo el día y eso comenzaba a inquietarle, porque la castaña siempre estaba alegre y radiante, pero hoy parecía más pálida que el papel.—Sí, no es nada, Shikamaru —aseguró ella, sonriendo tan dulcemente como de costumbre, de esa forma que siempre lograba tranquilizar a todo el mundo.—¿Segura? —cuestionó el Nara—. Pues déjame decirte que te comportas igual a... —se cortó a media frase, al parecer, estaba por decir una imprudencia y no quería hacerlo—. Qué problemático, mejor olvídalo.—No, continua —insistió Matsuri—. ¿Igual a quién? —las palabras del hombre le habían causado curiosidad y no estaba dispuesta a quedarse con ella, así que le miró seriamente para hacerle entender que más le valía hablar de una vez, al menos así lo entendió Shikamaru.—A Temari —respondió—, actúas como Temari... cuando supo que estaba embarazada —ya lo había dicho por fin, por lo que sólo le quedaba mirar a Matsuri para observar su reacción, y la vio muy sorprendida, pero no al punto de no creerlo.—¿Yo? ¿Embarazada? —se cuestionó a sí misma, llevándose una mano a su vientre. Bajó la mirada con sus mejillas levemente sonrojadas, pensando en lo que acababa de oír, eso la hizo esbozar una sonrisa—. No lo sé, no creo, más bien, sólo enfermé de gripe o algo así, no creo que esté embarazada —se negó a la idea, pero con una sonrisa nerviosa.—Bueno, era sólo una idea, no es como si fuera verdad —el pelinegro se llevó las manos a los bolsillos del pantalón, soltando un suspiro—. En fin, me iré a trabajar, ojalá te mejores.—Sí, gracias —dijo Matsuri, volviendo a bajar la mirada, mientras Shikamaru se alejaba. Sintió su corazón agitado y cómo los mareos regresaban, pero no estaba asustada, sino muy nerviosa por no estar segura de su estado—. Dios, ¿y si es verdad? ¿Si en verdad voy a tener un hijo de Gaara? —de sólo imaginarlo, no podía parar de reír.Todo era como un sueño hecho realidad.*• - _ -•**• - _ Gaara acababa de firmar unos papeles importantes y se puso de pie para salir de la oficina. Estaba muy preocupado por Matsuri, desde hace un tiempo que su esposa actuaba muy extraña, temía que estuviera enferma de alguna cosa, además de eso, se sentía pésimo cada vez que veía a Sayuri, la culpa lo consumía, a pesar de no recordar si quiera lo que había pasado esa noche entre ellos, por lo mismo, no había tenido el valor de despedirla, temía que fuera con Matsuri a decirle todo. Notó a su esposa sentada en su escritorio, pero se veía muy pálida y de verdad estaba mal, mareada, eso lo inquietaba demasiado, no le gustaba verla así.—Suri —la llamó, acercándose a ella para tomarle las manos, dándole un beso en la mejilla para luego abrazarla—. Amor, ¿te sientes muy mal?—Estoy bien, Gaara —aseguró la castaña, sonriendo, mientras él le acariciaba suavemente la mejilla. Ella apoyó su rostro sobre el pecho de Gaara, ocultándolo ahí—. Sólo estoy un poquito mareada, pero no es nada.—Pues yo no creo que no sea nada, es más, quiero que vayas al médico ahora mismo —dijo de forma terca Gaara, sorprendiendo un poco a su mujer.—Pero Gaara —se quejó la chica, mas él le puso un dedo sobre los labios, callándola de inmediato, pues no pensaba oír reclamos de su parte.—Pero nada, bonita —dijo—, estoy preocupado por ti, no te veo bien —la rodeó por la cintura, pegándola más a su cuerpo para abrazarla cálidamente, con ese amor que ella había despertado en su persona—. Te amo y lo sabes, si a ti te pasa algo, yo me muero.—No creo que tenga nada malo —susurró Matsuri, sin atreverse a contarle sobre sus sospechas, quería que fuera toda una sorpresa si en verdad era cierto, quería que Gaara se emocionara con la noticia tanto como ella estaba segura de que lo haría—. De todos modos, hoy iré, así que deja de preocuparte.—Más te vale —dijo el pelirrojo, dándole un beso tierno en los labios. Nunca hubiera sospechado lo que en verdad tenía Matsuri en ese momento, ni mucho menos, las cosas que sucederían.*• - _ -•**• - _ Hinata estaba un poco cansada. Desde que había aceptado el ofrecimiento de su padre para trabajar en la empresa Hyûga, tenía mucho más trabajo que antes, claro, ya no era una simple asistente, ahora tenía un puesto importante como la hija primogénita de Hiashi, sin embargo, no es que eso le alegrara, extrañaba a Naruto, pero agradecía no tener que verle todos los días ahora que habían terminado.Por otro lado, hace algunas semanas la publicación de su libro se había hecho oficial, aunque no había estado realmente pendiente de ello, por todas las cosas que tenía en mente. Hace unos minutos le acababan de avisar que las ventas habían sido un éxito y que tenían todo listo para realizar una firma de libros, eso en verdad le hizo muy feliz, a pesar de ya no compartir dicha alegría con la persona que la había inspirado.—Te extraño tanto, Naruto-kun... —susurró con tristeza, pero sin llorar, porque al final no valía la pena. Había comprendido que Naruto realmente no la amaba, que nunca lo hizo, que todo lo que pasó entre ellos no fue más que un hermoso sueño, puesto que el rubio ya no volvió a buscarla, seguramente estaba más pendiente de recuperar a Sakura.Qué gran error tenía en mente.*• - _ -•**• - _ Temari se dirigía hacia el hospital con su bebé en los brazos, a su lado iba nada más y nada menos que su cuñada Matsuri, quien había obtenido el permiso de su esposo y jefe para asistir a un control.—Ya dime la verdad, ¿por qué has venido a acompañarme al control de Haru? —interrogó la rubia, con intriga en sus ojos, la que aumentó al ver a su amiga ponerse roja como un tomate, mirando al piso y jugando con sus dedos con verdadera timidez.—V-verás... —comenzó a decir—. Este último tiempo me he sentido algo mal y... bueno... c-creo que... —soltó un suspiro—. Que estoy embarazada —confesó por fin con gran dificultad, dejando a Temari con la boca abierta luego de haberla oído.—¿Embarazada, Matsuri? —repitió incrédula, para luego formar una enorme sonrisa en sus labios—. Ay, Dios, te abrazaría emocionada de no ser porque cargo a Haru.—No te preocupes, además, aún no está confirmado —la castaña miró hacia el frente con verdadera ilusión en sus ojos, la ilusión de formar una familia junto a Gaara—. Pero espero con todo mi corazón que así sea.*• - _ -•**• - _ Bebió su café expreso, a pesar de que prefería mil veces el que preparaba su esposa, pero como la había mandado a verse con el médico, se tenía que conformar con esa cosa que ni se comparaba con el sabor del toque que Matsuri le daba.—Matsuri, sólo espero que no tengas nada grave, te amo tanto, preciosa —una pequeña sonrisa se formó en sus labios al pensar en ella, se sentía tan tonto al estar enamorado de su mejor amiga, siempre lo había estado y se había empeñado con todas sus fuerzas en negarlo, desde que eran adolescentes, como aquella vez en que le vio con su nuevo look. Gaara tenía sólo diecisiete años en ese entonces. Estaba sentado en una banca del parque, a la espera de su mejor amiga, pues habían quedado en juntarse ahí para salir juntos, ya que hace bastante no tenían tiempo para los dos, más por el tiempo que demandaban las "novias" de él. Debido a su aire sexy y de misterio, levantaba pasiones entre las chicas que iban pasando sin siquiera proponérselo, logrando que todas se le quedasen mirando idiotizadas. Él sólo sonreía cuando las oía decir lo guapo que era, pues sabía muy bien cómo era él. — Etto... Gaara... —escuchó la dulce voz de su amiga, tan tímida y tierna como siempre. Se volteó esperando ver a la misma niña tímida y medio torpe de siempre, esa que siempre usaba ropa infantil y que llevaba el largo cabello castaño recogido en una coleta baja, pero no la encontró. En su lugar, sólo pudo ver a una hermosa mujer que lo impactó. Ahora llevaba el cabello corto por arriba de los hombros, haciendo que su rostro se apreciara mejor. Su ropa era diferente, ya no era holgada y como de niña, ahora llevaba unos ajustados jeans azules y una blusa blanca, la cual resaltaba el crecido tamaño de sus pechos. Su figura, en definitiva, ya no era la de una mocosa. — ¿Matsuri? —Gaara la miró de pies a cabeza, en verdad estaba sorprendido, sólo habían pasado un par de días desde que no la veía y se llevaba aquella impresión así de pronto. Su corazón había comenzado a latir muy fuerte al darse cuenta de lo hermosa que era su mejor amiga, aunque a él siempre le había parecido linda, pero jamás la vio tan sensual antes. — Perdón por la demora, Gaara, ya podemos irnos —dijo la chica, sonriendo con esa dulzura que la caracterizaba y que, sin saberlo, conquistaba muchos corazones. — C-claro que sí —el pelirrojo se puso de pie nerviosamente, mirando nuevamente a la chica como si fuera la primera vez que la observaba, con la boca levemente abierta y los ojos a punto de salírsele—. Te ves muy bonita, Matsuri —le confesó. — Gracias —susurró Matsuri, sonrojada, bajando la mirada y asintiendo con la cabeza, mientras Gaara sólo sonreía. Soltó un suspiro, realmente en ese tiempo era un idiota, un completo ciego, sabía que Matsuri le gustaba, que cada vez que la veía, se sentía atraído por ella, pero a pesar de todo eso, no podía acercársele con esas intenciones, Matsuri era su mejor amiga y no quería lastimarla como a las otras chicas, porque no se creía capaz de amarla de verdad, fue por eso que decidió enterrar esos sentimientos, pero siempre estuvieron latentes en su pecho, dormidos, esperando el momento de salir.Ahora, por suerte, las cosas eran muy diferentes, sabía con certeza cuánto la amaba y tenía el privilegio de haber sido el primer y único hombre en su vida, se sentía feliz por ello y ahora se reía de todas esas veces que sintió celos cuando esos tipos idiotas se acercaban a ella.— Ah, entonces ese estúpido que viene ahí es tu novio —señaló a un guapo muchacho, alto y de cabello azabache, el cual se acercaba a ellos con una flor en la mano y una gran sonrisa ridícula, en otras palabras, tenía cara de tonto. — Gaara, no le digas así, y sí, es mi novio hace dos días —dijo Matsuri, sonriente, sin notar el ceño fruncido de su mejor amigo. El chico llegó junto a ellos y extendió la flor hacia la castaña, quien la recibió alegremente. — Hola, Matsuri-chan, qué linda te ves hoy —saludó el pelinegro, con expresión de bobo, cosa que molestaba de sobremanera a Gaara, no podía creer que Matsuri saliera con tal idiota. — Gracias, Hideki —le sonrió la joven—. Mira, él es mi mejor amigo, Gaara —le presentó señalándole. Enseguida, Hideki le hizo un gesto de saludo, pero éste respondió con una mirada de odio que prácticamente le caló los huesos al pobre chico; parecía un novio celoso. Matsuri nunca supo que había sido él el responsable de haberle espantado a la mayoría de sus novios y, en realidad, no necesitaba saberlo, ahora que él era su marido, sólo necesitaba de su persona y de nadie más.—Demonios, quiero verla, necesito saber cómo está —al terminar su café, salió de la oficina con cierta impaciencia, pero justo afuera, se encontró con quien menos deseaba ver, esa mujer que se había vuelto una verdadera amenaza para su matrimonio.—Que bien luces hoy, Gaara —dijo ella, con una sonrisa cínica en sus labios, lo que fastidiaba a Gaara, no podía soportar su presencia, pero tampoco podía despedirla, no hasta estar seguro de qué había pasado esa noche.—Déjame en paz —fue frío y cortante con ella, dejándola sola en el lugar, pero a ella no le importó el trato, no le interesaba el desprecio de Gaara, porque sabía que lo tenía en la palma de su mano, tenía el poder para acabar con su matrimonio cuando ella lo quisiera, sólo le basaba mover un dedo para conseguirlo.—Sólo espera, Gaara, me rogarás que esté a tu lado —murmuró para sí misma, dando algunos pasos lejos de ahí. Usar a Sasori no había servido de nada, era un idiota que se había rendido demasiado fácil, pero ella no era tan débil, ella lograría lo que Sasori no pudo hacer; separar a Gaara y Matsuri para siempre.*• - _ -•**• - _ —Pareces tonta con esa cara —bromeó Ino, dándole una palmadita en la espalda a una feliz Sakura, quien se probaba un sencillo vestido de novia frente al espejo de su apartamento. Su boda con Sasuke estaba cada vez más cerca y no podía creer que fuese realidad, siempre pensó que ese tipo de cosas no eran para ella, aun cuando estaba con Naruto, no se imaginaba siendo una mujer casada, pero ahora le hacía mucha ilusión pensar en eso, compartirlo al lado de Sasuke.—Déjame, Ino, estoy feliz porque pronto me convertiré en la señora Uchiha —dijo la peli rosa—. Tú deberías pensar en hacer lo mismo con Sai —al oírla, Ino soltó un suspiro de resignación, que confundió un poco a la rosada.—Sai no es ese tipo de persona, a él no le interesa el matrimonio ni nada de eso, pero supongo que nuestra relación va bien.—¿Supones? —Sakura arqueó una ceja, no había creído nada de lo que le dijo su amiga—. Ino, si tú no estás conforme con tu relación, habla con él, no te quedes callada.—Te aseguro que todo está bien —afirmó la rubia, con una sonrisa nerviosa y una gotita resbalando por su sien. Justo en ese instante, el timbre comenzó a sonar, distrayéndolas a ambas.Sakura se arregló un poco el cabello frente al espejo y se dirigió a la puerta, pero se quedó paralizada al ver a la persona del otro lado, se esperaba a cualquiera, menos a él.—Naruto... —susurró.*• - _ -•**• - _ Hinata hoy salía temprano de la oficina, pues no tenía muchas cosas que hacer en ella, había tratado de terminar todo lo pendiente antes para poder irse tranquila a lo de la firma, aunque se sentía bastante nerviosa por ello. Sentía que necesitaba el apoyo de Naruto para salir adelante, que le tomara de la mano y con una sonrisa le dijera que todo iba a estar bien, pero ya llevaba tres meses sobreviviendo sin él, tenía que seguir como ahora, no le quedaba de otra.Al salir, se dirigió al estacionamiento a buscar el auto que su padre le había regalado, pues ahora que había decidido volver a la empresa, él la consentía demasiado, sólo para que no se volviera a ir.—Hola, Hinata —escuchó una voz familiar, de una persona a la cual no veía hace mucho tiempo.—¿Sasuke-san? —preguntó confusa—. ¿Qué hace usted aquí? —interrogó, y es que nunca había sido amiga de Sasuke, a pesar de haber tenido una buena relación como compañeros de trabajo, pero nada más, así que prácticamente, no había ninguna excusa para la repentina visita del moreno.—Quiero hablar contigo de un asunto importante, ¿es posible que me concedas unos minutos? —la Hyûga sólo asintió con la cabeza, intrigada sobre lo que podría decirle Sasuke.*• - _ -•**• - _ Temari salió de la oficina del médico con su bebé en los brazos, ya había sido revisado y todo iba perfecto con él. Buscó entonces a su amiga Matsuri, quien le esperaba afuera, sentada en la sala, con una de sus manos apoyada en el antebrazo, al parecer, le habían sacado sangre para hacerle unos exámenes.—¿Cómo te fue? ¿Tienes los resultados? —interrogó ansiosa la rubia, pues sería una verdadera felicidad para ella tener un sobrino que fuera hijo de su hermano Gaara, deseaba ver a Gaara feliz y tenía mucha curiosidad de ver a aquel ex mujeriego cuidando de un bebé, estaba segura de que esto le daría un nuevo sentido a su vida.—Sí, ya está confirmado, Temari —respondió la castaña, con una radiante sonrisa, al mismo tiempo que se llevaba ambas manos a su vientre, acariciándolo con suavidad—. Ya tengo cinco semanas, estoy esperando un bebé de Gaara —sus mejillas se ruborizaron levemente, al mismo tiempo que la sonrisa de Temari se acrecentaba.—Te felicito amiga, vas a ser mamá —la Sabaku No se acercó a su amiga y le dio un gran abrazo, teniendo cuidado con su pequeño hijo. La emoción de este momento debían compartirla ambas, porque era un acontecimiento demasiado feliz—. Siempre supe que tú eras la única mujer para Gaara, la única que podía enamorarlo y darle una familia.—Soy tan feliz, Temari, voy a tener un hijo de él, del hombre que siempre he amado, un hijo fruto de nuestro amor —Matsuri no paraba de sonreír, ya no veía la hora de darle la maravillosa noticia a su esposo, quería verlo tan feliz como ella lo estaba ahora, abrazarlo, decirle que estaba ansiosa por formar una verdadera familia junto a él.—¿Cuándo le vas a decir a Gaara? Ese idiota se tiene que enterar cuanto antes.—No sé, aún no he pensado cómo voy a hacerlo, estoy nerviosa —respondió bajando la mirada, su corazón estaba latiendo demasiado rápido y, de pronto, se sintió mareada, así que tuvo que llevarse una mano a la cabeza—. Temari, tengo miedo.—No, amiga, no te asustes —decía Temari, tratando de animarla—. Sé que debes tener miedo, no es fácil decirle a tu esposo que estás embarazada, no sabes cómo va a responderte —bajó la mirada al recordar la reacción de Shikamaru, pero eso ya estaba en el pasado y no valía la pena revivirlo ahora—. Pero mi hermano te ama y estoy segura de que se pondrá feliz con la noticia, tanto como tú.—Eso espero, Temari, de verdad quiero que todo salga bien —volvió a llevarse las manos a su vientre, acariciándolo con dulzura—. Mi bebé... *• - _ -•**• - _ Naruto y Sakura estaban sentados en la sala del departamento de ella, Ino se había ido para dejarles a solas, con el pretexto de que debía marcharse de urgencia por una llamada de Sai.—¿Qué sucede, Naruto? —se atrevió a preguntar por fin la peli rosa, luego de un incómodo silencio que reinó por varios minutos.—Sakura, primero que todo quería... desearte mucha suerte en tu matrimonio con Sasuke, es un idiota, pero es un buen tipo —dijo con una sonrisa un tanto apenada, sin que la chica fuese capaz de verle a los ojos, se sentía demasiado mal por lo que había hecho, porque, aun así, Naruto había venido aquí a felicitarla, cuando podría estarle gritando cuánto la odiaba, pero Naruto no era así.—Gracias, Naruto, de verdad lo aprecio —dijo soltando una pequeña sonrisa.—Lo otro que quería decirte es que... creo que las cosas no acabaron bien después de todo —el rubio bajó la mirada—. Debiste decirme la verdad, yo no te habría juzgado en ese momento, sólo... no entiendo por qué tuviste que esperar a que yo me enterara de la peor manera —miró a Sakura a los ojos, notando su vergüenza—. ¿Por qué? —preguntó, mostrando la decepción que él sentía, no por haber amado a Sakura, sino por la traición de ella –siendo aún su novia– y de su amigo, eso no era cualquier cosa.—Naruto, lo siento tanto —se disculpó la peli rosa, cubriéndose el rostro con ambas manos para evitar llorar—. No fue mi intención hacerte daño, créeme que es lo que menos quería, pero cuando me di cuenta ya me había enamorado de Sasuke y cuando quise ver, ya todo había pasado entre nosotros —se secó una lágrima con su mano derecha y miró nuevamente al rubio—. Sé que lo que hice estuvo mal, incluso cuando terminamos y yo me quedé callada, es sólo que... pensé que estando con Hinata, no te importaría nada de mí.—Yo amo a Hinata y eso no lo he dudado ni un segundo, pero... pero me dolió que ustedes me engañaran —reconoció Naruto—. De todas formas, quería decirte que está todo bien, sé que el teme de Sasuke te ama y que ustedes serán muy felices —sonrió, mostrando esa alegría que hace meses no llevaba consigo—. Lo mío con Hinata en cambio, se ha terminado, ella ya no quiere verme por ser un idiota.—Ahora yo quiero decirte algo —Sakura se mostró seria en cuanto tomó la palabra, a Naruto le pareció que estaba más seria que nunca—. Si en verdad amas a Hinata, entonces lucha por ella, no la dejes ir, al menos no hasta saber si ella siente o no lo mismo por ti.—De hecho, hoy iba a jugarme mi última carta —dijo Naruto, sonriendo. Sakura también mostró una brillante sonrisa, posando una mano sobre su hombro.—¿Y qué estás esperando? ¿Una invitación? —se burló la peli rosa, a lo que el chico se levantó como un resorte del asiento.—¡Es verdad, ya falta poco! —recordó de pronto—. Debo irme, Sakura-chan.—Corre, y suerte —le animó la chica, antes de verlo salir corriendo de su casa, entonces le siguió hasta la puerta para gritarle algo—. ¡Ya sabes, Naruto, si fallas te mato! —le amenazó.Al oírla, Naruto sólo pudo sonreír, ya sabía que no debía perder de ninguna manera, sino, estaría muerto.*• - _ -•**• - _ Iban caminando por el parque, ambos en silencio, y mientras él miraba al frente, la chica se dedicaba a observar el suelo como si fuese la cosa más interesante del mundo, pensando en las palabras del Uchiha.—Yo no puedo creer eso que usted dice, Sasuke-san, por favor, no me mienta —negó con tristeza, pues para ella, las palabras del azabache no eran más que eso; mentiras.El Uchiha soltó un suspiro, no entendía a las mujeres tan tercas y obstinadas, aunque hubiera decidido casarse con una. Ella en verdad tenía una cabezonería parecida a la de Naruto, tal vez por eso el rubio la eligió, aunque quién sabe.—Escucha, Naruto ha estado como un fantasma los últimos meses, sólo te pido que hables con él, sólo eso, no es la gran cosa —trató de convencerla, aunque el asunto no le estaba resultando fácil —. Él es un idiota y todo lo que quieras, pero te quiere a ti.—¿Por qué hace esto? —cuestionó la chica—. ¿Por qué pretende ayudarnos a él y a mí?—A pesar de que parezco ser alguien a quien no le interesan los demás, Naruto es mi amigo y tú alguien a quien aprecio mucho. Además... me siento un poco culpable porque lo de ustedes acabara —esbozó una sonrisa arrogante—. Sólo pensé que podría hacer algo para remediarlo.—En verdad no pensé que fuera así —Hinata también sonrió, era increíble a estas alturas conocer una parte de Sasuke así, tan amable —. Pero gracias por lo que hace, sin embargo, no estoy segura de eso... yo... lo pensaré...—Como quieras —dijo Sasuke—. Yo cumplí con mi deber de decirte las cosas, espero que tomes una buena decisión —el azabache se llevó las manos a los bolsillos y comenzó a alejarse de Hinata, pero antes de partir definitivamente, volteó a verla una vez más—. A todo esto, felicidades por tu libro, espero y te vaya bien en la firma —dijo en un tono misterioso, el cual Hinata no logró descifrar.—¿Qué habrá querido decir con eso? —se preguntó la ojiperla.*• - _ -•**• - _ Matsuri regresó a la oficina con una gran sonrisa en su rostro, dejándose caer sobre su puesto de trabajo, sin poder borrarla. Estaba ansiosa por contarle a Gaara que tendrían un bebé, que dentro de poco se convertirían en padres, pero quería hacer de ese momento algo especial, algo que ninguno de los dos pudiese olvidar.—Amor... —sintió un suave aliento sobre su nuca, acariciando con delicadeza la piel de su cuello, para después sentir pequeños besos sobre ella, llenos de ternura y pasión a la vez—. ¿Cómo te fue con el médico?—No tengo nada grave —fue la respuesta de Matsuri, sabiendo que quien estaba a su lado, era su esposo —, sólo es un poco de estrés, pero con un buen descanso estaré bien —mintió un poco, aunque no era con una mala intención, sólo que planeaba esperar un poquito más para dar la gran noticia.—¿Segura que no es nada más? No quiero que te pase nada malo, Suri —dijo Gaara, parándose a un lado de ella para tomarla del mentón y hacer que le viera a los ojos—. Sabes que no lo soportaría —terminó de hablar, mostrando una de las sonrisas que tanto encantaban a la castaña.—Lo sé, pero no te preocupes, estoy bien —volvió a asegurar Matsuri con convicción, dejando a Gaara muy seguro de sus palabras. Él, por supuesto, no se hizo esperar, había deseado todo el día besar los labios de su mujer –y por supuesto que mucho más que eso–, así que sin prisa unió sus bocas en un movimiento lento y sereno, dulce y calmado, demostrándole sus sentimientos—. Gaara —susurró la chica, en tono de regaño—, estamos en el trabajo, alguien nos puede ver.—¿Qué me importa si me ven? Eres mi mujer, todo el mundo aquí lo sabe —dijo divertido.—Pero, aun así, hay que tener un poquito de recato —volvió a regañarlo la joven, a lo que el pelirrojo simplemente se separó de ella con una expresión de insatisfacción, pero que enseguida cambió por una mirada traviesa.—Esto deberás recompensármelo muy bien, ni creas que te dejaré ir invicta —le amenazó, antes de retirarse hacia el interior de su oficina. Estaba planeando hacer algo muy divertido esta noche y, seguramente, Matsuri no se podría negar, la conocía demasiado bien y sabía cómo complacerla.Por otro lado, Matsuri estaba un poco sonrojada, Gaara en verdad era capaz de subirle la temperatura a cualquier mujer, pero con ella era especialmente malvado, quería provocarla y ella lo sabía, pero tenía que resistirse, al menos, hasta estar en su casa.—Un bebé... —susurró con alegría, luego de un rato, ilusionada con la idea de convertirse en madre de un hijo del hombre que siempre había amado, aún no podía creerlo, pero ya comenzaba a asimilarlo, aunque lentamente, adoraba pensarlo.Aquella noche, cuando él le dijo que la amaba, sin duda se sintió como en el más perfecto de los sueños, sintió que moría y volvía a nacer, todo por tenerlo a él a su lado, por sentir la enorme felicidad de ser correspondida por la persona que creyó nunca la voltearía a ver. Cuando hicieron el amor por primera vez, pensó que, definitivamente, aquello tan maravilloso no podía ser real, nunca imaginó que sería él y sólo él el primer hombre de su vida, quien la haría mujer, por eso estar a su lado era como una fantasía, pero tan real y cierta como nunca creyó.—Esta noche se lo diré —murmuró, acariciando suavemente su vientre—. Gaara va a saber que va a ser papá, y estoy segura de que se sentirá tan feliz como yo... ¿verdad, bebé? —le habló dulcemente a su hijo, sin sospechar que pronto algo cambiaría todos sus planes.Gaara estaba en el interior de su oficina, y lejos de concentrarse en el trabajo, no hacía más que pensar en su adorada mujer. ¿Quién iba a pensar que de verdad terminaría tan enamorado de su mejor amiga? Aquella mujer que se casó con él sólo por su capricho de tener todo y más y, a la vez, seguir siendo el mismo tipo despreocupado de siempre. Ella, que le amaba tanto que hasta fue capaz de hacer tal locura sólo para ayudarlo, sin pedir nada a cambio.Ahora entendía las vagas palabras de su padre antes de morir, y que no necesitaba de nadie más que de la persona a la que él amaba, era tan simple como eso. Ni el dinero, ni el poder, ni nada de lo que pudiera conseguir se comparaba con lo que ella le hacía sentir.—Al final tenías razón, hombre perverso, pudiste explicármelo así desde un principio —dijo al aire, sin mirar ningún punto en específico—. Nunca creí que diría esto, pero gracias por tu estúpida clausula, de no haber sido por ella, nunca me hubiera dado cuenta de lo que sentía por Matsuri y probablemente la hubiera perdido —cerró los ojos—. Eso no quiero ni pensarlo...Volteó la mirada hacia la computadora y observó los gráficos que debería estar revisando, pero una vez más, antes de eso, quiso dedicar unas últimas palabras a su fallecido progenitor.—Nunca te lo dije, viejo, pero te quería, y te extraño —sonrió quedamente—. Te prometo que, si alguna vez tengo un hijo con Matsuri, voy a ser el mejor padre para él, haré mi mayor esfuerzo, para que él nunca cometa los errores que yo cometí.Después de eso, volvió su vista a la computadora y finalmente se puso a trabajar, si seguía divagando así, desperdiciaría todo el día y esa no era la idea.*• - _ -•**• - _ Hinata estaba un poco nerviosa, ahora mismo se encontraba en medio de un montón de gente, haciéndole preguntas y apuntándole con el flash de una cámara, ya que estaba en medio de su firma de libros y nunca esperó darse cuenta de que su obra era en verdad una sensación, sobre todo en las adolescentes, que amaban las historias de romance, aunque, lastimosamente, su historia no había terminado tan feliz como la de su libro.—Entonces, Hinata-san, ¿te inspiraste en alguien para crear al personaje principal? —preguntó de pronto una periodista—. Por lo que podemos leer en la historia, la protagonista se parece mucho a ti, ¿pero existe también alguien parecido al chico del libro?Hinata movió los labios para responder, aunque no sabía exactamente qué decir, estaba claro que dar un sí no sería la más brillante de sus ideas, sin embargo, tampoco podía negarlo tajantemente, porque sí se había inspirado en alguien para hacerlo, sólo en él.—Y-yo... bueno...—Por supuesto que se inspiró en alguien —se escuchó una voz masculina desde la entrada del recinto, provocando que los ojos de Hinata se abriesen como platos al reconocerle. Al instante, todas las cámaras y las miradas apuntaron hacia el recién llegado, un joven alto, de rubia cabellera y hermosos ojos azules, exactamente como lo describía el libro, incluso poseía la misma sonrisa brillante del personaje.—¿Podría decirnos quien es usted? —preguntó la misma periodista de antes.Naruto se tomó el tiempo para mirar fijamente a Hinata a los ojos antes de responderle a la mujer, dejando en claro que, si él estaba ahí, era sólo por ella y nadie más.—Mi nombre es Naruto Uzumaki, y soy el hombre que ama con locura a esta mujer —las exclamaciones de sorpresa no se hicieron esperar, al igual que los flashes en los rostros de ambos implicados, pero ninguno parecía prestar atención a aquellos insignificantes detalles, sólo podían mirarse a los ojos, sin la necesidad de decir nada más.*• - _ -•**• - _ —¿Se ha quedado dormida? —preguntó Kankuro cuando vio salir a su esposa de la habitación de su hija, cerrando la puerta despacio detrás de su espalda. Sari lo miró y asintió con la cabeza, mostrándole una pequeña sonrisa.—Si, Miki-chan está profunda, hoy jugó mucho e hizo mucho desorden, debe estar agotada —aseguró, antes de rodear el cuello de su esposo con sus manos para besarlo en los labios, tomándolo por sorpresa.—Hey, ¿qué pasa? —preguntó confuso—. Nunca haces esto.—¿Qué tiene de malo? —respondió la castaña, con una sonrisita algo traviesa.—Es que cuando actúas así de linda es porque tienes algo que decirme —adivinó Kankuro, provocando que el ceño de su mujer se frunciera, prácticamente sentía que le habían arruinado la sorpresa.—Está bien, me atrapaste —admitió Sari—. Kankuro, hay algo importante que tengo que decirte.—¿Y eso sería...? —inquirió ligeramente nervioso el castaño, por la cara de seriedad de su mujer, no se temía nada bueno, pero le sorprendió ver que una enorme sonrisa aparecía en su rostro. Luego de ello, la chica cogió ambas manos de él y las posó sobre su propio vientre, haciendo que le acariciara despacio.—Que vamos a tener otro bebé —respondió al fin, dejando a Kankuro perplejo—. No te lo había dicho, pero ya tengo más de dos meses, así que Miki-chan tendrá un hermanito o hermanita.—¿Q-qué? —cuestionó Kankuro, asombrado—. ¿Es en serio?—Sí —afirmó Sari con la cabeza.—Eso es... es... —Kankuro la miró a los ojos con desconcierto, para poco después, alzarla entre sus brazos y darle vueltas por toda la habitación—. ¡Eso es genial, Sari!—¡K-Kankuro, me estoy mareando! —se quejaba la chica, pero, en realidad, no le importaba mucho si se mareaba o no, estaba feliz con la reacción de su marido, al final, estar con él siempre valía la pena, en verdad eran una hermosa familia.*• - _ -•**• - _ Ya era bastante tarde, la noche había caído hace al menos una hora y Matsuri aún estaba en la oficina, ordenando algunos papeles importantes que Gaara iba a necesitar. La verdad era que no se sentía muy bien, las náuseas le habían regresado, pero no quería preocupar a Gaara, además, era algo obvio, después de todo, estaba embarazada y aún no llegaba al segundo mes, los mareos iban a ser muy constantes desde ahora.—Qué cansada estoy... —susurró para sí, echándose un mechón de cabello detrás de la oreja. No podía evitar reírse de la nada al pensar en que dentro de ella, llevaba una nueva vida, no podía ya esperar a llegar a casa y decírselo a Gaara de una vez.—Matsuri —la voz de su esposo la distrajo de pronto, haciendo que diera un pequeño salto por la impresión. Aún no entendía por qué a Gaara le gustaba sorprenderla de esa manera, hablándole con esa voz tan sexy al oído, que lo único que provocaba era que ella quisiera pasar otra noche a su lado—. Ya es hora de irnos —dijo Gaara—. ¿Aún no terminas?—No, me falta acomodar unas cosas —respondió un tanto nerviosa, recordando lo sucedido en la tarde y la amenaza de él de cobrarle el haberlo dejado con las ganas. Ella trató de darle la espalda, pero Gaara la tomó por la cintura con una mano y con la otra del mentón, haciendo que lo viese directo a los ojos.—¿Por qué hoy estás tan hermosa? —preguntó, casi rozando los labios de su mujer, la cual comenzaba a sentir que su pulso se aceleraba considerablemente. Él verdaderamente estaba hipnotizado por el brillo en los ojos negros de su amada y el dulce tono carmesí en sus mejillas, en verdad lucía bastante adorable y deseable a la vez, como para desnudarla ahí mismo, en medio de la oficina. Sonrió de forma seductora y acercó sus labios al cuello femenino, besándole exquisitamente—. No me mires con esa carita tan linda, sabes que me provocas —susurraba suavemente, sin parar de rozar el cuello de la chica, mientras sus manos se deslizaban delicadamente por la espalda de ella, hasta llegar a su trasero, masajeándolo en círculos.—Gaara... estamos en la oficina —se quejó nuevamente Matsuri, como lo había hecho hace unas horas durante la tarde. Tenía la respiración agitada y sus mejillas estaban más rojas que antes.El pelirrojo pareció ignorar su comentario, pues comenzó a besar sus labios dulcemente, aunque eran besos cortos.—No me importa —respondió al fin—. No hay nadie más aquí a parte de nosotros dos, y todo está oscuro —dijo al oído de la joven, esbozando una sonrisa lujuriosa, pues, en ese momento, sus manos bajaban lentamente las medias de su esposa –las que ella usaba por obligación por regla de la empresa– (Gaara odiaba que otros hombres viesen las piernas de su mujer). Ella estaba temblando de excitación y verdaderamente no tenía ganas de detenerlo, quería estar con él, lo necesitaba.Gaara aprovechó un despiste de Matsuri para atrapar sus labios con impaciencia. Una vez que terminó de bajar las medias de ella, no perdió tiempo para tocar su zona femenina, haciendo a un lado la ropa interior, estimulándola con suaves caricias y comprobando su humedad. Sonrió ante ello y decidió torturarla sólo unos momentos, penetrándola lentamente con sus dedos.—G-Gaara... —le llamó ella, soltando un gemido de satisfacción. Realmente esto no estaba planeado, ella quería decirle la noticia tan hermosa que había descubierto esta tarde, pero ya no podía detenerse, Gaara siempre sabía cómo encender el deseo en ella.—Quiero hacerte el amor —murmuró Gaara, y esa fue la gota que derramó el vaso para Matsuri, simplemente no podía decirle que no, era imposible resistirse a él. Con sus temblorosas manos, comenzó a recorrer la espalda y el pecho de su hombre, él tenía un cuerpo tan perfecto que la hacía alucinar. Con algo de prisa quitó el saco negro del joven y apuesto presidente, el cual, además, aprovechó de liberarse un poco de la presión y el calor que le provocaban los botones de la blanca camisa que esta mañana la misma Matsuri se había encargado de planchar.Él aprovechó también de acariciar los senos de su esposa, para lo cual le abrió completamente la blusa con su mano libre, ya que la otra aún estaba muy entretenida acariciando el centro de su mujer. Le excitó ver el brasier de encaje rosa que llevaba la castaña, ese era sin duda su color favorito de ropa interior, porque en ella lucía simplemente maravilloso, sobre su piel de porcelana, tan blanca como la nieve. Notó que había dejado marcas rojas en el cuello de la fémina, producidas por sus intensos besos. Su lengua y la de Matsuri bailaban en un intenso encuentro en sus bocas, quitándoles todo el aire, hasta casi dejarles sin aliento.—G-Gaara... —lo llamó la castaña—. Yo... tengo algo que decirte... —decía agitada, no podía evitar hablar entrecortadamente.—Me lo dices después —respondió él, levantando el brasier de su esposa, sin quitárselo, para así poder probar uno de sus senos con su boca hambrienta de deseo, deseo que sólo ella provocaba en él.Matsuri gimió su nombre una vez más, echando el cuello hacia atrás, mientras sentía que llegaba al primer orgasmo de esa noche, producido por los expertos dedos de su amado. Él se separó levemente de ella y le miró divertido, lamiendo el dulce néctar que había quedado impregnado en sus dedos y haciendo que Matsuri se sonrojara.—Eres deliciosa.—Pervertido —dijo la chica, avergonzada.Él no pareció ofendido, sólo sonrió y decidió seguir con lo suyo, tocando ahora la cintura y las caderas de la mujer entre sus brazos, la cual temblaba ante el frío de sus manos. Rápidamente, ella se deshizo del broche del pantalón de su marido, dejando ver el bóxer que segundos después se encargó de bajar. Él tampoco se quedó quieto, en cuanto su excitado miembro quedó al descubierto, se dedicó a bajar las bragas que antes había dejado a medio poner en su esposa, subiendo también un poco su falda, para que ésta no le estorbara en su propósito.Con cuidado, la sentó sobre el escritorio detrás de ellos y se acercó hasta acomodarse entre sus piernas, pero justo cuando estaba por entrar en ella, la castaña le detuvo.—Gaara... —lo llamó—. Sé suave, por favor —rogó un poco avergonzada, y no es que tuviera miedo o que pensara que él podría hacerle algo a su hijo, simplemente, hoy necesitaba más amor que pasión.—¿Por qué? —cuestionó el pelirrojo, divertido, acercándose al oído de su esposa—. A ti nunca te ha molestado que sea rudo.Matsuri no pudo evitar sonrojarse con sus palabras, en serio era descarado, pero rodeó el cuello de Gaara para verle a los ojos.—Sólo que esta vez lo quiero así —respondió, dándole un dulce beso en los labios.—Como quieras, hermosa —respondió él, dispuesto a darle lo que ella pedía, así que lentamente comenzó a penetrarla, con suavidad y delicadeza, moviéndose despacio dentro de ella. Se sentía tan bien estar así, besarla una vez más y poder hacerla completamente suya, oírla gemir su nombre envuelta en un halo de placer y llegar hasta el final sólo con ella. La amaba tanto, y ella lo amaba tanto que cada vez que estaban juntos, era simplemente perfecto.Matsuri acariciaba la roja cabellera y se apretaba más contra él, sintiendo cómo las embestidas aumentaban en velocidad y fuerza, pero sin llegar a ser violentas, él estaba siendo demasiado gentil, tal y como ella se lo había pedido, eso era algo que le encantaba de su hombre, que sin importar las circunstancias, él siempre lograba satisfacerla.—Gaara... Gaara —le llamaba con frenesí—. Gaara... te... te amo... ah...—Y yo... yo... a ti... Matsuri... —respondió Gaara dificultosamente, sintiendo que estaba por alcanzar el tan deseado orgasmo.Y, finalmente sucedió, primero en su adorada esposa, haciéndole soltar un placentero gemido, que pocos segundos después también lo arrastró a él.La besó en los labios para ahogar la emoción del momento y así se quedaron por un largo rato, sin darse cuenta de que una persona los había visto y ahora mismo estaba saliendo del lugar. Esa persona era la rencorosa Sayuri, quien simplemente no podía soportar lo que había visto, no podía tolerar que los besos y caricias de Gaara, que todo él fuese de otra mujer, menos si esa mujer era quien más odiaba sobre el planeta, la molesta de Matsuri, pero ya no iba a dejar las cosas así por más tiempo, ese idiota de Gaara se arrepentiría de haberse burlado de ella y la tonta de Matsuri iba a sufrir por querer quedarse con algo que no le pertenecía.—Si tan sólo fueses mío, Gaara... yo no tendría que hacer esto, pero tú te lo has buscado por ignorarme y seguir con esa estúpida como si nada hubiese pasado, aún después de haber despertado a mi lado —sonrió maliciosamente—. Idiota.Gaara estaba terminando de abrocharse su pantalón, se puso el cinturón y luego siguió con el saco, ya que la camisa estaba en perfecto estado. Miró a Matsuri, quien apenas y se estaba calzando los zapatos y su carita no dejaba de estar sonrojada, se veía tan adorable que le estaban entrando deseos de hacerlo con ella de nuevo, pero tenía que contenerse, al menos hasta que llegaran a la casa, ahí podría tenerla toda la noche si así lo quería, después de todo, estarían más cómodos en su cama.—Me encanta estar contigo, eres grandiosa —le susurró, abrazándola por la espalda—. Te amo tanto, mi pequeña y dulce Suri.—Yo también te amo, Gaara —dijo Matsuri, cerrando sus ojos y sonriendo, disfrutando de la calidez del cuerpo de su esposo—. Amor, cuando lleguemos a la casa tengo algo muy importante que decirte, es en verdad primordial que lo sepas.—Claro, dime lo que sea, menos que me vas a dejar, porque eso no te lo voy a permitir —le advirtió gracioso, dándole la vuelta para verla con su ceño fruncido, cosa que a Matsuri le pareció realmente adorable.—Nunca te dejaría —aseguró la chica, dándole un corto beso en los labios—. Ahora, vete y espérame en el auto, yo enseguida bajo.—Sí, no te demores —Gaara volvió a darle un beso en los labios antes de bajar. No apagó las luces, pues supuso que Matsuri lo haría al salir, así que simplemente abordó el ascensor –que aún estaba funcionando– y bajó hasta el estacionamiento subterráneo. Sacó las llaves de su bolsillo y comenzó a jugar con ellas, pensando en lo bien que lo pasaría al lado de su esposa en cuanto llegaran a casa, pero una presencia truncó sus planes.—Hola, Gaara —lo saludó sínicamente, mostrándole esa sonrisa perturbadora que a nadie agradaba—. ¿Lo estás pasando bien al lado de tu esposita?—¿Qué quieres? —cuestionó el pelirrojo, mirándola con el ceño fruncido—. No tengo tiempo para ti y tus tonterías, me voy a casa con mi mujer.—Sí, seguramente ella querrá irse corriendo a casa en cuanto escuche lo que pasó entre su adorado esposo y yo.Gaara enseguida le tapó la boca a la mujer.—Cállate, entre nosotros no pasó nada y lo sabes —dijo con voz amenazante, en verdad estaba molesto.—¿Estás seguro de eso? —la chica se soltó de su agarre—. ¿Entonces cómo explicas el haber amanecido desnudo en mi cama?—¿Por qué tú...?—¿Qué? —la voz de Matsuri los interrumpió a los dos. Gaara se volteó conmocionado y sintió que le arrancaban una parte de su ser en cuanto vio las lágrimas bajando por las mejillas de su amada, la cual sólo lo miraba a él, buscando una explicación—. Gaara... ¿qué es lo que esta mujer acaba de decir?—Matsuri, yo... —trató de decir Gaara, pero fue interrumpido por Sayuri.—Vamos, Gaara, dile lo que hiciste conmigo, cuéntale a tu mujercita cómo la has engañado y ella ha sido tan tonta de confiar en ti, en un mujeriego como tú, que jamás va a cambiar.—¡Cállate! —le gritó el pelirrojo, irritado—. Matsuri —miró a su esposa—. Por favor, no la escuches, yo puedo explicártelo todo, por favor, confía en mi —tomó la mano de Matsuri, pero ella lo apartó.—Sólo dime que lo que ella ha dicho es mentira —exigió.Gaara miró nuevamente a Sayuri con rabia, esa mujer en verdad lo odiaba demasiado como para hacerle esto.—¿Acaso vas a negarlo en mi cara? —habló con cizaña la rubia, sin desaparecer su sonrisa molesta.—Gaara —lo nombró Matsuri, su voz estaba quebrada, no podía creer que él aún no le hubiese respondido. Entonces, su corazón se rompió al verle bajar la cabeza y no negar nada.—No puedo negarlo, pero yo... —se vio cortado tras la fuerte bofetada que recibió de parte de Matsuri, ella no le permitió decir ni una sola palabra más, él había dicho todo lo que Matsuri necesitaba escuchar de él y para ella, eso era suficiente.—No entiendo cómo pude ser tan estúpida y creer en ti, cuando te he conocido toda mi vida —dijo llorando, llorando de la tristeza, la rabia y la impotencia que sentía—. En verdad soy una idiota... ¿qué me hizo pensar que ibas a cambiar por mí...?—Matsuri, no... —trataba de hablar Gaara, con una mano sobando su adolorida mejilla, con el corazón partiéndosele en mil pedazos al verla sufrir de esa manera, no podía soportarlo, no podía perdonárselo.—Ya... ya no quiero volver a verte nunca más en mi vida —dijo duramente la castaña—. A partir de este momento, tú estás muerto para mí —dicho esto, le dio la espalda a Gaara y desapareció corriendo del estacionamiento, dejando al pelirrojo tan sorprendido, que ni siquiera se podía mover, estaba paralizado.¿Acaso... había perdido a Matsuri para siempre?