Capítulo 18
Capítulo 18
Desteñido corazón Gaara estaba paralizado en su sitio. Después de ver a Matsuri correr lejos de él y luego de que le dijera aquellas crueles palabras, podía sentir como si su pecho se quemara lenta y dolorosamente. Ella lo odiaba, después de todo lo hermoso que había pasado entre ellos, ahora Matsuri lo odiaba.La mujer que tanto amaba lo odiaba.—Matsuri... —susurró, reaccionando por fin a lo que había pasado. Se movió con la intención de correr tras ella, pero en ese momento, Sayuri le tomó del brazo, impidiendo que se alejara. Él la miró con profundo desprecio, odiándola más que nunca—. Suéltame.—No vayas —dijo la mujer—, ¿que no te das cuenta? Ya la has perdido.—¡Cállate! —exclamó Gaara, soltándose bruscamente del agarre de Sayuri—. ¡No quiero volver a verte en mi oficina ni en mi vida nunca más! ¡Estás despedida! Después de gritarle todo aquello, Gaara por fin se montó en su auto y salió del estacionamiento de la empresa en busca de su esposa. No podía dejar que ella pensara lo peor de él, no podía permitir que ella le abandonara, esa no era una opción.Al verlo alejarse, Sayuri sólo sonrió; había cumplido su cometido: separar a Gaara y a Matsuri. Nada más le importaba.—Al final yo gané —dijo para sí.*• - _ -•**• - _ Matsuri corría por la calle sin parar de llorar. Había dado demasiadas vueltas para que Gaara no la siguiera y ahora ni siquiera sabía en dónde estaba, además de encontrarse muy cansada. Sabía que estar así de mal le podía hacer daño a su bebé, pero realmente no lo podía evitar. Ahora le dolían la garganta y los pies, incluso comenzó a toser.—Gaara es un imbécil, pero más imbécil soy yo por haberle creído todo lo que me decía —se dijo, secándose las lágrimas—. Realmente soy muy tonta... De pronto, notó una luz acercándose a ella y, cuando se dio la vuelta, pudo ver el auto de Gaara deteniéndose frente a su persona. A los pocos segundos, Gaara se bajó dando un portazo.—Qué bueno que pude encontrarte —dijo el pelirrojo, con la mirada vidriosa, pues había estado temiendo no poder hallarla en toda la noche. Conocía perfectamente a Matsuri y sabía que, si ella no quería ser encontrada por él, realmente no iba a poder hacer nada para hallarla. Sin dudarlo un segundo, se acercó a su esposa, tratando de entablar una conversación—. Mi amor, hablemos, yo puedo explicarte todo lo que pasó.—Me dijiste que lo que dijo Sayuri era verdad —le respondió Matsuri, sin siquiera atreverse a mirarlo. No era capaz de cruzar su mirada con la de Gaara por temor a sentirse peor de lo que ya estaba.—Realmente no sé lo que pasó, yo... no recuerdo nada —trató de explicar Gaara, pero sólo vio sonreír a Matsuri irónicamente.—¿Ahora vas a decirme que ella te dio algo, o que te obligó? —le cuestionó—. Por favor, Gaara, te conozco, sé de lo que eres capaz. Sé cuántas veces caíste con esa mujer, ¿crees que por decirme que me amas y que no sabes qué pasó yo voy a ser tan estúpida de creerte?—Matsuri... —a Gaara le dolían las palabras de Matsuri, como si mil puñales se clavasen en su carne. ¿Realmente siempre había sido una persona de tan poca confianza y tan despreciable ante los ojos de Matsuri? ¿De verdad todas las cosas que hizo en el pasado estaban contribuyendo a que ella no le creyera en este momento?—¿Matsuri qué? ¿Acaso vas a decirme que mis palabras no son ciertas? ¿Vas a decir que siempre has sido un hombre ejemplar? —cada vez que Matsuri soltaba una palabra punzante contra Gaara, sentía como si fuese dicha contra ella misma. Ella siempre amó a Gaara, a pesar de todos sus defectos, pero ahora mismo estaba reprochándole todo aquello por lo que nunca le juzgó antes. ¿Por qué no podía parar entonces? ¿Acaso era porque estaba demasiado herida?—No me digas esas cosas —le rogó Gaara—. Tú sabes que yo cambié todo eso por ti, que desde que estamos juntos yo jamás... yo... yo ya no soy ese Gaara.—¿Y quién me asegura eso?—¡¿Acaso no es suficiente el amor que sentimos como para que me creas?! —cuestionó desesperado, queriendo correr y estrecharla entre sus brazos, para que ella pudiera oír los latidos de su corazón, para que supiera que él no mentía.—En este momento yo sólo siento desprecio —fue la respuesta de Matsuri, quién vio pasar un taxi junto a ella y no perdió la oportunidad de detenerlo. Se subió apresurada, pero Gaara no se rindió, pues apenas ella cerró la puerta, el pelirrojo corrió hacia el taxi, golpeándole la ventana.—¡Matsuri! —le llamaba constantemente.—Por favor, señor, arranque —le dijo Matsuri al conductor, el cual enseguida presionó el acelerador al ver que ella no dejaba de llorar.Gaara siguió golpeando el vidrio de la ventana, hasta que el auto le dejó atrás. Corrió algunos segundos detrás del taxi, pero era inútil seguirle a pie, por lo que eligió regresar a su auto y seguirle la pista al taxi, desgraciadamente, ya lo había perdido de vista.Mientras, dentro del taxi, Matsuri trataba de secarse las lágrimas y miraba por la ventana, a ver si el auto de Gaara se aparecía.—¿Dónde quiere que la lleve? —preguntó el taxista con algo de miedo, no sabía bien qué hacer al ver a una mujer llorar, además, tampoco le gustaba meterse en las peleas de pareja. —Sólo... sólo siga conduciendo, por favor, y si alguien nos sigue, piérdale, le pagaré lo que sea necesario —dijo la chica, tratando de calmarse un poco y de pensar en qué lugar Gaara no la molestaría, al menos por esta noche.Resolvió irse a la casa de sus padres, pues a casa de Gaara no volvería ni amarrada.— Soy una ilusa, de verdad pensé que habías cambiado, pero resultaste seguir siendo el mismo hombre sin sentimientos —pensó con tristeza, cerrando sus ojos para dejar de ver el oscuro y deprimente paisaje nocturno.Gaara estaba desesperado buscándola, recorría las calles de la ciudad sin tener ni la menor idea en dónde se había metido aquel taxi. Sentía que le dolía el pecho y el aire le faltaba, el estómago lo sentía apretado, al igual que la garganta. Apenas y podía respirar debido a su estado de euforia y preocupación; nunca antes se había sentido así.—Matsuri... maldita sea, ¿en dónde te has metido? —dobló por otra calle, con la esperanza de hallar al bendito taxi que se había llevado a su esposa frente a sus propios ojos. Trató de pensar en algún lugar al cual Matsuri pudo dirigirse, pues con certeza, no se iría a casa, ya que no quería verle. El único lugar sería la casa de una de sus amigas, o de sus padres —. Eso es —se dijo, presionando el acelerador para ir más rápido, pues quería llegar pronto a su destino, no pensaba rendirse con ella y haría lo que fuera para que Matsuri le escuchara y le perdonara.Esperó a que la luz del semáforo cambiara a verde en cuanto llegó a una esquina, y una vez fue así, volvió a poner el acelerador a toda su potencia, pero un camión que venía en la calle perpendicular no respetó dicha luz del tráfico. Al verlo, Gaara trató de esquivarlo y frenar al mismo tiempo, pero como iba tan rápido, lo único que logró fue derrapar por toda la calle, perdiendo el control del auto y chocando contra un poste de luz. Se golpeó fuertemente la cabeza y perdió la consciencia. Seguido de eso, sólo podía oírse las alarmas del auto y verse las luces tintineando una y otra vez. Por breves segundos recuperó la consciencia, sólo para verse en el espejo con el rostro ensangrentado.—Matsuri... —susurró, moviéndose lentamente para tratar de salir del auto. Con mucho esfuerzo, logró abrir la puerta, pero cayó al suelo apenas puso un pie fuera. Después de eso, todo se volvió demasiado oscuro como para que él pudiera distinguir algo.*• - _ -•**• - _ Después de la firma de libros, Hinata y Naruto habían ido a charlar lejos de todo ello. Ambos se encontraban en un pequeño y oscuro parque, en donde generalmente nunca iba nadie. La chica no hacía más que mirar al suelo, pero de improvisto las manos de él le hicieron verle directo a los ojos.—¿Podrías mirarme, aunque sea un segundo? —le rogó con la voz seria y un tono triste mezclado en ella—. De verdad hay cosas que deseo decirte.—¿Qué es lo que estás haciendo aquí? —le preguntó Hinata—. ¿Por qué apareciste de esa forma allá y dijiste esas cosas?—Lo hice porque es la verdad —aseguró el rubio—. Yo te amo, Hinata. Si antes, por alguna razón tú sentiste que no te lo he demostrado, de verdad me disculpo —Naruto se acercó más a ella, logrando sentir su suave aliento y el delicioso aroma del perfume de flores que Hinata siempre usaba—. Te extraño como no tienes idea, no hago más que pensar en ti todo el día y ni siquiera puedo hacer mi trabajo.—Naruto-kun, yo... —Hinata volvió a bajar la mirada—. No sé si creerte, no sé si puedo volver a confiar en ti como antes. Tu forma de actuar sólo me demostró que aún sentías cosas por Sakura-san y yo... frente a eso yo...—No es así —le interrumpió Naruto—. Sólo estaba dolido, sólo me sentía traicionado —aseguró—. Y reconozco que no reaccioné de la mejor forma, pero ¿por qué eso tiene que afectar lo nuestro? ¿Realmente crees que yo estaría aquí ahora si no quisiera estar contigo en serio?La ojiperla no dijo nada, en cierto modo, él tenía razón. ¿Para qué iba a venir a buscarla de no ser porque en verdad la quería?—¿Puedes perdonarme, Hinata? —rogó Naruto una vez más, con la mirada inundada de tristeza y la ansiedad que le provocaba la pronta respuesta de la chica—. Si es necesario, repetiré mil veces que te amo, que te amo con todo mi corazón, así que por favor...—No es necesario que hagas eso —le sonrió Hinata—. Naruto-kun... yo también te amo.Naruto sonrió, escuchar esas palabras, sin duda, le daban una gran esperanza de que él ocupaba un lugar en el corazón de Hinata, quizás, tan grande como el que ella ocupaba en el suyo.—¿Entonces me perdonarás? ¿Volverás a mi lado?No necesitó oír una respuesta clara a sus preguntas, pues los labios de Hinata presionando suavemente los suyos, le indicaron que ella estaba aceptando ser suya nuevamente, y que esta vez no se alejaría por nada del mundo.*• - _ -•**• - _ El timbre de su casa no paraba de sonar, por lo que rápidamente se puso una bata y se levantó a abrir la puerta. Era muy tarde ya como para que cualquier persona le estuviera buscando con tal desesperación, por lo que imaginó que sería algo importante.Y no se equivocaba.—Matsuri —exclamó sorprendida al abrir la puerta y ver la figura de su única hija, con la expresión más triste que había visto en ella desde que le había dado a luz. Ella estaba destrozada, llena de lágrimas y con un aspecto demasiado demacrado.—Mamá —dijo la castaña—. Todo se terminó entre Gaara y yo —soltó algunas lágrimas más—. Todo acabó, mamá —se lanzó a los brazos de su madre, llorando—. Él me engañó con otra mujer, él... me fue infiel, mamá...—Cálmate, amor, tranquila —le decía su madre, tratando de hacer que dejara de llorar. Cerró la puerta detrás de ellas y se dirigió con su hija a la sala, sin dejar de abrazarla y acariciando su cabello una y otra vez, ya que eso siempre la tranquilizaba—. ¿Estás completamente segura de lo que dices? —le preguntó entonces—. ¿No crees que pueda tratarse de algún error?—No, mamá —aseguró Matsuri—. Él no pudo negarlo, lo aceptó frente a mi cara...Ella siguió llorando, cobijada en los brazos de su madre, pero el sonido de su llanto llamó también la atención de su padre, quien bajó las escaleras y se le rompió el corazón al ver a su adorada princesa sufriendo de esa forma. Él no necesitó que nadie le dijera qué era lo que había pasado, pues se imaginó al instante que esto tenía que ver con Gaara.—Mataré a ese bastardo —aseguró, haciendo el ademán de caminar hacia la puerta, a pesar de que sólo iba vestido con pijama.—Papá, no —le rogó Matsuri con la voz quebrada—. Los dos, por favor, sólo quédense conmigo —pidió tristemente, a lo que su padre no pudo hacer otra cosa que asentir. De verdad quería matar a Gaara por lo que sea que le había hecho a su hija, pero no podía ir en contra de los deseos de ella—. Mamá, papá, yo... tengo algo que decirles.—¿Qué es, hija? —le preguntó su madre, separándose un poco de ella para mirarla a los ojos.—Yo... voy a tener un hijo... —sonrió levemente, aún entre lágrimas—. ¿No es algo fantástico?Sus padres se miraron entre sí, sin saber qué decirle, ella estaba embarazada y acababa de terminar su relación con su esposo. ¿Eso qué tenía de fantástico? Sin embargo, para Matsuri, así era, ella estaba feliz a pesar de todo, porque tendría un hijo ahora.—Sí lo es —le dijo su madre, sonriéndole.*• - _ -•**• - _ —¡Rápido, preparen la sala de cirugías, llevamos a un paciente muy grave! —gritaba el doctor que estaba de guardia esa noche, mientras él y unos cuántos enfermeros y enfermeras empujaban la camilla que traía a un inconsciente Gaara en ella, directamente hacia la sala de operaciones.—¡Apresúrense con esas cosas! —exclamó Sakura, terminando de ponerse el uniforme para realizar la cirugía al paciente. Apenas y acababa de comenzar su turno y, sin embargo, le tocaría algo tan pesado nada más entrar. Apenas estuvo lista, se dirigió a la habitación que le correspondía, dándose cuenta de inmediato de quién se trataba—. No puede ser... es Gaara-san... —pensó afligida, aunque en ese momento no había tiempo para llamar a nadie ni avisar de nada, puesto que lo primordial era salvarle la vida.*• - _ -•**• - _ Matsuri entró a la habitación que le habían acondicionado sus padres, ellos ya se habían ido a dormir, diciéndole que todo estaría bien, que sólo tenía que calmarse y tomar una buena siesta. Pero ella estaba aún muy afectada, no podía aceptar que todo lo que había vivido con Gaara fuese una mentira, que cuando le juró su fidelidad mientras le hacía el amor, sólo se había reído de ella.—Pensé que me amabas, Gaara —se dijo con tristeza—. Qué estúpida fui.Se secó todas las lágrimas y se puso su pijama para ir a dormir. Sabía que no estaba bien quedarse despierta toda la noche, pues forzosamente, ella necesitaba reponer fuerzas y estar tranquila, ya que ahora no sólo era ella. Una vez que estuvo bajo las cobijas de la cama, se abrazó a sí misma con mucha fuerza. Extrañaba dormir entre los brazos de Gaara, sintiendo su calor y su aroma, sus manos aferrándose a su cintura, y esos besos tan apasionados que sólo él sabía darle.No sabía si podría vivir ahora sin él.Duró un buen rato llorando en silencio, hasta que el cansancio y el sueño la vencieron y lentamente se fue quedando dormida. No sintió cuántas horas habían pasado, sólo abrió sus ojos cuando el insistente sonido de su celular le hizo despertar. Notó que aún todo estaba oscuro, posiblemente fuesen las cuatro o cinco de la madrugada. No prestó mucha atención a eso y decidió ver quién le llamaba. Pensó que se trataría de Gaara y estaba dispuesta a quitarle la batería al celular para seguir durmiendo, pero se sorprendió de ver que se trataba de Temari. —¿Bueno? —respondió, aún adormilada.— Matsuri, tienes que venir de inmediato al hospital —se escuchó del otro lado, dejando confusa a la castaña, pero su amiga siguió hablando—. Gaara tuvo un accidente y... él... Matsuri sintió como una daga se clavaba en lo más hondo de su pecho, sin siquiera presentir cuál sería la siguiente frase, esa que le mataría en vida.— Matsuri... Gaara está muerto... —¿Q-qué? —el teléfono se le cayó de las manos, yendo a parar a la cama, y lo único que pudo hacer fue ver que todo a su alrededor daba vueltas. Sus manos temblaban y su respiración estaba agitada, no sabía qué hacer—. N-no... n-no puede ser... ¡No! ¡NO!Para su suerte, en ese momento abrió los ojos y se dio cuenta de que todo había sido una pesadilla, en realidad nunca había recibido aquella llamada de Temari y tampoco Gaara estaba muerto. Su mente acababa de jugarle una pésima broma y se había dado cuenta de que aún, aunque Gaara le hubiese engañado, ella no sería capaz de vivir si él ya no estaba en este mundo. Aunque no pudiera estar más a su lado, ella deseaba que Gaara estuviera bien, porque lo amaba con todo su ser.Se llevó una mano al rostro cuando sintió que las lágrimas resbalaban por sus mejillas, aun cuando ella ni siquiera lo había notado. —Dios... —susurró, aliviada de que todo haya sido un sueño, una pesadilla, porque no podría soportar que algo así fuese verdad.*• - _ -•**• - _ Sakura estaba terminando de guardar sus cosas. Su turno estaba a punto de terminar y la cirugía que había realizado había resultado todo un éxito, ahora Gaara estaba fuera de peligro, sólo restaba ver cómo evolucionaba.—Sakura —Temari llegó corriendo, apenas se enteró de lo sucedido con su hermano, dejó al bebé al cuidado de su padre y partió al hospital—. ¿Cómo está Gaara? —preguntó con preocupación.—Ah, Temari —le dijo Sakura—. Él está bien, todo salió perfecto —respondió esbozando una sonrisa.—Menos mal —suspiró la rubia, aliviada de que todo estuviera bien con su hermano menor—. ¿Y Matsuri? —preguntó de pronto, al no ver a la castaña por ninguna parte—. ¿No está aquí con él?—No pude contactarme con ella, nadie contesta en su casa —dijo la doctora.—Yo la llamaré —habló Temari, tomando su celular para llamar a la casa de su hermano y Matsuri, pero como había dicho Sakura, nadie contestaba. Después de varios intentos, decidió marcar al celular de Matsuri, y ya por la tercera vez, finalmente la castaña le atendió, pero se oía demasiado mal.*• - _ -•**• - _ Matsuri se despertó tras oír el sonido de su teléfono celular, notando en la pantalla que se trataba de su amiga Temari. Recordó la horrible pesadilla que había tenido y por un momento se sintió de regreso en ella. Un miedo enorme la invadió y quiso no contestar, pero, al mismo tiempo, quiso hacerlo, debido a que pensó que necesitaba enterarse de lo que sea que iba a decirle Temari.—¿Bueno? ¿Temari? —preguntó con la voz algo temblorosa—. ¿Pasa algo?— ¿En dónde estás, Matsuri? —cuestionó la rubia del otro lado—. Te he estado tratando de llamar toda la noche, Gaara está en el hospital y tú ni tus luces. —¿Qué? —preguntó Matsuri, asustada—. ¿C-como que Gaara... que Gaara está en el hospital? —volvió a preguntar, sintiendo de pronto como un nudo agobiante se formaba en su pecho—. ¿Está bien? Por favor, Temari, dime que está bien.— Está bien, no te preocupes, si te alteras le puede hacer daño a tu bebé —fue lo primero que Temari dijo, tratando de calmarla—. Gaara tuvo una operación, pero ya está fuera de peligro. —Está bien, yo iré enseguida.Después de eso, Matsuri se vistió lo más rápido que pudo y se dirigió al hospital. Tenía que ver a Gaara, tenía que saber que él estaba bien. Aunque estuvieran separados, necesitaba que él estuviera a salvo.*• - _ -•**• - _ Cuando Naruto abrió sus ojos, lo primero que vio fue el largo y sedoso cabello de Hinata, el cual estaba esparcido por todo el colchón de la cama. Eran casi las ocho de la mañana, muy temprano aún para él, pero no podía seguir durmiendo mientras la tuviera a ella a su lado. Se sentía genial despertar a su lado nuevamente, igual que antes. Por fin estaba otra vez al lado de la mujer que realmente amaba, y esta vez no cometería ningún error.—Hinata... —la llamó en voz baja, acariciando su suave espalda desnuda y besando con delicadeza uno de sus hombros. La chica se removió entre las sábanas, abriendo lentamente sus ojos perlas—. Oye, ya es de día, dormilona —dijo Naruto.Hinata se quejó levemente por haber sido despertada, después de todo, no es como si hubiesen dormido mucho anoche.—Naruto-kun... —murmuró—. Buenos días... —le saludó.—Buenos días, Hinata-chan —dijo Naruto, haciendo voltear a la ojiperla, para que así ella le mirara a los ojos. El tenerla así en su cama era, sin duda, una gran tentación, pero si no fuera porque hoy tenía una reunión importante en la empresa, seguramente se quedaría todo el día ahí con ella, encerrado en esa habitación—. ¿Cómo has dormido? —le preguntó finalmente.—No muy bien —respondió Hinata con una pequeña sonrisa —. Tú sabes por qué.—Creo que a mí me pasa lo mismo —dijo el rubio, abrazándola tiernamente, para luego besarla en los labios—. Siento haber sido tan activo anoche, pero te extrañé demasiado y no podía contenerme.—Está bien, yo también te extrañé un montón, sentí que me moría sin ti —respondió la Hyûga, avergonzada de las palabras tan significativas que había dicho—. Te amo, Naruto-kun.—Y yo a ti, Hinata —dijo Naruto, antes de volver a besarla.Después de eso, ambos se ducharon, desayunaron y se fueron al trabajo, aunque hubiesen deseado sólo permanecer ahí, juntos.*• - _ -•**• - _ Sentía que se le partía la cabeza del dolor, además de que le costaba respirar con normalidad y no era capaz de mover su brazo izquierdo. Cuando abrió los ojos, inmediatamente se dio cuenta de que estaba en un hospital, pues el blanco de las paredes le cegaba. Recordó entonces lo sucedido mientras buscaba a Matsuri; había tenido un accidente.—¿Q-qué pasó? —se preguntó confuso, tratando de sentarse sobre la cama, pero el dolor en todo su cuerpo le impidió hacerlo. Se sentía como estarse partiendo por la mitad.—No te muevas, Gaara, estás recién operado —escuchó una suave y afectada voz femenina. Gaara alzó la mirada y pudo ver a su amada esposa mirándolo desde el final de la camilla de hospital. Sus ojos estaban rojos, pues al parecer, había llorado toda la noche; él se sentía tan impotente por no poder hacer nada para hacerla sentir mejor, para aliviar su dolor, que era aún peor que el dolor físico que él sentía.—Matsuri —la llamó.—¿Cómo estás? —preguntó Matsuri, aún preocupada por el estado de su marido.—Mareado, y siento que me duele al respirar —contestó con dificultad, tratando de mantener su vista fija en la castaña.—Es natural, una de tus costillas perforó levemente un pulmón, y perdiste mucha sangre, además del fuerte golpe en la cabeza —Matsuri bajó la mirada—. Un poco más y hubieses muerto —de pronto, lágrimas comenzaron a bajar por sus mejillas, sin que ella fuese capaz de detenerlas—. Tenía mucho miedo, Gaara... de verdad pensé... que ibas a morir...—Matsuri, mi amor.—No me llames así —lo interrumpió la chica de inmediato—. Eres un mentiroso, Gaara —dijo mientras se secaba las lágrimas—. Me prometiste que yo sería la única y te acostaste con ella. He sido una idiota por creerte.—No, Matsuri, escúchame, yo te amo y te juro que...—Cállate de una vez, no te esfuerces en hablar que eso te hará mal —volvió a interrumpirlo ella—. Además, no quiero escucharte, ya no te creo nada, no confío más en ti.—Matsuri, por favor... —Gaara se llevó una mano a su costado, tratando de levantarse una vez más, pero el dolor que sentía era demasiado y pronto le hizo quejarse, preocupando a Matsuri.—Basta, Gaara, te dije que no te movieras, te hará daño —le regañó la chica. Se sentía tan estúpida por seguir preocupada por él y tratar de cuidarlo, cuando en este momento, ellos dos ya no eran nada, ni siquiera amigos. Al parecer, aquel dicho que oyó una vez era cierto, que el amor era la única fuerza capaz de convertir a un amigo en enemigo. Matsuri suspiró ante las palabras que pensaba decirle a Gaara, pero tenía que hacerlo, por su bien—. Por ahora no te presionaré —comenzó—, pero quiero el divorcio.—¿Qué? —Gaara quiso moverse, más aún, al ver que ella salía rápidamente del cuarto, dejándolo solo—. M-Matsuri, no me digas eso... ¡Matsuri! —le llamaba, sintiendo el dolor terrible que el levantar la voz le causaba, pero en ese momento no le interesaba nada—. ¡Matsuri! ¡Matsuri, regresa! —seguía llamando, hasta que ya no pudo hacerlo más.Matsuri corrió fuera de la habitación, tratando de ignorar los gritos de Gaara, le dolía demasiado que él le llamara con toda esa insistencia. Al salir al pasillo, se encontró con Temari y Kankuro, quienes se inquietaron al verla tan alterada, pensando que tal vez le había pasado algo a Gaara.—¿Qué sucedió, Matsuri? —cuestionó Temari, agarrando a Matsuri de los hombros—. ¿Gaara está bien? —preguntó en tono de preocupación.—Sí, no se preocupen —les dijo para calmarlos—. Él no tiene nada.—¿Entonces por qué estás así? —preguntó ahora Kankuro—. Gaara... ¿te hizo algo...?Temari miró a Kankuro como diciendo que por qué hacía una pregunta tan estúpida, pero la respuesta de Matsuri fue suficiente para que ambos lo entendieran todo, incluso la ausencia de Matsuri durante la operación de Gaara.—Anoche... descubrí que Gaara me engañó...Y ambos hermanos se quedaron completamente callados.*• - _ -•**• - _ Matsuri y Temari estaban sentadas en la sala de la casa de los padres de la castaña. Ella le había contado a Temari todo lo que había pasado anoche con Gaara y Sayuri, que Gaara había reconocido su engaño. Temari realmente no podía creerlo, estaba muy decepcionada de Gaara y no podía entender cómo es que su hermano había sido capaz de hacer eso, después de asegurar que amaba profundamente a Matsuri. Ella entendía muy bien la situación de Matsuri, el dolor que debía estar sintiendo, por eso mismo, no podía estar en contra de la idea del divorcio, por mucho que eso le doliera como hermana de Gaara y como amiga de Matsuri.—Pero Matsuri, estás embarazada, no puedes quedarte sola —trató de disuadirla de alguna manera, pero claramente, la posición de Matsuri no cambiaría con sus palabras.—Sé muy bien la situación en la que me encuentro, pero entiéndeme, Temari, no puedo, esto me duele demasiado, no puedo perdonar a Gaara —bajó la mirada—, no puedo estar a su lado. Sólo te pido que no le digas nada de esto, por favor, no le digas que voy a tener un hijo suyo.—Matsuri, ¿te das cuenta de lo que me pides? ¿Me pides que le oculte a mi propio hermano que va a tener un hijo? —Temari le miró de mala gana, pues no le gustaba nada el rumbo que tomaba aquella conversación.—Por favor, Temari, al menos por el momento —le rogó Matsuri—. Sólo mientras todo esto se soluciona —agregó—. Si Gaara sabe que tendré un hijo, definitivamente no me dejará ir, y yo no puedo estar con él ahora, entiende que no quiero verlo.—Está bien —dijo Temari, rindiéndose al fin—. Te guardaré el secreto sólo unos días, ¿de acuerdo? Y aunque sigo estando en contra de la idea del divorcio, sé que no soy nadie para meterme en tu vida —Temari suspiró—. Sólo espero que estés haciendo lo correcto, Matsuri.—Esto es lo mejor —aseguró la castaña.El dolor en el corazón de Matsuri era demasiado grande y por eso estaba cegada, por eso deseaba con todas sus fuerzas que Gaara nunca se enterara de la venida de su hijo y que jamás se volvieran a ver de nuevo. Planeaba irse para siempre, sin decirle a nadie, sin Gaara. Pero todo eso, era algo de lo que Temari no tenía ni la menor idea.*• - _ -•**• - _ Los días siguientes pasaban realmente lentos, sobre todo para Gaara, pues desde el momento en que despertó, no había podido volver a ver a Matsuri, ella no había querido ir a verle al hospital y él obviamente no podía salir de ahí para verla. Todos estaban metidos en su propio mundo; Sasuke y Sakura con los preparativos de su pronta boda, Temari cuidando de su hermoso bebé, Hinata y Naruto... "reconciliándose" aún. Gaara realmente estaba desesperado por ver a Matsuri de nuevo, pero dos semanas después, al ser por fin dado de alta, Kankuro no le dejó ir a verla y lo acompañó hasta su casa.—Aquí estás, Gaara —dijo el castaño, ayudando a su hermano menor a sentarse sobre el sofá de la sala. Gaara aún estaba muy herido, no todas sus lesiones habían sanado y además de todo eso, su estado anímico no era el mejor.—Sí, por fin en casa —dijo desanimado—. Necesito ver a Matsuri —trató de levantarse, pero Kankuro se lo impidió.—¿A dónde crees que vas? —le regañó el mayor—. Acabas de salir del hospital, además, ella no quiere verte. ¿Qué esperas conseguir con ir allá? ¿Hacerte más daño?—No lo entiendes, Kankuro —Gaara miró al suelo, sintiendo como cada segundo que pasaba sin ver a Matsuri, su pecho se desgarraba aún más, mucho más dolorosamente, volviéndole más miserable—. Necesito verla, necesito tenerla a mi lado, la amo demasiado...—Si la amas... ¿por qué hiciste lo que hiciste? —cuestionó Kankuro, a todas luces molesto, pues a fin de cuentas, Gaara se había buscado aquel sufrimiento al hacer algo que jamás debió hacer—. Gaara, yo confié en ti, todos lo hicimos, pero tú...—Lo sé, lo sé y no sabes lo mal que me siento —dijo Gaara—. Todo lo que deseo es que ella me escuche, que me perdone, pero sé que en este momento me debe estar odiando —se echó hacia atrás, apoyando su espalda contra el respaldar del sillón—. Conozco tanto a Matsuri... sé lo difícil que es para ella cuando una persona en la que confía le lastima... y yo fui un imbécil por lo que le hice... pero... ni siquiera sé qué fue lo que pasó.—El que no te acuerdes no es una excusa —suspiró Kankuro.Gaara no dijo nada.En ese momento, el timbre comenzó a sonar y Kankuro se levantó para ir a abrir, recibiendo con cierta sorpresa al abogado de la familia, el cual se veía tan serio como siempre.—Baki —habló Kankuro—. Qué sorpresa verte por aquí, ¿cómo has estado?—Bien, gracias —respondió el hombre, volteando a ver al pelirrojo, que sólo lo miraba en silencio—. Pero no he venido por una visita de cortesía, aunque me alegra verte mejor, Gaara.—¿Sucede algo, Baki? —preguntó Gaara, intrigado, pues ciertamente, las visitas del abogado no eran muy comunes, a menos claro, que se tratara de algún asunto legal. La verdad era que lo último que Gaara quería en este momento eran más problemas, pero la mirada de Baki le decía que justamente así era.—Esta mañana, Matsuri estuvo en mi oficina —comenzó, entregando a Gaara una carpeta negra—. Ella me ha pedido que comience con los trámites del divorcio, debes firmar cuanto antes.—¿Qué? —cuestionó Gaara, abriendo los ojos como platos, al mismo tiempo que sentía una terrible punzada justo en el corazón. Comenzó a leer esos papeles desesperadamente, porque no quería creer lo que había oído, pero todo era cierto, ahí estaba estampada la firma de Matsuri, confirmando que ella no quería seguir siendo su esposa.Su amada Matsuri lo iba a dejar.*• - _ -•**• - _ Matsuri estaba en casa de su amiga Sari, la cual le reprochaba una y otra vez por lo que ella le acababa de contar.—Pero ¿cómo que te vas? —preguntó con el ceño fruncido la oji gris, mientras que Matsuri asentía con la cabeza, tristemente—. No puedes irte, Matsuri, no puedes dejarlo todo.—Es lo mejor que puedo hacer en este momento —aseguró la chica—. Entiende que no puedo ver a Gaara... no quiero...—Matsuri... —Sari abrazó con fuerza a su amiga, sin querer pensar en cómo serían las cosas si Matsuri se iba. La extrañaría demasiado, pero tampoco podía verla sufrir así—. Yo no sé qué voy a hacer sin ti, eres mi mejor amiga, tonta.—Yo sé, Sari, perdóname —le dijo Matsuri en voz baja, soltando un par de lágrimas. La verdad era que estaba cansada ya de llorar, pero por más que trataba, no podía evitarlo, eso era algo incluso más fuerte que su propia voluntad.De pronto, el timbre comenzó a sonar desesperadamente, por lo que Sari dejó a Matsuri sentada en el sofá y se dirigió a abrir. Vio a Gaara entrar a su casa y pasarla de largo a toda velocidad, sin siquiera dirigirle una mirada, luego de eso entró Kankuro, quién al parecer, trataba de detener a su hermano, pero ya era muy tarde.—¿Qué es esto, Matsuri? —cuestionó Gaara, arrojando sobre la mesita de centro la carpeta negra que antes le dio Baki. Sentía que le dolía todo el cuerpo por estar ahí de pie, pero la ira y tristeza que en ese momento invadían su corazón, le permitían ignorar todo el dolor físico—. ¡¿Qué demonios es esto?! —exigió más fuerte, pero Matsuri ni siquiera le miró.—Sabes muy bien lo que es —le respondió la castaña, sin intimidarse ante él.—¿Y tenías que enviármelos con Baki? —Gaara la miró dolido, no soportaba esta situación, la forma en que Matsuri le ignoraba, ni siquiera le había preguntado si estaba bien—. ¡Dímelo a la cara, maldita sea!—¡Me quiero divorciar de ti, Gaara! —Matsuri finalmente explotó, encarando al hombre al que amaba, pero que también era quien más daño le había hecho—. ¡Ya no te quiero como esposo! —le gritó—. Todo... todo esto se terminó.Matsuri comenzó a llorar, dejándose caer sentada en el sillón otra vez, a lo que Sari se acercó a abrazarla.—No me hagas esto, Matsuri... —le rogó Gaara, con tanto dolor y desesperación, que sintió que ni siquiera podía articular las palabras—. Matsuri... yo te amo...—Ya no te creo nada —fue todo lo que dijo Matsuri, dejando en claro que no pensaba cambiar su decisión. Ni siquiera Gaara era capaz de ir contra los deseos de aquella mujer a la que amaba tanto.*• - _ -•**• - _ Una semana más había transcurrido. Ya Gaara se encontraba muy recuperado de sus heridas e incluso ya era capaz de ir a trabajar. Pero el estar sano físicamente no parecía importar mientras que sentía como todo su interior se estaba cayendo a pedazos, ese mundo que había construido al lado de Matsuri, de su esposa. Extrañaba tanto todo de ella; sus besos, sus caricias, la forma en que hacían el amor. Para él no existía otra mujer en el mundo, si ella no estaba ya no quería a nadie más, no le importaba nada más. Pero a pesar de lo mucho que anhelaba mantener a Matsuri a su lado, ya se había rendido y la dejaría ser libre, porque si él no podía hacerla feliz, entonces la dejaría ser feliz lejos de él.—¿Estás seguro de esto, Gaara? —le preguntó Baki, observando cómo se sentaba su cliente a la mesa, a esperar a la otra parte. Por su lado, el pelirrojo sólo asintió.Después de unos minutos, Matsuri apareció. Se veía muy seria, pero se notaba que en el fondo sólo trataba de contener el dolor que realmente sentía, porque ella tampoco deseaba acabar de esta manera las cosas, ella amaba demasiado a Gaara, pero el dolor de su alma le impedía estar con él.—¿Podemos empezar de una vez? —sugirió al ver que nadie decía nada, parecía desesperada por salir de ese lugar.Comenzaron a afinar los términos del contrato de divorcio, sin hablar más de lo estrictamente necesario.*• - _ -•**• - _ —¿Y cómo te va con el nuevo embarazo? —preguntó Temari a su cuñada Sari, al tiempo que terminaba de cambiar el pañal de su bebé. Sari había ido de visita, ya que ambas estaban un poco tristes por el difícil proceso que estaba pasando su mejor amiga.—Todo bien, ya pronto se comenzará a notar, y presiento que será un niño —respondió Sari, con una gran sonrisa, la cual se borró al cabo de unos segundos—. Es una lástima que Matsuri no vaya a estar aquí para conocerle, debe estarse divorciando de Gaara en este momento.—Es verdad... —Temari bajó la mirada, pero las palabras dichas por Sari, de pronto llamaron su atención, haciendo que la volteara a ver—. Espera un minuto... ¿qué quisiste decir con que Matsuri no estará?—¿Es que ella no te lo dijo? —preguntó Sari, extrañada—. Matsuri se irá para Inglaterra apenas salga lo del divorcio con Gaara.—¿Qué? —Temari la miró sorprendida—. P-pero ella no puede —dijo convencida, dejando a su bebé en los brazos de Sari para buscar su celular. No podía creerlo, Matsuri le había engañado, ella jamás le dijo que pensaba irse y mucho menos a otro país. Ella nunca planeó decirle a Gaara que estaba embarazada, simplemente pensaba irse sin que su hermano supiera nada. Temari no pensaba permitir aquello, no iba a dejar que Matsuri lo hiciera, sea como sea, lo impediría.Sólo esperaba que no fuera demasiado tarde.*• - _ -•**• - _ La castaña terminó de firmar y miró a Gaara, esperando que éste firmara de una vez también, para salir de todo esto cuanto antes. Gaara tomó entre sus dedos el mismo bolígrafo que segundos antes sostenía su futura ex esposa, acercando lentamente el objeto hacia el papel, en donde debía estampar su firma. Apenas y logró hacer un punto, cuando su teléfono comenzó a sonar.—Lo siento —Gaara pensaba colgar, pero vio en la pantalla que se trataba de Temari, así que pensó que debía ser importante—. Tengo que contestar, regreso enseguida —se puso de pie y salió hacia el exterior de la oficina, llevándose el celular al oído—. ¿Sucede algo, Temari?— ¡Gaara! ¡Por favor, dime que aún no has firmado nada! —le gritó Temari del otro lado, totalmente escandalizada, por lo que Gaara no pudo evitar alejar un poco el teléfono de su oído.—Cálmate —le dijo—. ¿Me puedes explicar qué pasa?— ¡Sólo responde! —ordenó la rubia.—Aún no —dijo al fin—. Ahora explícate —frunció el ceño al no entender el estado de su hermana, pero lo que ella diría, le haría razonar totalmente la situación.— ¡Gaara, no puedes divorciarte! —dijo Temari—. ¡Matsuri está embarazada! ¡Ella va a tener un hijo tuyo! Los ojos de Gaara se abrieron como platos ante aquella revelación, sintiendo como sus latidos se aceleraban y sus brazos y piernas pesaban. No pudo seguir hablando con Temari, a pesar de que ella le gritaba una y otra vez si es que le escuchaba o no; Gaara ya no podía oírla, no podía oír nada. Una extraña emoción le embargó al saber que iba a ser padre, que la mujer que tanto amaba iba a darle un hijo. Una sonrisa tonta apareció en sus labios y, de pronto, toda la determinación que había perdido por lo ocurrido, regresó de golpe, llenándole de confianza, atiborrándole de deseos por no dejar ir a Matsuri, por recuperarla sea como sea. Sin esperar otro segundo, regresó al interior de la oficina.—No voy a darte el divorcio —dijo mirando fijamente a Matsuri, la cual se sorprendió demasiado y se enfadó. ¿Por qué de pronto él había cambiado de opinión así?—¿Qué dices...?—No voy a dejarte ir, Matsuri —Gaara la interrumpió—. Ya lo sé todo, sé que estás embarazada.Matsuri le miró sorprendida, sin poder decir nada, sin poder negarlo.¿Y ahora qué?Continuará............. Ya sólo quedan 3 capítulos para el final. TT Oigan, qué guapo Gaara en la imagen, ni me acuerdo de dónde la saqué xD