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Capítulo 1

¿Te Casas Conmigo? — fanfic.es · All chapters

Capítulo 1

Capítulo 1: Una cláusula inevitable —Y es así que os designo mi última voluntad... –terminó de leer el abogado de la familia Sabaku No; Baki.Todos los que mantenían su atención en aquella lectura estaban casi atónitos, a excepción de un joven que se encontraba totalmente rabioso.Su cabello rojo como el fuego caía sobre su rostro enfurecido. Sus ojos color aguamarina dejaban clara la expresión de odio en ellos. Sus puños se apretaban con fuerza tratando de reprimir aquella emoción que en ese momento inundaba por completo su ser. Y es que sentía deseos de matar a alguien.Después de que el abogado acabara la lectura del testamento de uno de los hombres más ricos e importantes del país, todos abandonaron la sala.Una mujer rubia de ojos azules salió tomada de la mano con un pelinegro de aspecto despreocupado, quien llevaba su cabello recogido en una coleta. Después de ellos salió un hombre alto, de cabello y ojos cafés, junto a una mujer de larga cabellera castaña, que llevaba a una niña de unos tres años en sus brazos. Finalmente, salió el pelirrojo, quien se veía totalmente enfurecido aún.—Tranquilo, Gaara –habló el castaño—. Seguro encontrarás la forma.—No lo creo, Kankuro –bufó el pelirrojo—. Mierda... –masculló en voz baja.—Será mejor que comiences a buscar una novia, hermano –dijo la rubia, poniendo una mano sobre el hombro de Gaara—. O te quedarás sin nada –finalizó con una sonrisa, le parecía un poco irónica la situación del menor, pero pensaba que su padre estaba haciendo las cosas por una razón.Gaara bajó la mirada, estaba muerto de rabia, ¿cómo había sido su padre capaz de hacerle eso? Prácticamente estaba obligándolo a casarse. Aún después de muerto insistía con el tema y, lo peor, era que esta vez no había forma de librarse. O se casaba, o se quedaba sin un peso en el bolsillo por el resto de su vida, y él jamás consentiría la segunda opción.La familia Sabaku No eran los dueños de Suna Corporation, una de las empresas más prominentes de la ciudad de Tokio y de todo Japón. Sin embargo, con la reciente muerte del padre de los hermanos, todo cambió. Temari, Kankuro y Gaara heredaron toda su fortuna y por supuesto que la empresa. Pero las cosas no eran tan fáciles para el menor de los hermanos, ya que su padre estipuló una cláusula en su testamento para que él pudiese recibir todos sus bienes y mantener la tan ansiada presidencia de la empresa; y eso era nada más y nada menos que estar casado.A sabiendas de que su hijo menor era un inmaduro y un mujeriego empedernido, y no queriendo un futuro así para él, el padre de los tres dejó bien clara la cláusula en su testamento; una verdadera pesadilla para Gaara, ya que no soportaría más de un mes con la misma mujer.Lo único que le quedaba ahora era conseguir una novia y casarse con ella antes del plazo de dos meses y estar al menos seis meses casado con ella para lograr sus objetivos.Todos salieron del despacho del abogado y se dirigieron a sus trabajos. Gaara estaba irascible, no podía aceptar algo como eso y aun así no podía hacer nada por evitarlo.Llegó a su oficina y se sentó. Le dio un golpe a la mesa y en ese momento golpearon la puerta.—Pase –indicó fastidiado.—Permiso, Gaara –oyó una dulce voz del otro lado. Una joven de cabello castaño -que le llegaba hasta los hombros- y enormes ojos negros entró entonces. Llevaba puesta una blusa blanca a botones que se amoldaba perfecto a su esbelta figura y una minifalda azul oscuro, calzando unos zapatos del mismo color. Al entrar, notó el mal humor de su jefe, por lo que sonrió para apaciguarlo—. No sabía que te había ido tan mal.—No es eso, Matsuri, o bueno, en realidad sí –respondió el pelirrojo, relajando un poco su expresión—. Es sólo que... papá me la ha jugado otra vez –miró a la chica, la cual se sentó frente a él—. Ha puesto una condición para que yo pueda seguir siendo el presidente de la empresa y reciba el resto de mi herencia.—¿Y que condición ha puesto? –preguntó Matsuri, un tanto preocupada por la expresión en el rostro de su mejor amigo. Cada vez que Gaara tenía un problema, ella siempre estaba ahí para ayudarle, así había sido desde los 12 años.—La condición es... que me case de aquí hasta dentro de dos meses, y que al menos esté seis meses casado –respondió Gaara. La expresión en el rostro de Matsuri cambió, estaba sorprendida, ¿Gaara debía casarse? Esto definitivamente era una pesadilla, ella no podría soportar verlo casado, no con otra mujer.—Ah... pues... –ella bajó la mirada, no tenía palabras.—¿Por qué no dices nada? Eres mi mejor amiga, Matsuri –dijo Gaara, mientras tomaba las manos de la chica sobre el escritorio—. Esto es horrible para mí, ¿cómo voy a casarme en dos meses? Mi vida está arruinada.—Vamos, Gaara, no puede ser tan malo –dijo Matsuri, tratando de sonreír, aunque en el fondo de su corazón un creciente dolor aparecía y la razón era simplemente que, desde los doce años, estaba total y completamente enamorada de él y ese amor fue creciendo a medida que pasaban los años. Matsuri pensó que con el tiempo podría olvidarlo, ya que Gaara jamás la miraría como a las otras mujeres por el simple hecho de ser su mejor amiga, sin embargo, eso no resultó. Sin importar lo que hiciera, o con cuantos chicos saliera, lo seguía amando con todo su ser.—¿Que no puede ser tan malo? –repitió Gaara, arqueando una ceja—. Cómo se nota que eres una mujer.—¿Qué quieres decir con eso? –preguntó la castaña, algo ofendida por el comentario.—Pues que para ustedes las mujeres casarse es un sueño. En cambio, para nosotros es echarse la soga al cuello, renunciar a todo lo que podemos hacer cuando estamos solteros. No me imagino durmiendo todos los días con la misma mujer por el resto de mi vida.Matsuri se puso de pie muy enfadada y se dirigió a la salida, ¿es que acaso el idiota de Gaara la veía de esa forma? ¿Parecía una mujer superficial y desesperada por casarse?—Si eso es lo que piensas, no puedo ayudarte, no eres más que un machista –la chica cruzó la puerta y cerró dando un portazo, mientras el pelirrojo la veía un tanto desconcertado.—Creo que se ha enfadado –murmuró, mirando la hora—. Rayos, en media hora es la reunión con los de Konoha.Gaara se puso rápidamente de pie y salió de su oficina, ya que en pocos minutos tenía una importante reunión con los representantes de Konoha, una de las más grandes compañías del país junto a la suya.*• - _ -•**• - _ -•**• - Matsuri estaba echando unas monedas a la máquina expendedora de bebidas. Sacó un refresco de cola y bebió un poco, luego suspiró.—Gaara va a casarse... en dos meses... lo perderé para siempre –susurró bajando la mirada. Lejos de sentirse enojada por lo que le había dicho Gaara, estaba triste, triste porque pensó que él siempre iba a estar a su lado, aunque fuera como amigo—. Ojalá fueses a casarte conmigo...—¡Matsuri-chan! –escuchó una voz femenina y, enseguida, alguien le tocó el hombro. Matsuri se exaltó y se volteó un poco asustada.Una hermosa chica de cabello negro azulado, largo hasta su cintura y ojos color perla le sonreía de forma animada. Vestía ropas de ejecutiva al igual que Matsuri, quien le sonrió.—Hinata-chan... no puede ser, hace tiempo que no te veía –ambas se abrazaron muy animadas y sonrientes, como dos verdaderas amigas—. ¿Cómo has estado?—Bien, estoy trabajando como asistente personal del presidente de Konoha, aunque a mi padre le costó asimilarlo –respondió Hinata con una sonrisa. El padre de Hinata era un hombre de negocios y quería que su hija siguiera su ejemplo, siendo la heredera de sus empresas, pero Hinata pensaba que tanta responsabilidad no iba con alguien como ella, así que simplemente se dedicó a seguir una carrera por sí misma, delegándole el cargo de heredera a su hermana menor, Hanabi, quien anhelaba ser la sucesora de su padre.—Vaya, tenemos el mismo puesto –dijo la castaña, con una gotita de sudor frío rodando por su frente.—Ah, ¿sí? Que coincidencia –dijo sonriendo la ojiperla.Las dos chicas siguieron hablando, hasta que llegó la hora de la reunión.*• - _ -•**• - _ -•**• - _ Todos estaban dentro de la sala de juntas, a la izquierda los representantes de Suna y a la derecha los de Konoha.—Bienvenidos a Suna Corp, Naruto, Sasuke y Hinata –dijo Gaara cortésmente, mirándolos a los tres de a uno y deteniéndose en Hinata, ya que, al verla, una extraña pero conveniente idea pasó por su cabeza.—Gracias, Gaara –respondió un joven rubio, que poseía tres extrañas marcas en sus mejillas, como los bigotes de un zorro y dos hermosos y brillantes ojos azul zafiro, acompañado de una enorme sonrisa—. Bueno, es hora de comenzar, pero antes les quería dar mi más sentido pésame a los tres –dijo mirando a los hermanos Sabaku No, tratando de ser cortés con su dolor.—No te preocupes, Naruto –le dijo Temari con una sonrisa, a pesar de que a los tres les dolía la muerte de su padre, estaban seguros de que él descansaba en paz junto a su madre. El rubio sólo asintió con la cabeza.La reunión comenzó con un Shikamaru exponiendo la situación financiera de la empresa. Él, a parte de ser el esposo de Temari desde hace dos años, había sido el hombre de confianza de su suegro en los asuntos de la empresa desde que se casó con su hija. Y ahora era la mano derecha de Gaara -como el nuevo presidente de la empresa-, la cual se encargaba de la creación y desarrollo de aparatos tecnológicos. La empresa Konoha se dedicaba a lo mismo y, aunque por años habían sido rivales, ahora habían decidido aliarse en contra de una competencia aún mayor.Después de que hablara Shikamaru, Hinata se puso de pie y comenzó a exponer los parámetros del contrato que pronto iban a firmar, mientras los demás la veían atentamente.Gaara no le quitaba la vista de encima. Hinata era una mujer muy hermosa, de buena familia y no tenía novio. Su mente ya había comenzado a maquinar el plan perfecto. Si necesitaba una esposa, ¿quién mejor que ella? Y después de todo... ¿Qué tan difícil podía ser conquistar a una chica como ella? Al final, para él no había imposibles, o eso era lo que creía.Cuando la reunión acabó, el pelirrojo se acercó a Hinata, quien guardaba unos papeles dentro de una carpeta. Los demás ya habían salido, así que sólo estaban ellos dos solos.—Muy buen trabajo, Hinata –dijo con su tono de voz seductor, el que sabía que volvía locas a todas las chicas. La ojiperla dio un pequeño salto al oír aquella grave y masculina voz tan cerca de ella y los papeles cayeron al suelo.—Ah, gracias, Gaara-san –respondió mientras se agachaba a recoger lo que cayó. Gaara se agachó también y le entregó los papeles a una sonrojada Hinata.—Aquí tienes, ten más cuidado –le sonrió quedamente, haciendo que ella, por un momento, se perdiera en esos ojos color aguamarina. Siempre había pensado que Gaara era muy guapo, pero era la primera vez que él se le acercaba de esa manera y, ciertamente, estaba muy nerviosa.—S-sí –contestó la ojiperla, poniéndose de pie.Gaara salió de la sala con una sonrisa en sus labios. Estaba seguro de que Hinata era la esposa que necesitaba y ya había dado el primer paso en su plan de conquista: comportarse como un caballero y usar su sonrisa matadora. Con eso siempre se las echaba al bolsillo.*• - _ -•**• - _ -•**• - _ —No puede ser –susurró Matsuri, mientras se dejaba caer sobre su cama. El día había acabado y lo único que quería ahora era descansar. Se sentía afligida por la conversación con Gaara en la oficina, aunque no sabía ni con quien ni cuando; él se casaría—. Va a casarse y nunca le dije que lo amo, nunca podré decírselo.Una lágrima escapó de sus ojos y justo en ese momento, tocaron el timbre de su departamento. Ella se limpió rápidamente el rostro y se dirigió a abrir la puerta.—¿Tú?*• - _ -•**• - _ -•**• - _ Kankuro se sentó a la mesa del comedor de su casa y tomó el diario para leerlo, pero antes de ojear siquiera un poco, una aguda vocecita llamó su atención.—¡Otto-san! –gritó su pequeña hija mientras lo abrazaba. Kankuro dejó el diario de lado para levantarla y tomarla entre sus brazos—. Miki-chan te etaba epelando –dijo con una sonrisa y tratando de hablar lo más claro posible, aunque le era bastante difícil.Kankuro le sonrió a su hija, su adoración. Se parecía mucho a él, tenía sus ojos y el cabello lo tenía largo hasta la cintura, de color castaño, muy fino y bien cuidado.—Miki-chan, papá tenía muchas ganas de verte –respondió el castaño. En eso, se acercó su esposa con los platos en la mano, para ponerlos sobre la mesa.—Miki-chan, deja a papá y siéntate a la mesa, mamá está por servir la cena –pidió con una sonrisa.—Sí –respondió Miki, desanimada.—Oh, déjala, Sari, sabes que adoro estar con Miki-chan –dijo un sonriente Kankuro. Sari volvió a sonreír y asintió con la cabeza.—Por cierto, ¿qué piensa hacer Gaara-kun con respecto a la cláusula? –preguntó la mujer, mientras servía la cena—. ¿Al final va a aceptarlo?—No le queda de otra, Gaara tendrá que casarse aunque no quiera y apuesto a que en estos momentos tiene que estar odiando a papá –contestó el castaño, soltando un leve suspiro, mientras su niña veía a su madre servir los platos, pero ella era demasiado despierta y estaba atenta a lo que los adultos hablaban.—¿Tío Gaala se casalá? –preguntó curiosa—. ¿Se casalá con tía Masuli?—¿Eh? –exclamó Kankuro, parpadeando, sin entender por qué su hija decía tal cosa. Sari sólo se cubrió el rostro con una mano, soltando un suspiro, mientras su esposo la miraba confundido.—No cabe duda de que ustedes los hombres son unos ciegos, incluso Miki-chan se ha dado cuenta –dijo la castaña—. ¿Es que acaso no has notado que Matsuri está enamorada de Gaara-kun? Él tampoco se ha dado cuenta.—¿En serio? Pobre Matsuri –dijo bajando la cabeza. Él y Matsuri eran muy buenos amigos también y sabía que su hermano no la veía más que como una amiga, si Gaara se llegaba a casar con otra, la castaña iba a sufrir mucho.*• - _ -•**• - _ -•**• - _ —¿Así es como saludas a tu mejor amigo? –cuestionó Gaara mientras entraba al departamento de Matsuri. Ella estaba un poco desconcertada por esa visita tan repentina.—Ah, perdón, Gaara. ¿A qué se debe tu visita?—Matsuri, necesito un favor –respondió el pelirrojo. Matsuri estaba algo confundida, ¿qué clase de favor querría pedirle? No era algo usual en Gaara, él era del tipo que resolvía todo por su cuenta.—Ah –la castaña cerró la puerta—. Siéntate y... ¿Quieres tomar algo? –preguntó, mientras se acercaba a él con una sonrisa. Gaara se sentó en el sofá, negando con la cabeza.—No, gracias, sólo quiero hablar.—Pues, ¿qué problema tienes? –preguntó Matsuri, sentándose junto a él. Se puso un poco nerviosa cuando él la miró con sus penetrantes ojos aguamarina, siempre le pasaba aquello, Gaara era tan apuesto que era difícil no perder la concentración.—Es respecto a lo que te comenté por la tarde –dijo Gaara bastante serio.—¿Sobre lo de... casarte? –a la chica se le quebró un poco la voz, pero como siempre, él no notó nada.—Sí, eso mismo –le respondió su jefe y mejor amigo—. Matsuri... –comenzó a hablar, tomándola de las manos. Matsuri se sonrojó y sintió que su corazón comenzaba a latir muy fuerte, estaba cada vez más nerviosa—. Tú eres la única en quien puedo confiar, eres la única persona que puede ayudarme con esto, dime que sí.—¿Decirte que sí? –Matsuri se sonrojó aún más y sintió como su corazón daba un vuelco enorme. La pregunta de Gaara, o su petición, la había hecho pensar algo que no era—. ¿Qué quiere decir con que le diga que sí? ¿Acaso él quiere que yo...? —Ajá, debo casarme en dos meses y sé quién es la persona perfecta, hoy por fin me he dado cuenta.— Dios, él va a pedírmelo –pensó con nerviosismo la joven.—Estuvo frente a mí todo el tiempo y hasta me siento un idiota por no haberlo notado, así que Matsuri... dime que sí, por favor –la castaña sentía que su corazón iba a explotar de felicidad, sentía que por fin él la estaba mirando, que no era invisible como siempre había pensado, pero Gaara siguió hablando—. Por favor, dame una mano con Hinata Hyûga.—¿Q-que? –preguntó la chica, sintiendo como si algo se rompiera en su interior. Realmente dolía, era como si de un solo corte le hubiesen arrebatado las alas y hubiese caído de golpe contra el suelo. Él jamás la amaría, ella jamás sería suya y hoy por fin lo había comprendido.Se levantó de golpe, soltando las manos de Gaara, el cual la miró desconcertado. Matsuri le dio la espalda y cubrió su boca para no hacer ruido, ya que las lágrimas comenzaron a salir de sus ojos sin poder contenerlas y no quería que Gaara la viera.—¿Está todo bien, Matsuri? –preguntó el pelirrojo, algo preocupado. Ella asintió con la cabeza aún dándole la espalda y se limpió las lágrimas que persistían en salir.—Sí... es sólo que necesito ir al baño –Matsuri corrió hacia el baño, dejando a Gaara muy confuso, no tenía ni la menor idea del daño que le había hecho.Matsuri se encerró en el baño a llorar. Estaba destrozada, su corazón se había hecho añicos. ¿Cómo había sido tan estúpida? Ella y Gaara siempre habían sido sólo amigos.—Soy la única mujer que respetarás siempre, ¿no? –murmuró mirándose al espejo, recordando las palabras una vez dichas por él—. ¿No te das cuenta de que te amo con todo el corazón? ¿Qué debería hacer? –preguntó, dejándose caer al suelo con las manos sobre el lavamanos, con su rostro lleno de lágrimas. A fin de cuentas, ella nunca se iba a atrever a confesarle su amor a Gaara.*• - _ -•**• - _ -•**• - _ Hinata estaba viendo la televisión en la sala de su casa, su padre estaba en su despacho y su hermana aún no llegaba de la casa de su amiga. Oyó que sonaba el timbre, pero ni se movió, después de todo, abriría la empleada de servicio.—Ojalá yo tuviera un romance como en esta película –suspiró mientras observaba la pantalla. Le gustaban mucho las películas románticas, ya que siempre se imaginaba de protagonista con el hombre que le quitaba el sueño. Incluso se había atrevido a escribir una novela en su laptop, pero era sólo un hobbie, por eso nadie lo había visto, se moriría de la vergüenza si algo así llegara a ocurrir.La empleada se acercó con dos personas tras ella; un joven castaño, alto y de ojos color perla, que llevaba de la mano a una chica de cabello castaño, que le llegaba hasta los hombros, los ojos color chocolate y que, además, estaba embarazada.—Neji nii-san, Tenten-chan –los saludó Hinata con una sonrisa, mientras se ponía de pie.—Hola, prima –saludó el recién nombrado Neji, el primo mayor de Hinata—. Mi esposa y yo venimos de visita. ¿Mi tío aún no llega?—Hola, Hinata –saludó Tenten, mientras sostenía su gran barriga—. ¿Cómo has estado?—Bien –respondió la Hyûga amablemente, mirando a su primo ahora—. Mi padre sigue en el trabajo, debe estar por volver –volvió a ver a su cuñada y observó su vientre abultado—. Ay, ¿cómo está ese bebé? ¿Cuánto tiempo le queda? –preguntaba emocionada.—Aún faltan tres meses – respondió la futura madre—. Pero Neji y yo estamos ansiosos, ¿verdad?—Claro, será un niño igual a su padre –dijo el hombre con seriedad y una sonrisa orgullosa adornando su rostro.—¿Otra vez estás con eso? –cuestionó Tenten, frunciendo el ceño—. Será una niña y se va a parecer a mí.Mientras los dos discutían, Hinata sólo los miraba con una gotita en su frente.*• - _ -•**• - _ -•**• - _ —¿Todo bien, Matsuri? –preguntó Gaara al verla regresar. Ella tenía su mirada baja, pero asintió, dejando al pelirrojo más calmado. Le preocupaba mucho Matsuri, ella era alguien muy especial para él, lo había sido siempre, por eso, Gaara le confiaba todo.—Gaara, voy a ayudarte –dijo Matsuri, sonriendo, ocultando muy dentro de su pecho todo su dolor. Ella haría cualquier cosa para ver a Gaara feliz, lo que sea, aunque ella se estuviera muriendo por dentro, aunque su corazón se rompiera en el proceso.Matsuri se dirigió hasta un esquinero y tomó una libreta que había sobre él. Comenzó a leerla y se detuvo en un nombre.—Aquí está el número de Hinata-chan, espero que esto pueda ayudarte –dijo con una sonrisa. Gaara recibió el número sonriente, esto era justo lo que necesitaba.—Gracias, Matsuri –dijo abrazándola, reconfortando con su calidez, aunque sea por un instante, el dolor de su amiga—. Eres la mejor, nunca conoceré a alguien como tú –murmuró cerca de su oído.—Claro, Gaara –susurró la castaña, mientras se dejaba abrazar por él y cerraba sus ojos, disfrutando su efímera cercanía—. Tú sabes que yo haría cualquier cosa por ti, porque eres mi mejor amigo.—Sí... –Gaara asintió, ajeno a todo lo que le hacía sentir a Matsuri.*• - _ -•**• - _ -•**• - _ A la mañana siguiente...Hinata estaba en la ducha. Eran las siete de la mañana y debía estar lista pronto para el trabajo. Cuando acabó de ducharse, salió con una toalla cubriendo su cuerpo y se aceró a su clóset para buscar sus ropas y vestirse. En ese momento, escuchó como sonaba su celular y se acercó al velador para contestar.—¿Moshi-Moshi? -dijo la ojiperla, un poco confusa, ya que no conocía el número. —¿Hinata? –escuchó una voz masculina del otro lado, pero no la reconoció. Se sentó sobre la cama un poco extrañada.—Sí, ¿quién habla? —Soy yo, Gaara. —Ah, Gaara-san, ¿qué se te ofrece? –la ojiperla contestó un poco más calmada, pensaba que él la llamaba por algo del trabajo, una cosa normal, pero estaba bastante equivocada. — Me preguntaba... si no tienes nada que hacer esta noche, porque me gustaría invitarte a cenar. —¿Y eso? –preguntó desconcertada, no esperaba una invitación como aquella de parte de Sabaku No Gaara, el presidente de una compañía como Suna, cuando ella era sólo una asistente.— Bueno... ayer me quedé impresionado con tu trabajo y no he podido dejar de pensar en ti, así que quería verte, ¿aceptas? —De acuerdo, Gaara-san, esta noche –respondió Hinata, debía admitir que Gaara no era un hombre a quién se le pudiera decir que no, además, si él la estaba invitando, seguro que era por algo importante.Luego de terminar de hablar, se levantó para seguir vistiéndose y alistarse para ir a trabajar.*• - _ -•**• - _ -•**• - _ —Bien, esto será muy fácil –dijo Gaara con una sonrisa arrogante estampada en su rostro. Se sentó sobre su cama, no tenía puesto nada en la parte de arriba y su cabello estaba desordenado, lo que denotaba que se acababa de despertar.Se sentía muy confiado, estaba seguro de que ni esta vez, ni ninguna otra, su padre le podría ganar. Todavía recordaba una de sus últimas conversaciones con él, pues si quería verlo casado, eso iba a tener. —Gaara, tienes que entender que el matrimonio no es cómo crees, es algo maravilloso que compartes con la persona que amas –dijo el padre del chico, recostado en su cama. Se notaba bastante enfermo y debilitado. Gaara lo miró con el ceño fruncido. —Yo no creo en el amor, papá, eso es para idiotas. —Hijo, ve a tus hermanos, ellos son muy felices –el hombre tosió un poco, preocupando a su hijo el cual se acercó a él—. Tu madre y yo también lo fuimos. Sólo quiero que lo entiendas. Gaara. —Yo no lo entiendo, y jamás lo haré. Por favor, deja de insistir con el tema –con estas palabras, el pelirrojo se levantó de la cama de su padre y salió de la habitación de mala gana. Miró al techo de su habitación, frunciendo el ceño.—No puedo creerlo, pero has cumplido tu objetivo, finalmente tendré que casarme –se puso de pie, estirando sus brazos para desperezarse—. Pero eso del amor –sonrió irónicamente—. Ja, qué tontería.*• - _ -•**• - _ -•**• - _ Matsuri salió del baño cubriendo su cuerpo con una toalla. Acababa de ducharse y ahora se estaba vistiendo para irse al trabajo. No había podido dormir bien en toda la noche pensando en Gaara, no quería imaginar que él estuviera casado, de algún modo, siempre pensó que Gaara iba a estar ahí para ella, que en el momento en que se decidiera a decirle lo que sentía por él, Gaara iba a estar ahí, porque él juraba que jamás se iba a enamorar de nadie, que nunca se casaría. Pero ¿y si Gaara se casaba y se enamoraba genuinamente de su esposa? ¿Qué posibilidad tenía ella contra algo así?Suspiró hondamente, tratando de alejar esos pensamientos. Cuando ya tuvo toda su ropa puesta, se sentó sobre su cama.—Gaara... –susurró, mientras una enorme tristeza la embargaba. Se llevó una mano al pecho, sintiendo latir su triste corazón cada vez más lento. Una lágrima bajó por su mejilla—. Me pregunto por qué... ¿Por qué soy tan cobarde? ¿Por qué no puedo decirte que te amo?Se secó las lágrimas y se levantó. Hoy sería un día muy pesado.*• - _ -•**• - _ -•**• - _ Hinata se encontraba en su puesto de trabajo, pensando en la extraña invitación que le había hecho Gaara esta mañana. En eso, sonó el intercomunicador. —¿Hinata? Necesito que me traigas esos papeles de los que hablamos. —S-sí, señor –respondió la joven sonrojándose y poniéndose tiesa como una estatua sólo por oír su voz. Tomó con torpeza lo que le había pedido su jefe y caminó hasta su oficina, parecía un robot—. Permiso, señor Naruto.—Ah, pasa, Hinata –le dijo el animado rubio, con su brillante sonrisa. Siempre que Hinata lo veía sonreír así, no podía evitar que su corazón latiera casi sin control. Desde el primer instante en que lo vio se enamoró de su sonrisa y de sus constantes ganas de vivir, sabía que jamás iba a conocer a alguien como él, como también, que él nunca la vería como ella quería.—Aquí están los papeles que me pidió –dijo la sonrojada chica, dejando una carpeta sobre el escritorio.—Hinata, por favor no me trates de señor, no me gusta que mis amigos sean tan formales conmigo –protestó Naruto, con una gotita de sudor corriendo sobre su frente. Naruto era así, espontáneo y alegre. Aunque se había vuelto mucho más serio y responsable desde que tuvo que encargarse de la empresa, seguía siendo el mismo joven alegre que era cuando niño. Los padres de Naruto habían decidido irse de viaje juntos, como una segunda luna de miel y por eso le dejaron todo, considerando que ya estaba listo para ser el presidente, y hasta ahora Naruto lo había hecho de forma excelente.—¿Amigos? –repitió la ojiperla, sorprendida, mientras el rubor en sus mejillas se hacia cada vez más evidente.—Claro, somos amigos, Hinata –Naruto se levantó de su asiento y se paró junto a Hinata—. ¿Estás enferma? Pereces tener fiebre –preguntó, poniendo una mano en su frente, sin darse cuenta de que provocaba todo tipo de sensaciones en ella.—E-estoy bien, N-Naruto-kun...—Me gusta que me llames así –dijo el rubio con una sonrisa. Hinata sintió que iba a desfallecer, amaba demasiado esa sonrisa y a esa persona que la emitía.*• - _ -•**• - _ -•**• - _ Matsuri tocó la puerta de la oficina de Gaara, trayendo una taza de café en sus manos.—Pase –indicó el pelirrojo desde dentro.—Permiso, Gaara, te traje un café –dijo la castaña al entrar. Dejó el café sobre el escritorio y se dispuso a irse, era lo que siempre hacía, todos los días, aunque siempre conversaban un rato antes de que ella se marchara.—¿Por qué te vas así? –le preguntó Gaara, extrañado—. Quiero hablar un momento contigo, por favor, quédate.—Claro, perdona –la castaña sonrió y se sentó al escritorio, frente a él—. ¿Cómo te fue con Hinata?—Bien, muchas gracias por lo que hiciste por mí.—¿Tan... tan bien te fue? –preguntó Matsuri, sintiendo otra vez ese dolor en su pecho.—Hoy quedamos de cenar, voy a hacer todo lo posible por que esto resulte. Aunque no me quiera casar, no me queda de otra –Gaara lucía fastidiado, mientras dejaba de lado unos documentos.—Pues entonces felicidades –dijo Matsuri con una fingida sonrisa, mientras lo tomaba de las manos con delicadeza, por sobre el escritorio—. Yo siempre te voy a apoyar, Gaara, te quiero mucho y tú lo sabes.—Yo también te quiero mucho, Matsuri –le aseguró Gaara, sonriendo quedamente, como solía hacerlo, hipnotizándola como siempre. Matsuri alejó sus manos de él y se puso de pie, dirigiéndose a la puerta.—De todos modos... –se detuvo junto a la entrada—. Yo pienso que un matrimonio sin amor... es realmente triste –sin decir nada más, Matsuri salió de la oficina.—Matsuri... –susurró el pelirrojo, algo desconcertado. Levantó la taza de café y bebió un poco, notando que estaba delicioso como siempre. Sin embargo, estaba algo preocupado por su amiga, Matsuri parecía muy deprimida por alguna cosa que no le quería decir—. Me pregunto... ¿Por qué Matsuri se veía tan triste? –pensó. No quería imaginar que, quizás, algún idiota le haya roto el corazón.*• - _ -•**• - _ -•**• - _ La noche llegó rápidamente. Gaara junto a Hinata estaban cenando en un lujoso restaurante al centro de la ciudad, ambos charlaban animadamente sobre intereses comunes, sonriéndose a cada momento.—Oh, así que también te gusta leer –dijo Hinata, muy sonriente, en estos momentos, no había rastros de la tímida chica que era frente a Naruto.—Sí, me encantan los libros de misterio –le respondió el pelirrojo mientras, se llevaba un pedazo de carne a la boca, ayudado del tenedor—. Aunque de vez en cuando leo novelas de romance –eso lo dijo sólo para encantar a Hinata y convencerla de que él era un hombre romántico y, aunque si había leído ese tipo de cosas, le parecían muy absurdas, no le interesaba el romance en lo más mínimo.—¿De romance? Vaya, no pensé que a un hombre como tú le interesaran ese tipo de cosas –dijo la ojiperla algo confundida y sorprendida, no podía ocultarlo en la expresión de su rostro.—Bueno, no me gustaban antes, pero Matsuri un día me prestó uno de los suyos, y pues, de ahí que me he puesto a leer libros de ese tipo –le explicó Gaara, para él era normal mencionar a Matsuri en la mayoría de sus conversaciones, aunque nunca se diera cuenta de ello.—Ya veo, fue Matsuri-chan quien te hizo leer ese tipo de libros, parece que ella tiene una gran influencia sobre ti.—¿Qué dices? –sonrió el pelirrojo, un poco extrañado por el comentario—. Bueno, Matsuri es mi mejor amiga desde los doce años, ella y yo tenemos muchas cosas en común... es lógico que a veces yo haga lo que ella me dice, nos tenemos mucha confianza.—¿Tú la quieres mucho? –le preguntó Hinata, sonriendo dulcemente. Gaara al principio no supo interpretar aquella pregunta, pero estaba seguro de que sí la quería mucho. Aunque notaba cierta intención un poco extraña en el tono usado por la ojiperla, finalmente, se decidió a contestar.—Claro que la quiero, yo quiero mucho a Matsuri –respondió, observando que la hermosa sonrisa en el rostro de Hinata se ensanchaba. —Ya veo qué sucede aquí... Gaara-san y Matsuri-chan están enamorados, pero parece que ninguno ha notado que se corresponden mutuamente –pensó Hinata, totalmente convencida de los sentimientos del pelirrojo hacia su amiga. Gaara, por su parte, se sintió un poco fuera de lugar y decidió tomar las manos de Hinata entre las suyas, para volver al punto, haciendo que ella se sonrojase un poco. Sabía que eso siempre envolvía a las mujeres y se sentía muy confiado.—¿Y qué hay de ti, Hinata? ¿Tú sientes algo por algún hombre? –la ojiperla se sonrojó aún más con esa pregunta, pero asintió con la cabeza, alejando sus manos de golpe para agarrarse el vestido con nerviosismo. —S-sí... yo... desde hace algún tiempo... estoy muy enamorada de Naruto-kun –respondió Hinata, totalmente sonrojada, mientras que Gaara sintió de pronto que la magia del momento, junto con su plan perfecto, se habían ido al carajo. Ella estaba enamorada de alguien como Naruto, Gaara sabía que no había ningún chance de hacerla cambiar de opinión en tan poco tiempo, él necesitaba actuar rápido, con una chica que no le diera problemas. —¿Naruto? ¿Ella ama a Naruto? –pensó el pelirrojo con frustración. En definitiva, no tenía tiempo para llegar a Hinata y hacer que quisiera casarse con él. Lamentaba decirlo, pero ella estaba totalmente descartada.*• - _ -•**• - _ -•**• - _ Matsuri estaba viendo un drama romántico en la televisión mientras comía papas fritas. Ella siempre había sido muy sensible y en este momento estaba llorando frente al televisor, ya que la escena era realmente triste. La protagonista de la película estaba viendo como el hombre que amaba se casaba con otra mujer, y eso la hizo recordar su situación.—¿Por qué las cosas tienen que ser así? –se preguntó mientras dejaba las papas a un lado y se secaba las lágrimas con un pañuelo. Dejó caer su cabeza sobre el apoya brazos del sillón y comenzó a pensar en lo bien que de seguro lo estaba pasando Gaara. Lo más indudable era que, después de haberle endulzado el oído a Hinata con bonitas palabras, se la llevaría a la cama y la haría suya una y otra vez, quizá al día siguiente ya tendrían hasta fecha para el matrimonio.Le dolía tanto pensar en eso, que inevitablemente volvía a llorar, pero esta vez no era por esa película. Su vida era un desastre, llevaba doce años enamorada del mismo hombre, la mitad de su vida, y él sólo la veía como su mejor amiga, nunca serían algo más. Lo peor de todo, era que ni siquiera había sido capaz de entregarse por entero a otro hombre, sentía que jamás podría hacerlo, porque sería como engañarse a sí misma.—Maldita sea... ¿Por qué te amo tanto? ¿Por qué tengo tanto miedo?La chica continuó llorando, sintiendo que cada lágrima que derramaba la hacía amarlo más y más, aunque quisiera olvidarlo. Y lo único en que podía pensar era en estar entre sus brazos, en ser amada por él, en que algún día la mirada del modo en que ella lo miraba siempre.La noche se pasó lentamente, hasta que el día llegó. Matsuri se había quedado dormía sobre el sillón y se despertó a las seis y media. Se dirigió al baño y notó su rostro cansado y sus párpados hinchados por haber llorado tanto.—Rayos, soy una tonta, me veo horrible –se regañó viéndose al espejo. Lentamente, se despojó de sus ropas y se metió a la ducha para poder relajarse.*• - _ -•**• - _ -•**• - _ Gaara estaba bajo la ducha, las gotas de agua mojaban por completo su cuerpo, dibujando finas líneas sobre su piel blanca. Al final, la cita con Hinata había resultado un desastre, no porque no se hubiesen llevado bien, sino porque después de confesarle sus sentimientos por el rubio, Hinata no había parado de hablar de él. Gaara se había dado cuenta de que con Hinata no iba a llegar a ninguna parte, ella estaba rendida por Naruto y no había nada que pudiera hacer en contra de eso, contando sólo con dos meses, sólo iba a perder el tiempo.Por otro lado, estaba esa estúpida clausula del matrimonio. Ahora tendría que concertar entrevistas para buscar una candidata ideal, aunque la otra opción era hablar con el abogado. Tal vez aún hubiera algo que pudiera hacer.—Mierda... no dejaré que me quiten mi dinero –dijo mientras golpeaba la pared con su puño derecho, aún recibiendo las gotas del agua sobre su cuerpo desnudo. Se sentía frustrado y furioso, odiaba que le obligaran a hacer cosas que no quería. *• - _ -•**• - _ -•**• - _ Matsuri bajó de un taxi en frente de la empresa. Ya eran las ocho de la mañana y de seguro Gaara ya había llegado a su oficina. Ella necesitaba saber cómo le había ido a Gaara con Hinata, aunque en el fondo deseaba que las cosas hubiesen salido mal, porque no podría soportar que el amor de su vida de casara con una de sus mejores amigas.—No –se regañó, suspirando—. Yo debería estar ayudando a Gaara y deseándole suerte, no pensando en que ojalá su cita con Hinata haya sido un fracaso.Llegó hasta su puesto de trabajo y se sentó en su escritorio. En ese momento, se le acercó la hermana mayor de Gaara, quien también era su amiga.—Hola, Temari –saludó la castaña con una sonrisa. Temari le devolvió el gesto, sentándose frente a ella.—¿Qué hay, Matsuri? –preguntó la rubia, notando que Matsuri se veía algo deprimida.—Aquí estoy, tratando de soportar que Gaara tenga que casarse. Supongo que siempre había pensado que él jamás se casaría con nadie, y que siempre lo tendría a mi lado, aunque sólo fuésemos amigos –respondió Matsuri, bajando la mirada—. Qué egoísta, ¿no?—No es egoísmo –trató de animarla la mayor de los Sabaku No—. Tú lo amas, y es normal que no quieras verlo casado con otra, pero pienso que deberías decidirte y decirle lo que sientes por él.—No puedo... soy una cobarde. Temo que él me rechace y que perdamos nuestra amistad.—A veces en la vida es necesario tomar riesgos, amiga –dijo Temari, poniéndose de pie, dejando a Matsuri muy pensativa con esa frase. ¿Acaso había llegado el momento en que se decidiría por fin a decirle a Gaara todo lo que sentía por él?*• - _ -•**• - _ -•**• - _ —Pero ¡¿cómo? –exclamó Gaara, golpeando el escritorio de su abogado, el cual no se inmutó para nada, conocía el carácter de su cliente a la perfección—. ¡Maldita sea, Baki, ayúdame! ¡No pueden obligar a alguien a casarse!—Lo siento, Gaara, pero el testamento de tu padre es completamente legal y si no respetas sus designios, simplemente te quedarás sin la herencia.—Pero no quiero casarme –reclamó el pelirrojo, ya sin saber si estaba triste o enojado.—Lo siento, si quieres tu herencia, la cláusula es inevitable, sin embargo, hay una solución que podrás tomar –habló Baki, captando la atención del chico.—¿Y cuál es?—Sólo necesitas estar seis meses casado, por lo que después de cumplido ese periodo, podrás divorciarte si así lo deseas, y de igual forma recibirás la herencia.—¿En serio? –inquirió Gaara, esbozando una sonrisa ladina, esta era su solución—. Sólo seis meses y seré libre, aunque ese tiempo casado sea un calvario, sé que podré lograrlo –pensó confiado—. Ahora sólo necesito encontrar una esposa y todo estará solucionado. *• - _ -•**• - _ -•**• - _ Matsuri estaba en el baño, mojando su rostro mientras se veía al espejo. Estaba algo preocupada porque Gaara aún no llegaba.—Tal vez esté con Hinata... haciéndole el amor –susurró, haciéndose daño con esas palabras. Después de eso, salió del baño para dirigirse a su puesto de trabajo y justo antes de sentarse, observó a Gaara llegar.—Hola, Matsuri –la saludó el pelirrojo, dedicándole una suave. Matsuri, al notar que se veía tan guapo como siempre, se sonrojó levemente y esbozó una pequeña sonrisa.—Hola, Gaara, buenos días –dijo la castaña, quien se sentía siempre muy feliz al verlo. Su corazón latía muy rápido, pero una enorme tristeza la embargó al pensar que, de seguro, él había pasado la noche con su amiga—. ¿Y cómo te fue con Hinata en la cena?—Ah, Matsuri –Gaara soltó un hondo suspiro—. Hinata es una chica muy linda y tenemos muchas cosas en común, pero está perdidamente enamorada de Naruto y no creo que pueda hacerla cambiar de opinión en sólo dos meses.—¿C-como? –cuestionó Matsuri, parpadeando varias veces por la sorpresa—. ¿Entonces no te casarás con ella?—No, tendré que buscar otra novia –dijo Gaara, algo fastidiado, pero Matsuri se sentía realmente feliz, tanto, que no pudo evitar sonreír abiertamente.—Pues que pena, Gaara, pero te deseo suerte, seguro encontrarás a alguien pronto –dijo poniendo una mano sobre el hombro del pelirrojo, quien la miró arqueando su inexistente ceja.—¿Y tú por qué te ves tan animada? ¿Te sucedió algo bueno?—Sí, algo muy bueno, pero no te lo contaré –Matsuri sonrió y se alejó hacia su escritorio, dejando a su amigo muy intrigado y a la vez desconcertado, pero, al menos, se sentía feliz al verla sonreír. Por alguna razón, la sonrisa de Matsuri siempre iluminaba su día y, aunque hoy no estuviera de buenas, ahora se sentía mucho más animado.Se dirigió a su oficina y se sentó en su escritorio. Había estado preocupado por haber visto a Matsuri triste, pero ahora eso no era así.—Matsuri, definitivamente tienes una sonrisa muy hermosa –susurró antes de tomar unos papeles para comenzar a trabajar. Hoy se relajaría y, a partir de mañana, comenzaría su búsqueda de una esposa. Sólo esperaba encontrar a una no tan escandalosa.Continuará...