Capítulo 19
Capítulo 19
Capítulo 19: Vuelve Los ojos de la castaña se abrieron como platos ante la afirmación que acababa de escuchar por parte de Gaara, justo después de que él se negara a darle el divorcio. Estaba tan sorprendida, que se tardó un buen rato en responder, ya que, ciertamente, no sabía qué decirle.—¿Q-qué has dicho? —cuestionó, notando la mirada de determinación de su –aun– esposo. No podía creer que Gaara ya lo sabía todo, cuando eso era lo que menos quería, no se suponía que él debía enterarse.—No te hagas la tonta, Matsuri —le dijo Gaara, enojado, ofendido por lo que pensaba hacerle Matsuri—. ¿Cómo pensaste que te ibas a ir llevándote a mi hijo? Nunca, óyelo bien —dijo—. Nunca permitiré que mi hijo crezca lejos de mí.Gaara sabía muy bien las razones que tuvo Matsuri para ocultarle su embarazo, sabía que ella estaba demasiado dolida por lo sucedido, pero esa no era razón para ser tan egoísta, con él, con su bebé y consigo misma. Él no lo iba a permitir. Mientras, el abogado que seguía presente, supo que esa era su señal para escabullirse.Por su parte, la chica sólo bajó la mirada, sin atreverse a decirle nada, ni para contradecirlo ni para estar de su parte, pues sabía muy bien que lo que estaba haciendo estaba mal, que huir y llevarse a su hijo era de lo peor, pero era tan débil y cobarde.—¡Dime algo, maldita sea! —exclamó Gaara, furioso, provocando la reacción de la chica.—¡Yo iba a decírtelo! —gritó Matsuri, saltando prácticamente de la silla, para mirarlo por fin a la cara. Tenía la voz quebrada por el llanto y los ojos llenos de lágrimas, lo que le rompía el corazón a Gaara también, como si estuviese recibiendo un balde de agua fría. No podía soportar que Matsuri sufriera por su culpa, ¿por qué era tan idiota? ¿Por qué siempre debía hacerla sufrir de esa manera? Si tan sólo pudiera arreglarlo todo—. Yo iba a decírtelo —continuó la castaña—. La noche en que todo pasó... yo estaba muy emocionada cuando me enteré de que iba a tener un bebé... pensé que sería una sorpresa para ti... pero tú... ella apareció y...—Matsuri... —Gaara no supo qué decirle, pues ciertamente todo era su culpa. Se sentía tan idiota por todo lo que estaba pasando, pero a la vez, una enorme felicidad lo embargaba, al saber que iba a tener un bebé con ella, que Matsuri le daría un hijo. Nunca se le pasó por la cabeza que algo como eso sucedería en una situación tan lamentable, pero aun así era maravilloso, y ahora más que nunca no pensaba renunciar a ella, ni tampoco a su bebé—. Matsuri —repitió su nombre, para luego mirarla directo a los ojos—. No voy a dejarte ir —aseguró—. Te recuperaré a ti y también a nuestro hijo, no me divorciaré de ti, definitivamente haré que vuelvas a mi lado —y sin más, se retiró de la habitación, dejando a Matsuri ahí, con todas sus dudas y sus miedos.Ella sólo cayó sentada, aun llorando, sin saber qué hacer.*• - _ -•**• - _ Gaara estaba realmente ofuscado, no sabía cómo sentirse ahora con esta noticia de que iba a ser padre, pues, por un lado, era una gran alegría el saber que tendría un hijo, y por el otro, le molestaba terriblemente el que su amada Matsuri estuviese sufriendo por su culpa y que le hubiese ocultado la verdad.—Demonios —masculló, dándole un golpe al manubrio de su auto, pues en ese momento se encontraba conduciendo. Se detuvo cerca de una fuente de sodas y se bajó para servirse algo, pues verdaderamente necesitaba relajarse un poco.—¿Gaara? —escuchó una voz femenina que le llamaba. Se volteó dudoso y se encontró con cierta persona a la cual no le agradaba mucho ver, debido a todas las cosas que habían pasado entre ellos, además de lo mal que quedaron la última vez que se vieron.—Yuki... —dijo algo sorprendido, observando cómo la chica se sentaba en su mesa de lo más sonriente y sin siquiera ser invitada—. Hey, hola —dijo él.—Hola, Gaara, ¿cómo has estado? —le saludó ella. La verdad, era que lucía radiante, nada comparado con la última vez que la vio, al parecer, algo muy bueno le había sucedido o le había ido muy bien.—No tan bien como me gustaría —respondió Gaara, bajando la mirada, por lo que Yuki enseguida se dio cuenta de que algo iba mal con él, lo que no le gustaba—. Pero a ti te veo muy bien —continuó él, tratando de cambiar de tema.—Pues sí, estoy genial —confesó la chica con una sonrisa—. Tenías toda la razón, estar enamorado es algo hermoso. Conocí a alguien hace un par de meses y estamos saliendo, soy muy feliz con él.—No lo creo, ¿tú enamorada? —el pelirrojo soltó una sonrisa incrédula, en verdad los milagros existían y ahora se daba cuenta de ello. Nunca hubiera imaginado a Yuki enamorada de alguien, pues ella solía ser incluso más fría que él en cuestión de sentimientos—. Pues, supongo que debo felicitarte, aunque me cueste creerlo.—Bueno, bueno, mejor dime cómo te va a ti con tu esposa, tengo curiosidad.—Las cosas estaban bien hasta hace poco —respondió Gaara, mirando al suelo con frustración—. Éramos realmente muy felices, pero... soy un idiota y ahora ella ya no quiere verme, me odia. No sé qué hacer.—¿En serio? —Yuki le miró con tristeza, se sentía mal por él, no le parecía justo que luego de que Gaara hubiese aceptado sus sentimientos, tuviese que sufrir así—. Pero Gaara, debe haber algo que puedas hacer, no puedes dejar que las cosas se terminen tan fácil.—Lo sé —dijo él, que a pesar de lo triste que estaba, se veía que tenía convicción—. ¿Sabes? Hoy me enteré de que Matsuri está embarazada —sonrió—. ¿Te das cuenta? Voy a tener un hijo, voy a ser papá.—Eso es genial, felicidades —le dijo sinceramente Yuki, con una enorme sonrisa en sus labios. Ella ya no era la misma de antes, por fin había entendido que había cosas en la vida que jamás podría tener y Gaara era una de ellas, pues él ya pertenecía por entero a otra mujer. Ahora se conformaba sólo con verlo feliz—. De verdad felicidades, y no te rindas, esa mujer te ama, por las pocas veces que pude verla, me di cuenta de ello.—Gracias, Yuki, no eres tan mala como creí —bromeó el pelirrojo.—Hey —se quejó ella, dándole un leve golpe en el brazo a Gaara, el cual sólo sonrió levemente, pensando en que ella tenía toda la razón, no tenía que darse por vencido aún. Tendría que insistir hasta que Matsuri le perdonara, porque quería estar ahí a su lado cuando el bebé naciera, quería acompañarla durante el embarazo, estar con ella hasta el fin de sus días.— No importa cómo, haré que me perdones, amor, lo juro —pensó, apretando sus puños.*• - _ -•**• - _ Matsuri se dejó caer sobre su cama, con una expresión de inquietud dibujada en su rostro, mientras acariciaba su vientre aún plano. Ya tenía ocho semanas de embarazo; por una parte, eso le hacía feliz, pero por otra, un enorme dolor la invadía al saber que no estaba junto a Gaara, que todo entre ellos había terminado porque él rompió su promesa de serle fiel, porque se involucró con otra mujer.—Gaara... —susurró. Sentía deseos de llorar, de arrancar de su pecho toda esa tristeza, pero entonces, recordó las palabras que él le había dicho hace un rato; que lograría su perdón y que ellos volverían a estar juntos. No había otra cosa en el mundo que deseara más que estar junto a Gaara, extrañaba demasiado sus besos, sus caricias, la forma en que hacían el amor. Lo amaba como una loca, pero tenía miedo. Estaba aterrada de volver a confiar en él y que éste le volviera a engañar.Se acomodó de costado, tratando de dejar de pensar en él. Pero no podía, cada vez que cerraba sus ojos, la imagen del pelirrojo aparecía. Imaginaba esos hermosos momentos de intimidad, en donde se desnudaban mutuamente, entregándose caricias dulces y besos apasionados, en medio de las sábanas de su habitación; cuando caían sobre la cama, haciéndose uno.—Te extraño, Gaara... —volvió a murmurar, derramando sin querer unas cuántas lágrimas, mientras se abrazaba a sí misma. No sabía qué hacer ahora que Gaara sabía lo de su embarazo, ahora que él ya no estaba dispuesto a darle el divorcio. Pensó que sería muy fácil simplemente marcharse, sin que él supiera jamás que esperaba un hijo suyo, pero obviamente, las cosas no eran tan simples, conocía muy bien a Gaara y estaba segura de que él no iba a rendirse ahora.Lo cierto era que se sentía extrañamente bien el hecho de que él peleara por estar junto a ella y al bebé.*• - _ -•**• - _ —¿Matsuri embarazada? —cuestionó incrédula Sari, mientras su cuñada Temari asentía con la cabeza, arropando a su bebé. Hinata –que estaba junto a ellas– no pudo evitar ahogar una exclamación de sorpresa.—Debe tener unos dos meses —dijo la rubia, alejándose de la cuna en donde el pequeño Haru dormía plácidamente—. Yo estaba con ella cuando se hizo las pruebas, pero me pidió que guardara silencio... —apretó los puños, parecía verdaderamente enojada—. No puedo creer que me haya engañado para irse lejos.—No te enfades con ella, está muy lastimada, creyó que huyendo se sentiría mejor —le dijo Sari, en un intento de tranquilizarla.—Es verdad, Temari-san —la secundó Hinata, también tratando de calmar a la rubia y de defender a Matsuri, a fin de cuentas, la entendía a la perfección, sabía lo mucho que su amiga amaba a Gaara y lo mal que debía sentirse después de su traición; ella seguramente habría reaccionado igual—. Sabes cómo es Matsuri-chan, ella no puede soportar cuando alguien que ama le hace daño.—Es verdad —Temari relajó su expresión, dejando salir un suspiro. Tenía que entender a Matsuri, no podía enojarse con ella, lo mejor que podía hacer ahora era tratar de que tanto ella como su hermano entraran en razón y volvieran a estar juntos, ellos dos se amaban, muy a pesar de los errores que hubiesen cometido. Las tres se habían quedado en silencio, hasta que el celular de Hinata comenzó a sonar, por lo que respondió sin dudarlo al ver que se trataba de Naruto.*• - _ -•**• - _ —¿Estás muy ocupada, amor? —preguntaba Naruto al teléfono, mientras que Sasuke le veía con cara de fastidio, ya que, desde que Naruto y Hinata habían regresado a estar juntos, se la pasaban en esas llamadas melosas que duraban una eternidad. El rubio, por su parte, estaba de lo más concentrado y feliz, hasta que se despidió, notando cómo su –nuevamente– amigo le miraba con tedio—. ¿Qué? —cuestionó, frunciendo ligeramente el ceño, mientras se metía el móvil al bolsillo del pantalón.—Nada, nada —le respondió el azabache, agitando su mano en alusión a su respuesta; a pesar de lo fastidiosos y aburridos que eran Naruto y Hinata dándose tanto amor todo el tiempo, le daba gusto por ellos dos—. Oye, gracias por la ayuda con mi traje de novio.—De nada —dijo Naruto, sonriendo ampliamente—. Y no sabes la despedida de soltero que te tengo preparada —agregó, acrecentando aún más la sonrisa. Golpeó levemente la espalda de Sasuke, con una mirada pícara, a lo que el Uchiha estuvo a punto de protestar, pero ambos divisaron entonces a su tercer amigo acercándose, el cual se veía muy extraño; parecía afligido, pero alegre.—Hola, chicos —saludó el pelirrojo, el cual no los había visto durante varios días por todas las cosas que cada uno había tenido que hacer, a fin de cuentas, todos tenían sus vidas ocupadas.—¿Cómo va, Gaara? —le saludó Naruto—. ¿Qué tal va todo? Escuché que hoy firmabas el acuerdo de divorcio con Matsuri-chan.—No me divorcié —le dijo Gaara como si nada, mientras tomaba uno de los pequeños asientos de la tienda, que parecían más como banquillos. Sus dos amigos se sorprendieron ante la respuesta, pero no dijeron nada, esperando a que él continuara hablando—. Justo cuando estaba por firmar, recibí una llamada de mi hermana. Matsuri está embarazada, ¿pueden creer que no me lo haya dicho? —relató, suspirando.Naruto quedó asombrado por la declaración, no podía ni imaginar a su amigo Gaara siendo papá, pero le daba gusto el darse cuenta de que él se veía genuinamente emocionado con la idea, a la par del nerviosismo y la contrariedad. Por su parte, Sasuke ni siquiera se inmutó, él ya estaba enterado.—Yo no puedo creer que acabaras de enterarte, lo sabía hace semanas, Sakura me lo dijo —relató, algo confuso—. Matsuri se hizo las pruebas en su hospital. Estaba seguro de que lo sabías, Gaara, siento no haberlo mencionado.—Ya no importa, al menos ya lo sé —le respondió Gaara, sabía que no era culpa de Sasuke, y lo que realmente le importaba era que ya tenía conocimiento de todo. Después de suspirar nuevamente, una pequeña sonrisa bobalicona se dibujó en sus labios—. ¿Se dan cuenta de esto? Voy a tener un hijo, un hijo con la mujer que amo.—¡Felicidades por eso! —exclamó el rubio, dándole un abrazo por el cuello a Gaara, el cual no trató de resistirse como siempre hacía cuando quienquiera le abrazaba. Estaba demasiado emocionado por el hecho de saber que pronto sería padre, que ese amor tan grande que sentía por Matsuri, daría vida a otro ser, a su bebé.—Y bueno, ¿de qué hablaban ustedes? —preguntó el futuro padre, quién aún no estaba seguro de cómo debía sentirse. Estaba curioso al ver la actitud de sus dos amigos, parecía que había llegado en medio de algo importante.—Le comentaba al teme sobre la despedida de soltero que le tengo preparada —respondió Naruto, mientras el azabache asentía con la cabeza, hasta que se dio cuenta de cómo fue llamado, haciendo que una venita saltara en su cabeza.—¿A quién llamas teme, dobe? ¿Tratas de empezar una pelea?Gaara sólo soltó un suspiro y les ignoró a ambos, mientras se miraban amenazadoramente; sus dos amigos en serio eran caso perdido. Mientras Sasuke y Naruto se peleaban como niños, el pelirrojo no dejaba de pensar en Matsuri y en su hijo, tenía que buscar una manera de que ella regresara a su lado, no quería que su pequeño llegara a una familia destruida, no podría perdonárselo. *• - _ -•**• - _ Después de darse un baño caliente y relajante, Matsuri se puso su pijama y se secó el cabello para no llegar a pescar un resfriado. Se sentó sobre su cama y cerró los ojos, aún seguía mal por todo lo ocurrido, no hubiera deseado de ninguna manera que Gaara se enterara de la verdad de ese modo, cuando supo que estaba embarazada, todo lo que anheló fue darle la noticia ella misma, ver su cara de felicidad, pero nada había salido como lo quería. No sabía ni siquiera cómo actuar ahora, ¿qué haría cuando lo viera? ¿Cómo iba a enfrentar a Gaara?Justo cuando estaba en medio de sus pensamientos, oyó unos golpes a su puerta, la cual se abrió sin que ella pudiera responder primero. Vio entrar a su madre, quien le sonreía dulcemente, como siempre. Su madre era una mujer sumamente comprensiva y sabia, siempre tenía la forma de hacerle sentir mejor y por eso Matsuri la adoraba, incluso ahora que ya era una adulta, su madre era su refugio. —Mamá —la castaña sonrió al verla entrar. Ayako se sentó junto a ella, haciendo que Matsuri se recostara en la cama y apoyara la cabeza sobre sus piernas, como hacía cuando su hija era una niña pequeña y risueña.—Has crecido tanto —dijo la mujer, acariciando la cabellera castaña de la chica con suavidad—. Hasta hace poco eras sólo una niña, mi niña, y ahora estás casada, esperando a tu primer hijo —sonrió nostálgicamente—. El tiempo pasa tan rápido. —Mamá, no sé qué hacer —susurró Matsuri, dejando escapar un par de pequeñas lágrimas de sus ojos negros y brillantes—. Amo tanto a Gaara, pero tengo miedo de estar con él, de que me vaya a mentir otra vez... soy tan tonta...—Matsuri, todas las parejas tienen problemas —le dijo su madre—. Pero el bebé que estás esperando no merece venir a un mundo en donde sólo va a sufrir, en donde verá a sus padres sufriendo cuando realmente se aman, porque sé que Gaara-kun te ama —Ayako no miraba a Matsuri mientras le hablaba, sólo observaba a algún punto inexistente, algo triste—. No te digo que debas perdonar a Gaara, pero por el bien de tu hijo y por tu propia felicidad, piensa bien lo que vas a hacer, piensa si vale la pena perder tu matrimonio y todo lo que has construido por una mujer sin escrúpulos y manipuladora. Matsuri se quedó en silencio, analizando aquellas palabras, sin poder llegar a una respuesta clara. Anhelaba correr a los brazos de Gaara, pero ¿por qué tuvo que engañarla?*• - _ -•**• - _ Un nuevo día había llegado, pero estaba muy claro para Matsuri, que hoy no tendría paz, ahora que Gaara sabía toda la verdad, no se quedaría tranquilo, lo conocía a la perfección como para saber lo terco que era. Después de levantarse, decidió darse una ducha caliente para desperezarse y cuando estaba debajo del agua, se dio cuenta de que su vientre ya no estaba tan plano como antes. Con sus dos meses ya cumplidos, su pancita comenzaba a crecer y no podía describir la felicidad que la embargaba, era como darse cuenta por primera vez que dentro de ella había una nueva vida, esperando el momento en que el mundo la recibiera con los brazos abiertos. Una enorme sonrisa se dibujó en sus labios, mientras acariciaba dulcemente su vientre.—Me pregunto qué serás —le habló a su bebé, ilusionándose cada vez más con la idea de ser mamá. Siempre que veía a Temari o a Sari con sus hijos, las envidiaba un poquito, pero ahora ella se sentiría igual, sólo que sin el papá de su hijo. Y de sólo pensar en la situación en la cual se encontraba, se sentía morir nuevamente, porque aún guardaba el deseo de verlo entrar por esa puerta y que la tomara entre sus brazos, que le hiciera el amor y le dijera que iban a ser felices, pero Gaara le había mentido, la había traicionado cuando le prometió que jamás lo haría, ella no podía simplemente perdonar algo como eso, se suponía que él había cambiado, que había jurado ser diferente, pero obviamente no había sido así, Gaara no era capaz de cambiar, no podía abandonar su naturaleza.Ella había sido una completa ilusa.*• - _ -•**• - _ Gaara se terminó de vestir y se miró al espejo. Hoy era la despedida de soltero de su amigo Sasuke y ni siquiera tenía ánimos para asistir a fiestas, no podía quitarse de la cabeza todo el lío con Matsuri, ni la idea de que iba a ser padre. De sólo pensar en todas las noches apasionadas que habían tenido, sentía su garganta seca. Su cuerpo demandaba a gritos el de su esposa y le pedía sentir su calor y el suave tacto de su piel. Maldición, la amaba tanto y la extrañaba todavía más, se sentía como un loco por tenerla de nuevo entre sus brazos, no se podía explicar cómo aun estando ebrio, había sido capaz de engañarla, más aún, con aquella desquiciada de Sayuri, si Gaara tan sólo deseaba a Matsuri y a nadie más. —Aquí hay algo raro... —murmuró con el ceño fruncido. No le gustaba cómo le quedaba el estúpido nudo de la corbata, era mucho mejor cuando Matsuri lo hacía. Cerró los ojos nuevamente, hasta para algo tan trivial, pensaba en ella.Después de ponerse el saco, tomó sus llaves y salió hacia la oficina, había renunciado a llevar corbata ese día. No podía quitarse de la mente la idea de que Sayuri le había mentido, de que había manipulado los hechos. Si realmente había sido así, jamás iba a perdonarla.*• - _ -•**• - _ Matsuri estaba con Hinata en el centro comercial, ambas habían sido invitadas a la despedida de soltera de Sakura y estaban en busca de un regalo adecuado para la futura novia. Al pasar por fuera de una tienda de ropa interior femenina, recordó su propia despedida de soltera y los regalos que recibió en ella, que le habían ayudado a pasar noches inolvidables junto a Gaara, noches que todavía tenía grabadas en su piel. Se miró al espejo avergonzada, nunca pensó que sus curvas se verían tan acentuadas con aquel baby doll negro con encajes transparentes. Ella sabía que no era una chica demasiado curvilínea, por lo mismo, estaba sorprendida. La tela era suave y ligera, ciñéndose a su cuerpo de manera provocativa y sensual, delineando, en especial, el valle entre sus senos, dando la ilusión de ser más grandes de lo que en realidad eran. Llevaba ya una semana siendo oficialmente la mujer de Gaara y él la hacía sentir más deseada que nunca, por lo mismo, había querido darle una sorpresa usando uno de los conjuntos que las chicas le regalaron en su despedida, pero ahora mismo se sentía avergonzada al llevarlo. —Ah, no esperaba que me vería así —murmuró con las mejillas rojas. Se cubrió los senos con ambos brazos y se dio la vuelta para ir a cambiarse, pero fue demasiado tarde, pues su esposo acababa de entrar a la habitación—. G-Gaara... —su cara casi explotó de la vergüenza; había sido descubierta. Él no la miró, se veía un poco cansado por el día que había tenido. Se dirigió al interior del cuarto, dejando su saco encima de una silla, para luego sacarse la corbata. —Buenas noches, Matsu... —Gaara no alcanzó a terminar su frase, cuando levantó la mirada y posó sus ojos sobre la figura de su esposa, la cual lucía increíblemente sexy con aquella ropa interior, provocando que casi de forma instantánea, él se excitara—. Matsuri... wow... —N-no me veas así, me siento apenada —dijo la castaña, con las mejillas encendidas, a lo que su marido sonrió ladino. Después de haberla visto desnuda tantas veces ya, ella todavía se ponía así de nerviosa ante su presencia, aquello era tan dulce. Joder, le encantaba esa mujer. —No tienes que ponerte así —dijo Gaara, acabando de quitarse la corbata, para ponerla justo encima de donde había dejado el saco. Sin siquiera agregar algo, fue por los botones de la camisa, uno a uno, hasta abrirla por completo y quitársela. Dejó su torso desnudo, divertido al observar la expresión de asombro de su amada, que parecía que le iba a preguntar algo, pero no alcanzó a decir nada cuando él la cogió por la cintura con ambas manos, besándola con pasión, devorando sus labios de forma hambrienta. —G-Gaara... —la chica tartamudeó cuando él la dejó respirar, pero casi enseguida, su esposo volvió a besarla, pegándola más a su cuerpo y haciéndole sentir su erección a través del pantalón. —No sabes cómo me excitas —le susurró Gaara al oído, al mismo tiempo que sus dedos intrépidos se paseaban sobre la intimidad femenina, que ya se encontraba húmeda. Él podía sentirlo incluso a través de la tela, le encantaba que Matsuri siempre estuviera lista para él—. Matsuri... —volvió a susurrar, besándole el cuello—. Hagamos el amor... —Sí —respondió la chica, avergonzada y excitada, sintiendo las caricias de su esposo, tanto entre sus piernas, como en sus senos. Sin esperar mucho, Gaara la empujó sobre la cama, en donde lentamente comenzó a despojarla del precioso encaje negro que cubría su cuerpo, para luego, cuando estuvieron ya ambos desnudos, introducirse en ella de una sola estocada—. Mhg... —Matsuri gimió al sentirlo, no había manera de que no amara tener a Gaara dentro de ella. Mientras el pelirrojo la embestía y la llenaba por completo, la castaña gemía una y otra vez, moviendo inquieta sus manos por la espalda de su amado, tocando su piel. Él no se quedaba atrás y también gemía de placer, gruñendo y jadeando, hasta sentirse sobrepasado por la presión que se concentraba en su miembro. Después de un par de embestidas más, llenó a la castaña con su esencia, sintiendo cómo ella lo apretaba en su interior con fuerza. Después de respirar agitados, ambos se abrazaron y se besaron para calmar su pulso, aunque no descansaron nada aquella noche. Matsuri suspiró con tristeza al caer en cuenta nuevamente de la realidad, de que ya no estaba con Gaara. No dejaba de dolerle el pecho, lo extrañaba demasiado, lo necesitaba más que nunca. —¿Te pasa algo, Matsuri-chan? —le preguntó Hinata, preocupada al notarla con esa expresión decaída. —N-no, no es nada, estoy bien, Hinata-chan —aseguró, fingiendo una sonrisa como si nada sucediera, pero no logró convencer a su amiga para nada.—No tienes que mentirme, sé que te sientes triste —le dijo la ojiperla—. Si quieres puedo acompañarte a casa, Matsuri-chan —su sonrisa dulce no se hizo esperar, aquella que, de algún modo, podía reconfortar a los demás.—La verdad es que... —de un momento a otro, Matsuri sintió como todo le daba vueltas, así que se sostuvo de Hinata y se llevó una mano a la cabeza. Tenía ganas de vomitar y sentía como todo a su alrededor se movía, así que la Hyuga le ayudó a sentarse—. Gracias, Hinata-chan.—¿Te encuentras bien?Matsuri asintió con la cabeza.—Son sólo náuseas, son normales durante los primeros meses del embarazo —dijo la castaña con una sonrisa, pero de pronto, varias lágrimas se asomaron por sus ojos y comenzaron a correr por sus mejillas, se había puesto a llorar de la nada y se llevó una mano a la boca para tratar de reprimir aquella emoción—. Hinata-chan, lo extraño... extraño demasiado a Gaara, quisiera que estuviera conmigo, no quiero llevar mi embarazo sola...—Matsuri-chan... —fue lo único que Hinata pudo decir, abrazando a su amiga en un intento por consolarla, aunque sea un poco. Sabía que no había nada más que ella pudiera hacer o decir para hacerla sentir mejor, sólo estar a su lado y servirle de apoyo.*• - _ -•**• - _ Gaara bajó de su auto y miró aquel edificio con rabia. Era el edificio en donde se encontraba el departamento de Sayuri. No había ido a la oficina, necesitaba ver a esa chica y aclarar las cosas con ella, tenía que saber lo que realmente había sucedido esa noche, porque gracias a esa maldita estupidez, Matsuri no quería ni verlo.Sin dudarlo, subió hasta el piso correspondiente y alzó la mano para tocar el timbre del departamento de la chica, pero se sorprendió al notar que estaba abierto, pensando que tal vez había sucedido algo, decidió entrar sin más. Cuando llegó al pasillo, pudo oír la voz de Sayuri que venía desde la sala, ella estaba hablando por teléfono y parecía muy despreocupada.—Así es, el idiota de Gaara se creyó todo el cuento de que estuvimos juntos, y la idiota de Matsuri también —reía con burla, sin notar la presencia del pelirrojo, pues se sentía a sus anchas. Por su parte, Gaara apretó fuertemente sus puños, tenía ganas de dejarse ver y de gritarle a esa mujer hasta de lo que se iba a morir, pero no se rebajaría a ello. Siempre estuvo seguro de que no pudo suceder nada entre ellos y ahora ya tenía la certeza. Había sido un estúpido que se dejó engañar, pero no dejaría las cosas así.Se marchó sin más. Lo cierto era que quería reclamar, vengarse, hacer lo que sea, pero lo más importante para él en ese momento era recuperar a Matsuri. —No pienso rendirme, Matsuri —susurró, sonriendo de forma disimulada. Era inocente, no había engañado a Matsuri, así que no había un motivo para que ambos estuvieran separados.*• - _ -•**• - _ La despedida de soltera de Sakura estaba siendo igual de divertida que la que había tenido Matsuri; sin embargo, la castaña no podía evitar sentirse fuera de lugar, la tristeza que sentía no la abandonaba y, aunque sabía que estar así le haría mal a su bebé, no podía evitarlo. Sumado a ello, se sentía muy mareada todavía, parecía que las náuseas habían elegido el peor día para presentarse.—¿Te sientes bien, Matsuri? —le preguntó Sari, acercándose preocupada a ella, pues la había notado pálida y eso no le gustaba, aunque ella conocía muy bien esos molestos síntomas.—Sólo estoy mareada —le contestó la castaña, mostrando esa sonrisa que siempre ocultaba lo mal que se sentía, que parecía que todos los problemas fuesen inexistentes. —Relájate y bebamos un refresco, ¿sí? —le animó la de ojos grises—. Venga, que, aunque estemos embarazadas, aún podemos disfrutar de la fiesta —dijo sonriendo con alegría, a lo que Matsuri sólo asintió con la cabeza, tratando de mostrarse más animada.*• - _ -•**• - _ La despedida de soltero de Sasuke estaba en su punto. Con guapas bailarinas en ropa sexy que tenían hipnotizados a todos los hombres presentes, excepto a dos de ellos, que se mantenían algo alejados; se trataba de Sasuke –el festejado– y Gaara. Ambos estaban junto a la barra, bebiendo un trago de vodka.—No te creí tan serio en esto —bromeó Gaara, chocando su vaso contra el de su amigo azabache—. Desde mañana serás un hombre casado.—No te burles de mí, puedo ser serio cuando quiero —habló Sasuke, bebiendo un sorbo de su trago, para luego mirar a Gaara con sensatez—. ¿Qué piensas hacer con Matsuri?—Eso es obvio, voy a recuperarla —aseguró el pelirrojo, con su mirada llena de determinación—. Es mi esposa y la amo, además, me he enterado de que no pasó nada con Sayuri —Gaara suspiró—. No sé si ella llegue a creerme o no, sé que, aunque no la haya engañado, aun así, existió la duda, pero no pienso rendirme, nunca lo haré.Sasuke no pudo evitar dejar salir una ligera carcajada al oír las palabras de su amigo, por lo que éste le miró dudoso, sin comprender dónde estaba el chiste.—Suenas como Naruto —el Uchiha volvió a beber, observando la sonrisa que adornaba los labios de Gaara—. Suerte, amigo.Gaara tan sólo asintió.*• - _ -•**• - _ El día de la boda finalmente había llegado y todos los invitados se encontraban ya en sus lugares dentro de la iglesia. Nadie podía creer todavía que el mujeriego de Sasuke Uchiha tendría una boda religiosa y al estilo occidental, incluso cuando ya estaban ahí, era difícil imaginar que ese hombre por fin había sido atrapado. Por otro lado, la novia estaba muy nerviosa de camino a la iglesia, junto a ella iba Ino, su madrina, quién trataba de calmarla.—Vamos, Sakura, vas a casarte, no a morir —dijo la rubia, echándole aire a su amiga con una revista. Sakura suspiró hondamente.—¿Es normal estar tan nerviosa? Siento como si me fuera a morir, en serio —la peli rosa temblaba de los nervios que la invadían por completo—. Nunca pensé que me casaría, es algo tan increíble... pero amo a Sasuke-kun, lo amo muchísimo. —Pues ve creyéndotelo, porque ya llegamos —le avisó Ino, al mismo tiempo que se detenían frente a la iglesia. Los ojos de Sakura se abrieron como platos, a la vez que sus latidos se aceleraban como bomba de tiempo.Dentro de la iglesia, la tensión era palpable, al igual que los nervios. El novio lucía muy tranquilo, pero por dentro estaba devastado, era normal, siendo este un suceso que cambiaría su vida para siempre; de ahora en adelante, jamás volvería a ser él solo, siempre serían él y Sakura. Finalmente, cuando escuchó cómo la marcha nupcial comenzaba a ser entonada, sus nervios se esfumaron, observó a su novia que se acercaba a él y una sonrisa llena de orgullo se dibujó en sus labios. Estaba más que seguro de que quería compartir toda su vida al lado de Haruno. Su boda se había organizado muy rápido, no era que tuvieran prisa, simplemente anhelaban estar juntos, por lo tanto, Sasuke no había siquiera consultado con su padre y su hermano, así que cuando les cayó la noticia, ni siquiera se la creyeron al principio.En ese instante, cuando sus ojos se fijaron en la mujer que caminaba hacia él, con un sencillo vestido blanco, un ramo de flores y un velo corto, supo más que nunca que jamás quería volver a estar solo. La amaba, no sabía cómo ni por qué, pero se había enamorado de ella, tanto así, que ya era parte de su vida.Desde los asientos de los invitados por parte del novio, Gaara miró fijamente a la mujer que aún era su esposa, sonriéndole, como si le dijera con ese gesto que estaba dispuesto a todo por recuperarla, por volver a estar a su lado. Y al sentir cómo esos ojos la estremecían, ella desvió la mirada hacia la otra dirección, sintiendo cómo su corazón latía con demasiada fuerza. Amaba a Gaara. A pesar de todo lo sucedido, sus sentimientos por él no habían disminuido ni un poco, lo único que habían hecho era aumentar, crecer tanto que casi la desbordaban. Todo lo que quería en ese momento era estar junto a él, abrazarlo, besarlo, que él le dijera que nunca se apartara. ¿Por qué tenía que ponerse a llorar en ese momento? Bueno, las bodas eran para llorar de la emoción, ¿no?— Te necesito, te extraño... te amo... —pensó la castaña, mientras veía cómo los novios decían sus votos.*• - _ -•**• - _ La fiesta tras la ceremonia había resultado todo un éxito; se celebraba en el enorme jardín de la mansión Uchiha. Por primera vez en muchísimo tiempo, Sasuke pudo ver a su padre emocionado y feliz, estaba feliz porque su hijo menor hubiese sentado cabeza, además, con una mujer que era doctora. Estaba orgulloso de que Sasuke por fin se comportara como un hombre y no como un niño.—Wow, no puedo creer que de verdad te hayas casado, hermanito —la enorme sonrisa de Itachi no se hizo esperar, aunque sus comentarios no le hacían nada de gracia al menor. El hombre desordenó el cabello de Sasuke, sin borrar la sonrisa de su rostro.—Idiota, no hagas eso —se quejó el azabache más joven—. Y no me llames hermanito —añadió, fulminando con la mirada a su hermano mayor.En ese momento, se les acercó su padre. —Sasuke —habló para llamar su atención, la cual obtuvo enseguida, en cuanto su hijo menor le miró. Ambos se observaron fijamente, durante varios segundos que parecieron eternos, hasta que el hombre sonrió—. Felicidades, has escogido bien.Sasuke estaba un poco sorprendido, no esperaba palabras así de parte del hombre que siempre era serio y estricto con él, podía decir que, hasta algo cruel, pero en ese momento entendió que su padre sólo era así porque esa era su forma de querer.—Gracias, padre —le respondió, sonriendo ligeramente. En otro lugar de la fiesta, se encontraba Naruto, el padrino de la boda, (después de mucha insistencia tanto de Sasuke como de Sakura, había aceptado, superando los incidentes pasados) quién estaba sorprendido por lo hermosa que se veía su adorada novia, Hinata Hyuga. Ella era sin duda elegante y distinguida, no cabía duda que se diferenciaba del resto de personas ahí presentes. Habían pasado muchísimas cosas en sólo un año, entre ellas, el haber conocido el amor junto a una chica que en un principio ni siquiera le llamaba la atención, todavía no podía creer que fue tan ciego como para no ver a Hinata, pero todo lo pasado ya no tenía importancia, sólo el futuro la tenía, por eso, Naruto planeaba un futuro junto a ella, sólo necesitaba su respuesta.—Hinata —se le acercó por la espalda, dándole un pequeño susto—. ¿Podemos hablar?—C-claro, Naruto-kun —respondió un poco avergonzada la chica. No podía dejar de observar lo guapo que se veía Naruto en traje, su amado rubio era tremendamente apuesto y no podía evitar sonrojarse cada vez que estaba cerca de él. El rubio le tomó la mano delicadamente, llevándola a otro sitio más apartado, donde sólo estuvieran ellos dos—. ¿Sucede algo, Naruto-kun? —ella le preguntó.—Hinata, lo he estado pensando mucho y... —hizo una pequeña pausa, desviando la mirada, pues estaba nervios y su rostro se había puesto rojo—. Ahora que incluso el teme de Sasuke se ha casado yo... lo cierto es que te amo, y ver como todos los demás forman sus familias y son felices, me hace quererlo también —Naruto clavó sus ojos azules en la chica, la cual sentía que se iba a desmayar, no podía creer lo que estaba escuchando. Notó como Naruto se metía la mano al bolsillo y, acto seguido, sacaba una pequeña cajita de terciopelo rojo, la cual abrió, revelando un hermoso anillo que provocó que algunas lágrimas escaparan de los ojos perlados de la Hyuga—. Hinata, ¿quieres casarte conmigo? Ella se cubrió la boca, sorprendida. No sabía ni qué decir, estaba tan feliz que pensaba que esto era un sueño.—Naruto-kun, y-yo...—¿No quieres? —Naruto frunció los labios, como si se tratara de un niño haciendo un puchero.—Por supuesto que sí... —Hinata le miró, sin poder parar las lágrimas, mientras asentía con la cabeza—. ¡Sí, sí quiero! —exclamó, abrazándose al chico, que no dudó en recibirla entre sus brazos—. Te amo, Naruto-kun, sí quiero ser tu esposa.El rubio la abrazó con fuerza, sin decir nada, sólo la besó y en medio de la unión de sus labios, aprovechó para ponerle el anillo en su dedo anular. Oficialmente, Hinata era su prometida.*• - _ -•**• - _ Matsuri estaba alejada de la fiesta, había comenzado a sentirse mal de nuevo, así que fue en busca de un vaso de agua y un poco de aire fresco. Cuando se detuvo, observó una pequeña fuente de piedra que estaba en el jardín delantero de la mansión, así que se sentó con cuidado. Suspiró con cierta pesadez, odiaba los malestares del embarazo, su cuerpo estaba cambiando en muchas maneras y no era nada cómodo.—Matsuri —al oír aquella voz, inmediatamente se puso de pie, dispuesta a irse, pero él la agarró de la muñeca para impedírselo—. No te vayas, necesito hablar contigo. —Sabes que no tenemos nada de qué hablar —le respondió, sin siquiera mirarlo, porque sabía que, si lo hacía, no podría contener sus deseos de llorar—. Por favor, suéltame, Gaara.—No —le contestó él, con voz firme—. Matsuri, vuelve conmigo —dijo sin ningún tipo de rodeo, sorprendiéndola—. Te amo, eres mi vida, te has convertido en mi razón de ser —le confesó el Sabaku No—. Tú y nuestro hijo lo son todo para mí, no soporto un día más sin estar a tu lado, Matsuri.—Si eso fuera cierto no me habrías engañado —la castaña tan sólo miraba al suelo, dándole la espalda a su esposo. Sentía dolor en el pecho, sufría mucho con toda esa situación, pero no tuvo tiempo de decir nada cuando sintió como él la abrazaba, aun cuando ella seguía de espaldas—. ¿Qué haces?—Yo no te engañé —le dijo Gaara—. Todo fue una mentira de Sayuri, no me acosté con ella —afirmó, bajando sus dos manos para poder acariciar el vientre de su esposa, que apenas comenzaba a notarse. Ella se cubrió el rostro con ambas manos, había comenzado a llorar y no quería que él la viera.—¿Cómo puedo creerte? ¿Tienes pruebas de lo que dices?Gaara negó con la cabeza.—No las tengo, pero por favor, confía en mí —dijo, abrazándola un poco más fuerte—. Soy tu esposo, Matsuri —su voz sonaba cálida y segura, reconfortante, más que nunca antes—. ¿No te das cuenta? Es mi palabra contra la de una desequilibrada que todo lo que desea es separarnos —él cerró sus ojos, disfrutando del aroma que tanto había extrañado—. Te lo juro, Suri, tú eres la única mujer con la cual he estado desde la noche en que fuiste mía por primera vez, nunca podría estar con nadie más que no seas tú, te amo, te amo tanto que me duele.—Gaara... —Matsuri susurró su nombre. No sabía si debía creerle, no sabía si podía confiar en él, aunque deseaba tanto que todo lo que él le decía fuese verdad. Pero no tuvo ni siquiera ocasión de pensar en eso, porque cuando menos lo esperaba, el pelirrojo la volteó y la besó en los labios. Sus ojos se abrieron un poco por la sorpresa, aunque no fue capaz de apartarlo. Gaara la rodeó por la cintura con una de sus manos, mientras con la otra le secaba las lágrimas, intensificando ese beso todo lo que pudo. Se alegró al sentir que ella le correspondía, así que no dudó en asaltarla con su lengua, buscando dejarla sin oxígeno, quedándose él también sin respiración.—Por favor, vuelve conmigo —le susurró contra los labios—. Te juro que si tú me perdonas te dedicaré todos los días de mi vida, siempre voy a hacerte saber lo mucho que te amo, Suri —volvió a limpiar las nuevas lágrimas que empañaron el rostro de su esposa, robándole un beso corto—. No sabes la falta que me haces.—Tengo miedo de confiar en ti —finalmente dijo la castaña, mirando al suelo—. ¿Qué hago si todo es una mentira de nuevo? Creo que podría morirme de dolor, Gaara. Te amo, siempre te he amado, pero duele tanto...Sintió como el pelirrojo tomaba una de sus manos, haciendo que la posara sobre su pecho. Pudo sentir a la perfección los latidos del hombre.—¿Sientes eso? ¿Cómo puedes decir que alguna de mis palabras es mentira? —Gaara utilizó su mano libre para tomarla por el mentón y obligarla a mirarlo—. Te ruego que confíes en mí, amor.—Yo... —antes de que hablara, él volvió a besarla con la misma intensidad que antes. ¿Cómo podía tener tanto poder sobre ella? Ya no podía, no quería seguir negándose a él, necesitaba a Gaara en todos los sentidos posibles.Cuando se separaron, ella lo abrazó con fuerza, escondiendo el rostro en el pecho del más alto.—Por favor, por favor, Gaara, jamás me mientas, nunca me hagas daño, porque yo no puedo vivir sin ti.Él se separó levemente, para poder verla, sus dos manos tomaron las mejillas de la castaña, que todavía lloraba.—Matsuri, ¿te casas conmigo? —le preguntó, a lo que ella soltó una pequeña risita, con las mejillas rojas.—Ya estamos casados, idiota —respondió antes de besarlo.—Lo sé, sólo pensé que debía pedírtelo bien, al menos una vez, ya que la anterior fue horrible —él también reía, rozando los labios de su mujer—. Te amo, nunca te vuelvas a alejar de mí.—Nunca —contestó Matsuri.Continuará... ......... No duró mucho el drama, porque tengo todos los capítulos contados xD Recuerdo que esta historia la escribí en papel, ya no hago eso, ahora escribo todo directamente en Word, pero antes hacía los fanfics a mano, vaya cosas xD Ahhh, sólo quedan dos capítulos para el final u_u