Epílogo
Epílogo
Habían pasado ya diez años desde el día en que Gaara le pidió a Matsuri que se casara con él, aquella noche, en el parque de diversiones. Los dos habían ido ahí nuevamente, solamente para recordar aquel momento mágico, ese que los había unido para siempre, aunque esta vez no estaban solos.—¡Minako, no dejes atrás a tu hermano! —exclamó la castaña, observando como sus dos hijos ingresaban al juego de las tacitas locas.Minako, su hija de ya ocho años, tomó de la mano a su hermanito, quién tenía poco más de seis, el pequeñito era una viva imagen de su abuelo fallecido, Matsuri lo había notado desde el instante en que éste vio la luz del mundo.—Sí, mami —respondió su hija, agarrando más fuerte al menor—. Vamos, Shinki, no te alejes de mí.Los dos niños se subieron al juego, ocupando un asiento cada uno. —No te preocupes, Minako cuidará muy bien de Shinki —dijo Gaara, quien la abrazó por la espalda, dándole un corto beso en la mejilla a su amada esposa—. Nuestros hijos son realmente listos y responsables.Ella sonrió, besando el mentón de su marido.—Ambos lo sacaron de ti —dijo la castaña, a lo que Gaara simplemente sonrió—. Oye, amor —lo llamó, volteándose hasta quedar frente a él, robándole un par de besos de sus labios—. ¿Te acuerdas a qué juego nos subimos esa vez?—Uhm... —Gaara se puso en pose pensativa, tratando de rememorar exactamente la noche en que ambos decidieron comprometerse—. La rueda de la fortuna, ¿no?—Sí —ella asintió, acariciando la mejilla de Gaara, en lo que sostenía su mirada fijamente—. Es un poco triste que la hayan reemplazado —añadió, frunciendo ligeramente sus labios, los cuales él aprovechó de besar. —Al menos el parque sigue aquí —dijo Gaara, robándole otro beso a Matsuri, le encantaba hacer eso, aunque sus hijos solían quejarse de que ambos eran muy melosos, ahora mismo, ninguno estaba cerca—. ¿Cuánto es que dura el juego al que se subieron? —preguntó, con una sonrisa ligeramente provocativa. Su esposa lo miró confusa.—Ya debe estar por terminar, ¿por? —él no le respondió, simplemente la volvió a besar, esta vez, de forma apasionada, robándose el aire de ambos, debía aprovechar, antes de que los niños comenzaran a quejarse nuevamente. En medio del beso, el celular de Gaara empezó a sonar, así que él frunció el ceño, no podía creer que lo estuvieran interrumpiendo justo en ese momento. Matsuri, por su parte, se separó y sonrió ligeramente.—Contesta, debe ser importante —le dijo, a lo que él sólo asintió con cierto fastidio. Sacó el celular de su bolsillo y se fijó en que se trataba de Temari, así que tomó la llamada.—¿Qué pasa? —habló.— ¡Gaara! —la rubia parecía muy ansiosa del otro lado de la línea—. ¿Cuánto piensan tardar? Te dije que hoy es la cena familiar, ¿acaso se te olvidó? El pelirrojo cambió su expresión por una de fastidio, claro que se le había olvidado, tenía tantas cosas en la cabeza, sobre todo, el hecho de que sus hijos insistieron por una semana en ir a ese parque de diversiones. —Estoy en el parque con Matsuri y los chicos, pero creo que ya se subieron a todos los juegos —dijo, observando que ambos regresaban de la mano hacia donde estaban los dos, su hijo menor, Shinki, parecía ser un niño tímido y un poco asustadizo, aunque siempre estaba sonriente gracias a su hermana, que lo cuidaba como a un tesoro—. Iremos en un rato, pero no me grites, me vas a dejar sordo.— Más te vale —se escuchó a Temari suspirar—. Oye, antes de que cuelgues, alguien quiere saludarte. —¿Quién?— H-hola, tío Gaara... —se oyó la voz de un niño, su tono era muy bajo, parecía avergonzado, así que Gaara sonrió, sabía bien que ese niño lo admiraba mucho, le había dicho incontables veces que quería ser como él, a pesar de que –en realidad– era bastante perezoso, como su padre.—Oh, hola, Shikadai —saludó al hijo menor de su hermana, Shikadai Nara. Mientras hablaba con él, miraba de reojo a su esposa y sus hijos, Matsuri limpiaba las manos de Shinki, las tenía negras, quizá qué cosa había agarrado, mientras que Minako solamente se reía por la torpeza de su hermano. Después de que el paseo acabara, los cuatro se dirigieron a casa de Temari y Shikamaru, en donde debía estar reunido el resto de la familia. *• - _ -•**• - _ En casa de Sabaku No Temari, los invitados le estaban ayudando a poner la mesa. Su hermano Kankuro estaba charlando animado con Shikamaru, esos dos se habían apartado para hacerse los locos, pero su cuñada Sari y su sobrina Miki la asistían. Miki estaba muy grande, ya era toda una jovencita de catorce años, había dejado de ser la niña inocente y adorable, aunque continuaba siendo dulce y delicada. Haru, el hijo mayor de Temari y Shikamaru, ya tenía diez años, era un poco mayor que su prima Minako, pero ya se portaba como todo un hombre de familia, había heredado la personalidad fuerte de su madre, no como Shikadai, que era un poco más tranquilo y algo tímido, era normal, apenas tenía seis años. —¡Mamá, Shikadai y Rasa no quieren hacerme caso! —se quejó Haru, cruzándose de brazos y haciendo un puchero, su hermano y su primo no dejaban de correr por toda la casa, sin prestarle la mayor atención a él. Temari suspiró, Haru y Shikadai no eran del todo unidos, al contrario, se la pasaban discutiendo y peleando por todo, a pesar de que se querían mucho. —Déjalos, Haru —respondió la mujer, en eso, escuchó el timbre comenzar a sonar, así que volvió a mirar a su hijo—. Debe ser tu tío Gaara, ábrele la puerta.El pequeño frunció los labios —Sí, mamá —contestó, corriendo hacia la entrada de la casa, en donde, efectivamente, su tío Gaara se encontraba, al igual que sus primos Minako y Shinki. —¡Hola, Haru-kun! —lo saludó Matsuri, dándole un fuerte abrazo—. Has crecido muchísimo, ¿no te lo han dicho? Estás muy alto y guapo.—Ah, tía Matsuri, no diga eso —se quejó el niño, ligeramente sonrojado, los halagos de su tía Matsuri siempre lo avergonzaban, ya que ella le parecía muy bonita. Gaara carraspeó la garganta.—H-hola, tío —lo saludó a él también su sobrino, un poco intimidado. Minako agarró de la mano a Shinki e ingresó con él hacia la casa, yendo en busca de sus primos, estaban ansiosos por jugar con ellos, así que Haru también se les unió y Miki se dedicó a cuidar de los menores, como la mayor y la más responsable, era su deber. Después de la cena familiar, todos se fueron levantando de la mesa, las cosas parecían haber mejorado en esos años entre los Sabaku No, ahora todos tenían hijos y eran más unidos que nunca. De vez en cuando se reunían también con sus amigos, Naruto y Hinata tenían dos hijos, Boruto, que era el mayor y Himawari, su hija pequeña. Sasuke y Sakura sólo tenían a Sarada, pero su amigo siempre decía que quería un niño, quizá algún día lo conseguiría. Respecto a Gaara y Matsuri, ambos estaban felices con sólo dos niños, todavía eran muy jóvenes, pero pensaban que su familia era perfecta así. Mientras Temari obligaba a Shikamaru a ayudarla a retirar las cosas sucias de la mesa, Kankuro se unió obligado por su esposa Sari también, pero Gaara ignoró todo eso y se dirigió al pequeño altar que su hermana tenía de sus padres, había una fotografía de los dos juntos, abrazados, parecía ser que era de antes de que se casaran. El pelirrojo sonrió débilmente, nunca sabía qué decirles a sus progenitores, ni siquiera cuando visitaba sus tumbas, era un poco incómodo y, quizá, algo tonto, ya que ellos igualmente no le iban a escuchar, o eso pensaba. —¿Amor? —Matsuri se le acercó, tomando su mano y abrazándolo por el costado, había notado la efímera expresión de nostalgia en el rostro de su marido—. ¿Está todo bien? —preguntó, preocupada de que Gaara se sintiera triste en ese momento, pero él simplemente correspondió a su abrazo, respirando el dulce aroma de su cabello. —Todo está muy bien, cielo —respondió, rodeándola por la cintura—. Sólo quería ver a mis padres.—¿Por qué no pones un altar en casa? Siempre te pasas por aquí cuando venimos a casa de Temari —vio a Gaara negar con la cabeza, así que torció un poco los labios—. ¿Por qué no?El pelirrojo soltó un suspiro.—No me gustan mucho estas cosas, sé que se le debe tener respeto a los muertos, pero se me hace un poco incómodo, no sé. —Ay, Gaara —la castaña no pudo evitar reír ligeramente, más bien, pensaba que su esposo intentaba no pensar demasiado en cosas que lo pusieran triste, porque siempre se lamentaba de que sus padres no conocieran a sus hijos—. Está bien, amor —alzó sus dos manos y atrapó el rostro de su apuesto hombre entre sus palmas, apretándolo un poquito—. Todavía eres un niño, Sabaku No Gaara. —Hey —se quejó él, frunciendo el ceño—. Mira quién lo dice, la que le tiene miedo a los fantasmas —apuntó, pues no hace mucho, su esposa lo despertó en medio de la noche, diciéndole que había escuchado ruidos extraños y que creía que era un visitante del más allá. Matsuri se sonrojó al escucharlo —E-eso no es verdad. Gaara se le acercó un poco, atrayéndola hacia su cuerpo. La zona de la casa en donde ellos se ubican estaba desolada, ya que era en medio del pasillo, así que nadie los vería demostrándose su amor. —Ahora estamos solos —murmuró Gaara contra los labios de su amada, la cual esbozó una sonrisa nuevamente—. ¿Deberíamos aprovechar el pequeño espacio de tiempo que tenemos antes de que Minako y Shinki lleguen?—Uhm, tal vez —dijo Matsuri, juntando su nariz con la de Gaara—. Aunque tus padres nos están viendo. Gaara la apretó un poco más contra su cuerpo, tanto, que ya no había distancia que los separara. —Dudo que les moleste —contestó, encogiéndose de hombros, antes de tomar con pasión y hambre los rosados labios de su mujer, estaba ansioso por ella, más de lo normal, ya que últimamente no habían tenido mucho tiempo para ambos. La castaña se guindó del cuello del hombre, rozando sus labios con la misma intensidad, mientras el pequeño calor se iba apoderando de su cuerpo poco a poco. Habían pasado diez años y todavía amaba a Gaara como el primer día, incluso más que antes, se preguntaba si acaso, en diez años más, todavía lo amaría más que eso. —Te amo, Matsuri —murmuró Gaara contra sus labios, apenas abriendo sus ojos para mirarla.—Y yo te amo a ti, Gaara. Su esposo volvió a besarla, procurando saborear cada rincón de su boca con la lengua, succionando todo su aire y llenándola de deseo por él. Habrían seguido así, de no ser porque escucharon los gritos de sus hijos llamándoles, al parecer, habían roto algo de su tía, esos diablillos. Se miraron el uno al otro y sonrieron, Gaara volvió a tomar la mano de su esposa y salieron al encuentro del resto de la familia, que estaba en la sala. Si de algo estaban seguros, era de que, esa noche, nada ni nadie impediría que fueran nuevamente uno. Porque eran un solo ser, siempre lo serían. FIN. .......... Bueno, ya se acabó esta historia ahora si TT Gracias por haberla leído, nos vemos en alguna otra, sfjk. Que viva el GaaMatsu, jojo.