Capítulo 5
Capítulo 5
Capítulo 5: La boda soñada Era el momento, ella lo sabía, tan sólo dentro de unos minutos se convertiría en la esposa de Gaara. Todos parecían estar felices con aquella unión, casi como si siempre hubieran estado esperándolo y, aunque Matsuri sabía de sobra que no era algo real, estaba extremadamente nerviosa, después de todo, uno no se casa todos los días con el hombre de su vida.—Ay, Dios... qué nerviosismo siento –se decía a sí misma, mientras se miraba al espejo. Tenía puesto su vestido blanco, el cabello lo tenía tomado en un rodete, dejando dos mechones sueltos sobre el flequillo y llevaba un suave maquillaje sobre los ojos. Se veía realmente hermosa.En ese momento, entró Temari para hablar con ella antes de la boda, para la que sólo quedaba media hora. La iban a realizar en el enorme jardín de la mansión Sabaku No, ya que Gaara había insistido en que la quería en ese lugar y ningún otro.—Matsuri, te ves preciosa –dijo su amiga con una pequeña sonrisa—. No estés nerviosa, ¿de acuerdo? Todo va a salir bien.—Sí, pero no lo puedo evitar... –dijo la novia—. Temari, este es mi sueño, tú más que nadie sabes cuánto amo a Gaara, que yo daría hasta mi vida por verlo feliz... para mi casarme con él es algo maravilloso... —Temari la abrazó para hacer que se calmara, porque era bastante obvio que eso iba a estar muy difícil, pues Matsuri ya parecía a punto de un ataque de nervios.—Sé que estás emocionada, te entiendo porque cuando yo me casé con Shikamaru me pasó lo mismo, pero debes tranquilizarte y sonreír.—Lo sé –dijo Matsuri, separándose de ella, apreciaba demasiado los consejos y ánimos de su amiga. En eso, golpearon la puerta y Hinata junto a Sari entraron a la habitación, la última trayendo a su hija en los brazos.—Matsuri, que bonita te ves –le dijo Sari con una sonrisa. Hinata también sonrió y asintió con la cabeza, mientras la pequeña Miki -que ya había sido soltada por su madre- se acercaba a su tía Matsuri.—Tía Masuli se ve muy bonita –dijo sonriendo. Matsuri le agradeció con otra sonrisa y miró a sus dos amigas.—Y bueno, ¿qué pasó para que vengan así? –preguntó algo dudosa. En eso, vio que Sari se le acercaba con unas cosas y muy sonriente.—Hinata y yo te traemos esto porque si vas a casarte, tienes que cumplir con las reglas –le dijo la castaña, mientras que se quitaba de la mano un hermoso brazalete con piedras preciosas incrustadas en él, por lo que se veía realmente caro. Tomó la mano de Matsuri y se lo puso—. Debes usar algo prestado para atraer la felicidad.—Sí, y también algo viejo –le dijo Hinata, quien le entregó una pequeña cajita. Matsuri la abrió y notó un par de pendientes pequeños y de oro, los cuales tenía guardados en la casa de sus padres y se los había dado su abuela como último regalo antes de morir—. Tu mamá me dijo que los trajera, así tendrás continuidad.—Algo nuevo para la esperanza –añadió Temari, sonriendo y señalando su vestido de novia, completamente nuevo.Matsuri las miró a todas y sintió deseos de llorar, pues no podía creer lo lindas que eran sus amigas, haciendo todo esto por ella.—Gracias, chicas... –susurró, tratando de contener las lágrimas, porque si lloraba arruinaría su maquillaje y no quería ser un esperpento frente a Gaara.—Hey, pero no llores, además, todavía falta algo –dijo Sari en tono de regaño. Hinata se golpeó la palma de la mano con la otra mano hecha un puño y Temari se puso en pose pensativa.—Es verdad, falta algo azul, así Gaara-kun te será fiel por toda la vida –comentó Hinata. Matsuri miró para todos lados viendo si había algo azul que pudiera usar, pero nada. Entonces, a Temari se le ocurrió una idea y buscó entre los cajones, ya que esa era su antigua habitación y había dejado varias cosas después de que se fue a vivir con su esposo.—Aquí está, esta liga es azul –dijo sonriendo la rubia—. Venga, Matsuri, ponte esto.Matsuri lo miró algo confusa y asintió, pero Sari rio un poco, recordando que una vez había leído algo sobre usar una liga azul. Mientras Matsuri se ponía aquella liga, Sari tomó a su hija en los brazos.—Oye, Matsu, una vez leí en internet que si la novia usaba una liga azul, era símbolo de virginidad, lástima que tú lo vas a desmentir.—¿Eh? –exclamó Matsuri, completamente sonrojada, pues eso sí que no se lo esperaba y, lo más raro en todo esto, era que en realidad no iba a desmentir nada, pues ella sí era virgen.Hinata también se sonrojó un poco, ya que al igual que Matsuri, ella tenía cero experiencia en temas amorosos, tal y como le dijo a Naruto; jamás había tenido novio.—Bueno, bueno, será mejor irnos a nuestros lugares chicas –interrumpió Temari, quien sonrió y guiño un ojo hacia la novia y ésta sólo bajó la mirada, avergonzada.*• - _ -•**• - _ -•**• - _ Bien, debía admitirlo, Gaara se encontraba nervioso. No podía parar de mirar el reloj de su muñeca, notando que los minutos avanzaban muy lentamente, mientras que él golpeaba su pie derecho constantemente contra el suelo.— Maldición, tengo que calmarme –pensaba, enfadado consigo mismo, pues no podía creer que el hecho de casarse con Matsuri lo pusiera así. Ella era una persona tan especial en su vida, la única con quien siempre podía contar a pesar de todo, la única que tenía mil y un soluciones a todos sus problemas, la persona a quien le tenía más confianza en el mundo, la única mujer que no veía como un objeto, esa era su mejor amiga.En ese momento, sintió que alguien tocaba su hombro y él lo miró.—Tranquilo, Gaara.—Kankuro... –dijo Gaara, frunciendo el ceño—. Yo estoy muy tranquilo, ¿acaso no se nota?—Para nada –respondió el castaño con una sonrisa burlona. Gaara se cruzó de brazos y se alejó, necesitaba hablar con ella, o si no, no estaría en paz.—¿A dónde fue Gaara? –preguntó Naruto, quien era el padrino de bodas y por tanto traía consigo los anillos.—Fue al baño –contestó el mayor, aunque sabía que eso no era cierto, seguramente su hermano había ido en busca de la novia. En un principio, Kankuro no lo había entendido, la actitud de Gaara hacia Matsuri siempre había sido extraña, pero ahora sabía muy bien a qué se debía.*• - _ -•**• - _ -•**• - _ Ya quedaban sólo diez minutos para que comenzara la ceremonia de boda, las chicas habían dejado a Matsuri a solas, la cual dio unos cuantos suspiros para tranquilizarse, echándose viento con las manos. Estaba en ello, cuando de pronto alguien tocó la puerta.—Matsuri, ¿estás ahí? Necesito hablar contigo.—¿Gaara? –la castaña se exaltó un poco al oír la voz de él—. Ay, no, no quiero que me vea con el vestido puesto –pensó nerviosa.—Sí, soy yo, ¿puedo pasar? –preguntó el pelirrojo desde el otro lado.—Es que aún no estoy lista, además, no debes ver a la novia antes de la boda –respondió, buscándose una buena excusa, no quería que él la viese antes de casarse, le daba demasiada vergüenza y pensaba que no sería capaz de seguir adelante.—Matsuri, esas son sólo tonterías –replicó Gaara, apoyando su espalda contra la puerta—. Pero da igual, sólo quería preguntarte una cosa.—Pregunta lo que quieras –la chica se acercó a la puerta, apoyándose contra ella, sabiendo que él se encontraba del otro lado, el que sería su esposo.—Sólo quiero saber que estás segura de esto, si te arrepientes sólo dímelo, no te pienso obligar a nada –Matsuri sonrió levemente con las palabras de Gaara. Su corazón latió muy rápido, le daba gusto que él se preocupara tanto por ella.—Nunca me arrepentiré de esto –fue su respuesta. Gaara se sorprendió y al mismo tiempo se sintió feliz, sentía una extraña calidez en su pecho. Si ella no hubiese sido su mejor amiga, tal vez, sería la única mujer a la cual habría podido amar, pero en estas condiciones no podía pensar en eso, porque, aunque eso llegara a pasar, sabía que Matsuri amaba a otra persona.—Gracias, Matsuri... –dijo el pelirrojo, esbozando una suave sonrisa—. Será mejor irnos, ya se viene la hora.—Adelántate –dijo Matsuri, quien sonrió levemente. Cómo lo amaba, lo amaba tanto que no le importaba ser su esposa sólo por conveniencia, aun sabiendo eso, se sentía feliz, sólo por estar con él, por ayudarlo.*• - _ -•**• - _ -•**• - _ Gaara regresó al jardín de la mansión, ocupando el sitio que le correspondía junto al altar, delante de todos los invitados. Ya sólo quedaban cinco minutos para que todo empezara, pero después de haber hablado con Matsuri, se sentía mucho mejor, más confiado, los nervios lo habían abandonado por completo.Matsuri llegó al patio algo nerviosa, en donde su padre la esperaba para llevarla al altar. La castaña sonrió tomándolo del brazo, sosteniendo el ramo de flores con su otra mano, entonces, la marcha nupcial comenzó a sonar. En ese momento, todos voltearon a ver a la novia, quedando sorprendidos por lo hermosa que se veía.El corazón se Gaara había comenzado a latir de forma apresurada. Al ver a Matsuri tan hermosa, de pronto sintió que toda la gente en ese lugar había desaparecido, sólo podía verla a ella, caminando lentamente hacia él, sobre esa roja alfombra, como si de verdad después de este día ella se fuese a volver completamente suya. No era capaz de desviar su mirada ni siquiera durante algún miserable segundo, estaba completamente perdido en aquella hermosa mujer.—Matsuri, estás preciosa –dijo al momento en que ella llegó a su lado. Ambos se tomaron de las manos, entrelazando sus dedos. Realmente, Gaara no quería admitirlo, pero Matsuri lo hacía sentir especial.La ceremonia dio inicio, no era demasiado larga, pues era una boda por el civil (ya que si lo hacían por la iglesia, sí que iba a ser complicado el divorcio después), pero a pesar de eso, todos habían insistido en querer una gran celebración porque el soltero más codiciado de la ciudad -eso según todas las revistas femeninas- por fin se casaba.Hicieron el intercambio de anillos con una sonrisa en sus rostros y, finamente llegó el momento en que debían firmar. Esa firma los unía como esposos y, aunque ellos pensaban que era sólo por seis meses, en realidad, no sabían que era para el resto de sus vidas.Gaara dejó caer el lápiz sobre la mesa al acabar de firmar, mientras que Kankuro y Temari no perdían oportunidad de tomar fotos.—Bueno, por el poder que me confiere la ley los declaro marido y mujer, ya pueden besarse –dijo el juez. Gaara y Matsuri se miraron con una sonrisa ante la expectación de todos los asistentes, entre los cuales, incluso, había uno que otro periodista de colado, para informar más tarde a los medios.—He estado esperando este momento –dijo el pelirrojo en tono bajo.—¿Eh? –Matsuri lo miró confundida, pero no pudo decir nada, pues Gaara la besó. Al principio fue un beso lento, pero fue tomando mayor intensidad al cabo de unos segundos. Ellos sabían que sólo debían fingir, pero tal y como disimulaban tan bien el estar enamorados, no podían disimular que ambos deseaban volver a unir sus labios.Este era apenas su segundo beso, pero Gaara lo había estado deseando desde hace mucho tiempo, pues, para él, nadie besaba como Matsuri, nadie le hacía sentir tal intensidad con tan sólo un roce de labios. Mientras que Matsuri simplemente lo besaba con su desbordante pasión y amor, expresando todo lo que sentía por él en aquel contacto, todo lo que lo adoraba.Se separaron para tomar aire, viéndose fijamente a los ojos, perdiéndose completamente en sus miradas, como si ya nada más importase, pero fueron distraídos por los eufóricos aplausos de todos sus amigos. Ya estaban casados, ahora eran esposos ante la ley y ante todos.—¡Felicidades! –Temari fue la primera en acercarse a ellos, separándolos, pues se abrazó emocionada a su nueva cuñada. Kankuro se acercó a abrazar a Gaara.—Bien hecho, hermano, has hecho lo correcto –dijo el castaño, de manera en que sólo Gaara pudiera oír.—Yo no sé qué tan correcto sea –fue la respuesta de Gaara. Nuevamente volvía a sentirse confundido con sólo pensar que ahora estaba casado con la amiga de toda su vida, esa que conoció cuando era una dulce niña que le gustaba jugar a las escondidas y comer helado de chocolate en el parque, y que hoy era una hermosa mujer a la cual no podía dejar de ver.Después de eso, todos comenzaron a acercarse a la pareja para felicitarlos. La única que parecía infeliz era Sayuri -la que sólo había sido invitada por cortesía con los empleados de la empresa-, ¿y cómo no estarlo? Estaba obsesionada con Gaara y sin importar que ahora él estuviese casado, no se rendiría, no iba a renunciar a él.— Haré que Gaara vuelva conmigo, ni siquiera pienses que esta estúpida y falsa boda me detendrá, estúpida Matsuri –pensó con una sonrisa malvada, para después irse del lugar, pues no quería estar en esa fiesta.—Felicidades, hija mía –dijo la madre de Matsuri, Ayako, abrazando a su hija con efusividad—. Que seas muy feliz, amor.—Sí, mamá –dijo la castaña con una sonrisa muy tierna, aunque se sentía mal de engañar incluso a sus padres con todo esto. Su padre la abrazó y después se dirigió a Gaara, dándole la mano.—Gaara, muchacho, espero que trates muy bien a mi hija y la hagas muy feliz, ya que ella es mi mayor tesoro –habló con un tono algo intimidante, pero Gaara no se inmutó, en lugar de eso, sólo sonrió y asintió con la cabeza.—Descuide, Ryu-san, Matsuri estará bien conmigo –miró de reojo a la castaña, la cual le dedicó una dulce sonrisa.— Por fin... por fin soy la esposa de Gaara... al fin ha llegado el día que tanto esperé, el que tanto soñé, soy tan feliz... –pensaba Matsuri, observando a todos los invitados y aquel lugar especialmente decorado para celebrar su unión.Y por fin la fiesta comenzó.Kankuro se encontraba bebiendo una copa junto a la mesa del cóctel. La organización de la fiesta había resultado todo un éxito, en esas cosas, su esposa era una experta y a él le daba gusto. Sentía que a pesar del tiempo, la amaba más y más.—Kankuro... –el castaño se volteó para encontrarse con la hermosa novia, quien lo miraba muy sonriente.—¿Qué sucede, Matsuri? –preguntó Kankuro, acercando la copa a sus labios. Matsuri se acercó a él y lo abrazó. Ella estaba muy feliz y agradecida.—Gracias, sé que sin tu ayuda esto no hubiera sido posible, gracias a ti ahora soy la esposa de Gaara –Matsuri se separó de él y este le sonrió.—Yo te lo dije, y recuerda lo que prometiste.—Lo sé –la castaña lo miró seriamente por un momento—. Kankuro, no pienso desperdiciar estos seis meses a su lado, conquistaré a Gaara, porque simplemente no me resignaré a perderlo después de haberlo tenido –dijo con decisión. Después de eso, sonrió y se alejó para disfrutar de su fiesta.Kankuro se sentía satisfecho, había hecho lo posible por cumplir el último deseo de su padre, que Gaara fuera feliz encontrando el amor de verdad, él estaba seguro de que la persona correcta para su hermano era Matsuri, porque ella lo amaba de verdad y no lo veía sólo de la manera superficial en la que lo hacían las demás; a parte de eso, Gaara también sentía algo por ella.Hinata se encontraba charlando muy animadamente con Temari, ambas comentando lo bien que había salido todo, felices por su amiga. En eso, se acercó Sari junto con Miki, la cual se veía muy emocionada observando la fiesta.—¿Qué hacen, chicas? –preguntó Sari. Temari observó a su pequeña sobrina, sintiendo una cierta tristeza al recordar que aún seguía peleada con Shikamaru por el tema de los hijos.—Aquí charlando, la fiesta te quedó preciosa –respondió Hinata, sonriendo dulcemente. Las tres se quedaron hablando un rato más, pero de pronto se les acercó Shikamaru.—Temari –la llamó. La rubia frunció el ceño y le hizo un desprecio. Shikamaru también frunció el ceño—. ¿Podrías dejar de comportarte como una niña?—¿Podrías dejarme charlar en paz con mis amigas? –refutó Temari, enfadada. A Hinata y a Sari les apareció una gotita en la frente, no podían creer que aún seguían peleados.—Temari –le habló Sari—. Creo que deberías hablar con tu esposo, no es bueno que sigan peleados.—Es verdad, Temari-san –apoyó la ojiperla. Temari las fulminó con la mirada, pero, finalmente, se rindió y suspiró, tomando a su esposo de la mano y jalándolo de mala gana para irse junto a él a un lugar en donde pudieran hablar tranquilamente.—Esa Temari es una terca, y Shikamaru no se queda atrás –comentó la castaña, viendo como Hinata asentía con la cabeza. En eso, Miki comenzó a jalar el vestido de su madre para llamar su atención—. ¿Qué sucede, Miki-chan?—Mami, Miki-chan quele i a baño –dijo la pequeña, frunciendo sus labios berrinchuda y tiernamente. Sari le sonrió y la levantó entre sus brazos.—Voy a llevarla, nos vemos, Hinata –Sari se alejó entre la gente para llevar a su pequeña a hacer sus necesidades.—Genial... –suspiró Hinata—. Me he quedado sola.La ojiperla caminó hacia la mesa de bocadillos y cuando se disponía a tomar uno, la mano de otra persona alcanzó el mismo. Hinata levantó su vista y se sonrojó al notar de quien se trataba.—N-Naruto-kun...—Hinata... –la nombró Naruto, esbozando su típica sonrisa. La observó de pies a cabeza, dándose cuenta de lo hermosa que se veía y recordando el momento en que ella le había dicho que jamás había tenido novio, lo que ciertamente le parecía extraño, pues Hinata era muy bella, ese día en especial, lucía como una princesa.—¿No estás con Sakura-san? –preguntó la chica para hacer un poco de conversación, pero notó de pronto que Naruto no dejaba de verla atentamente—. ¿Naruto-kun?—¿Eh? Ah, Sakura-chan fue al baño –respondió el rubio, llevándose una mano a la nuca nerviosamente. No entendía por qué se había quedado mirando a Hinata de esa manera, sólo entendía que no había podido dejar de hacerlo, que era demasiado tentador observar sus dulces y rojos labios y ese cuerpo tan hermoso que ella poseía—. Oye, Hinata... –le habló al notar que habían puesto música—. ¿No te gustaría bailar conmigo?—Claro, con gusto, Naruto-kun –respondió la Hyûga, mientras sus mejillas se teñían de rojo. No podía creer que él quería bailar con ella, aunque, después de todo, Naruto era muy amable, no tenía que ver con ella, era mejor que no se hiciera ilusiones.Los dos se pusieron a bailar mientras se sonreían y los novios también bailaban, al igual que muchos de los invitados.—La fiesta quedó muy linda, ¿no crees? –comentó Matsuri, mientras bailaba con su esposo, siendo llevada al ritmo de la música. Gaara asintió con la cabeza.—Sí, la verdad es que hay que felicitar a Sari, esa chica es una genio en estas cosas –Gaara tomó a Matsuri de la mano y la hizo dar una vuelta alrededor de él y después la hizo girar sobre sí misma, para luego atraerla hacia su cuerpo y tomarla por la cintura—. Todos se han creído el cuento que montamos –le susurró al oído.Matsuri se sintió un poco mal al oír eso, esas palabras tan frías la lastimaban "el cuento que montamos", simplemente le dolía que sólo significara eso para Gaara, pero tenía que disimular.—Claro –fue todo lo que dijo al separarse, para seguir con el baile, aunque detrás de su sonrisa se escondiera una gran tristeza.*• - _ -•**• - _ -•**• - _ Temari se encontraba cruzada de brazos. Ella y Shikamaru estaban en una de las habitaciones de la mansión, pero la rubia no se veía muy cooperativa, pues ni miraba a su marido.—Temari, ¿podrías hacerme caso? –preguntó el Nara, molesto, pero Temari sólo le hizo un desprecio, pues no quería nada con él, estaba demasiado molesta y dolida. Por su parte, Shikamaru ya estaba cansado del rechazo de su mujer, que desde hace un mes no le hacía ningún caso, en verdad le estaba doliendo y desesperando ese comportamiento tan infantil de la rubia.Temari lo miró de reojo, notando la expresión de tristeza que él había puesto. Se empezaba a sentir un poco culpable por eso, pero toda la culpa era de él.—Mi amor, estoy cansado de pelear contigo, yo te amo, Temari, me duele que nos esté sucediendo esto –dijo Shikamaru, mientras tomaba la mano de la rubia—. Escucha, esto es problemático, pero si en verdad tú quieres que tengamos un hijo... está bien.—¿D-de verdad, Shikamaru? –la chica lo miró con una sonrisa, esa era la mejor noticia que él podía darle, la hacía sentir realmente feliz, aunque no dejaba de sentirse como si lo estuviera obligando y esa no era su finalidad, ella quería que ambos lo desearan.—Si tú sientes que estamos listos, yo lo aceptaré, no quiero que pienses que no te amo sólo por negarme a tener un hijo, porque no es así –habló él, decidido, aunque sabía que sólo lo decía para tranquilizarla. Su esposa lo miró y se lanzó a sus brazos, si Shikamaru le estaba diciendo aquellas palabras, entonces significaba que por fin estaban en el mismo canal, que ambos estaban de acuerdo, que los dos querían lo mismo.—Shikamaru, gracias –le dijo muy contenta, pues su deseo más grande era ser madre—. Esto es lo que más deseo, quiero tener un hijo tuyo, del hombre que amo.—No quiero que nos volvamos a pelear –dijo Shikamaru, tomándola del mentón—. Te amo, Temari.—Y yo a ti, Shikamaru, y tampoco quiero volver a pelear contigo –al decir esto, Temari lo besó de forma muy apasionada. Había estado muy triste al estar peleada con él, pero esta noche, cuando llegaran a su casa, compensarían todo el tiempo perdido.*• - _ -•**• - _ -•**• - _ Sakura había ido al baño, pero al llegar, notó que estaba ocupado por Sari y su hija, así que decidió ir al baño de arriba, pues ya no aguantaba; sin embargo, quedó con la boca abierta al momento de abrir la puerta y entrar.Sasuke se encontraba ahí, con los pantalones abajo; dispuesto a hacer sus necesidades, pero por suerte aún tenía puesta la ropa interior. La peli rosa trataba de decir algo, pero nada salía de su boca y la media sonrisa seductora en el rostro de Sasuke no ayudaba demasiado.—Yo lo siento... adiós –se dio la vuelta para irse, pero Sasuke rápidamente la tomó de la muñeca, cerrando la puerta y acorralándola contra la misma—. ¿Qué haces, Sasuke?—¿Por qué huyes de mí? –preguntó el azabache acercándose a ella, mientras Sakura sentía muy de cerca su respiración, poniéndose muy nerviosa.—¿De qué hablas? –la peli rosa trató de alejarlo poniendo ambas manos sobre su pecho, pues los nervios de tener a Sasuke así eran demasiados, sin embargo, él no quería alejarse. Nunca le había pasado algo así con una mujer y sabía que estaba mal, ya que era la novia de su mejor amigo, pero el deseo de tenerla era demasiado fuerte, sus labios eran demasiado atrayentes y ese sonrojo en sus mejillas la hacía lucir adorable.—Sakura –pronunció su nombre—. ¿Te había dicho alguna vez que te me haces irresistible? –susurró acercándose a sus labios. Sakura quiso decir algo, pero no pudo; ya era demasiado tarde para replicar, Sasuke la estaba besando de forma apasionada y demandante.La peli rosa enredó sus dedos en el cabello azabache de Sasuke, sintiendo como la lengua de él entraba en su boca, mientras Sasuke la tomaba por la cintura y pegaba más su cuerpo al de ella, subiendo la temperatura del cuerpo de ambos, casi ahogándolos. En ese momento, Sakura sintió como una especie de bulto que se apretaba contra su vientre, por lo que recordó que él seguía con los pantalones abajo, aunque no pudo evitar sentir curiosidad por saber que tal sería Sasuke para " esas " cosas.El Uchiha se separó de ella, agitado—. Besas bien –susurró arrogante.—Sasuke... –la doctora Haruno dibujó una sonrisa en sus labios, mientras lo miraba fijamente a los ojos, de forma bastante seductora—. Súbete los pantalones –después de decir eso, se alejó y salió del baño, mientras Sasuke se reía divertido por lo que acababa de pasar.—Definitivamente serás mía, Sakura –murmuró, mientras se subía los pantalones. Sakura podía ser la novia de Naruto, pero no le hubiera correspondido si no sintiera algo por él.Por su lado, Sakura había corrido hasta afuera. Se estaba sintiendo muy culpable por lo que había hecho, pero no lo pudo evitar, besar a Sasuke había sido grandioso, ni siquiera la culpa podía competir con el sentimiento de felicidad y gozo que estaba experimentando. *• - _ -•**• - _ -•**• - _ Naruto y Hinata estaban bailando abrazados, pues la música había cambiado a lenta y todos los invitados hacían lo mismo. La ojiperla sentía como si sus piernas fuesen de gelatina al tener al rubio tan cerca de ella y Naruto sentía latir su corazón con rapidez, aunque no se explicaba por qué.—Hey, Hinata... ¿Es verdad lo que me dijiste la otra vez? –preguntó el rubio, ligeramente avergonzado. Por más que lo intentaba, no podía dejar de pensar en eso; Hinata le parecía una persona tan frágil y dulce, alguien que podría romperse con sólo ser tocada, pero, a la vez, era muy fuerte y valiente por no seguir los designios de su familia, eso la hacían ver tan linda, tan hermosa, que esa sensación de querer saber más de ella lo estaba abrumando terriblemente.—¿Qué cosa, Naruto-kun? –cuestionó Hinata, confundida, sin saber de qué le hablaba el rubio.—Sobre... eso que nunca has tenido novio, ¿cómo puede ser que una chica tan linda nunca haya salido con nadie? –al oírlo, Hinata se sonrojó y se sorprendió enormemente, no podía creer que Naruto la había llamado linda. Y él igualmente se sintió un idiota por ser siempre tan imprudente y nada disimulado.—E-eso... bueno, es cierto –dijo la peli azul, bajando la mirada—. Lo que pasa es que soy una persona muy poco sociable y lo de tener novio... para mí es algo importante.—¿Qué quieres decir? –cuestionó él, confuso. —Que sólo podría ser novia de la persona que amo, y como no he encontrado a esa persona... pues, por eso sigo sin tener novio –fue la respuesta de Hinata, dejando a Naruto sorprendido. Él nunca había conocido a una mujer que pensara de esa manera, que tuviera tan claras sus ideas y supiera exactamente cuando era el momento de entregarse a la persona correcta. Algo de ella le hizo ganar la admiración del rubio.—Ya veo... –dijo Naruto sonriendo levemente, para después seguir bailando con ella.Temari y Shikamaru estaban bailando mientras se sonreían. Estaban muy felices por haberse reconciliado, sobre todo Temari, ya que al fin Shikamaru había aceptado que tuvieran un hijo y ahora estaba decidida a hacer prosperar su familia, pues pensaba que él también así lo quería.—¿No crees que ya viene siendo hora de irnos a casa? –preguntó Shikamaru, delineando una pequeña sonrisa, mientras tomaba a Temari por la cintura.—Shikamaru, ¿cómo nos vamos a ir? Es la boda de mi hermano y mi mejor amiga –replicó la rubia dándole, un beso corto a su esposo, el cual frunció el ceño.—Pero no tiene nada de malo, vamos, me muero por estar contigo, Temari –pedía el Nara casi haciendo un puchero. Temari sonrió levemente, era cierto que desde hace un mes no le hacía caso, así que merecía un premio por aguantar tanto, incluso era algo anormal que él insistiera en ese tipo de cosas.—De acuerdo, mi amor –contestó al fin, su esposo era como un niño cuando quería—, vamos a despedirnos de los novios y nos vamos a la casa –él solamente asintió, sonriente.—Así te quería oír.Gaara tomó por la cintura a Matsuri, mientras con la otra mano entrelazaba sus dedos con ella. Era la hora de vals de los novios, por lo que todos dejaron de bailar para verlos a ellos, dejándoles el centro de la pista. De pronto, volvieron a convertirse en el foco de atención de todos los invitados y los periodistas que ahí estaban.—Esto es un poco incómodo, todos nos miran –murmuró Matsuri con una sonrisa un tanto forzada, pues, aunque sabía que sería así, le ponían tensa todas esas miradas sobre su persona.—Lo sé, pero se supone que deben mirarnos –dijo Gaara, acercándose a su oído, no tenía nada de malo que intentara una pequeña travesura, al final, este era el día de su boda y sus labios le estaban pidiendo a gritos volver a sentir los de ella—. Creo que quieren que nos besemos –susurró.Matsuri se sorprendió un poco y se sonrojó levemente, bajando la mirada para que Gaara no la notara, pero realmente se moría de ganas por besarlo de nuevo, besarlo era como tocar el cielo.—¿Tú crees? –preguntó en voz baja y aún sin mirarlo. El pelirrojo asintió con la cabeza, aunque sabía que sólo lo había hecho porque quería volver a sentirla, era un maldito aprovechado, pero al diablo con todo eso, esta excusa era perfecta.—No sé, pero los invitados de una boda siempre quieren ver a los novios besarse –respondió casi susurrándole al oído de forma provocativa, sin imaginar lo que sus acciones provocaban en ella.—P-pues, entonces bésame, Gaara –dijo Matsuri sintiendo como se aceleraba su corazón, pues jamás pensó que le pediría a Gaara que la besara alguna vez. Por su lado, Gaara se sintió extraño con esa petición, aunque era justo lo que quería que ella le dijera, nunca una mujer le había pedido que la besara, él simplemente lo hacía sin pedir permiso, pero que se lo pidiera su mejor amiga era diferente. Ella siempre había sido su apoyo incondicional, la única persona que lo entendía de verdad, la que se prometió que jamás iba a tocar, porque no quería romperle el corazón y arruinar su amistad, porque ni siquiera a él mismo se perdonaría herir a Matsuri. Y, además de todo eso, estaba el hecho de que ahora Matsuri era su esposa.—¿Estás segura? –cuestionó esbozando una leve sonrisa, aunque no se sentía muy orgulloso de sus tácticas. Acarició la mejilla de ella mientras ésta asentía con la cabeza.—Claro, estamos casados –el pelirrojo volvió a sonreír ante estas palabras y acercó sus labios a los de ella. En ese momento, dejaron de bailar y se quedaron quietos en medio de la pista, sólo moviendo sus labios contra los del otro. Ninguno podía creerlo, pero mientras se besaban, era como si algo mágico pasara, como si de pronto todo lo demás careciera de importancia y sólo ellos dos conformaran el mundo entero, sólo ellos y nadie más. Gaara se separó unos segundos para recuperar el aire, pero tras eso volvió a besarla de forma aún más intensa y apasionada, logrando hacer temblar el cuerpo de la castaña.Se separaron justo cuando acabó la música y todos comenzaron a aplaudir emocionados, al tiempo que ellos se miraban con una sonrisa. Después de eso, Temari y Shikamaru se despidieron y Matsuri se sintió feliz al ver que se habían reconciliado.—Oye, Matsuri –Sari se acercó a la novia con una gran sonrisa—. Ya viene siendo hora de que tires el ramo, y tú Gaara, la liga –dijo como si estuviese ordenándoles, pues tenía toda la fiesta planeada, cada detalle; en eso era muy meticulosa.—Ay, Sari, eso de la liga ya no se usa –se quejó Matsuri, recordando aquella liga azul y lo que significaba, pero Sari no le hizo caso.—No seas aburrida, Matsuri, venga ya –la chica la tomó de la muñeca y la jaló hasta hacerla subir a la pequeña tarima en donde tocaba la banda. Sari tomó el micrófono—. ¡Atención, chicas, acérquense que la novia va a arrojar el ramo!Todas las interesadas se acercaron y acomodaron en ese lugar, eran un montón, por lo que a todos se les hizo evidente que temían ser unas solteronas sin remedio. Matsuri sólo suspiró y tomó su ramo. Se paró dando la espalda a las chicas y se preparó para lanzarlo. Las invitadas comenzaron a contar.—¡Uno, dos, tres!Al número tres, Matsuri lanzó el ramo y todas las mujeres se lanzaron para tratar de agarrarlo, sin embargo, éste sólo rebotó en sus manos, llegando a las de una distraída Hinata.Todas estaban muy decepcionadas.—¡Aplaudan a la próxima en casarse! –exclamó Sari por medio del micrófono, haciendo que Hinata se sonrojara completamente. Naruto la miró con una sonrisa y Matsuri le guiñó un ojo, notando lo apenada que se había puesto su amiga—. ¡Venga, ahora que el novio arroje la liga!Algunas chicas comenzaron a gritar como fangirls al ver subir al novio, ya que todas ellas eran trabajadoras de la empresa que soñaban con que Gaara les hiciera caso, pero ahora sólo lo podían ver de lejos, ya que pertenecía a otra.Uno de los músicos trajo una silla y la puso en el centro de la tarima. Matsuri se subió un poco la falda del vestido y puso su pierna sobre la silla. Gaara se acercó con una sonrisa y bajando la liga con sus dientes ante los gritos y exclamaciones de las chicas, haciendo, de paso, que Matsuri se sonrojara completamente. Después de eso, arrojó la liga con su mano, pero no se molestó en ver quien la atrapó.— Cielos, qué hermosas piernas tiene Matsuri –pensó el pelirrojo, observando a su esposa de una forma un tanto lasciva, simplemente no podía evitarlo—. Y esos besos que da son fantásticos... –frunció el ceño ante sus propios pensamientos—. Demonios, ¿por qué tiene que pasarme esto? Ella es mi mejor amiga, no puedo hacerle eso, lo prometí. —Gaara... –le habló Matsuri, sacándolo de sus pensamientos—. Creo que ya es hora de que nos vayamos, ¿no crees?—Sí, es cierto –respondió él, asintiendo con la cabeza, así que fueron a despedirse de los invitados.Sasuke miró a Sakura, la que estaba charlando con Naruto y despidiéndose de los novios, le sonrió levemente y la peli rosa desvió la mirada. Ella se sentía mal, no podía seguir así, no debía ver más a Sasuke Uchiha, porque si lo hacía no se iba a poder controlar.En ese momento, el azabache se fijó en Hinata, la cual sólo miraba con tristeza como Naruto y Sakura se tomaban de las manos. Se acercó a ella y la sorprendió, hablándole por la espalda.—¿Te gusta Naruto?—¡Eh! –Hinata dio un salto asustada, dándose la vuelta para encontrarse de frente con Sasuke, que la miraba con una media sonrisa—. P-pero qué dice, Sasuke-san, N-Naruto-kun no me gusta... –aseguró, bajando la mirada y sintiendo que sus mejillas se teñían de rojo.—¿No? ¿Y por qué te has sonrojado? –habló él—. Además, siempre lo ves con tristeza, desde esa vez en el hospital –Sasuke insistió con el tema, pero Hinata no le quiso responder. El azabache suspiró—. No te preguntaré más, pero si de verdad te gusta, deberías luchar y no rendirte, al menos eso haré yo –dijo mirando a Sakura de reojo, para después retirarse.Hinata le miró algo sorprendida, pues no se esperaba que a Sasuke le gustara la novia de Naruto, aunque después volvió a bajar la mirada, tal vez sólo había sido una impresión suya y no era así en verdad.—No, claro que no –trató de convencerse.Matsuri y Gaara se acercaron a los padres de la castaña para despedirse de ellos, ya que ahora irían a pasar su "noche de bodas" a un hotel, para irse por la mañana a su luna de miel.—Bueno, nos veremos en dos semanas –dijo Matsuri, abrazando a sus dos padres al mismo tiempo.—Que la pases bien en tu luna de miel, hija –dijo Ayako al deshacer el abrazo, para luego sonreír pícaramente—. Y espero que muy pronto me den la noticia de que tendré nietos.—¿Nietos? –Matsuri se sonrojó levemente de sólo pensar en la forma en que les daría nietos a sus padres, aunque estaba segura de que eso no iba a suceder.—Nos vemos después, suegros –habló Gaara, tomando la mano de Matsuri.Al final, los dos se terminaron de despedir y se fueron en limusina al hotel, sin embargo, cada uno tenía en qué pensar. Matsuri pensaba avergonzada sobre cómo sería tener un hijo de Gaara, cómo sería que ellos fuesen una familia feliz y un matrimonio igual que los otros, mientras que Gaara pensaba en cómo se iba a controlar esta noche para evitar el deseo de hacer suya a Matsuri.Esta no iba a ser una noche de bodas normal.*• - _ -•**• - _ -•**• - _ Temari y Shikamaru estaban besándose en su cuarto, en su casa, junto a su cama. Ya se habían olvidado por completo de su pelea y ahora sólo querían estar juntos y felices, sobre todo la rubia.—Shikamaru... –habló Temari, separándose un poco de él—. Eres un idiota, ¿ves que estuvimos peleados por nada? –Shikamaru frunció el ceño al oírla.—No tienes que llamarme idiota, problemática –dijo antes de besarla. Con sus manos comenzó a desatar la cinta del vestido de su esposa. Temari sonrió mientras desabrochaba la camisa del pelinegro, quitándosela por arriba de la cabeza.—El único problemático eres tú, vago –dijo sonriendo, mientras Shikamaru acababa de soltar su vestido, haciendo que éste cayera al suelo. Él la miró con una sonrisa llena de lujuria; le encantaba el cuerpo de su esposa, para él no había una mujer tan hermosa en el mundo como Temari, incluso con ese carácter que se gastaba, así y todo la amaba como un loco. —Podré ser un vago, pero así te gusto –dijo el pelinegro, para después recostarla sobre la cama y acomodarse sobre ella, comenzando a besar su cuello.—Shikamaru, te amo –susurró la rubia antes de besar a su esposo en los labios. Esta noche iban a olvidarse de todo lo malo.Era lo que ambos deseaban. *• - _ -•**• - _ -•**• - _ —Bueno, llegamos –comentó Gaara. Él y su "esposa" estaban justo afuera de la habitación que compartirían esta noche.—Sí, abre ¿No? –dijo Matsuri. Ella todavía no podía creer que estaba casada con Gaara, se le hacía algo demasiado irreal, así que no lograba controlar del todo sus nervios. Gaara asintió con la cabeza y pasó la tarjeta llave por la ranura, abriendo la puerta, pero una vez que ésta estuvo abierta, levantó a Matsuri entre sus brazos, al estilo princesa.—Vamos a entrar.—¿Qué haces, Gaara? –cuestionó la castaña entre pequeñas carcajadas.—Somos recién casados, entraremos como tales –respondió el novio, riendo divertido por la situación. Entró al cuarto cargando a la chica, la cual también se reía debido a la acción de él. Gaara cerró la puerta empujándola con su pie y se dirigió a la cama.Cuando trató de soltar a Matsuri, tropezó con la alfombra, lo que provocó que él cayera sobre ella, justo sobre la cama.Sus sonrisas cesaron y se quedaron mirando fijamente el uno al otro. El corazón de Matsuri latía increíblemente rápido al tener a Gaara encima de ella, y Gaara estaba sintiendo unos enormes deseos de besarla ahora. No entendía qué le pasaba, pero desde hace un mes -desde ese beso- no había podido quitar de su cabeza la idea de poseer a Matsuri, de hacerla suya, era una atracción cada vez más fuerte, que hacía flaquear su voluntad sin poder evitarlo.Sus ojos inevitablemente se posaron sobre los labios de la castaña, que le parecían tan atrayentes, tan exquisitos, sólo quería volver a sentir sus besos.Comenzó a acercarse a ella, acariciando su mejilla. Matsuri cerró sus ojos sin cuestionarse nada, pues lo que más deseaba era pertenecer a él. Podían sentir de cerca el aliento del otro, mezclándose con el suyo propio al estar a sólo centímetros de un beso, de un beso que no sería fingido por ninguno de los dos, porque nadie estaba ahí para verlos, porque era lo que deseaban. Pero, justo cuando eso iba a suceder, los interrumpió el sonido del teléfono de la habitación.—Lo siento, Matsuri... –dijo Gaara, levantándose rápidamente, quedando sentado a su lado. Matsuri se sentó también. Ambos se miraron y comenzaron a reírse a carcajadas, en parte, para disimular aquella vergonzosa situación, haciendo como si nada hubiese pasado.Gaara se levantó dejando a Matsuri aún sentada y contestó el teléfono.—¿Bueno? –habló—. Es servicio a la habitación –comentó, dirigiéndose a Matsuri—. ¿Quieres pedir algo?—No, ¿tú sí? –la chica bajó la mirada, pues aún no olvidaba que estuvieron a punto de besarse hace unos segundos nada más.—Sí –le respondió él, volviendo al teléfono—. ¿Bueno? ¿Podrían enviar una botella de whisky? Sí, de acuerdo –asintió con la cabeza y colgó.—¿Para qué quieres eso, Gaara? –preguntó la castaña, frunciendo levemente el ceño, pues no le gustaba verlo beber tanto. Gaara la observó en aquella posición, sentada sobre la cama, pero dándole la espalda, no podía creer lo hermosa que se veía con ese vestido de novia y ese peinado.—Es para brindar, por nuestro trato –respondió sonriendo levemente. Se puso de pie mientras se soltaba el nudo de la corbata y se acercó a la puerta—. ¿No crees que esta situación lo amerite?—Supongo, pero sólo beberé un trago –dijo Matsuri no muy convencida. Justo en ese momento, golpearon la puerta. Gaara la abrió y recibió la botella de whisky y dos vasos, cerrando luego para acercarse a Matsuri, la cual estaba sorprendida por lo rápido que les atendieron. —Venga, es hora del brindis –dijo Gaara, dejando todo sobre la mesita de noche. Sirvió los dos tragos y se sentó en la cama, entregando un vaso a Matsuri—. Brindo... por la mejor amiga que existe en el mundo, que ha sido capaz de casarse conmigo con tal de ayudarme –alzando su mano con el vaso en ella—. Te toca.—Yo brindo... por la boda soñada, la más rara de todas, pero fue perfecta –dijo Matsuri, sonriendo, haciendo parecer sus palabras como una broma, aunque en realidad eran lo que sentía.Chocaron sus vasos y bebieron el trago de una sola vez. Luego de eso, Gaara se dejó caer de espalda sobre la cama y Matsuri hizo lo mismo.—¿Y qué vamos a hacer ahora? ¿Dormir? –bromeó un poco el pelirrojo, pues esta era su noche de bodas y no tendría sexo, sí que era extraño todo esto. Matsuri se acomodó de costado para poder mirarlo.—Podemos tener sexo, ¿no? Después de todo, esta es nuestra noche de bodas –dijo en tono de broma, pero completamente avergonzada, aunque sus palabras causaron que Gaara se sintiera un poco inquieto.—Podríamos, pero eso arruinaría nuestra amistad, ¿no crees? –Gaara también se acomodó de costado, mirándola fijamente—. ¿Qué clase de amigos son los que tienen sexo?Matsuri sonrió.—Son unos indecisos, que tienen miedo de dejar de ser amigos para ser algo más –respondió ella—. Por eso... nosotros siempre seremos amigos, no tenemos ese problema.—Así es, siempre seremos amigos... –repitió Gaara, no muy convencido de sus palabras, porque ya no sabía si quería seguir siendo sólo el mejor amigo de Matsuri—. ¿Pero qué tonterías pienso? Nosotros... nunca habrá nada entre nosotros... –p ensó confundido y algo molesto consigo mismo—. Sólo quiero que estos seis meses pasen rápido para poder olvidarme de todo esto, sólo quiero que todo sea como antes. —Sólo quiero que me ames, Gaara... –pensó Matsuri, observándolo en silencio. De pronto, se puso de pie, desconcertando un poco a su "esposo".—¿A dónde vas? –preguntó Gaara confundido, pues ella se había parado de golpe.—Tengo sueño, voy a ducharme para dormir –respondió la castaña, dirigiéndose al baño de la habitación. Gaara lanzó un suspiro y se sentó en el sofá que estaba frente al televisor, encendiendo el aparato para ver si así lograba tranquilizarse un poco y alejar de su mente esos extraños pensamientos, pero la tele no le ayudó mucho al encenderla justo en un canal para adultos, en donde había un chico y una chica haciendo las cosas que a él le gustaría estar haciendo con Matsuri ahora.—Mierda... –masculló, tomando el control remoto para cambiarlo, pero en lugar de eso, se quedó viéndolo más atentamente, no podía apartar sus ojos de eso.Después de un rato, Matsuri salió del baño con una toalla cubriendo su cuerpo. Las gotas del agua aún resbalaban por su piel y Gaara no podía ignorar este hecho, ni el hecho de haberse casado con una mujer que verdaderamente lo encendía a pesar de ser su mejor amiga. No pudo evitar que, al verla en esa forma tan sensual, cierta parte de él se despertara de golpe.—Gaara, ¿qué ves? –preguntó Matsuri con una sonrisa tierna e inocente. En ese momento, Gaara recordó lo que estaba viendo y se moría de la vergüenza, por lo que apagó el televisor enseguida y se puso rápidamente de pie, casi corriendo al baño y dejando a su amiga muy desconcertada.—No, nada –respondió, cerrando la puerta detrás de si—. Yo también voy a ducharme.Se encerró en el baño y abrió la ducha del agua fría. Se miró al espejo y tenía el rostro sonrojado, sentía mucho calor y además su "amiguito" estaba totalmente despierto.—Rayos, ¿y ahora como soluciono esto? –se preguntó mirando su entrepierna.Matsuri, mientras tanto, se terminó de secar el cuerpo y se puso un camisón de seda de color celeste que traía en su maleta, era su único pijama. Éste le quedaba bastante apretado, haciendo que su cuerpo se luciera a la perfección.—No debí dejar que Temari hiciera mi maleta –susurró un tanto apenada, mientras se veía al espejo—. De todos modos, ¿qué le pasará a Gaara que se tarda tanto?Gaara estaba bajo la ducha, recibiendo las gotas del agua helada sobre su cuerpo, tratando de calmarse, de bajarse la temperatura; sin embargo, la imagen de Matsuri no desaparecía de su mente y el agua helada no estaba funcionando para nada. Quería sentirla, quería entrar en ese cuarto y arrojarla sobre la cama para hacerle el amor toda la noche, pero sabía que no se atrevería, que hacer eso sería un terrible error y ofendería a Matsuri; no quería eso, así que sólo lo haría en sus fantasías.Imaginaba que Matsuri estaba bajo la ducha con él, besando su torso y recorriéndolo con sus manos, mientras que él acariciaba sus piernas y su espalda. Sentir su suave piel era excitante, se estaba volviendo loco, loco por tenerla de verdad, porque esta fantasía fuese real.—Soy un maldito pervertido –se regañó a sí mismo, esbozando una sonrisa ladina. No podía evitar querer continuar imaginando aquella escena, mientras que su mano se encargaba del resto.Matsuri se recostó bajo las sábanas y trató de cerrar sus ojos para poder dormir, pero, justo en ese momento, salió Gaara del baño. Ella se sonrojó al verlo cubierto sólo por una toalla en su parte baja, pudiendo apreciar su bien formado torso y abdomen, sin embargo, siguió acostada como si nada.—¿Aún sigues despierta? –preguntó Gaara, mientras se ponía su ropa interior, para ir a acostarse sobre el sofá. Matsuri trató de no mirarlo, pero le era difícil.—Sí, es que... no podía acomodarme bien –respondió la castaña, quien de pronto se sentía demasiado sola en aquella cama. Se sentó mirando a Gaara y sin pesarlo dos veces hizo su ofrecimiento—. Oye, Gaara... duerme conmigo.—¿Eh?—Q-quiero decir... –con su cara totalmente roja y agitando las manos, intentó explicarse—. La cama es muy grande, no tienes por qué dormir en el sofá –aclaró. Gaara asintió con la cabeza y se metió a la cama, dándole la espalda a Matsuri.—Buenas noches, Matsuri –le susurró el pelirrojo, cerrando sus ojos para quedarse dormido. Matsuri apagó la luz.—Buenas noches, Gaara –contestó la castaña, también cuando cerró sus ojos. A pesar de todo, de que esta fuese una boda fingida, de que Gaara no la amara, ella se sentía feliz, porque ninguna otra mujer se iba a acercar a él ahora, porque Sabaku No Gaara era su esposo—. Te amo, Gaara, algún día te lo diré... Continuará...