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Capítulo 6

¿Te Casas Conmigo? — fanfic.es · All chapters

Capítulo 6

Capítulo 6: ¿Una feliz pareja? Eran las ocho de la mañana y los recién casados se encontraban en el aeropuerto, esperando su vuelo, el cual salía en una hora. Gaara miraba una revista en donde salía todo lo relacionado con su boda y había un montón de fotos de él y Matsuri, pero una le llamó la atención más que todas, era una foto en donde se estaban besando.Besar a Matsuri había sido tan maravilloso que anhelaba volver a repetirlo una y otra vez, deseaba tanto que eso pasara que cuando se dio cuenta de ello, se enfadó por estar pensando en eso nuevamente y dejó la revista tirada sobre un mostrador; odiaba esa tonta revista.—¿Crees que la pasemos bien en ese viaje? –preguntó Matsuri, mientras ojeaba el folleto turístico del lugar a donde iban a ir. Gaara se sentó a su lado, bebiendo un poco de soda de una botella.—Seguro, serán dos semanas en Hokkaido, será grandioso –respondió él, quitándole el folleto de las manos a su esposa. —Hey, estaba viendo eso –replicó la castaña, molesta, pero Gaara ignoró esto y se puso a leer el folleto—. Rayos, odio cuando hace eso –susurró Matsuri entre dientes, pues detestaba que Gaara se hiciera el tonto para ignorar cuando la hacía enojar.—Matsuri –la llamó Gaara, poniéndose muy serio de un momento a otro y dejando de lado el folleto—. Hay algo que quiero decirte –al instante la miró fijamente—. Tengo que hacerlo, si no hago esto, no dejaré de pensar en ella y no podré soportarlo – pensó.—Claro, Gaara, dilo –respondió Matsuri, sonriendo dulcemente. Con sólo verla sonreír así, Gaara sentía unos enormes deseos de besarla nuevamente, pero sabía que eso estaría mal, además, lo que sentía era sólo producto de su repentina cercanía con Matsuri, no era que estuviera sintiendo algo por ella.—Cuando estemos allá, me gustaría pasar un buen rato, ya sabes... lo hablamos antes de casarnos –dijo un poco contrariado, pues no entendía por qué de pronto hablar de eso con Matsuri le incomodaba.—¿Quieres buscar a alguna chica para tener sexo? –preguntó la chica, bajando la mirada, sintiendo una punzada en el corazón por sus propias palabras. Estaban casados y, aun así, todo sería igual que antes.—Sí –asintió él con la cabeza, pero otra vez no se sentía bien diciéndole eso, de alguna forma, era como si a Matsuri le doliera y eso hacía que a él le sucediera lo mismo.—Vamos, no tienes que preocuparte por mí, ya te había dicho que no hay problemas con eso –dijo la castaña con una sonrisa fingida, aunque se estuviera muriendo por dentro, pues no podía soportar la idea de que su esposo estuviera con otras mujeres, pero así eran las cosas y ella debía aceptarlo—. Es más... puede que yo también me busque a alguien.—Claro –contestó Gaara, poniéndose de pie. Se sentía molesto, de sólo imaginar que cualquier idiota pusiera sus manos sobre Matsuri, que cualquier otro hombre la hiciera su mujer, le hacía hervir la sangre, y al mismo tiempo se preguntaba por qué demonios le enojaba tanto esta situación, si después de todo, esto había comenzado por su culpa.Matsuri simplemente lo veía con tristeza, le lastimaba tanto esta situación, Gaara era su esposo, era su marido, pero aun así no era suyo, ni ella tampoco le pertenecía a él, debía aceptarlo de una vez. Ella debía tener siempre presente que esta boda era sólo un trato, que esto sólo duraría seis meses y después todo volvería a ser como antes.— Todo será como antes... pero no quiero, no quiero volver a ser sólo su amiga –pensó consternada, pues sería demasiado para ella el haberlo tenido como esposo y después perderlo como si nada.Tal vez había sido un error aceptar esta locura.*• - _ -•**• - _ -•**• - _ El sol entraba por la ventana, dando sobre los ojos turquesas de Temari y eso le molestaba un poco.—Demonios... –susurró, dándose unas cuantas vueltas sobre la cama, pero finalmente se hartó y se sentó, notando que su cuerpo estaba desnudo, así que se cubrió con las sábanas. Miró a su costado y notó que su esposo no estaba en la cama—. ¿Y Shikamaru?De pronto percibió como la puerta se abría y vio a Shikamaru dirigirse a ella, trayendo una bandeja con el desayuno en sus manos. Temari sonrió.—Ya despertaste, problemática –dijo el Nara, mientras dejaba el desayuno sobre la mesita de noche para poder darle un beso en los labios a su esposa.—Gracias por traerme el desayuno, mi amor, eso es muy tierno de tu parte –dijo Temari con una sonrisa al separarse de él.—Creí que estaría bien para disculparme por todos estos días que hemos estado peleados–respondió Shikamaru, acariciándole la mejilla a su mujer—. Temari, en verdad no quiero que vuelva a ocurrir, siento mucho lo que pasó...—Shikamaru –lo interrumpió la rubia, poniendo un dedo sobre sus labios—. Está bien, sólo hay que olvidarnos de eso, ya todo pasó.Él frunció ligeramente el ceño.—¿De verdad me perdonas? –insistió, esbozando pequeña sonrisa. Ella asintió y él la abrazó, rodeándola por la cintura.—De verdad –Temari lo rodeó por el cuello y lo besó apasionadamente para demostrarle que no mentía. De ahora en adelante, todo iría bien.*• - _ -•**• - _ -•**• - _ Sakura se encontraba hoy en su turno matutino en el hospital, pero no lograba en lo más mínimo concentrarse por estar pensando otra vez en el beso que ayer le había dado Sasuke. A pesar de haber besado muchas veces a su novio Naruto y de haber estado con él en repetidas ocasiones, jamás él la había hecho sentir lo que hizo Sasuke sólo con un roce de labios y, aunque lo intentara, no podía borrarlo de su mente.—Tengo que dejar de pensar en él, maldita sea, es el amigo de Naruto, no puedo engañar a mi novio con uno de sus amigos –se reprochaba mientras trataba de revisar la ficha de uno de los pacientes, pero aún no pasaba del nombre. Era la quinta vez que trataba de leerlo y siempre terminaba volviendo al principio. Cerraba sus ojos un segundo y, al siguiente, se encontraba recordando la sensación sofocante de los labios de Uchiha Sasuke, el roce de sus manos, incluso imaginaba cosas que no habían sucedido. Estaba completamente perdida e hipnotizada. —¡Sakura, ya! –se regañó.Y, simplemente suspiró resignada.*• - _ -•**• - _ -•**• - _ Los flamantes esposos ya se encontraban dentro del avión. Matsuri estaba extremadamente nerviosa, pues nunca había subido a uno antes y temía volar en él, ella no solía viajar y si tenía que hacerlo, siempre prefería ir en bus o auto, ahora, sin embargo, no pudo evitar el avión. —Genial, como si la claustrofobia no fuera suficiente –susurró para sí misma, pero Gaara pudo oírla perfectamente.—¿Qué sucede, Matsuri? ¿Temes volar? –le preguntó. mirándola. Matsuri asintió con la cabeza y soltó un suspiro. Gaara estaba acostumbrado a viajar debido a los negocios que tenía en distintos puntos del país, pero ahora que lo pensaba, esta era la primera vez que compartía un vuelo con ella, tenía un poco de sentido, ya que Matsuri siempre decía que prefería los transportes terrestres.—Sí, soy una cobarde pero no puedo evitarlo –dijo ella, sonriendo un poco burlona. Gaara levantó su mano y comenzó a acariciar la mejilla de la castaña, haciendo que ésta se sonrojara levemente.—Tranquila, yo estoy a tu lado y todo estará bien –aseguró con una leve sonrisa.Matsuri asintió con la cabeza y justo en ese momento, les avisaron por altavoz que se pusieran los cinturones de seguridad. Todos los pasajeros lo hicieron y, al cabo de unos minutos, el avión comenzó a despegar. El corazón de Matsuri se oprimió y sintió como su respiración se agitaba, siéndole muy difícil respirar, pero de pronto todo eso se le olvidó al sentir como Gaara tomaba su mano con delicadeza y entrelazaba sus dedos, apretándola con fuerza.Sintió como la calidez se apoderaba de su pecho y su corazón comenzó a latir aún más rápido que antes, sólo por el hecho de tenerlo cerca, de tocar su mano.—Tranquila, Matsuri, sólo respira –le dijo Gaara, tratando de reconfortarla. Matsuri se sonrojó y miró hacia la ventana, observando cómo se elevaban en el aire.—Sí, Gaara, gracias por estar a mi lado –respondió con una dulce sonrisa. Era increíble como unas palabras suyas podían hacerla sentir mejor y el hecho de que él tomara su mano podía hacerla tan feliz. Lo amaba demasiado y ahora más que nunca estaba decidida a conquistar su amor, no estaba dispuesta a perderlo dentro de seis meses.Por su parte, Gaara se sentía confundido, no podía entender aquellos sentimientos que Matsuri producía en él y esas ganas enormes que tenía de poseerla, pero pensaba que tal vez estando con otra mujer eso se le iba a olvidar, porque era ilógico que se estuviese enamorando de ella, él, quien jamás se involucraba sentimentalmente, definitivamente no se podía enamorar de su mejor amiga.— Esto sólo es una tontería que olvidaré después de una buena sesión de sexo –pensó, aun aferrando su mano a la de Matsuri.*• - _ -•**• - _ -•**• - _ Naruto se encontraba en su oficina, tratando de revisar unos documentos del último diseño que habían sacado para un celular de la nueva generación; sin embargo, no podía dejar de pensar en cierta persona que de un tiempo para acá no se quería salir de su cabeza.Anoche, cuando había bailado con Hinata y la había tenido tan cerca, se había sentido muy extraño, por un momento, se había quedado perdido en los labios de ella y tuvo enormes deseos de besarla, una sensación muy poco usual en su persona.—Eso no me puede pasar, yo tengo novia –se recordó, mientras se llevaba una mano a la cabeza, enredando los dedos en su cabellera rubia. Estaba confundido, no entendía que estaba pasándole, ni siquiera Sakura se metía tanto en sus pensamientos.De pronto, unos golpes a la puerta llamaron su atención y enseguida ella entró, trayendo una taza de café en sus manos. Su sonrisa la hacía ver tan linda que el rubio no pudo evitar sonrojarse levemente.—Permiso, Naruto-kun, es la hora de tu café –dijo Hinata con su dulce voz—. Espero no haberte interrumpido en algo importante.—Eh... n-no, para nada –dijo Naruto en medio de una risita nerviosa, incluso había tartamudeado—. Pasa, Hinata, llegas justo a tiempo, se me antojaba un café.—Sí –Hinata asintió con la cabeza y se acercó, dejando la taza sobre el escritorio de Naruto, mientras sonreía dulcemente como siempre. Naruto le sonrió y Hinata salió de su oficina, por lo cual el rubio soltó un sentido suspiro.—¿Qué demonios me sucede? –se preguntó.Hinata, afuera de la oficina, soltó un gran suspiro y se sentó en su puesto. Se llevó una mano al pecho y notó que su corazón estaba muy agitado.—Cielos, sigo sin poder controlar esto cuando estoy frente a él –susurró, cerrando los ojos con su rostro sonrojado.*• - _ -•**• - _ -•**• - _ —¡Este lugar es increíble! –exclamó Matsuri emocionada, mientras extendía sus brazos, observando la hermosa y reluciente playa frente a sus ojos.Ya se habían registrado en el hotel y conocieron su cuarto; una hermosa y muy fina habitación con una enorme cama matrimonial que casi invitaba a pasar toda la noche haciendo el amor sobre ella, o al menos esa impresión se había llevado Gaara cuando vio a Matsuri lanzarse sobre el colchón, muy sonriente, en ese momento, quiso lanzarse sobre ella, pero, como siempre, se contuvo. También había un balcón con una vista preciosa hacia el mar, casi daban ganas de sentarse ahí y observar el atardecer y después la luna y las estrellas.—Matsuri, pareces una niña –la regañó Gaara al verla tan alegre y risueña al estar en ese lugar—. Ni parece que viniste aquí con tu esposo.—Ay, cállate, amargado –contestó la castaña, haciendo un puchero, mientras a Gaara se le marcaba una venita en la frente al haber sido llamado de esa manera.—¿A quién llamas amargado?Matsuri no le hizo caso y caminó hacia la playa sonriendo alegremente, deteniéndose en cuanto encontró un buen lugar para sentarse. Extendió una manta sobre la arena y dejó encima el bolso que traía consigo. Gaara llegó a su lado y se quitó su camiseta para quedar sólo en traje de baño, haciendo sonrojar un poco a la chica al ver su imponente físico.—¿Vas a ir al mar? –preguntó el pelirrojo, sentándose a su lado. Matsuri sonrió y negó con la cabeza.—No, primero tomaré un poco de sol –respondió la chica, agachándose para buscar algo en su bolso.—¿Vestida de esa manera? –señaló Gaara, apuntando al vestido blanco de tirantes que traía puesto Matsuri y el sombrero veraniego que tenía en la cabeza.—Claro que no, tontito –dijo Matsuri, quien sacó por fin del bolso su bloqueador solar para pararse y comenzar a subir su vestido hasta quitárselo, dejando ver su bikini color rosa pastel, el cual era bastante pequeño y dejaba ver a la perfección su figura.Matsuri no solía usar cosas ajustadas al cuerpo, siempre usaba ropa bastante holgada, por eso, Gaara la observó con la boca abierta; era la primera vez que venía con Matsuri a la playa -en todos sus años de amistad, jamás había ido con ella a un lugar como este- y, por lo tanto, era la primera vez que la veía en bikini. Realmente no podía creer lo hermosa que era, su delgada cintura y sus piernas bien contorneadas, al igual que esa línea que se formaba entre sus pechos, todo le gustaba muchísimo, pero no pudo disfrutar demasiado de esa vista, al notar como unos tipos se le quedaban viendo a Matsuri con cara de pervertidos y eso simplemente no lo pudo soportar.—Matsuri, ¿por qué no te cubres? –preguntó frunciendo el ceño, muy molesto. Matsuri se sentó a su lado y comenzó a ponerse bloqueador en sus piernas, provocándolo con los movimientos de sus manos y haciendo que él sintiera deseos de acariciarla.—No digas tonterías, Gaara, y mejor ayúdame y me pones bloqueador en la espalda, no quiero pasarme estas dos semanas completamente quemada –dijo ella.—Como usted diga, sargento –bromeó el pelirrojo, mientras tomaba el frasco del bloqueador entre sus manos. Comenzó a aplicarlo sobre la espalda de la castaña, dándole suaves masajes en el proceso. Le gustaba sentir la delicadeza de su piel y le hacía pensar en que estaba con ella, en que la estaba acariciando lentamente. Miró a los sujetos que veían lujuriosamente a Matsuri y sonrió con arrogancia, haciendo notar que ella le pertenecía y, que jamás tendrían una oportunidad, así que lo mejor era que miraran para otro lado. Mientras que Matsuri se estremecía levemente con aquellas caricias, sintiendo esas manos deslizarse por su espalda, lo que logró ponerla extremadamente nerviosa.—Gaara... –susurró la chica, casi sin darse cuenta. Él dejó de aplicarle el bloqueador y se acercó a su oído para susurrar dentro de él.—Matsuri, hay unos tipos pervertidos que no dejan de mirarte, lo mejor será hacer que se den cuenta que eres mi esposa y así no se meterán contigo.—¿Por qué debería hacer eso? –preguntó la castaña, alejándose de Gaara y dándose la vuelta para mirarlo a la cara—. ¿No fuiste tú el que dijo que aquí podíamos estar con quien quisiéramos?—Sí, pero... –Gaara la quedó mirando muy sorprendido, pues no esperaba que ella fuese a sacar ese tema y ahora que lo pensaba, le parecía una pésima idea. No podía soportar la sola imaginación de que alguno de esos idiotas, cualquiera de ellos, manoseara a la que era su esposa, no lo iba a permitir—. Pero esos tipos no me gustan y punto.—La idea es que a mí me gusten –replicó Matsuri. Estaba intentando hacerlo enojar, o tal vez que se pusiera celoso, no sabía con exactitud a donde quería llegar, pero Gaara estaba siendo injusto, sólo él quería divertirse y aunque ella sabía que no se iba a meter con nadie, quería que él pensara que sí, pues le dolía mucho toda esta situación de que Gaara estuviera con otras mujeres aun estando casado con ella. Notó como Gaara fruncía el ceño y la miraba bastante enojado.—Si yo no me acuesto con ninguna chica entonces tú tampoco podrás hacerlo.—¿Qué significa eso? –preguntó ella, confundida. Gaara suspiró y desvió la mirada, pues se sentía avergonzado. No entendía aquella rabia y ese instinto posesivo que tenía sobre Matsuri, pero estaba convencido, no la dejaría meterse con nadie en este viaje.—Significa que no dejaré que te acuestes con algún desconocido que tal vez pueda hacerte cualquier cosa, me preocupo por ti, Matsuri, sobre todo porque conozco lo ingenua que eres, así que esos sujetos se pueden ir olvidando de mi esposa –dijo antes de tomarla por la cintura y besarla, aunque se convenció a si mismo de que sólo lo había hecho para mostrarle a esos sujetos que Matsuri era su mujer y así alejarlos, por más que eso fuese una mentira.Aunque estaba desconcertada, Matsuri le correspondió y se sintió feliz con esas palabras. ¿Acaso Gaara estaría celoso? Porque si era así, significaba que él sentía algo por ella.— ¿Estarás empezando a quererme? –se preguntó la castaña, sonrojada, mientras correspondía al beso de su esposo.*• - _ -•**• - _ -•**• - _ Temari se encontraba en un restaurante, almorzando junto a Hinata, a Sari y a su sobrina Miki, ya que la niña de apenas tres años no se separaba de su madre casi nunca.—¿Y entonces todo se arregló con tu marido? –preguntó Sari, bebiendo un poco de refresco. Miki estaba sentada sobre sus piernas, comiendo helado con una cuchara.—Ajá, Shikamaru por fin entendió –respondió la rubia, observando a su tierna sobrina, por lo cual sonrió levemente, pues ya le hacía ilusión tener un bebé.—¿Eso quiere decir que por fin tendrás un hijo, Temari-san? –inquirió Hinata, mientras comía una cucharadita de helado.—Así es –asintió la rubia con la cabeza. Miki miró a su tía y sonrió alegremente.—Miki-chan quele un pimo.—Se dice primo, amor –la corrigió Sari, mientras le limpiaba la boca con la servilleta—. Y en verdad te deseo mucha suerte, cuñada, sé cuánto deseas un hijo y también lo feliz que se siente una al tenerlo.—Gracias –dijo Temari sonriendo. Hinata suspiró de pronto—. ¿Y a ti que te pasa? –cuestionó al darse cuenta del estado de la ojiperla.—B-bueno... lo mismo de siempre –explicó ella, avergonzada.—Uzumaki Naruto –dijeron Temari y Sari al mismo tiempo. La Hyûga asintió con la cabeza y suspiró con decepción, pues la verdad, le afectaba aquel tema más de lo que quisiera.—Uzuaki Nauto –repitió Miki con una sonrisa traviesa y, al verla, las tres mujeres comenzaron a reír.*• - _ -•**• - _ -•**• - _ La noche había llegado y Matsuri se encontraba frente al espejo de su habitación del hotel. Estaba peinando su cabello, dejándolo al final tomado en una especie de tomate y dejando su flequillo igual que siempre. Usaba un par de aretes largos y un hermoso vestido de color negro, el cual le llegaba justo a las rodillas y era descubierto en la espalda. Tenía una caída ancha, pero era muy ceñido en la cintura y el busto.—Estoy lista –susurró sonriendo. Se había arreglado así porque Gaara la había invitado a cenar en el restaurante del hotel, en el primer piso, pero él ya la estaba esperando abajo.La castaña se miró una última vez y sonrió, pues estaba perfecta. Después se volteó y echó una mirada a la cama, sonrojándose en el acto, ya que se imaginó ahí con Gaara y, no precisamente durmiendo. Después cerró los ojos y suspiró.—Será mejor que baje y deje de pensar en tonterías –dijo antes de salir de la habitación.Cerró la puerta detrás de su espalda y se dirigió al restaurante, mientras pensaba en el beso que le había dado Gaara en la tarde. No podía quitar de su cabeza ese instante, ni tampoco todos los demás momentos que habían pasado juntos. Sentía que lo amaba cada vez más y no sabía si soportaría demasiado sin poder decírselo, aunque rompiera el trato, sentía la necesidad de confesarle a Gaara sus sentimientos, pero lo haría en el momento adecuado y no antes.*• - _ -•**• - _ -•**• - _ Gaara estaba sentado a una mesa del restaurante, mientras leía la carta del menú. Se veía realmente muy concentrado, pero en verdad no dejaba de pensar en los labios de Matsuri. Jamás había estado tanto tiempo pensando en una mujer, menos sin poder tocarla, sin poder poseerla, pero era cierto, durante más de un mes no había dejado de desear a Matsuri, en su querida mejor amiga. —Demonios... –suspiró desanimado, ya que estaba harto de seguir con lo mismo.—Gaara... –escuchó la dulce voz de la castaña justo detrás de él. Se puso de pie y se volteó, quedándose sin palabras en cuanto la vio. Ella se veía tan hermosa, que no sabía qué demonios decir.—M-Matsuri... qué linda –dijo con una sonrisa de estúpido estampada en su rostro. Matsuri le sonrió dulcemente y se sentó a la mesa.—Bueno, ¿y qué vamos a pedir? –preguntó la castaña, al tiempo que tomaba el menú para echarle una ojeada a lo que había.—Ah, pues... pide lo que quieras que yo invito, amor mío –respondió Gaara en tono de broma. La chica soltó una leve sonrisa y el pelirrojo hizo un gesto para llamar al camarero.El camarero era un joven alto y bastante guapo, que, al acercarse a ellos, se quedó embobado observando a Matsuri. Gaara notó eso y, frunciendo el ceño, carraspeó levemente, haciendo que el camarero diera un pequeño salto.—¿Qué se les ofrece a los señores? –preguntó un tanto nervioso.—Yo voy a pedir el plato especial –respondió Gaara, mirando la carta, pero sin quitar su expresión de enfado—. Y mi esposa... pues no sé, ¿qué vas a pedir, Matsuri?—Eh... pues... –la castaña lo miró algo sorprendida, en verdad Gaara se estaba comportando de una forma muy extraña, ¿qué le había dado por decirle a todo el mundo que ella era su esposa? Actuaba de un modo caprichoso, sin duda—. Yo quiero lo mismo.—Bien –dijo el camarero—. Con su permiso –añadió antes de retirarse. Cuando el hombre se fue, Matsuri miró a Gaara algo confundida.—¿Qué pretendes, Gaara? –cuestionó.—¿A qué te refieres? –preguntó el pelirrojo, tomando la carta y ocultando su rostro. La chica le hizo bajar la carta con su mano y lo miró enfadada.—Gaara –pronunció en tono de regaño. Gaara volvió a subir la carta y sonrió levemente, pero ella no pudo verlo—. En verdad no lo entiendo, ¿qué le sucede a Gaara? –pensó desconcertada, pues él actuaba como si estuviese celoso, pero eso no era posible.—Matsuri, no te enfades, sólo trato de cuidarte –se justificó Gaara, pero aun así no logró convencer del todo a Matsuri, ni mucho menos a sí mismo.—Sí, como digas –murmuró la castaña, haciéndole un pequeño desprecio, escondiendo la sonrisa que se había formado en sus labios al ver lo que hacía Gaara para mantenerla alejada de otros hombres, y lo mejor era que él tampoco se enredaría con nadie, ya lo había dicho y ella se encargaría de que fuera así—. Si tanto insistes en alejarme los pretendientes, entonces yo te haré lo mismo a ti –pensó con una mirada maliciosa.*• - _ -•**• - _ -•**• - _ Hinata estaba saliendo de la empresa Konoha, se le había hecho tarde terminando un trabajo de último minuto. Ella no tenía auto, pues no había aprendido a conducir aún, así que todas las noches tomaba un taxi para llegar a casa, pues tampoco quería que, siendo una secretaria se estuviese movilizando en una limusina como había insistido su padre.—Ay, creo que olvidé mis llaves sobre el escritorio –dijo mientras revisaba insistentemente su bolso, pero era inútil porque sus llaves no estaban ahí. Frunció levemente el ceño y se devolvió al interior del edificio. Estaba dispuesta a subir a su piso, pero el ascensor ya había sido apagado, por lo que no le quedó más opción que subir las escaleras hasta el piso doce, usando tacones—. No acostumbro a maldecir, pero maldita sea... ¿Por qué a mí?Para cuando llegó al piso doce, se encontraba cansadísima y apenas podía caminar. Se acercó a su escritorio y cogió las llaves de su casa.—Al menos sí estaban aquí –dijo suspirando aliviada. La alarma de su celular comenzó a sonar, avisándole que ya eran las once de la noche—. ¡Cielos!La ojiperla guardó su teléfono y sus llaves en su cartera y se fue corriendo por las escaleras, pero al llegar al último peldaño, tropezó y cayó, doblándose el tobillo.—No puede ser... –se quejó, llevando una mano a su tobillo lastimado—. Soy una tonta, me duele...—¿Hinata? –la ojiperla levantó la mirada para ver a su rubio jefe parado al principio de las escaleras. La chica se sonrojó y bajó la mirada—. ¿Estás bien, Hinata? –preguntó Naruto preocupado, bajando rápidamente para ir a verla. Se agachó junto a ella y observó su tobillo—. ¿Puedes caminar?—N-no lo sé –respondió Hinata muy avergonzada.—A ver, te voy a ayudar –Naruto la tomó por la cintura y la ayudó a ponerse de pie, pero al hacerlo, enseguida Hinata sintió un terrible dolor en su pie derecho.—Creo que... no puedo, me duele mucho, Naruto-kun.—De acuerdo, entonces te llevaré a ver a un doctor –Hinata estuvo a punto de replicar, pero no pudo decir nada, ya que Naruto la levantó entre sus brazos y la llevó hacia el estacionamiento. Hinata estaba demasiado sorprendida para hablar, además, su corazón estaba latiendo exageradamente rápido y estaba enormemente nerviosa y sonrojada.—N-Naruto-kun, pero...—Pero nada, Hinata –la interrumpió Naruto—. Podrías tener algo grave así que es mejor asegurarnos, además, te llevaré en mi auto.Hinata finalmente se rindió y permitió que Naruto se saliera con la suya, después de todo, gracias a ese accidente había podido ser cargada por los fuertes brazos de su amado rubio y, en definitiva, no había forma de que la noche terminara mejor.*• - _ -•**• - _ -•**• - _ Después de la cena, en donde Gaara espantó dos pretendientes más de su esposa, ambos se dirigieron a su habitación. Gaara se había llevado consigo una botella de vino y la abrió apenas llegaron.—¿Quieres brindar por algo, Gaara? –preguntó Matsuri, un tanto desconcertada. El pelirrojo le entregó una copa y le sonrió.—Celebramos nuestro primer día de casados.—Qué se me hace que sólo estás buscando una excusa para beber –dijo la castaña, sonriendo. Gaara asintió.—Eso también.Matsuri sonrió, le encantaba pasar tiempo con su amado Gaara, porque sólo así estaba segura de que él no estaba con ninguna otra mujer, sabía que eso le rompería el corazón, pero estar a su lado era maravilloso.Después de beber el vino, ambos se sentaron sobre la cama.—Bueno, creo que ya es hora de dormir –dijo Matsuri, interrumpiendo aquel incómodo silencio que se formó de pronto y que sólo la ponía más nerviosa, así que se puso de pie.—Sí, tienes razón, Suri –la secundó Gaara. Al oírlo, Matsuri lo miró sorprendida.—¿Suri? –repitió, esbozando una pequeña sonrisa—. Hace años que no me llamabas de esa forma.—¿En serio? Pues no sé por qué lo dije –contestó el pelirrojo, ligeramente avergonzado—. Ahora que recuerdo, la primera vez que te llamé así te enfadaste conmigo y me dijiste que ese era un apoco ridículo.—Ah, sí, pero cuando me dijiste que a ti te parecía bonito. te permití llamarme así –la castaña se sintió un poco nostálgica, de aquel tiempo en que sólo eran unos niños y no les preocupaba nada más que jugar juntos. En ese tiempo sí podían ser amigos de verdad, no como ahora, porque ahora ella lo amaba y sentía un intenso dolor en su pecho cada vez que se tenía que aguantar el impulso de besarlo, de abrazarlo y de gritarle que lo amaba con todo su ser.—Me sigue pareciendo bonito –dijo Gaara, parándose y quedando frente a ella, mirándola de esa forma tan intensa que sólo él tenía—. Tanto como tú...—Gaara... –susurró Matsuri, sonrojada. El pelirrojo comenzó a acercarse a ella, acariciando su mejilla. No sabía por qué, pero en estos momentos se estaba muriendo por besarla y estrecharla entre sus brazos sin importarle nada. Matsuri cerró sus ojos, sintiendo cada vez más cerca el aliento de la persona que la enloquecía; ya no le importaba nada, sólo estar con él y demostrarle cuanto lo amaba. Sin embargo, cuando estaban a punto de besarse, los interrumpió el sonido de un celular.—Es mi teléfono –dijo Gaara, separándose de ella de golpe. Se sentía avergonzado por lo que estuvo a punto de hacer.—Pues contesta –aconsejó la castaña, que se sentía igual o peor que él, pero más que nada. estaba frustrada porque ese beso lo deseaba con todas sus fuerzas, un beso y mucho más.—Sí –Gaara tomó su celular y se sorprendió al ver que quien lo llamaba era una de sus ex novias. Frunció el ceño levemente y contestó—. ¿Bueno?Matsuri simplemente lo miraba en silencio, sospechando que se tratara de una de las tontas amantes de Gaara. Se sentía morir de sólo pensar en eso, pero no había nada que pudiera hacer.—No me llames más, ahora soy un hombre casado –dijo Gaara, cortando la llamada, dejando sorprendida a Matsuri, pues no se esperaba una acción de ese tipo por su parte.—¿Una de tus ex? –preguntó la chica, tratando de disimular su molestia.—Sí, pero ya me tiene harto con sus llamadas, espero que ahora que estoy casado se aburra y ya se busque a otro.—Ya veo que este matrimonio no sólo te beneficia en la parte de la herencia.—Perdón por aprovecharme de eso para espantar a mis ex, es que hay algunas que no dejan de acosarme y es realmente molesto –dijo Gaara, mientras se soltaba el nudo de la corbata.—Sí, como Sayuri, por ejemplo, ¿no? –comentó Matsuri. quitándose sus aretes para dejarlos sobre la mesita de noche—. En realidad, no sé cómo te metiste con esa loca, está muy mal de la cabeza, armando sus escándalos en la oficina porque nos íbamos a casar.—Bueno, Sayuri fue... un pequeño desliz –susurró el pelirrojo, haciendo una mueca de desagrado, sin notar la cara de fastidio de Matsuri—. Nunca pensé que se volvería así de obsesionada.—Bueno... basta de hablar de ella, vamos a dormir –Matsuri desamarró el tirante de su vestido y Gaara se quedó mirando como la prenda de la chica se deslizaba por su espalda hasta caer al suelo. Sólo podía verla así porque ella le estaba dando la espalda, pero podía detallar su hermosa figura y tuvo que desviar la mirada—. No me estés viendo, Gaara, date la vuelta.—Seguro –dijo el pelirrojo, inquieto. A pesar de haber visto a muchas mujeres desnudas en su vida, jamás se imaginó que un día estaría tan cerca de ver a Matsuri de esa manera.La castaña se puso su pijama y se soltó el cabello, mientras que Gaara aún le daba la espalda, pero estaba muy tentado a observarla.—¿Ya puedo voltear? –preguntó.—Claro, Gaara –respondió Matsuri, tratando de bajar un poco la basta de su camisón, ya que era muy corto. El pelirrojo se volteó y, al verla, volvió a sorprenderse. Nunca había visto a Matsuri como a las demás mujeres, pero no podía ignorar lo hermosa que era y, el hecho de verla vestida así, sólo le provocaba unas enormes ganas de tocarla, de acariciar su cuerpo con lentitud y perderse en los caminos de su piel.— ¿Por qué me está sucediendo esto? ¿Qué es lo que me pasa cada vez que veo a Matsuri? –se preguntó, algo sofocado por aquel deseo. No se entendía, lo único que tenía claro era que estar con Matsuri le estaba prohibido, porque debía respetarla a pesar de todo.—Gaara, ¿te pasa algo? –preguntó la castaña, pero él negó con la cabeza y bajó la mirada.—No es nada, sólo quiero dormir –respondió, comenzando a quitarse el saco. Matsuri no dijo nada y se metió a la cama, con un leve sonrojo en sus mejillas por haber sido vista por Gaara, pero es que no tenía otro pijama y todo por culpa de Temari y su genial idea de recrear la vista de su hermanito.Después de quitarse la ropa, Gaara apagó las luces y se acostó en el otro extremo de la cama, dándole la espalda a Matsuri. Se sentía como un estúpido, pues no podía dejar de pensar en ella y, a pesar de estar en la misma cama, no podía siquiera besarla. Sonrió levemente, esta y la noche anterior, habían sido las únicas en que compartía la cama con una mujer sin tener sexo con ella y, aunque se estaba muriendo por tenerla, también se contradecía, porque sabía que eso sería un error.También pensaba en que realmente había disfrutado este día al lado de Matsuri, viéndola reír como si fuera una niña chiquita, disfrutando del mar como si fuera lo más grandioso que existiera en el mundo; ella era la única persona que lo hacía sentir de esa manera tan especial.— Es imposible... yo no puedo... –se dijo con intención de olvidarse de esos sentimientos, no era bueno pensar tanto en Matsuri.—Gaara... –lo llamó la chica en voz baja, casi en un susurro.—¿Sí?—Sólo quería decirte... que tengas buenas noches.—Tú también, Suri –respondió Gaara, comenzando a cerrar sus ojos. Quería dormir y así quitarse todas esas ideas raras de la cabeza.*• - _ -•**• - _ -•**• - _ —Qué bueno que sólo fue una fractura menor, ¿no es así? –dijo Naruto, mientras detenía su auto frente a la mansión Hyûga—. Wow, qué casa tan grande.—Gracias por traerme, Naruto-kun –dijo Hinata, bajando la mirada, ya que tenía las mejillas rojas. Ella estaba sentada en el asiento del copiloto y tenía su pie derecho vendado. Naruto bajó del auto y le abrió la puerta a ella, ayudándola a que se apoyara sobre su hombro para caminar.—No te podía dejar tirada con un pie lastimado –dijo sonriendo el rubio. Ayudó a Hinata a llegar hasta la puerta y tocó el timbre—. Por cierto, te doy libre el día de mañana.—No, cómo crees que yo...—Vamos, no tiene nada de malo, no puedes caminar –la interrumpió Naruto, volviendo a sonreír ampliamente. Hinata sólo se sonrojó y asintió con la cabeza, sonriendo también.—Como digas, Naruto-kun –al verla sonreír tan dulcemente, Naruto no pudo evitar sonrojarse, de verdad Hinata era demasiado linda.*• - _ -•**• - _ -•**• - _ Sasuke se encontraba en su habitación, recostado en su cama y viendo hacia el techo. No podía dejar de pensar en Sakura y en el beso del día anterior, en la boda de su amigo, era la primera vez que se obsesionaba con una mujer, tal vez ahora entendía a todas esas que lo perseguían como locas.—Quizás sólo me gusta porque no me pertenece –se dijo, sonriendo con arrogancia. Era muy cierto que sentía algo de culpa porque ella era la novia de Naruto, pero también era cierto que Sakura sentía algo por él, lo había sentido en su beso, con la forma en que ella le miraba desde que se habían conocido.Si lo que pensaba hacer era algo malo, entonces que lo condenaran, porque iba a hacerlo de todos modos.*• - _ -•**• - _ -•**• - _ Temari se sentó sobre su cama, dando un largo suspiro, pues había tenido un día muy pesado y se sentía muy cansada. Comenzó a quitarse la blusa, ya que tenía muchas ganas de acostarse y tomar una gran y larga siesta. Shikamaru entró a la habitación, quitándose la corbata. También parecía muy cansado. —¿Ya te vas a dormir, mi amor? –preguntó él, sentándose junto a su esposa.—Así es, tengo mucho sueño –respondió Temari quitándose la prenda de ropa que le incomodaba. Shikamaru frunció el ceño y ella lo notó—. ¿Qué sucede, amor?—Tenía otros planes para esta noche –dijo un poco frustrado. Temari sonrió algo divertida.—Ya veo por donde vas y no me parece mala idea –dijo, acercándose al oído de él—. Pero sólo un ratito.Shikamaru la rodeó por la cintura sin decir nada y comenzó a besarla en los labios. Le encantaba cuando su mujer no se comportaba como una problemática, porque sí tenía un carácter de los mil demonios cuando se enojaba y eso no lo podía negar.*• - _ -•**• - _ -•**• - _ Naruto iba en su auto, pensando en lo sucedido hoy. Por alguna razón, no podía dejar de pensar en la hermosa sonrisa de Hinata, era realmente difícil de olvidar. ¿Por qué la tenía tan presente en su cabeza? Si antes eso no le sucedía. No podía entender qué pasaba con él, pero no era bueno pensar tanto en una mujer que no era su novia.—Es verdad... Sakura-chan... –susurró, tratando de pensar en ella, pero por más que lo intentaba, la imagen de Hinata regresaba a su cabeza una y otra vez.*• - _ -•**• - _ -•**• - _ Estaba tratando de dormir, pero cada vez que cerraba sus ojos, se imaginaba acorralándola en esa cama, haciéndola suya una y otra vez. No soportó más aquello, el tener que estar a su lado sin poder hacer nada y se levantó, yéndose a encerrar al baño. Abrió la llave de la ducha y metió su rojiza cabellera bajo el agua helada, tal vez así podría disminuir el calor de su cuerpo, a pesar de que la noche anterior no había funcionado para nada.—¿Qué demonios sucede conmigo? –se preguntó, golpeando la pared de la ducha—. Ya estoy harto de esto, no es posible que no pueda quitarme esta estúpida idea de la cabeza, maldición.Gaara golpeó la pared una vez más y cerró el grifo de la ducha. Se secó un poco con una toalla y salió hacia la habitación de nuevo. Al acercarse a la cama, notó que Matsuri estaba toda destapada y eso sólo lo dejó peor que antes, ya que ese corto pijama se había subido aún más y casi dejaba ver su ropa interior, además de ese provocador escote.No podía dejar de mirarla, no sólo por lo hermosa que era, sino también porque se veía tan frágil, tan inocente. Como deseaba estrecharla entre sus brazos y mantenerla pegada a su cuerpo, o robar su aliento entre besos y caricias apasionadas. Deseaba también que ella le correspondiera, deseaba sentir como esas suaves manos se deslizaban por su espalda y su pecho con extrema lentitud, lo anhelaba, pero ¿por qué? ¿En qué momento Matsuri se había vuelto una obsesión?Porque sólo era eso, una simple obsesión, algo que seguramente olvidaría una vez que la tuviera.La castaña estornudó y Gaara soltó una pequeña sonrisa.—Pero qué tonta, con esa pequeña pijama es obvio que te enfermarás –dijo en tono de regaño, aunque sabía que ella no podía oírlo. Se acercó a la cama y la cubrió con las frazadas. La chica se movió un poco y ladeó su cabeza, haciendo que sus labios dieran justo hacia donde se encontraba Gaara. El pelirrojo se acercó un poco a su rostro y pasó una mano suavemente por su mejilla, observándola fijamente—. ¿Qué se supone que me has hecho?—Gaara... –susurró la chica entre sueños, haciendo que él se sorprendiera al oír su nombre entre los labios de Matsuri mientras dormía. Ese rostro angelical y sus labios semi abiertos hacían que se perdiera en ella, hundiéndose más en el deseo de besarla de nuevo.Comenzó a acercarse a ella, sintiendo su suave aliento sobre su rostro. No importaba que la besara ahora, ella estaba dormida y jamás lo sabría, pero no podía hacerlo, no podía aprovecharse así de ella, simplemente no se lo podía permitir.—Soy un imbécil –susurró para sí. La siguió mirando unos segundos más y finalmente le dio un beso en la frente—. Duerme bien, pequeña Suri.Se alejó de ella y se acostó en su lado de la cama, cerrando sus ojos para ver si ahora lograba dormirse. Ya sabía que mañana tendría que volver a hacer como si nada le pasara, como si el estar junto a ella no provocara nada en él. Tendrían que fingir ser una feliz pareja, pero ¿hasta cuándo podría reprimir aquel deseo de tenerla entre sus brazos?En verdad no lo sabía.Continuará...