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Vínculos Del Alma — fanfic.es · All chapters

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Promesas En el pequeño Valle de Godric, bajo una lluvia torrencial, flotaban en el aire las chispas doradas y rojas como luciérnagas atrapadas en una red invisible.Gellert observaba a Albus con fascinación por su contradicción en él: su cabello caoba pulcro, la postura recta digna de un alumno perfecto de Hogwarts, y unos ojos, esos que sentía como que lo hechizaban mas que cualquier embrujo y ardían con el mismo fuego que los suyos. El sentía que eran dos mentes maestras atrapadas en cuerpos de adolescentes.-No es suficiente un pacto de sangre que tenemos, Albus -dijo Gellert, su acento marcando y arrastrando las palabras con una seguridad magnética. Apoyó las manos sobre una mesa de madera repleta de pergaminos y mapas de Europa-. El mundo que vamos a construir "Por el Bien Mayor" requerirá más que un juramento para no herirnos. Necesita trascender. Si el destino decide separarnos... nuestra visión debe sobrevivir.Albus alzó la mirada del mapa. Había una seria duda en su rostro, sintiendo el peso de su familia y lo que estaban planeando hacer, sin embargo, o la presencia de Gellert actuaba como un faro.-¿A qué te refieres, Gellert? Hemos jurado buscar las Reliquias juntos.Gellert dio un paso hacia él, rompiendo la distancia. Sus ojos, fijos en los de Albus, brillaron con una ambición casi febril. - Me refiero a un legado, una huella en la mismísima magia que me haga sentir que estamos completamente juntos en esto; he investigado y quiero que diseñemos una runa. Una que entrelace tu mente, tu alma y tu ser con el mío. Una promesa de que, si caemos, el mismo mundo mágico nos concederá un heredero con nuestra frecuencia y nuestros ideales. Un heredero que termine lo que hoy empezamos.Albus guardó silencio por un segundo. Él mismo había investigado, sabía que era una magia experimental, peligrosa y que ningún libro escolar se atrevería a mencionar, fusionar sus esencias mágicas. Pero para él, mirar a Gellert era como mirar al sol; era imposible apartar la vista.Mirándolo a los ojos, sin decir nada directamente, solo con esa mirada lo sabía todo. -Dos mitades de un mismo orden -susurró Albus, extendiendo su varita. -Exacto -sonrió Gellert, un gesto afilado y triunfante. Juntos, apuntaron al espacio vacío entre ellos. De la varita de Gellert brotó un hilo de luz azul, fría y cortante como el hielo de Durmstrang; de la de Albus, un destello carmesí, cálido y denso. Los dos hilos mágicos se tocaron, se resistieron por un instante y luego se trenzaron con un siseo violento. Gellert guió el movimiento, dibujando en el aire una runa nórdica de protección, pero Albus, con un movimiento ágil de muñeca, desvió los bordes, suavizándolos con la geometría perfecta de la alquimia británica. El resultado: un símbolo nuevo, único: una runa entrelazada por ambas magias que vibraba a la par de los latidos de su corazón. Cuando estuvo completa, Gellert sintió un vuelco en el pecho. No fue solo poder; sintió la mente de Albus, su genialidad, su nobleza y su valentía mezclándose con su propia frialdad calculadora. Fue hasta ese momento el mayor sentimiento que había experimentado en su juventud, sintió como el amor que tenía por ese hombre se hacía cada vez más grande, y al voltear a verlo, lo sabía, Albus sentía lo mismo que el.-Está hecho -murmuró Gellert, atrapando la runa flotante con la punta de su varita, por un momento, por un segundo, cerró los ojos y la selló en su memoria. -Una promesa de sangre y una de alma. Esta es la promesa, en este símbolo cargamos todos nuestros ideales. - Agarro lo primero que tenía a la mano; su bufanda, aquella que le traía recuerdos de su familia, y como un símbolo de todos sus deseos la marco con la runa recién creada, significando para él mucho mas que cualquier cosa.Gellert acarició la bufanda, sintiendo el calor residual de la runa grabada en la lana mientras Albus lo observaba, aún con la respiración ligeramente agitada por la fusión de sus esencias. Parecía que el universo entero se reducía a ese momento.Pero la ilusión de perfección se rompió con el golpe violento de la puerta al abrirse. La lluvia torrencial y el frío de la noche, entraron como un duro golpe de realidad. Aberforth Dumbledore estaba de pie bajo el umbral, empapado, con los puños cerrados y los ojos llenos de rabia.Gellert alcanzó a notar que su varita estaba desenvainada. -¿Otra vez aquí, Albus? Y sobre todo, otra vez con él. -la voz de Aberforth tronó, rompiendo la atmósfera sagrada.- Mientras tú juegas a cambiar el mundo con este "extranjero" - diciendo con desden -Ariana está sola en casa, llorando, perdiendo el control de su magia. ¡Tu familia se está cayendo a pedazos y tú estás aquí planeando delirios de grandeza! Albus dio un paso atrás, como si las palabras de su hermano lo hubieran golpeado físicamente. El calor del momento desapareció, reemplazado por algo que iba más allá de la culpa.-Aberforth, por favor, no entiendes... -comenzó Albus, extendiendo una mano temblorosa-. Lo que hacemos es para todos y sobre todo para ella también. Una vez que tengamos todo, no tendremos que escondernos nunca más. Ariana estará a salvo.-¡Ella no necesita un imperio, no necesita que no nos escondamos, no necesita nada de eso, solo necesita a su hermano!... y yo también -rugió Aberforth, dando un paso al frente, ignorando por completo a Gellert.Gellert sintió un desprecio frío recorrerle las venas. ¿Cómo se atrevía ese muchacho rústico, ese bueno para nada, sin un ápice de genialidad, a interrumpir el nacimiento de una nueva era? Peor aún, ¿cómo se atrevía a doblegar la voluntad de Albus mediante la culpa?. Pero al voltear a verlo, observó la duda reflejada en los ojos de Albus, vio cómo la persona más importante para él, volvía a agachar la cabeza ante su familia. No podía permitirlo.-Déjalo, Albus -intervino Gellert, con una voz aún más fría que el hielo afilado. Se interpuso entre los dos hermanos-. Tu hermano es una mente pequeña. No puede ver más allá del lodo de este pueblo. No permitas que su mediocridad extinga tu fuego y todo lo que hemos trabajado. Estamos a punto de alcanzar la gloria.-¡Cállate! -Aberforth apuntando su varita directamente al pecho de Gellert-. Tú eres el que lo está corrompiendo. Albus no va a ir a ninguna parte contigo. ¡Lárgate de aquí o si no...!-¿Y quién va a obligarme? ¿Tú? -Gellert soltó una carcajada arrogante, su varita descendiendo con elegancia letal-. Eres un estorbo para el Bien Mayor, Aberforth. Un eslabón débil y esos son los primeros que deben ser apartados.-¡Gellert, no! -gritó Albus, pero ya era tarde. Aberforth, cegado por la furia, lanzó el primer hechizo, una ráfaga de luz roja que Gellert desvió con un ligero y fino movimiento de su muñeca, devolviendo la misma maldición, lo que hizo que Aberforth se tambaleara. Al ver a su hermano menor en peligro, el instinto de protección de Albus se impuso sobre cualquier pacto de alma. Su varita se alzó. El lugar se convirtió un campo de luces cruzadas. Esos hilos que apenas minutos atrás se unían como un solo ser, ahora eran destellos cegadores que destruían las vigas de madera. Tres varitas envueltas en un torbellino de magia violenta y destructiva. Gellert peleaba con rabia, sintiendo la traición al ver que Albus, aquel que un instante antes había jurado estar siempre con él, se defendía a sí mismo y a su hermano en lugar de ponerse de su lado. Entonces, un grito agudo y desgarrador cortó el estruendo de los hechizos. En la entrada, atraída por el ruido, estaba Ariana con sus ojos desorbitados, y con claros indicios que su magia reprimida comenzaba a manifestarse de forma caótica a su alrededor como un parásito oscuro. Los tres magos intentaron detenerse, pero las maldiciones ya flotaban en el aire, rebotando en las paredes. Casi como si hubiera sido obra del destino, o de algo aún mas maquiavélico, un destello de luz verde, cegadora impactó directamente en el pecho de la niña. -nadie supo de qué varita provino.El silencio que siguió fue absoluto, roto solo por el sonido de la lluvia. Ariana cayó al suelo, inmóvil, con los ojos fijos en el techo. Albus cayó de rodillas, dejando caer su varita, emitiendo un grito ahogado que a Gellert le desgarró el alma. Aberforth corrió hacia el cuerpo de su hermana, gritando su nombre. Gellert se quedó paralizado con la varita aún levantada, temblando ante la realidad que estaba pasando. Miró a Albus, esperando que lo mirara de vuelta, pero Albus no lo miró. Solo lloraba sobre el suelo, completamente roto. En ese segundo, Gellert lo entendió, para si mismo supo que el Albus que amaba, el que quería construir un mundo con él, había muerto junto con esa niña. Solo quedaba la traición. Sintiendo el peso inminente de lo que había pasado y sabiendo que el sueño del Valle de Godric se había quebrado, Gellert dio un paso atrás. Apretó la bufanda gris contra su pecho -el único testigo intacto de la promesa que acababan de destruir- y huyó hacia la tormenta, dejando atrás Inglaterra con el corazón endurecido por el rencor.....Cuarenta y cinco años pasaron. El nombre de Gellert Grindelwald ahora se susurraba con terror en toda Europa. Había construido un imperio de orden y miedo, gobernando desde la imponente fortaleza de Nurmengard. Sin embargo, en el invierno de 1944, las cartas del destino volvieron a barajarse. Albus Dumbledore venía por él; y el enfrentamiento final era inevitable.En los aposentos más profundos de la fortaleza, lejos de los estruendos de la guerra global, una cuna de madera oscura resguardaba el último secreto del primer Señor Oscuro. Una niña de ojos claros, nacida de una de sus seguidoras más devotas, dormía plácidamente. Gellert se acercó a la cuna. Su rostro, ahora marcado por los años y la severidad del mando, se suavizó por un milisegundo. No sentía el amor paternal de un hombre común; sentía el orgullo del arquitecto que asegura su plano. Sacó de su túnica una vieja bufanda. La runa plateada, apagada por décadas, destelló con un vivo fulgor azul y carmesí al entrar en contacto con la piel de la bebé. La esencia reconoció la sangre.-Si caigo ante Dumbledore, escóndete en las sombras -le susurró Gellert a la madre de la niña, quien aguardaba arrodillada en la penumbra. - Cuida de ella. Cuida de esa promesa, es condete en Inglaterra.Pocos meses después, el duelo legendario sacudió los cimientos del mundo mágico. Grindelwald cayó, derrotado por el único hombre al que alguna vez había amado y odiado con la misma fuerza. Fue encerrado en la celda más alta de su propia Nurmengard. Pero mientras los carceleros cerraban los cerrojos de hierro, Gellert sonrió entre la mugre. Sabía que Albus creía haber terminado con todo, ignorando que el alma de su pacto seguía libre, latiendo cerca de esa cuna, esperando el momento indicado para resurgir....La generación intermedia creció huyendo. La hija de Grindelwald pasó su vida cambiando de nombre, escondiéndose de los aurores internacionales y de la propia sociedad mágica que la habría ejecutado solo por su apellido. Aprendió a odiar la magia, viéndola como una maldición de sangre. Para el año 1980, el terror tenía un nuevo rostro: Lord Voldemort. La Primera Guerra Mágica azotaba Gran Bretaña. Los Mortífagos cazaban con crueldad y el Ministerio, sumido en la paranoia, arrestaba a cualquiera bajo la menor sospecha. En medio de ese infierno nació en los barrios bajos de Londres una pequeña niña, su cabello platinado y una pequeña anormalidad en sus ojos, uno verde y uno azul.Una noche de octubre, bajo otra lluvia torrencial que imitaba a la del Valle de Godric, la hija de Gellert corría por los suburbios de Londres, llevando a su bebé recién nacida apretada contra el pecho. Estaba exhausta, herida y sabía que sus perseguidores estaban cerca. Si Voldemort descubría su linaje, lo usaría como un arma o lo destruiría por considerarlo una amenaza a su trono oscuro, cualquiera de las dos opciones era igual o peor que la otra. Si el Ministerio lo atrapaba, terminaría en una celda antes de aprender a hablar. Se detuvo frente a una casa de aspecto ordinario y pulcro, el hogar de una pareja muggle que siempre había anhelado un hijo, la madre los había llegado a conocer, solo gente común pero que inspiraban un aura de buenas personas. El mundo no mágico era el único escudo perfecto; un lugar donde las varitas y los linajes de sangre no significaban nada. Con sus manos temblorosas, envolvió a la bebé en una muy desgastada bufanda. Al acomodar el tejido, sus dedos rozaron la desgastada runa plateada. Por un instante, el frío de la lluvia cesó alrededor de la niña, envolviéndola en un calor, casi como si reaccionara a ella. Sin que nadie se percatara la esencia contenida en la runa; la de Albus y Gellert, viva y despierta, se selló en el alma de la pequeño, casi como un instinto paternal, como si dijera que estaba ahí para protegerla. La mujer besó la frente de su hija, conteniendo las lágrimas. No dejó ninguna nota con su verdadero nombre y linaje; ese nombre debía morir en el olvido para que el niño pudiera vivir. Tocó el timbre de la casa muggle con desesperación y se desvaneció en la oscuridad de la noche, dejando atrás al pequeño bebé en el umbral. Y así, la niña que se convirtió en la heredera de las dos mentes más grandes de la historia estaba a salvo, creciendo en la ignorancia, esperando el momento exacto en que el mundo mágico volviera a reclamar su frecuencia.---------------Bueno, gracias por leerme, es mi primer Fanfic, estoy disfrutando mucho escribirlo y espero que les guste también.