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Sacrificio

Vínculos Del Alma — fanfic.es · All chapters

Sacrificio

(POV: Valerie)Mi mente no dejó de trabajar durante los días siguientes. Analicé cada detalle que Hermione me había contado sobre la cabaña de Hagrid, el dragón y el Bosque Prohibido, hasta que las piezas encajaron con la frialdad de un tablero de ajedrez.Un extraño con capucha le había regalado un huevo de dragón a Hagrid en el pub local a cambio de información. Nadie regala algo tan valioso por nada. Hagrid, en su inocencia infantil, debió confesarle cómo calmar al perro de tres cabezas.Cuando corrí a la biblioteca a decírselo a los chicos, la realidad nos golpeó en la cara: el director Dumbledore había dejado el castillo tras recibir un mensaje urgente del Ministerio. Era una trampa. El maestro Snape -o quien fuera que intentara robar la Piedra Filosofal- iba a bajar por la trampilla esa misma noche.-Tenemos que ir hoy -dijo Harry, con determinación.Asentí, acomodándome la bufanda. Esta vez, no me dejaran atrás.Esperé a que la Torre de Ravenclaw quedara en absoluto silencio durante la madrugada. Me deslicé fuera de la cama con sigilo, pero en cuanto mis pies tocaron el suelo frío, una silueta se interpuso entre la puerta y yo. Era Padma. Vestía su pijama y me miraba con los ojos abiertos con reproche.-Vas a ir con ellos, ¿verdad? -susurró Padma, y su voz tembló en la oscuridad del dormitorio-. Valerie, por favor, no lo hagas. Te van a expulsar... o algo peor, no ves que me preocupo por ti.Caminé hacia ella y le tomé las manos, sintiendo el calor residual de mi bufanda envolvernos. Miré a la niña que se había convertido en mi hermana adoptiva y, por primera vez, mi lógica no buscó una excusa; buscó la verdad.-Tengo que ir, Padma. Si no voy, mis amigos pueden morir ahí abajo -le dije con una súplica sincera en los ojos-. Pero esta vez es diferente. No me estoy escapando. Voy a protegerlos, pero te prometo, que no me va a pasar nada. No tienes que preocuparte, hermana... siempre volveré contigo. Siempre.Padma me miró a través de sus lágrimas, procesando la firmeza de mi voz. Lentamente, soltó mis manos y dio un paso a un lado, dejándome el camino libre.-Más te vale, hermana -murmuró con una sonrisa rota.Me escurrí por los pasillos hasta el tercer piso, donde Harry, Ron y Hermione ya me esperaban bajo la Capa de Invisibilidad. Entramos a la habitación prohibida y descubrimos que un arpa encantada ya estaba tocando sola, manteniendo a la colosal bestia de tres cabezas en un sueño profundo. Abrimos la trampilla y, uno a uno, nos lanzamos hacia la oscuridad del abismo.Caímos sobre una superficie blanda y elástica que parecía amortiguar el golpe. Pero el alivio duró poco. Unos tentáculos oscuros y gruesos comenzaron a enredarse en nuestros tobillos con una velocidad aterradora. El Lazo del Diablo.-¡No se muevan! -gritó Hermione, intentando recordar sus lecturas obligatorias-. ¡Odian la luz del sol! ¿Cómo era el hechizo...? ¡No lo recuerdo!Ron comenzó a gritar mientras las raíces lo asfixiaban. El miedo a perder a mis amigos rompió mi parálisis. Saqué mi varita y apunté en silencio hacia las plantas. No hubo canto. De la punta de la madera brotó un destello de luz carmesí, denso y sumamente cálido. La esencia de mi magia barrió la penumbra y el Lazo del Diablo retrocedió horrorizado por el calor, soltándonos de golpe. Caímos al suelo de piedra, jadeando. Hermione me ayudó a levantarme.Cruzamos la siguiente cámara gracias a la destreza de Harry en la escoba voladora para atrapar la llave alada, y finalmente empujamos las pesadas puertas de la tercera habitación.El lugar era un monumental tablero de ajedrez mágico, con piezas gigantes de mármol negro y blanco que nos miraban desde las alturas con severidad. Para pasar, debíamos jugar. Ron, demostrando valentía, asumió el mando y nos colocó en diferentes posiciones, era el mejor para esto, no recuerdo cuantas veces me humillo en el ajedrez mágico, al menos en algo era bueno. Él se subió a un caballo negro, coordinando el juego de una forma que me asombró.La partida fue violenta. Las piezas se destrozaban unas a otras con ruidos secos que me erizaban la piel. Mi mente calculaba los movimientos tres jugadas adelante, y de repente, la verdad del tablero me congeló la sangre.Para que Harry pudiera darle jaque mate al rey blanco, una de nuestras piezas de la línea frontal debía ser capturada por la reina blanca. Y esa pieza era el caballo de Ron.-Tengo que hacerlo -anunció Ron, con el rostro pálido pero la voz firme-. Me va a capturar a mí. Así Harry podrá avanzar.El pánico se apoderó de mí. Mi trauma regresó con una fuerza devastadora: la idea de ver a Ron herido o muerto, de volver a romper nuestro grupo, me desgarró el pecho. Di un paso al frente, interponiéndome con desesperación.-¡No, Ron, por favor! -le rogué, y el llanto se me escapó en un chillido agudo que resonó en la cámara gigante-. ¡Déjame ir a mí! Muéveme a esa casilla. Yo puedo recibir el golpe. A mí no me importa, ¡pero a tu sí importas! Por favor, no te sacrifiques... Les suplico que me dejen a mí.-No, Val -me interrumpió Ron, regalándome una mirada de una madurez infantil que nunca le había visto-. Tú eres diferente que yo, tu mente tiene que seguir adelante con Harry y Hermione para resolver el resto de las pruebas. Esto es lo que me toca hacer a mí. Confía en mí, Evans.Antes de que pudiera gritar otra vez, Ron dio la orden. Su caballo avanzó. La reina blanca se giró lentamente, alzó su pesada espada de piedra y golpeó con fuerza el costado del caballo de madera. El impacto fue brutal. Ron salió despedido por el aire y cayó con un golpe seco sobre las losas de piedra, quedando completamente inmóvil.-¡¡RON!! -gritó Hermione.Grité en silencio, apuntando mi varita hacia él por puro instinto, trate de amortiguar los fragmentos de piedra que salían volando, pero la fuerza del impacto mágico de la sala me golpeó a mí también de rebote y me mandó a volar. Mi cabeza chocó contra el suelo de piedra y una negrura absoluta comenzó a devorar los bordes de mi visión. Lo último que alcancé a ver antes de desmayarme fue a Harry avanzando hacia el rey blanco, y a Hermione corriendo desesperada hacia mi cuerpo....El olor a sábanas limpias y a pociones medicinales fue lo primero que me hizo reaccionar. Abrí los ojos con lentitud, parpadeando ante la luz brillante que entraba por los ventanales de la Enfermería de Hogwarts. La cabeza me latía con fuerza.A los lados de mi cama, dos figuras se incorporaron de golpe.-¡Val! ¡Por Merlín, despertaste! -Padma se lanzó a abrazarme con cuidado, llorando de alivio real contra mi hombro.A su lado, Cho Chang me sonreía con una ternura inmensa y me acomodaba las mantas con ese aire de hermana mayor que tanto me reconfortaba.-Te lo dijimos, Patil. Las mentes brillantes son difíciles de romper -bromeó Cho, aunque se le notaba el alivio en la voz-. Nos diste el susto de nuestras vidas, Evans. El director Dumbledore las rescató a ti y a los chicos justo a tiempo.-¿Dónde están...? -atiné a preguntar, con la voz ronca.-Ron está un par de camas más allá, ya está despierto y comiendo sapos de chocolate -me tranquilizó Padma, señalando la penumbra de la sala-. Y Hermione está con él, no se ha separado de su lado ni del tuyo en tres días. Harry está durmiendo, pero está a salvo. Lo lograron... lo que sea que trataron de hacer ahí abajo.Una respiración pausada y conocida interrumpió nuestras palabras. El director Dumbledore caminó desde el umbral de la enfermería, con su larga barba plateada sujeta al cinturón y sus gafas de media luna reflejando la luz del sol. Cho y Padma se despidieron de mí con un apretón de manos cariñoso y una despeinada de mi cabello, salieron en silencio, dejándonos solos.Dumbledore se sentó en la silla de madera junto a mi cama. Miró mi bufanda, que descansaba limpia sobre la mesa de noche, y luego fijó sus ojos azules en mí con esa ternura casi familiar que siempre me lograba calmar.-Fue una suerte de locura lo que hicieron allí abajo, Valerie -dijo el director con suavidad-. Pero rogar por el sacrificio propio para salvar a un amigo... es una magia que desafía cualquier lógica. Una magia muy pura.-No quería que nadie se quedara atrás, director -murmuré, sintiendo una lágrima resbalar por mi mejilla-. Tenía miedo de volver a estar un poco más sola.Dumbledore extendió su mano y la posó suavemente sobre la mía. Su tacto era sumamente cálido, muy parecido a la luz carmesí de mi propia magia.-Nunca volverá a estar sola, señorita Evans. Su alma posee una naturaleza dividida, sí, pero sus elecciones en este castillo han demostrado que es lo que guía su destino. Quienquiera que la esté observando desde el pasado, estaría inmensamente orgulloso de la lealtad de su corazón. Ahora, descanse. Hoy es la Ceremonia de Clausura y sus compañeros la esperan.Unas horas después, el Gran Comedor lucía imponente, abarrotado de alumnos y decorado con enormes estandartes verdes y plateados de Slytherin, quienes lideraban la Copa de las Casas. Me senté en la mesa de Ravenclaw junto a Padma y Cho, sintiendo el peso nostálgico del final del curso. Al otro lado del comedor, Hermione me miraba con una sonrisa y los ojos llenos de una felicidad. Le devolví la sonrisa, sintiendo que finalmente estaba en paz, o por lo menos lo intentaba.El director Dumbledore se puso de pie desde la mesa de profesores, ganándose el silencio absoluto del lugar.-El año ha terminado -anunció, con su voz barítona resonando en los muros de piedra-. Pero recientes acontecimientos deben ser tomados en cuenta antes de entregar la copa. Tengo algunos puntos de último minuto que otorgar.El comedor murmuró expectante. Dumbledore le otorgó cincuenta puntos a Ron Weasley por la mejor partida de ajedrez que Hogwarts había visto en décadas; cincuenta puntos a Hermione Granger por el uso de la lógica fría ante el fuego; y sesenta puntos a Harry Potter por su puro temple y valor indomable. Gryffindor acababa de empatar con Slytherin.El comedor era un volcán a punto de estallar, pero Dumbledore alzó la mano, deteniendo los gritos, y giró el rostro directamente hacia nuestra mesa. Sus ojos se encontraron con los míos.-Y finalmente... -tronó la voz del director-. A la señorita Valerie Evans. Por demostrar que la inteligencia más brillante es aquella que se usa para proteger sus amigos, y que el valor de una mente no se mide por las reglas que sigue, sino por la lealtad incondicional de su alma... cincuenta puntos para Ravenclaw.La mesa de azul y bronce estalló en un grito de júbilo descomunal. Robert, el prefecto, saltó de su asiento; Cho Chang me abrazó riendo con orgullo, y Padma me rodeó el cuello llorando de alegría pura. Volteé a ver a la mesa de Gryffindor; Hermione estaba de pie, aplaudiendo con todas sus fuerzas, con las lágrimas rodando por sus mejillas rizadas, compartiendo mi gloria a la distancia. Dumbledore dio una palmada y los estandartes del comedor cambiaron, tiñéndose de una mezcla de rojo, dorado, azul y bronce para celebrar un triunfo compartido histórico.En ese milisegundo de absoluto caos y felicidad, mis traumas se desvanecieron por completo, al menos por ahora. Por primera vez sentí que pertenecía a este mundo, pertenecía a mis dos casas.El año escolar cerró en el andén de King's Cross. Me despedí de Hermione con la promesa de escribirle tres cartas por semana, aunque sabía que estaría en su casa o ella en la mía todo el tiempo que nos fuera posible, y de Harry y Ron con un choque de manos sincero. Por último, abrace a Padma con todas mis fuerzas, prometiendo que nos contaríamos todo lo que hagamos en vacaciones, la solté conteniendo las lagrimes y camine a la salida. Cuando crucé la barrera mágica y vi a Marissa y a John esperándome con los brazos abiertos bajo la lluvia de Londres, corrí hacia ellos y me dejé abrazar, acomodándome mi bufanda sobre el cuello. Tenía dos padres que me adoraban, una hermana adoptiva, tres amigos mágicos que darían la vida por mí y una mente lista para enfrentarse a los misterios de los años que estaban por venir.