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Familia

Vínculos Del Alma — fanfic.es · All chapters

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(POV: Valerie)La mañana del primero de septiembre en la estación de King's Cross estuvo llena de un caos inusual, cuando cruzamos la barrera hacia el andén 9 ¾. Hermione y yo pasamos juntas, seguidas de cerca por los Weasley, pero al subir al Expreso de Hogwarts y recorrer los pasillos buscando a nuestros amigos, nos dimos cuenta que Harry y Ron no estaban por ningún lado. No habían subido al tren.-No tiene sentido, Val. Estaban justo detrás de nosotros en la entrada-murmuraba Hermione, caminando de un lado a otro en el pasillo de forma caótica-. ¿Y si les pasó algo? ¿Y si perdieron el tren? Los van a expulsar.-Tranquila, Mione -le dije, poniéndole una mano en el hombro para que se detuviera, mientras me acomodaba mi bufanda-. No los van a expulsar el primer día. Además, Dumbledore está en el castillo; él sabrá qué hacer si no llegan. Ven, entremos aquí.Terminamos compartiendo el compartimento con Padma y su hermana Parvati. Fue un viaje largo y un tanto extraño. Para mí era maravilloso estar con mis dos personas favoritas, pero mi mente no pudo evitar sentir la sutil tensión que flotaba en el aire. Padma se sentó justo a mi lado, compartiendo conmigo sus recuerdos del verano y riéndose con fuerza cada vez que yo hacía algún comentario sarcástico. Hermione, al ver la enorme confianza que Padma y yo habíamos desarrollado en la Torre de Ravenclaw, se pasó la mitad del viaje respondiendo las preguntas de Parvati de forma un tanto cortante, lanzándonos miradas de reojo con una leve molestia que intentaba ocultar fingiendo leer su manual de Defensa contra las Artes Oscuras. Verla fruncir las cejas en la frente por los celos me hizo sonreír, se veía tan graciosa, aunque me gustaba saber que, a pesar de todo seguía queriendo mantenerse a mi lado.Así, entre risas y celos el tren finalmente se detuvo en la estación de Hogsmeade bajo la lluvia nocturna. Al entrar al Gran Comedor, el murmullo de los estudiantes confirmó que Harry y Ron habían llegado al castillo volando en un auto muggle encantado y casi los expulsan del colegio antes de la cena. Hermione soltó un bufido de indignación, pero vi el alivio real en su rostro al verlos sentados en la mesa de Gryffindor, sanos y salvos.Me senté en la mesa de Ravenclaw junto a Padma y Cho Chang para presenciar la Ceremonia de Selección de los de primer año. El desfile de nombres avanzaba rápido, hasta que la profesora McGonagall llamó a una niña de cabello rubio, largo y desarraigado, que vestía la túnica nueva con una distracción extraña.-¡Lovegood, Luna!El Sombrero Seleccionador apenas tocó su cabeza y gritó: ¡RAVENCLAW!La mesa azul estalló en aplausos, pero a medida que la niña caminaba hacia nosotros, los susurros de los chicos mayores comenzaron a filtrarse en el ambiente. Luna caminaba mirando hacia el cielo estrellado del techo encantado como si estuviera buscando algo invisible, con una sonrisa flotante que hizo que varios niños de segundo año intercambiaran miradas burlonas y murmuraran palabras como «lunática» o «rara».Sentí un chispazo helado en el estómago. Ver cómo los demás niños se movían sutilmente, dejándole un espacio vacío alrededor como si su excentricidad fuera algo de lo que huir, algo se activó dentro de mí. Mi instinto protector, ese que no me permitía quedarme quieta cuando veía a alguien en problemas, se encendió en un segundo, yo también me había sentido rechazada hace unos años.Al terminar la cena, mientras subíamos las escaleras de caracol hacia la torre, jalé a Pad de la túnica para retrasar el paso y quedar rezagadas del resto del grupo.-¿Viste a la niña rubia, a Luna? -le susurré de procupada-. Los de primer año la están dejaron sola en la mesa. No podemos dejar que pase su primera noche sintiéndose fuera de lugar, como una extraña.Padma se detuvo en un escalón y me miró con una ceja arqueada, aunque una sonrisa divertida comenzó a dibujársele en los labios.-De verdad, Evans, a veces creo que tienes un complejo severo de recoger y cuidar mascotas de la calle -bromeó, dándome un empujón amistoso con el hombro-. El año pasado ayudaste a Longbottom con su sapo, te metiste en tantos problemas e incluso terminaste en la enfermería por querer ayudas a Potter y a los demás, ¿y ahora la niña nueva?-No es un complejo, Patil -me quejé, aunque sentí que las mejillas se me calentaban un poco mientras me acomodaba la bufanda-. Es solo que... Mira, sabemos lo que es pasar la primera noche extrañando a alguien y sintiendo que el dormitorio es enorme, por lo menos nos tuvimos ambas para pasar ese momento, pero... ella no tiene a nadie y no creo que alguien se le vaya a acercar. No quiero dejarla sola.-Tienes razón, hermana -asentó Padma, y su mirada se volvió cálida y seria-. Yo también vi cómo la apartaban.En cuanto cruzamos el aldabón de bronce y entramos a la sala común, buscamos a Luna. Estaba sentada en un rincón, apartada de los sillones principales, contemplando las cortinas de seda azul con una calma infinita y sosteniendo un ejemplar de un periódico al revés. Padma y yo nos acercamos y nos sentamos a su lado, rompiendo la distancia que los demás habían construido.-Hola, Luna -le dijo Padma con una sonrisa, ofreciéndole una rana de chocolate de su bolsillo-. Soy Padma Patil, y ella es Valerie Evans. Somos de segundo año.Luna miró el dulce y luego nos miró a nosotras con sus ojos grandes y saltones. Su sonrisa flotante se volvió un poco más real.-Hola -respondió con su voz cantarina-. Las ranas de chocolate son buenas, aunque a veces creo que saltan porque extrañan el río. Muchas gracias. También tengo que cuidar que los nargles no se metan en la envoltura; les fascina el azúcar.Padma parpadeó un par de veces, visiblemente confundida, y me miró de reojo buscando una explicación que yo, evidentemente, no tenía.-¿Nargles? -atinó a preguntar Padma, intentando mantener la postura-. ¿Son... una especie de insectos mágicos?-Oh, no, son invisibles y viven en el muérdago -explicó Luna con total naturalidad, mientras le daba un mordisco a la cabeza de la rana-. Hacen que la gente pierda cosas. Mi papá dice que se roban los calcetines izquierdos.-Bueno... -intervine yo, acomodándome la bufanda, tratando de reconducir la conversación a un terreno que pudiera procesar-. Si son invisibles y solo se llevan los calcetines izquierdos, debe ser un problema grave. Pero no te preocupes, si se te pierde un calcetín, Padma tiene una colección gigante debajo de su cama.Padma soltó una carcajada y le dio un empujón amistoso a mi hombro. Luna, por su parte, soltó una risita suave y pareció relajarse. Fue en ese momento cuando bajó la mirada hacia mi cuello, ladeando la cabeza de forma críptica, y extendió una mano pequeña para rozar el aire cerca de mi tejido gris.-Tu bufanda, Valerie -me susurró Luna-. Tiene el mismo frío que las paredes del castillo. Deberías tener cuidado con el invierno, pero me gusta estar aquí. Huele a madera vieja.Un escalofrío me recorrió la espina dorsal. Miré a Padma y supe que ella también se había quedado sin palabras, pero antes de que la tensión se apoderara del rincón, unos pasos ligeros se detuvieron frente a nosotras.-Veo que ya hicieron una nueva amiga -Chang nos miraba una sonrisita en su boca-. Hola, Luna. Bienvenida a Ravenclaw. Soy Cho, un consejo, si estas dos intentan convencerte de que el profesor Flitwick flota por culpa de su cojín, no les creas. Es solo un gran sentido del equilibrio.-Hola, Cho -respondió Luna, balanceando los pies-. Tienes un aura de color cielo. Creo que me caes muy bien.Cho parpadeó, gratamente sorprendida, y nos dio una palmadita en el hombro a Padma y a mí antes de retirarse.-Val... -me susurró Padma en el oído, mirando hacia el pasillo de los dormitorios de primer año-. Ella no puede quedarse sola en ese cuarto si las demás la van a mirar tan raro como hasta ahora y nuestro dormitorio tiene espacio. La cama que está junto a la ventana está vacía.Mi mente procesó la propuesta en un segundo. El reglamento estipulaba que las habitaciones se dividían por año, pero las reglas del profesor Flitwick solían ser mucho más flexibles si se les presentaba un argumento convincente.-Estas sugiriendo que... esta bien, vamos a buscar al profesor -asentí.Quince minutos después, Padma y yo estábamos paradas frente al escritorio del jefe de nuestra casa. El profesor Flitwick, nos escuchaba con atención mientras se acomodaba las gafas.-A ver, señoritas Evans y Patil -dijo Flitwick, con su voz aguda-. Me están pidiendo una excepción muy inusual. La señorita Lovegood pertenece a la generación de primer año. Lo normal es que comparta el dormitorio con sus compañeras de curso.-Entendemos eso, profesor -tomé la palabra, dando un paso al frente-. Pero la integración funciona mejor cuando un alumno se siente respaldado por estudiantes mayores. Y sinceramente, Luna tiene una personalidad... muy original, y no sé si todos llegaran a apreciar eso, además Padma y yo tenemos un espacio libre en nuestra habitación. Nos comprometemos a guiarla en sus horarios, ayudarla con las reglas de la torre y asegurarnos de que se adapte rápido al castillo.-Además, profesor -añadió Padma, juntando las manos con un toque de súplica, a lo que yo también me uní con las manos levantadas-. Ella extraña mucho su casa y nosotras sabemos exactamente cómo se siente eso el primer año. Prometemos cuidarla bien.El profesor Flitwick nos miró por encima de sus gafas por un largo rato. Vi un brillo de orgullo y ternura en sus ojos. Se aclaró la garganta y soltó un pequeño chillido de aprobación.-Bueno... la casa de Ravenclaw valora el intelecto, pero la empatía y la protección hacia los compañeros es una virtud que no puedo ignorar -sonrió el profesor, agitando su varita en el aire-. Está bien. Autorizaré el traslado de la señorita Lovegood a su dormitorio. Pero es su responsabilidad que no se quede despierta buscando... ¿cómo es que dice ella? ¿Gnomos voladores?-¡Nargles, profesor! -corrigió Padma con una risa.Regresamos corriendo a la sala común a darle la noticia a Luna. Cuando le explicamos que dormiría en nuestra habitación, su rostro se iluminó con una felicidad pura que me hizo sentir que mi «complejo de recoger mascotas», como decía Padma, valía totalmente la pena. La ayudamos a acomodar sus pertenencias y, esa noche, mientras el viento silbaba alrededor de la torre, el dormitorio de Ravenclaw no se sintió enorme ni frío. La vida diaria en Hogwarts se reanudó con rapidez durante las semanas siguientes, trayendo un fortalecimiento en nuestras amistades. Padma, Luna y yo nos volvimos un trío inseparable en los pasillos de Ravenclaw; mi «complejo de rescatar mascotas», como decía Padma, nos había dado una pequeña y maravillosa familia en la torre. Mis encuentros con Hermione en la biblioteca seguían siendo nuestro rincón sagrado; nos sentábamos en el pasillo polvoriento de siempre y, aunque Mione todavía miraba a Padma con una leve distancia posesiva cuando nos cruzábamos en el Gran Comedor, en la biblioteca volvíamos a ser el equipo de siempre, compartiendo apuntes y preparándonos para las clases.Todo parecía marchar en una paz ganada y perfecta. Tenía tenía mis amigas. No tenía por qué tener miedo del futuro.