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Siseos

Vínculos Del Alma — fanfic.es · All chapters

Siseos

(POV: Valerie)La clase de Defensa contra las Artes Oscuras se convirtió rápidamente en el hazmerreír de mi mente, aunque no para el resto de la Torre de Ravenclaw. Compartíamos el aula con los de Hufflepuff, y el profesor Gilderoy Lockhart había decidido inaugurar el ciclo liberando una jaula colosal de duendecillos. El resultado fue un desastre absoluto: los monstruos azules habian destrozaron los libros, rompieron las ventanas y colgaron a Neville Longbottom del candelabro del techo en la clase de Gryffindor, según lo que me había contado Hermione. Aunque en nuestra sesión, Lockhart simplemente se escondió debajo de su propio escritorio.Esa misma noche, Padma, Luna, Cho y yo nos reunimos cerca de la chimenea de la sala común, disfrutando de esa calidez que siempre lograba calmar mis pensamientos. Pad estaba tumbada boca abajo en el alfombrado de constelaciones, suspirando de forma dramática con una mirada embelesada.-Te digo que es una estrategia pedagógica incomprendida, Val -insistió Padma, abrazando su almohada azul-. El profesor Lockhart solo quería ponernos a prueba bajo presión. Su valentía es de otro nivel, ¿no viste cómo brillaba su sonrisa dorada incluso en medio del caos?-¿Valentía?, además su sonrisa brillaba, pero por su ausencia, porque estaba cubierta por la madera de su escritorio, Patil -me burlé, lanzándole una pluma gastada que esquivó con una risita-. Su valentía duró exactamente tres segundos antes de dejarnos solos con esos demonios azules. Es un fraude absoluto, no entiendo por qué te gusta tanto.-¡Oh, cállate, Evans! Eres una insensible -rezongó Padma, dándome un empujón amistoso con el pie, antes de girarse hacia Cho, que intentaba concentrarse en un plan de Quidditch-. Cho, por favor, dime que tú también notaste el porte del profesor cuando entró al aula.Cho alzó la mirada, con esa serenidad tan de hermana mayor, y se rió por lo bajo, un tanto sonrojada.-Para serte sincera, Padma... no -confesó Cho con una sonrisa sutil, desviando los ojos hacia su pergamino-. Estaba muy ocupada asegurándome de que los duendecillos no arruinaran los apuntes de Cedric.-¡Ah! ¡Lo sabía! -exclamó Padma de golpe, sentándose de un salto y apuntándola con el dedo de forma acusadora-. ¡No mirabas a Lockhart porque pasaste la mitad de la clase volteando a ver a Diggory! Val, ¿viste eso? Cho estuvo mirando hacia el lado de Hufflepuff todo el tiempo.Se me salió una pequeña carcajada.-Mis ojos confirman tu hipótesis, Padma -secundé con diversión, acomodándome la bufanda gris-. Cho estuvo en un ángulo de cuarenta y cinco grados hacia la mesa de Hufflepuff durante dos horas. Eso sí que es pura física gravitacional.-Ustedes dos son insoportables -se quejó Cho, tirándonos un cojín de seda que atajé en el aire-. Cedric solo es un buen amigo de la clase, de verdad.-Cedric Diggory tiene un aura de color verde manzana -intervino Luna de repente con su voz cantarina, sin levantar la vista su libro-. Pero está llena de mariposas flotantes cada vez que Cho pasa junto a su escoba. No son nargles, son mariposas de verdad.El rincón se sumió en un silencio divertido y Cho se cubrió el rostro con las manos, completamente colorada, mientras Padma y yo nos partíamos de risa en el alfombrado. Estar allí, rodeada de ellas, me hacía sentir segura.Sin embargo, todo cambió al terminar la fiesta de Halloween en el Gran Comedor, Harry, Ron, Hermione y yo caminábamos juntos hacia las escaleras superiores. Hermione iba a mi lado comentando algo sobre las pociones, cuando Harry se detuvo en seco, pegando la oreja a la pared de piedra con los ojos abiertos por el terror.-Está llamando... otra vez... -susurró Harry, con la voz trémula y pálida-. Está diciendo... matar... es hora de matar...-Harry, ¿de qué estás hablando? No hay ningún ruido -murmuró Ron, asustado.Hermione miró a Harry con pánico, pero yo me congelé en mi lugar. No entendía lo que Harry decía haber escuchado, pero en ese segundo exacto, el mundo pareció silenciarse a mi alrededor. Un golpe súbito e invasivo me azotó la mente, dejándome sin aire. Mi oído captó un siseo antiguo, sordo y vibrante que corría como una corriente de agua helada por dentro de las piedras de los muros, pero lo que me paralizó por completo fue el terror de lo que sentí.Fui invadida por un hambre voraz, una soledad y una sed de sangre tan grande que me revolvió el estómago. El miedo me oprimió la garganta: primero, porque no tenía idea de qué estaba sucediendo, de donde salían estos sentimientos; y segundo, porque la maldad pura de ese sentimiento me caló hasta los huesos.En ese instante, mi bufanda parpádeó con un frío denso e insoportable, respondiendo a mi pánico. El símbolo emitió una pulsación violenta que me obligó a respirar hondo para no quebrarme.-Harry, espera -atiné a decir, pero él ya había salido disparado por el pasillo, siguiendo ese siseo invisible que solo él parecía descifrar.Ron, Hermione y yo corrimos detrás de él por los corredores oscuros, guiados por la adrenalina helada de los doce años, hasta que doblamos una esquina del segundo piso y el agua en el suelo nos obligó a disminuir el paso. Las antorchas iluminaban un charco enorme, y colgada del soporte de hierro, rígida como la madera, estaba la Señora Norris, la gata del conserje Filch. Pero lo que me cortó la respiración de golpe fueron las palabras pintadas con una sustancia roja y espesa en la pared de piedra:«La Cámara de los Secretos ha sido abierta. Enemigos del heredero, temed».-¿Qué... qué es eso? -balbuceó Ron, arrastrando los pies con pánico.Los estudiantes comenzaron a llegar desde el Gran Comedor, rodeándonos en un murmullo de terror colectivo. Mientras todos miraban la escena con desconcierto, mi mirada viajó hacia el techo, fijándose en la rejilla de las tuberías de ventilación.Me abracé a mi bufanda gris buscando recuperar el calor, sintiendo que la primera e inquietante pieza del rompecabezas de este año se había unido con la sangre de la pared. El peligro en Hogwarts era real.