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Descontrol

Vínculos Del Alma — fanfic.es · All chapters

Descontrol

(POV: Valerie)Noviembre llegó arrastrando ráfagas de viento helado desde las montañas y cubriendo el castillo con una paranoia insoportable. Tras la petrificación de la gata de Filch, los pasillos se llenaron de murmullos. Hermione me encontró una tarde en nuestro rincón de la biblioteca, visiblemente frustrada. Me contó que en su clase de Historia de la Magia había logrado que el profesor Binns -el fantasma que dictaba las lecciones más aburridas del colegio- rompiera su rutina para contarles la leyenda de la Cámara de los Secretos.-Slytherin quería que el colegio fuera exclusivo para familias de magos, Val -me susurró Hermione, apretando los puños-. Creía que los nacidos de muggles no éramos dignos de aprender magia. La leyenda dice que construyó una cámara oculta con un monstruo dentro, y que solo su verdadero Heredero puede abrirla para purgar el castillo.Analicé sus palabras en silencio. Todo coincidía. Había algo vivo, algo que odiaba a los que veníamos de fuera. Pero el verdadero golpe no vino de las leyendas antiguas, sino de la crueldad del presente.Ocurrió unos días después. Hermione llegó a la biblioteca con los ojos rojos y la cabeza gacha, sentándose en la mesa sin decir una sola palabra. Se limitó a abrir un libro de Encantamientos, intentando ocultar las lágrimas que le resbalaban por las mejillas. Harry y Ron no estaban con ella; Ron seguía en la enfermería escupiendo babosas gigantes tras un hechizo fallido por su varita rota.-¿Mione? ¿Qué pasó? -le pregunté, sintiendo que el corazón me daba un vuelco de angustia.-Nada, Val. Solo... Malfoy. Olvídalo, por favor, no quiero hablar de eso-murmuró con la voz rota, negándose a mirarme.No insistí, sabía que forzarla solo la haría cerrarse más, pero la duda y preocupación se me quedó clavada en el pecho. Esa noche, en el, aproveché que Cho había bajado a llevarnos unos dulces para preguntarle a ella y a Padma si sabían algo de lo que había pasado en el entrenamiento de Gryffindor.-Si Val, pero no sé si deba contarte...-dijo Padma, y su habitual tono alegre desapareció, reemplazado por una mueca de asco, suspiro lentamente-. Fue Malfoy, por lo que me dijo mi hermana, le dieron el puesto de Buscador en Slytherin porque su papá les compró escobas nuevas a todos. Hermione se quejó de que el talento no se compra, y Malfoy... él la insultó frente a todo el equipo.-Que pudo haberle dicho para que no me quieras contar -pregunte con un tono que sonó demasiado preocupado.-Le dijo «sangre sucia», Val -añadió Cho con suavidad, mirándome con una profunda seriedad, no entendía por qué era tan serio-. Es el peor insulto que existe en nuestro mundo. Significa que su sangre está contaminada, asquerosa. Se usa para denigrar a los magos que vienen de familias muggles, para hacerles creer que son inferiores, que no pertenecen aquí.Escuchar la explicación de Cho me congeló la sangre. Me dolió; me invadió una furia pura y violenta. Mi bufanda latió contra mi pecho con un calor abrasador, respondiendo a esa rabia latente. ¿Superioridad de sangre? ¿Hacer sentir a Hermione como un desecho por sus orígenes? No, no iba a quedarme de brazos cruzados.-Val, no quiero que hagas nada fuera de lugar, no quiero tener que preocuparme por ti otra vez-dijo Padma, viéndome de manera severa, supongo que mis sentimientos se reflejaron en mi cara.-No haré nada -exclame, aunque sabia que no podía cumplir esas palabras, solo quería que no se preocupara antes que hiciera algo, pero la furia seguía contenida en mi cuerpo.A la mañana siguiente, no fui al Gran Comedor. Esperé en las sombras del pasillo del segundo piso, cerca de las mazmorras, sabiendo que el equipo de Slytherin pasaría por allí rumbo a los terrenos. De pronto vi la silueta rubia de Draco Malfoy apareció, caminando con esa suficiencia insoportable y escoltado por Crabbe y Goyle.Me interpuse en su camino de golpe, bloqueándoles el paso.-¿Evans? Muévete, no tengo tiempo para... -comenzó Malfoy, pero sus palabras se extinguieron en su garganta.No hubo advertencias. Me ganaron los sentimientos internos, di un paso firme hacia él y, con gran velocidad saqué mi varita de y la apunté directamente al entrecejo de Malfoy. Mi rostro reflejaba una furia helada y un desprecio absoluto por el bicho rastrero que tenía enfrente. Me daba asco su soberbia.-Le vas a pedir disculpas a Hermione -le dije, y mi voz sonó tan baja y cortante que Crabbe y Goyle dieron un paso atrás, intimidados por la presencia que emanaba de mí.-¿Estás loca? ¡No le voy a pedir disculpas a esa sang...!No lo dejé terminar. Al escuchar el inicio de la palabra, el asco y la rabia me desbordaron por completo, rompiendo cualquier rastro de mi misma. Sin pensarlo canalicé toda esa furia hacia la madera de saúco. No sabía qué estaba haciendo, ni siquiera sabía que estaba haciendo, pero una fuerza descomunal y asfixiante brotó de mis dedos. De la punta de mi varita brotó una danza violenta de luces de un azul gélido y brillante, acompañada por una ráfaga de viento negro y denso que azotó el pasillo, apagando las antorchas cercanas. La presión mágica en el aire se volvió tan pesada que Malfoy cayó de rodillas, con los ojos abiertos por el pánico absoluto, llevándose las manos al cuello como si sintiera que el aire se le escapaba por culpa de la fuerza invisible que lo estaba aprisionando. Yo me no me pude controlar y mi propia magia también se había salido de control, respondiendo a mi desprecio, lo único que pensaba era en destruir a Malfoy, lo pensaba con todo mi ser. Estaba a punto de lanzar un golpe destructivo que ni yo misma comprendía.-¡¡Valerie, detente!! -una voz barítona, potente y sumamente firme cortó el aire del pasillo como un trueno.Antes de que la luz azul impactara en el rostro de Malfoy, una chispa plateada y cálida barrió el corredor, desvaneciendo mi viento oscuro en un parpadeo. Me giré, respirando entre bocanadas de aire con el corazón latiéndome en los oídos. El director Albus Dumbledore avanzaba hacia nosotros. Su rostro mostraba una gravedad inmensa, y sus ojos azules me miraban detrás de sus gafas de media luna con una mezcla de preocupación y una advertencia.Malfoy y sus amigos salieron huyendo hacia las mazmorras en cuanto sintieron que la presión desaparecía, tropezando de puro miedo.Dumbledore se detuvo a un paso de mí. Bajó la mirada hacia mi varita, que seguía temblando en mis dedos, y luego posó su mano cálida sobre mi hombro. El contacto de sus dedos me devolvió en mí, obligándome a sostener la bufanda con todas mis fuerzas.-El odio es una variable peligrosa para una mente tan joven, señorita Evans -me dijo el director con suavidad, pero con una firmeza que me caló hondo-. Defender a los que amamos es una virtud noble... pero dejar que esa furia consuma su control la llevará por un camino del que es muy difícil regresar. Guarde su varita.-Él no tenía derecho a llamarla así, director -murmuré, con la voz quebrada por el cansancio de haber liberado tanta fuerza.-Lo sé, Valerie. Lo sé -asintió Dumbledore con una mirada cargada de una ternura paternal-. Y el colegio se encargará de las sanciones correspondientes. Ahora, regrese a sus clases.Caminé de vuelta hacia la Torre de Ravenclaw con las manos todavía temblando bajo las mangas de mi túnica. Pero no fui a clases. Mi mente estaba demasiado aturdida, colapsada por el peso de lo que acababa de hacer. Respondí al aldabón de águila de forma automática y me encerré directamente en mi dormitorio, tirando mi bolso al suelo. No quería ver a nadie. No quería que nadie me viera.Me senté en el suelo, pegando la espalda contra la base de mi cama y encogiéndome de hombros mientras me aferraba con desesperación a mi bufanda. El miedo me consumía por completo. Esa fuerza fría y asfixiante que había nacido de mi propio desprecio, de mis peores emociones, y la idea de que estuve a centímetros de destruir a Malfoy me aterraba, porque sé que de verdad quería hacerlo. ¿Qué clase de monstruo era yo? ¿Por qué esa magia tan peligrosa salía de mí? Enterré el rostro entre las rodillas, temblando en el silencio de la habitación, devorada por mis propios pensamientos.Pasaron las horas en las que dejaba de llorar, y los recuerdos volvían y el miedo con ellos, así seguí hasta que el sonido de la puerta abriéndose me hizo dar un respingo. Alcé la mirada con los ojos empañados y vi a Padma entrar al cuarto. Venía sin su habitual sonrisa, con el rostro desencajado por la preocupación pura. Al verme oculta en el suelo, soltó sus libros y corrió hacia mí, arrodillándose a mi lado sin dudarlo.-¡Val! Por Merlín, ¿qué pasó? -me preguntó Padma con voz trémula, tomándome de las manos con firmeza-. Cho me dijo que no te vio en el Gran Comedor y nadie sabía de ti. Robert mencionó algo sobre un problema en los pasillos de las mazmorras... Me moría de pánico, pensé que te había pasado algo malo.Al sentir el calor sinceró de sus manos, la fachada de control que me quedaba se rompió por completo. Rompí a llorar, dejando que las lágrimas de terror salieran por fin, y me aferré a ella con todas mis fuerzas, escondiendo el rostro en su túnica.-Tengo miedo, Padma... de verdad tengo mucho miedo -susurré entre sollozos, con la voz rota-. Me descontrolé en el pasillo con Malfoy, me segó la ira. Salió una magia horrible de mi varita, algo frío y oscuro que no sé qué era, pero quería hacerle daño. Si el director no hubiera llegado... yo... yo no sé qué habría pasado. No sé qué hay dentro de mí.Padma guardó silencio, abrazándome con una paciencia inmensa, meciéndome suavemente mientras dejaba que descargara todo el peso de mi angustia. Mantuvo sus brazos firmes alrededor de mi cuello, devolviéndome poco a poco el aire que sentía perdido. Cuando mi respiración se calmó, se separó un poco y me miró fijamente a los ojos, con una seriedad madura y compasiva que me llegó directo al corazón.-Escúchame bien, Val -dijo Padma con total tranquilidad, limpiándome una lágrima rezagada con el pulgar-. No sé qué clase de magia fuera esa, y no me importa. Lo que sí sé es que reaccionaste porque estabas doliéndote por Hermione. Tu mente no buscaba maldad, buscaba proteger a tu amiga del asco de este colegio. No eres un monstruo, Val. Eres mi hermana, y no voy a dejar que te encierres sola con esos pensamientos tontos. Lo que sea que lleves por dentro. Yo estoy aquí para ti, ¿me oyes? Siempre. No eres un monstruo, Val.Las palabras de Padma me cayeron como un bálsamo milagroso en medio de mi tormenta interna. La miré sintiendo cómo el nudo de terror en mi pecho comenzaba a aflojarse con cada caricia que me daba en mi cabeza, y mi bufanda recuperaba su calorcito suave y pacífico de siempre. Ella tenía razón, no estaba sola, la tenía a ella.-Gracias, hermana -murmuré lo más bajo posible, volviendo a esconderme en su cuello mientras la abrazaba con el alma.Las vacaciones de invierno estarían cerca y los peligros de la escuela seguirían creciendo, pero mientras me quedaba allí con Padma en el suelo del dormitorio, supe que no importaba cuán extraña o peligrosa fuera mi fuerza ella puede ser capaz de sacarme de esa oscuridad.