Espionaje
Espionaje
(POV: Valerie)El inicio del nuevo año trajo consigo un frío gélido que congeló los terrenos del castillo y una paranoia que se extendió como la pólvora tras las vacaciones de Navidad. Justin Finch-Fletchley y el fantasma de Gryffindor habían sido petrificados, y todo el colegio señalaba a Harry con un terror absoluto. Sin embargo, a mí no me importaban los rumores de los pasillos; mi propia mente se había convertido en un laberinto de dudas. El pánico a perder el control de mi magia, a esa fuerza azul y destructiva que había brotado de mi varita contra Malfoy, no me dejaba dormir por las noches, y todas esas noches o Luna o Padma me hacían espacio en su cama para poder descansar cuando sentía su calor.Desesperada por encontrar una respuesta lógica, decidí buscar al único que parecía comprender lo que vivía en mi interior: el director Dumbledore.Lo abordé una tarde a la salida del Gran Comedor. Mi timidez desapareció ante la urgencia de mi miedo.-Director... por favor, necesito hablar con usted -le pedí en un susurro, apretando las manos contra mi bufanda gris-. Tengo miedo. No sé qué es esta magia, ni por qué se alimenta de mis sentimientos. Siento que me voy a volver a descontrolar y no quiero hacerle daño a nadie. Por favor, ayúdeme a entender.Dumbledore se detuvo, mirándome desde las alturas con una inmensa y profunda ternura. Vi cómo un brillo de tristeza cruzaba sus ojos azules detrás de las gafas de media luna. Posó su mano cálida sobre mi hombro, pero sus palabras no fueron las que yo esperaba.-Hay misterios en la magia, Valerie, que requieren tiempo y madurez para ser comprendidos -me dijo el director con una suavidad pausada pero firme-. A su edad, su prioridad debe ser aprender, jugar y descansar. Confíe en usted misma y regrese a su torre. Aun no es el momento adecuado.Su negativa a ayudarme directamente me dejó una mezcla de frustración e intriga. Al regresar al dormitorio, me dejé caer en la cama y le conté todo a Padma, buscando sus consejos como hacía con cada decisión importante ultimamente. Ella me escuchó en silencio, abrazando sus rodillas de forma reflexiva.-Si Dumbledore no quiere hablar, es porque tal vez no es algo tan grave, Val -me aconsejó Padma de forma seria, mirándome a los ojos-. Pero eres una Ravenclaw. Cuandose te cierra la puerta, tienes que buscar las respuestas por las grietas. ¿Por qué no hablas con la Dama Gris? Los fantasmas llevan siglos en este castillo y ella siempre parece saber cosas que los vivos prefieren olvidar, tal vez te pueda ayudar.El consejo de Padma encendió la chispa que había en mí, me incline para dejarle un beso rápido en la mejilla, murmurando un agradecimiento y me voltee a mi cama. Esa misma noche, esperé a que la sala común quedara desierta y busqué a la Dama Gris, el fantasma melancólico de nuestra casa, flotando cerca de la estatua de Rowena Ravenclaw.-Disculpe, mi dama... -murmuré, acercándome con respeto-. Busco respuestas sobre... una fuerza fría que yace dentro de mí. El director no quiere decírmelo, pero sé que este castillo guarda muchos secretos y puede que usted haya visto algo parecido en todos los años que lleva aquí.El fantasma de Helena Ravenclaw giró su rostro translúcido hacia mí. Sus ojos tristes se posaron en mí y soltó un suspiro que enfrió el aire a nuestro alrededor.-Los secretos del colegio no pertenecen a los pasillos de los niños, pequeña Evans -susurró la Dama Gris con una voz espectral-. Pero si buscas el origen de la escarcha, deberías escuchar lo que los muros del piso superior murmuran cuando creen que nadie los observa. Sigue el rastro del polvo donde los vivos temen caminar.Sus palabras crípticas me confundieron, pero decidí que, pasada la medianoche, me iba a escurrí con sigilo por las escaleras móviles, esquivando las patrullas de Filch, hasta llegar al pasillo que conducía al despacho del director. Me oculté en la penumbra de un nicho de armadura de piedra, conteniendo la respiración. Unos minutos después, las puertas pesadas del despacho se abrieron sutilmente y alcancé a escuchar voces tensas y urgentes discutiendo en el corredor superior Eran la profesora McGonagall y el director.-¡Albus, el castillo está en pánico! Los nacidos de muggles corren peligro y el Ministerio está presionando -decía McGonagall con una angustia evidente-. ¿Crees que el culpable podría ser el mismo de hace cincuenta años?-La magia oscura siempre deja rastro, Minerva -respondió la voz barítona y pausada de Dumbledore, resonando en las piedras con una gravedad que me congeló la sangre-. Lo vi en los ojos de Voldemort... y lo vi hace décadas en Nurmengard...Las puertas se cerraron con un golpe seco, devolviendo el silencio al pasillo.Me quedé estática dentro de la armadura, con el corazón latiéndome en los oídos. ¿Nurmengard? Mi mente registró la palabra de inmediato y al mismo tiempo, sentí que mi bufanda gris emitía una pulsación gélida.Regrese corriendo a la Torre de Ravenclaw, metiéndome directo en la cama de Padma para despertarla en susurros, buscando su concejo.-Escuché algo, Padma... -le dije con la voz temblando por la expectación, abrazándome a ella en la oscuridad-. Escuche algo que presiento me va a ser útil solo una palabra. Dijo Nurmengard, no se a que se refiera pero siento que puede ser la clave de algo importante, de verdad lo siento con todo mi ser.Padma me rodeó con sus brazos con fuerza, frotando mi espalda para tranquilizarme.-¿Nurmengard? Jamás había escuchado algo así, Val -murmuró Padma, pensativa-. Pero si quieres mañana vamos a sección de historia profunda de la biblioteca. Lo vamos a averiguar juntas, pero por ahora, déjame dormir; y así yo también me quede dormida apretujada en su calor.