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Petrificada

Vínculos Del Alma — fanfic.es · All chapters

Petrificada

(POV: Hermione)La biblioteca de Hogwarts siempre había sido mi lugar seguro en el mundo, el único rincón donde las páginas impresas me daban el orden que la ruidosa sala común de Gryffindor me quitaba. Pero en esa primavera, el pasillo polvoriento del fondo se convirtió en mi propio calabozo. Caminaba arrastrando los pies, abrazando con fuerza mi pesado bolso de tareas contra el pecho, sintiendo una punzada de soledad absoluta que me oprimía la garganta.Valerie me había alejado. Desde aquella tarde en que intenté confrontarla por lo que le había hecho a Malfoy en el pasillo, se había cerrado por completo. Cada vez que intentaba sentarme a su lado, ella recogía sus pergaminos, me respondía con monosílabos fríos, se excusaba con algo y se marchaba sin mirarme a los ojos. Me dolía. Mi mente no dejaba de saturarse con una paranoia horrible: ¿Y si Val se dio cuenta de que su vida es mejor sin mí? ¿Y si se cansó de que yo sea la sabelotodo insoportable nadie quiere?, ahora ni los momentos con Harry y Ron me llenaban.Me detuve a mitad del pasillo al escuchar susurros conocidos detrás de un estante. Me pegué a la madera de roble de, conteniendo la respiración. Mirando por la rendija de dos tomos viejos, las vi. Valerie estaba sentada frente a Padma Patil. Tenían un mapa desplegado y varios libros de heráldica europea abiertos. Ver la comodidad con la que Val se apoyaba en Padma, compartiendo miradas que antes solo me pertenecían a mí, me rompió el corazón.-Este libro no tiene lógica, Val -se quejó Padma en un susurro frustrado, revolviéndose el cabello-. Las líneas de los archivos del norte no mencionan ningún lugar con ese nombre. Además, ni tu ni yo somos muy buenas buscando en estos libros tan viejos... ¿Segura que no es mejor opción pedirle su ayuda a Granger? Ella ha leído la mitad de la biblioteca y seguro ella nos puede dar una mejor respuesta.El corazón me dio un vuelco en el pecho. Estuve a punto de salir de mi escondite, dispuesta a olvidar mi orgullo con tal de que me dejaran ayudarlas, pero la reacción de Valerie me congeló en mi lugar.-¡Ya te dije que no, Padma! -el susurro de Val no fue calmado; parecía exaltada y cortante-. ¡No hay que meter a Hermione en esto! Ya te explique mis razones. No vamos a buscarla, no la quiero en este asunto. Ahora, por favor sigue revisando los mapas del sur y olvídate de ella, gracias.-¡Que mandona eres! -espeto Padma con una sonrisa en los labios, golpeando ligeramente el brazo de Val.Di un paso hacia atrás, sintiendo que las lágrimas se me escapaban por fin y me resbalaban por las mejillas. Sus palabras me golpearon directo en el pecho. No era solo que estuviera ocupada; Valerie no me quería cerca. Me senti rechazada, completamente excluida y desamparada en medio de los estantes polvorientos. Limpiándome los ojos de forma apresurada con la manga de la túnica para que nadie me viera llorar, me alejé de su rincón a paso rápido, devorada por una profunda tristeza infantil, pase tirando unos libros pero no me importo, seguramente se dieron cuenta que estaba ahí, pero ya no me importaba.Si Val ya no me consideraba amiga, si su vida en Ravenclaw estaba completa sin mi, yo tenía que demostrarme a mí misma que no era un bicho raro inservible. Tenía que ser útil.Apretando los dientes con una determinación que nació de mi propia inseguridad, me refugié en la única tarea que sentía que podía resolver sola: el misterio de la Cámara de los Secretos. Si el castillo entero estaba en peligro y Harry estaba siendo señalado como el culpable, mi mente tenía que encontrar la respuesta que todos ignoraban. Pasé los días siguientes libros, investigando tan profundo que me olvidaba de ir a cenar. Buscaba una criatura que encajara con las variables que Harry había dejado caer: algo que aterrorizara a las arañas, algo que se moviera por los muros sin ser visto y cuyo veneno o mirada fuera capaz de petrificar a un fantasma. Mi obsesión por los libros se convirtió en mi escudo contra la soledad.Las semanas pasaron borrosas bajo la luz de las velas. El mes de mayo llegó con un calor sutil, y fue una tarde de sábado cuando, por fin, las piezas de mi propio rompecabezas encajaron de golpe. Estaba revisando un viejo tomo sobre reptiles monstruosos cuando leí la palabra definitiva: Basilisco.«De los muchos monstruos pavorosos y bestias exóticas que deambulan por nuestra tierra, ninguno es más sorprendente ni más mortal que el Basilisco... Su mirada mata a todo el que lo contempla... Las arañas huyen de él...»-Las arañas... -murmuré, con el corazón acelerado a mil por hora-. ¡Por eso huían del corredor! Y Harry... Harry puede oírlo porque habla pársel. Es una serpiente gigante.Unas variables que faltaban, las que nadie entendía, eran cómo una criatura tan descomunal se movía por el castillo sin encontrarse de frente con nadie. Miré el techo de la biblioteca y luego bajé la vista hacia el boceto del libro. Tomé una pluma y escribí apresuradamente en el margen de la página arrancada: «Tuberías».¡Eso era! El Basilisco se desplazaba a través del sistema de cañerías de Hogwarts. Tenía que advertirles a Harry y a Ron de inmediato. Arranqué la hoja con cuidado, la arrugué en mi puño y salí corriendo de la biblioteca, decidida a encontrarlos antes de que fuera demasiado tarde.Crucé los pasillos a toda velocidad, pero al doblar la esquina del primer piso, cerca del aula de Transformaciones, un frío gélido y repentino me cortó la respiración. La atmósfera se volvió densa, idéntica a la que Val había descrito la noche de Halloween. Un presentimiento horrible me congeló los pies. Saqué mi espejo de túnica del bolso, recordando que mirar directamente a los ojos del monstruo era letal. Lo alcé frente a mí, apuntando hacia el pasillo oscuro.A través del reflejo del cristal, dos enormes ojos amarillos y relucientes surgieron de las sombras.Un grito mudo se quedó atrapado en mi garganta. El dolor no llegó, pero una rigidez absoluta y pesada se extendió por todo mi cuerpo en un milisegundo, congelándome los músculos como si me convirtiera en piedra. Mientras caía hacia el suelo, el espejo se resbaló de mis dedos inertes, rompiéndose en mil pedazos contra las losas. El mundo se apagó en una negrura silenciosa, solo pude pensar una cosa antes de que todo se oscureciera, Val, dejándome atrapada en una estatua de mi propio miedo, con la única respuesta al misterio firmemente oculta dentro de mi puño petrificado.