El colapso
El colapso
(POV: Valerie)La tarde del sábado agonizaba entre nubes de tormenta y una humedad pesada que se filtraba por los muros del castillo. Padma y yo caminábamos a paso rápido por el pasillo del primer piso, regresando de un largo e infructuoso día en la sección de historia profunda de la biblioteca. Llevaba mi bufanda gris floja alrededor del cuello y el peso de una culpa sorda me oprimía el pecho; la imagen de Hermione alejándose sola y triste se repetía en mi cabeza como un bucle sin fin, pero no pude detenerla, no podía acercarme por más que quería.-Encontraremos algo, Val, te lo prometo -me decía Padma, dándome un empujón amistoso con el hombro para intentar animarme-. Mañana podemos revisar los archivos de...Padma se detuvo en seco. Sus palabras se extinguieron en un suspiro ahogado y su mano se aferró a mi túnica con una fuerza descomunal.-Val... mira -susurró, apuntando hacia el corredor oscuro que conducía al aula de Transformaciones.El suelo estaba inundado por una fina capa de agua y, un par de metros más adelante, junto a los restos rotos de un pequeño espejo de bolsillo, yacía una figura inmóvil. El mundo entero pareció perder el sonido en un segundo. Mi mente, esa que siempre tardaba un suspiro en procesar, se congeló por completo.Corrí. Corrí como si la vida se me fuera en ello, resbalando en el agua del suelo hasta dejarme caer de rodillas junto al cuerpo rígido. Era Hermione, mi Hermione.Tenía los ojos abiertos de par en par, fijos en un terror absoluto, y sus brazos estaban congelados en una posición defensiva. Su piel, habitualmente cálida, lucía opaca y grisácea, dura como el mármol de las tumbas y aun así se veía tan frágil. Toqué sus manos inertes y el frío de su piel petrificada me quemó los dedos.QEn ese segundo exacto, volví a perderme, una amalgama violenta de culpa, tristeza e ira se apoderó de mí, naciendo desde lo más profundo de mi ser. Era un sentimiento salvaje, una fuerza destructiva que brotó de mi. Todo el dolor de mi pasado, el miedo constante a no ser suficiente y la culpa horrible de haberla alejado durante semanas para "protegerla" me reventaron el pecho. Me quebré. La paranoia me devoró el cerebro: Se fue por mi culpa. La dejé sola, la y el monstruo la atrapó.-¡Mione! ¡Mione, por favor, mírame! -grité, y mi voz no sonó como un chillido desgarrador, un llanto roto que arañó las paredes de piedra-. ¡Perdóname, por favor, perdóname! ¡No te quería lejos! ¡Despierta, Mione!El dolor y la agonía fueron tan grandes que mi magia reaccionó a mis emociones de manera completamente descontrolada. La fuerza brotó directamente de mis manos y de mi pecho. El aire del pasillo se volvió gélido en un par de parpadeos y una ráfaga de viento denso y negro comenzó a azotar los corredores. De mis dedos comenzaron a brotar chispas violentas de un azul brillante que impactaban contra el suelo, agrietando las losas. La runa de mi bufanda latió con una fuerza salvaje, emitiendo pulsaciones gélidas que amenazaban con hacerlo estallar todo.Padma, con una preocupación desesperada, intentó acercarse para abrazarme y consolarme en medio de mi colapso.-¡Val, no, por favor, escúchame! -gritó, estirando los brazos hacia mí.Pero mi magia estaba fuera de control. Antes de que pudiera tocarme, una de las chispas azules saltó con la fuerza de un látigo, cortando el aire. El destello alcanzó la mano de Padma, provocándole un corte del que brotó un hilo de sangre. Padma ahogó un grito de dolor y retrocedió un paso, impactada. Al ver que sus palabras no me llegaban y que era incapaz de frenar la tormenta, Padma se giró con una urgencia salvaje y corrió pasillo arriba.-¡¡Director!! ¡¡Profesor Flitwick!! ¡¡Ayuda, por favor!! -sus gritos se perdieron en la distancia.Me quedé sola en medio de mi tormenta, abrazando a la inerte Hermione, con el llanto nublándome la vista y el viento azotando mi cabello. Estaba destrozada, consumida por el pánico de haber perdido lo más importante para mí.-Tranquila, pequeña... Ya estoy aquí. Todo va a estar bien.Antes de que mi magia destructiva hiciera estallar los cristales, una inmensa y densa oleada de luz plateada y carmesí barrió el pasillo de forma súbita. La tormenta de viento negro y luces azules se desvaneció en un parpadeo, como si nunca hubiera existido. El director Albus Dumbledore emergió de la penumbra a paso veloz, con su túnica ondeando y el rostro desencajado por una urgencia que nunca le había visto. Venía seguido por Padma, que se sostenía la mano herida, y la profesora McGonagall.Dumbledore ignoró por completo el protocolo del colegio. Se arrodilló en el suelo i, justo a mi lado, y me rodeó los hombros con sus brazos largos y protectores. Su tacto era sumamente cálido, y me dejó la sensación de ya haber sentido eso. Me jaló hacia su pecho con una fuerza inmensa. Actuó con una angustia tan real en sus ojos azules.-Shh... Tranquila, Valerie. Respira -me susurró Dumbledore al oído, con una voz trémula que transmitía un amparo paternal-. Ella está viva. Te lo prometo, está viva. No has perdido a nadie. La traeremos de vuelta. Mantén tu mente en calma, pequeña.Me aferré a la túnica de Dumbledore, escondiendo el rostro en su barba plateada mientras sollozaba, dejando que mi furia y mi miedo se disiparan bajo su abrazo. El director se giró sutilmente hacia McGonagall mientras me cargaba.-Minerva, encárgate de trasladar a la señorita Granger a la enfermería de inmediato. Y que curen la mano de la señorita Patil. Yo me llevaré a Va.. la señorita Evans a mi despacho. Necesita descansar.No recuerdo el trayecto exacto. Estaba demasiado agotada, mareada por la cantidad de fuerza que había liberado y que ahora me dejaba un dolor sordo y punzante en las sienes. Cuando volví a ser consciente de mi entorno, me encontraba sentada en un gran sillón de felpa dentro del despacho del director, rodeada de instrumentos de plata que emitían ruidos rítmicos y perezosos. Dumbledore me sirvió una taza de té humeante con total tranquilidad, pero mi calma duró muy poco. Dejé la taza sobre el escritorio con un golpe seco, me puse de pie y, mirándolo fijamente con los ojos empañados por las lágrimas y la frustración, le grité con todas mis fuerzas que me quedaban lo que había guardado durante meses:-¡Necesito una respuesta, director! ¡Ya no puedo más! ¡Dígame qué está pasando conmigo! ¡¿Qué es esta magia?! ¡Casi mato a Malfoy en el pasillo, casi destruyo el corredor hoy y lastimé ... lastimé a Padma! ¡Lastimé a mi hermana! ¡Dígame la verdad de una vez, se lo ruego! ¿Por qué soy este monstruo? ¡Ayuda en nada su maldito silencio!Dumbledore no se inmutó ante mis gritos. Guardó silencio, observándome con una profunda tristeza. Lentamente, rodeó el escritorio y se paró frente a mí.-Tienes razón, Valerie. El silencio dejado de ser un efectivo si el precio es tu propio sufrimiento -dijo el director con una suavidad pausada y cuidadosa, midiendo cada palabra-. Te daré una respuesta breve, pero debes escucharme con atención. No te diré toda la verdad, no ahora, no en este momento. Pero quiero que entiendas que lo que tienes en tu interior ... no es un monstruo. Es algo más, una magia que perteneció a una de las mentes más brillantes, pero también más peligrosas, que la historia mágica ha conocido.Hizo una pausa, omitiendo deliberadamente cualquier nombre, manteniéndose reservado para no revelar todo.-Esa magia se alimenta de tus emociones más densas: tu ira, tu desprecio y, sobre todo, tu miedo. Hoy se desbordó porque tu corazón colapsó ante el dolor de ver a la señorita Granger. Y esa fuerza, al no tener un canal, se volvió destructiva y te estaba lastimando físicamente a ti y todo lo que te redeaba, Valerie. No puedo permitir que sigas cargando con esto sola.Dumbledore posó sus manos cálidas sobre mis hombros, obligándome a mirarlo. Su mirada reflejaba un compromiso absoluto.-A partir de la próxima semana, vendrás a este despacho por las tardes. Yo mismo me encargaré de entrenarte. Te enseñaré a controlar esa magia, a canalizar tu poder a través de tu mente y no de tu impulso, para que tu magia vuelva a ser un escudo protector y nunca más una amenaza para los que amas. Pero debes prometerme que mantendrás la calma. ¿Entendido?Tragué saliva, sintiendo que las palabras del director me devolvían un trozo de la seguridad que había perdido. Dumbledore me estaba dando una pista, pero sobre todo, me estaba ofreciendo su guía.-Entiendo -murmuré, limpiándome las lágrimas con la manga de la túnica.-Bien. Ahora regresa a la torre. Tus compañeras te necesitan, y tú a ellas.Caminé de vuelta hacia la Torre de Ravenclaw bajo el silencio de la noche. Lo único claro es que Dumbledore sabía el origen de mi poder, iba a entrenarme, y ... Hermione seguía en la enfermería. Mientras subía los escalones de piedra y me acomodaba en mi bufanda gris, supe que el rompecabezas de mi vida se estaba volviendo peligroso, pero por primera vez, tenía un maestro dispuesto a enseñarme cómo dominar la tormenta.