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Un alma compartida

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Un alma compartida

(POV Valerie Evans)Para cualquiera que me viera caminando por las calles de este aburrido suburbio en Londres, yo era una niña de nueve años perfectamente normal.Me gustaba eso; la normalidad es un escondite muy conveniente cuando sabes que no encajas en absoluto con el resto del mundo. No me malentiendan nunca me ha asustado ser diferente; al contrario, siempre he visto mi vida como un rompecabezas que tengo que resolver. A diferencia de los otros niños de mi escuela, mi mente nunca se apaga. Existe una niña, Hermione y ella necesita devorar cada página de un libro de texto para memorizar las reglas y sacar notas perfectas. Yo en cambio aprendo de otra manera: escucho y observo. Me quedo en silencio en una esquina del salón y registro los detalles más sutiles que los adultos pasan por alto. Mi cabeza procesa la información a una velocidad vertiginosa, descartando lo que no sirve y buscando siempre una solución fresca, una idea original que se salga de la rigidez de los manualeses lo que bien podrían llamar intuición.Esa misma manía de analizarlo todo fue lo que me llevó que a los siete años, descubriera el secreto mejor guardado de mi familia: soy adoptada. Mis padres, Marissa y John Evans, son las personas más cariñosas y protectoras que conozco y sé que no me ocultaron este secreto por temor a lastimarme. Creo que nunca pensaban contármelo, idea que duele más cada vez que lo pienso. Pero no necesité que me lo dijeran, un día para realizar las tareas de mi escuela necesitaba mis papeles de nacimiento y al buscarlos en el archivo del estudio no los encontré, también he notado que no comparto ni un solo rasgo físico con ellos y si me pusiera a calcular las fechas de un viaje repentino que hicieron a las afueras de la ciudad el invierno en que llegué a sus vidas. Me senté con ellos en la cocina y les puse los datos sobre la mesa con total calma, no tuvieron más remedio que abrazarme entre lágrimas y confirmar lo que mi lógica ya había descifrado. Queria ser fuerte, pero no pude aguantarme y yo también terminé sollozando al momento de sentir su cálido abrazo, no les guardo rencor, no podría, los amo profundamente.Pero sé que mi verdadero origen está en otra parte, que tal vez no quisiera conocer por miedo, miedo a descubrir que en realidad no fui querida por mis verdaderos padres, vuelvo a repetir amo a mis actuales padres pero eso no quita mi sentimiento de abandono que tengo guardado en mi pecho, cuando pienso en eso me refugio en mi bufanda, el único objeto que me dejaron mis verdaderos padres, es una prenda de lana gris, vieja y desgastada, que venía conmigo en la cuna cuando me encontraron. Casi nunca me la quito, incluso en los días más cálidos de primavera, desobedeciendo los regaños de mi madre. Siento una atracción irracional hacia ella, un apego que va más allá de un simple recuerdo de infancia. Para mí, esa bufanda es mi lugar. Cuando me envuelvo en su tejido, una extraña y reconfortante calidez despierta en mi pecho; una calidez milagrosa casi como si no fuera mía, y cuando eso pasa parece repeler el frío de la lluvia de Londres. A veces, a oscuras en mi habitación, paso las yemas de los dedos por el borde de la prenda, justo donde unos hilos de plata casi invisibles forman un símbolo entrelazada, cada vez que lo toco, siento que no estoy sola. Es como si una algo poderoso latiera en sintonía con mi propio corazón, esperando el momento exacto para salir....Sin lugar a dudas no podía convivir con Hermione, desde que iniciamos la primaria siempre me exasperaba, la veía como la niña rígida que todo lo quería controlar, que todo se tenía que hacer como el papel lo decía. Para mí eso es un horror, o díganme que de divertido tiene estar pegado a un libro todo el día y hacer y decir exactamente todo lo que dice.Nuestra tregua, si es que se le podía llamar así, comenzó el día en que el profesor de ciencias, decidió que la mejor manera de arruinarme el mes era asignando un trabajo en equipo. Y peor aún: eligiendo él mismo a las parejas.-Evans, tú trabajarás con Granger -anunció, señalando el banco del frente. Sentí que el aire se ponía pesado, volteé a ver a Hermione y ella ya me estaba mirando de reojo, con una cara que claramente decía, no, gritaba que preferiría hacer el proyecto con una piedra antes que conmigo, y yo, compartía ese sentimiento. Para ella, yo era la que parecía no prestar atención a nada, la que usa bufanda incluso cuando el sol del mediodía entraba por la ventana. Para mí, ella era una frustración andante que levantaba la mano antes de que el profesor terminara cada pregunta. Nuestra primera reunión en la biblioteca escolar fue un desastre predecible. -Ya organicé todo el cronograma -dijo Hermione sin rodeos, azotando tres enciclopedias pesadas sobre la mesa de madera-. Nos dividiremos el marco teórico. Yo haré los capítulos uno al cuatro, y tú el resto, y mañana te tomaré lección para asegurarme de que no lo arruines.Me acomodé la bufanda alrededor del cuello, mirándola con mucha pereza. No me gustaba que me mandaran, y menos alguien que trataba la tinta sobre el papel como si fuera un dictamen divino.-No voy a memorizar eso, Granger -respondí con calma señalando la pila de libros y recargando la barbilla en mi mano-. Es absurdo. El libro explica el proceso usando términos larguísimos solo para sonar inteligente, pero en realidad es simple. La planta solo respira luz y la convierte en para no morir de hambre. No necesito tantos libros para entender eso.Hermione abrió mucho los ojos, indignada. Sus mejillas se tiñeron de un rojo brillante. -¡No es "simple", Evans! Es ciencia elemental y viene en el manual de Oxford -siseó, bajando la voz porque la bibliotecaria nos miraba con severidad.-Si no seguimos el texto al pie de la letra, el profesor nos va a reprobar. No entiendo cómo pretendes aprender algo si ni siquiera te molestas en abrir el libro.-Aprender no es repetir lo que otro escribió, Granger. Es entender cómo funciona -le contesté, sosteniéndole la mirada.Había una tensión eléctrica entre las dos, un choque de dos mentes que querían llegar al mismo destino, pero por caminos completamente distintos. Hermione se cruzó de brazos, ignorándome, y comenzó a redactar sus notas con tanta fuerza que casi rompe la punta del lápiz. Yo simplemente me dediqué a escuchar el rítmico rasgar de su grafito contra el papel, analizando su frustración, observándola y notando cada detalle de ella, desde la arruga que se le hacía en la frente por el enojo, hasta el cabello rizado que parece una pequeña melena de león. El verdadero problema ocurrió dos días después, por la tarde, cuando nos quedamos solas en el salón de clases terminando de armar la maqueta del proyecto. Hermione estaba al borde del colapso por tercera vez en el día. Una de las conexiones debía encender la bombilla de nuestra "planta artificial" pero no funcionaba, y el manual no explicaba por qué, ironías.-No tiene sentido, no tiene sentido -repetía ella, tirándose de su cabello esponjado mientras repasaba la misma página por quinta vez-. El diagrama dice que el cable azul va aquí. Lo hice exactamente igual. ¡La física no puede fallar!-Estás tan metida en la página que no estás viendo el objeto, Hermione -le dije, usando su nombre por primera vez, casi arrepintiéndome al ver su cara de sorpresa, pero no para disimular, me acerqué y señalé la base de la maqueta-. El cable azul está bien. Lo que está roto es la bombilla por dentro. El libro no te va a decir si se te cayó al suelo antes de conectarla.Hermione se quedó congelada. Miró la bombilla diminuta y, en efecto, el filamento interno estaba partido. La frustración acumulada de la semana, el estrés por la perfección y la impotencia parecieron desbordarla por completo. Soltó un quejido ahogado de pura rabia y cerró el libro de texto con un golpe violento.-¡Odio cuando las cosas no hacen lo que se supone que deben hacer! -exclamó. En ese mismo instante, ocurrió. No fue una coincidencia. La bombilla rota sobre la mesa soltó un chispazo y, de repente, todos los tubos de luz fluorescente del techo del salón parpadearon al unísono, apagándose por completo antes de volver a encenderse con un zumbido vibrante. Los papeles del escritorio del profesor salieron volando como si una ráfaga de viento hubiera entrado por una ventana cerrada. Me quedé helada, pero mi mente analítica no buscó una explicación científica. Sabía que las luces de mi casa hacían lo mismo cuando yo me asustaba o me enojaba. Volteé a ver a Hermione a toda velocidad. Ella estaba pálida, mirando sus propias manos temblorosas con absoluto terror.-Tú... tú hiciste eso -susurré, dando un paso hacia ella.-No, yo no... yo no toqué el interruptor, lo juro -balbuceó ella, al borde de las lágrimas, encogiéndose en su lugar-. A veces pasa. Cuando me enojo mucho o me asusto, las cosas se rompen o se mueven solas. Soy... soy una especie de fenómeno, Evans. No me juzgues, por favor.Esas palabras me dejaron sin defensas, por primera vez, detrás de la barrera de sabelotodo arrogante, vi a una niña que se sentía tan fuera de lugar en este mundo como yo y algo en mi corazón se movió. El sentimiento de abandono que siempre cargaba en mi pecho pareció aligerarse solo un poco al verla en ese estado. Ahora sabía que no estaba sola.Sentí una pulsación cálida proveniente de mi bufanda gris, como si la estuviera celebrando un descubrimiento. Con una total tranquilidad que la sorprendió, caminé hacia la ventana y regresé con una hoja de papel que se había caído del escritorio. La puse sobre la mesa, justo frente a ella.-No eres un fenómeno, Hermione -dijo mi voz, firme y segura-. O si lo eres, al menos no eres la única. Mira esto. Me concentré. No abrí ningún libro, no recité ninguna regla. Solo escuché el silencio del salón y dejé que esa extraña energía que ya había experimentado con anterioridad fluyera. Deseé con fuerza que el papel se elevara. Ante los ojos abiertos de par en par de Hermione, la hoja de papel comenzó a flotar suavemente en el aire, elevándose unos centímetros sobre la mesa antes de volver a caer con delicadeza.Hermione se tapó la boca con ambas manos, ahogando un grito. Me miró, luego miró la hoja, y finalmente se fijó en mí. El choque de nuestras personalidades pareció disolverse en ese segundo, reemplazado por una chispa de absoluta fascinación compartida.-¿Cómo... cómo hiciste eso? -susurró, con la voz temblando, pero ya no de miedo, sino de una curiosidad insaciable. Sonreí de lado, acomodándome la bufanda.-Te lo dije, Granger. Hay cosas que no vienen en los libros. Pero creo que juntas, podemos averiguar qué es esto.