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Reconciliación

Vínculos Del Alma — fanfic.es · All chapters

Reconciliación

(POV: Valerie)El anuncio de la profesora McGonagall a través de los megáfonos mágicos sumió al castillo en un estado de sitio absoluto. Las palabras resonaron con una gravedad gélida: el monstruo se había llevado a una alumna al interior de la Cámara de los Secretos. Cuando los Ravenclaw fuimos escoltados a nuestra torre, los susurros en los pasillos revelaron la variable más devastadora: la víctima era la pequeña Ginny Weasley.Al escuchar el nombre de la hermana de Ron, la adrenalina me borró cualquier rastro de cansancio. No me quedaba tiempo.Aprovechando el pánico de los profesores que corrían hacia la sala de profesores, me escurrí de la fila de Ravenclaw bajo la mirada de complicidad de Padma, quien se encargó de distraer al prefecto. Corrí por los pasillos de piedra hasta que me topé con Harry y Ron cerca del corredor del segundo piso; caminaban apurados, con los rostros pálidos y expresiones de absoluta desesperación infantil.Me interpuse en su camino de golpe, sacando el trozo de papel arrugado del bolsillo.-¡Potter! ¡Weasley! -los llamé con un susurro firme y cortante, obligándolos a detenerse.-Evans, no tenemos tiempo, se llevaron a Ginny... -comenzó Ron con la voz rota, pero le planté el papel en el pecho.-¡Por eso mismo me van a escuchar, par de tontos! -les espeté, y aunque mis palabras sonaron duras, mis ojos reflejaban una preocupación sincera por ellos-. Mione resolvió el misterio. El monstruo de la Cámara de los Secretos es un Basilisco, una serpiente gigante. Por eso tú puedes oírla, Harry, porque hablas pársel. Y no la ha visto nadie de frente porque se desplaza a través de las tuberías del castillo. Quienes cayeron la vieron a través de reflejos o del agua del suelo; por eso solo están petrificados y no muertos.Harry y Ron abrieron los ojos de par en par. Habían encontrado lo que les faltaba.-Es el sistema de cañerías... todo este tiempo -murmuró Harry, mirándome con una gratitud enorme-. Val, tienes que venir con nosotros. Tu ...-No, Harry -los interrumpí, dando un paso atrás y acomodándome la bufanda con total firmeza-. Mi lugar no está ahí abajo con ustedes. Esta es su batalla; Ginny es tu hermana y ustedes saben cómo moverse en la imprudencia. Yo tengo otra tarea aquí arriba. Les deseo toda la suerte del mundo, de verdad... pero no se atrevan a morir ahí dentro, Mione no me lo perdonara si lo hacen. Traigan a la pequeña Weasley de vuelta.Ron me miró, tragando saliva, y me dedicó un asentimiento con la cabeza antes de salir disparado junto a Harry. Los vi marcharse, tragándome el pánico de verlos entrar en la boca del lobo, y giré sobre mis talones rumbo a los invernaderos.Me ofrecí junto con Pad, a ser voluntarias apoyando para la creación de la pócima para despetrificar, no podía quedarme sin hacer nada, pasé las siguientes horas metida en el boticario de la escuela y en los invernaderos, ayudando a la profesora Sprout y a la señora Pomfrey con la preparación final de mandrágora. Mis manos terminaron manchadas de tierra y esencias medicinales, y aunque mi cuerpo me exigía un descanso urgente, mi mente se mantuvo en una calma analítica que nunca antes había experimentado. Estaba canalizando mi preocupación a través de mi corazón, tal como el director me había enseñado. Usaba mi magia solo de forma sutil, en destellos, para acelerar la destilación de los calderos sin que la fuerza se me desbordara.Para la medianoche, el milagro se había cumplido: Harry había derrotado al Basilisco, y la poción finalmente estaba lista.Entré a la enfermería cargando los primeros frascos junto a la señora Pomfrey, Padma termino tan cansada que se despidió de mí y se fue a dormir. Me senté en la silla de madera al lado de la cama de Hermione, sosteniendo su mano de piedra mientras los vapores del antídoto comenzaban a flotar en la habitación. Observé con el corazón en la garganta cómo el color grisáceo de su piel empezaba a ceder de forma sutil, devolviéndole la calidez natural a sus mejillas.Hermione parpadeó con lentitud. Sus ojos castaños recorrieron el techo de la enfermería con confusión, hasta que se posaron en mí.-¿Val...? -su voz brotó en un hilo apenas audible, ronca por los meses de silencio.No me alejé. Esta vez no. Me incliné hacia ella y la rodeé con mis brazos en un abrazo sumamente suave, sentía que si la apretaba la podría romper, escondiendo mi rostro en su cabello enmarañado mientras dejaba que un par de lágrimas de alivio resbalaran por la cara.-Ya estás a salvo, Mione. Todo terminó -le susurré, sintiendo cómo sus dedos se aferraban a mi túnica con la misma fuerza de siempre.Me separé un poco para mirarla. Hermione tenía los ojos empañados, mirándome con una timidez que me dolió en el alma.-Pensé... pensé que ya no me querias, Val -confesó Hermione en un susurro triste, bajando la mirada-. Pensé que ya no me querías cerca, que Padma era tu nueva mejor amiga y que yo... que yo solo te molestaba. Por eso fui a la biblioteca sola ese día...El pecho me dio un vuelco de dolor ante su inseguridad infantil, dándome cuenta de lo mal que mi lógica había manejado las cosas. Le tomé la mano con firmeza, dejando que el calor de mi bufanda nos envolviera a las dos.-Perdóname, Mione. Fui una tonta -le dije con toda la honestidad, mirándola directamente a los ojos-. No te alejé porque estuviera enojada contigo, ni porque Padma me importara más. Te alejé porque tenía un pánico horrible de mí misma. Después de lo que le hice a Malfoy en el pasillo, sentí que mi magia era muy peligrosa. Tenía miedo de volver a perder el control y hacerte daño a ti, a la persona que más quiero proteger en este mundo. Pensé que mantenerte lejos era la única forma de tenerte a salvo.Hermione abrió los ojos de par en par, procesando la verdad detrás de mi distancia.-¿Y que cambió? -preguntó con timidez.-Casi te perdí -le sonreí de lado de forma sutil, acomodándome la bufanda sobre el cuello-. Decidí que tenía que aprender a controlar mi magia, Dumbledore me está enseñando a controlarla, a guiarla a través de lo que siento por dentro para que nunca más vuelva a ser una amenaza. Sigo teniendo miedo, Mione. Pero me dio más miedo cuando creí que te perdí.La sonrisa radiante y enorme que se dibujó en el rostro de Hermione fue la mejor medicina que mi mente pudo haber recibido. Unas horas después, el Gran Comedor lucía imponente para el Banquete de Fin de Año. Dumbledore había regresado al colegio y los estandartes cambiaron de color para celebrar la derrota del monstruo. Me senté en la mesa de Ravenclaw flanqueada por Padma y Luna, sintiendo una felicidad inmensa y profunda que no me cabía en el cuerpo.Padma tenía su mano derecha completamente sana y me daba empujones amistosos con el hombro mientras devoraba un pastel de calabaza, y Luna nos observaba con su habitual sonrisa flotante, tarareando sobre mariposas invisibles. Al otro lado del comedor, Hermione, Harry y Ron entraron por las puertas principales, ganándose los aplausos entusiastas de todo el lugar. Antes de sentarse en la mesa de Gryffindor, Hermione se giró hacia mí, alzando su copa de jugo y regalándome una mirada llena de un amor.Le devolví el brindis con una pequeña sonrisa de lado. El segundo año estaba terminando, las vacaciones de verano estaban a la puerta, y aunque sabía que la misteriosa palabra Nurmengard seguía esperando, me dormí esa noche con la certeza absoluta de que pertenecía a este mundo y que ninguna oscuridad sería más fuerte que los lazos que acabábamos de reconstruir.