Sentimientos de Verano
Sentimientos de Verano
(POV Valerie)El verano de mis trece años llegó envuelto en una calidez dorada que se sintió como el primer respiro real en mucho tiempo. Dumbledore me había despedido en la estación con una palmada en el hombro y la maravillosa promesa de que mis entrenamientos nocturnos con la magia azul podían pausarse hasta septiembre. Un milagro. Mis padres me recibieron en Londres con los brazos abiertos y, como si el universo intentara disculparse por las tensiones del curso pasado, el sol brilló sin tregua durante todo julio.Pasé la primera mitad de las vacaciones en casa de los Granger. Sus padres, dos dentistas absurdamente amables, me integraron en su rutina como si fuera una segunda hija. Eso nos dejó a Hermione y a mí días enteros para leer en el jardín o deambular por los parques cercanos.Fue durante esas tardes calurosas cuando me di cuenta de que el tiempo no solo estaba cambiando las páginas de nuestros libros de texto. Nosotras también estábamos cambiando. La adolescencia nos había alcanzado de golpe, borrando la redondez infantil para dar paso a líneas más estilizadas.Hermione ya no era la niña de primer año de melena indomable. Aunque su cabello seguía siendo una marea rizada y rebelde, ahora caía sobre sus hombros con un movimiento mucho más suave. Su rostro se había afinado y, bajo sus playeras holgadas y sus jeans de verano, resultaba imposible ignorar lo mucho que había crecido.Por mi parte, el espejo me devolvía la imagen de una desconocida. Había ganado un par de centímetros y la tensión del año anterior -sumada al desgaste físico de las "clases particulares" con el director- había moldeado mi cuerpo, dándome una firmeza atlética en los hombros y los brazos. Mi cabello, de un platinado casi gélido, caía completamente recto a los lados de mi cara, haciendo un contraste extraño con la ligereza de mi ropa. Guardé mi vieja bufanda gris en el fondo del baúl por el calor, aunque a veces volvía a buscarla; la piel limpia de mi cuello se sentía peligrosamente expuesta.El verdadero problema comenzó a mediados de julio. A ver, yo ya tenía bastante claro que me gustaban las chicas; era una certeza sencilla, nacida del hecho de que los hombres me daban un absoluto igual. Pero el verdadero drama era que Hermione había dejado de serme indiferente. Y me aterraba descubrir que la forma en que la miraba ya no tenía nada de amistosa.Una tarde, mientras me arrastraba por el césped del jardín intentando leer, Hermione se inclinó sobre mí para señalarme un párrafo. Su cabello me rozó la mejilla y su aroma -una mezcla ridículamente suya de papel viejo y lavanda- me golpeó de lleno. Mi corazón dio un vuelco violento contra las costillas y una descarga de calor puro me recorrió el pecho. Es bonita, pensé con pánico instantáneo. La persona más bonita que había visto en mi vida. Aparté la mirada de golpe, sintiendo las mejillas ardiendo. Años de entrenamiento me habían enseñado a reprimir lo que me abrumaba, así que empujé ese pensamiento al fondo de mi mente, fingiendo que no existía.Porque lo que realmente me aterrorizaba era la reacción de Mione. Ambas nos habíamos criado en el mundo muggle, y yo sabía lo crueles y prejuiciosos que podían ser los adultos con las personas como yo. Sabía qué tipo de ideas le habían enseñado a ella. Tenía un pavor asfixiante a que me mirara como a un bicho raro, que se asustara y se marchara para siempre. A veces la atrapaba observándome en silencio, distraída con el brillo de mi pelo bajo el sol, pero me obligaba a convencerme de que solo eran figuraciones mías. La alternativa daba demasiado miedo.Por suerte, una carta a finales de mes me lanzó un salvavidas. Padma Patil me invitó a pasar la segunda mitad del verano en su casa de campo. Aceptar fue un alivio cobarde, pero necesario: necesitaba distancia física para poner en orden mi cabeza.Llegar con los Patil fue como cambiar de planeta. El cambio en Padma también era evidente; había estilizado su figura y su cabello oscuro, larguísimo y brillante, acentuaba sus rasgos con una elegancia natural. La calidez de su hogar me envolvió desde el primer minuto. La mamá de Padma incluso me regaló una túnica tradicional de lino en un azul pálido que hacía resaltar mis ojos. Por un momento, me sentí protegida.Sin embargo, el peso de lo que guardaba terminó por superarme. Estábamos sentadas en las alfombras de la habitación de Padma, rodeadas de pergaminos y libros abiertos. Yo llevaba diez minutos intentando leer el mismo párrafo sobre Transformaciones, pero mis dedos apretaban el borde de la sábana con tanta fuerza que los nudillos se me habían puesto blancos.-Si sigues intentando estrangular esa tela, Evans, vas a romperla -soltó Padma sin levantar la vista de su apunte-. ¿Vas a decirme qué te pasa o prefieres seguir hiperventilando en silencio?Traté de poner mi mejor sonrisa despectiva, mi escudo habitual.-No me pasa nada, Patil. Solo pensaba en lo absurda que es la teoría de este año.-Mentira -Padma dejó su pluma sobre la mesa y me miró fijamente, cruzándose de brazos-. Tienes esa cara que pones cuando sientes que el mundo se va a derrumbar sobre tu cabeza. Habla ya. Me estás poniendo nerviosa.Tragué saliva. La garganta se me cerró y sentí un nudo frío en el estómago. La coraza de ironía con la que solía protegerme se agrietó de golpe, dejándome completamente al descubierto.-Padma... necesito contarte algo -murmuré, e inmediatamente odié lo pequeña y frágil que sonó mi voz-. Estoy segura de que me gustan las mujeres. Jamás he sentido nada por un chico, Pad. Ni un poquito.Me quedé rígida, conteniendo la respiración y esperando el golpe: la mirada de asco, el distanciamiento sutil, el silencio incómodo. Padma me sostuvo la mirada durante tres segundos eternos. Luego, pestañeó dos veces y soltó un resoplido.-Por Salazar, Valerie, ¡creí que ibas a confesarme que habías matado a alguien o que eras una espía de Voldemort! -se burló, echándose hacia atrás con una risita incrédula-. ¿De verdad todo este drama era por eso?-No te rías, hablo en serio -protesté, sintiendo que la cara me ardía.-Es que eres absurda, Evans. En serio -Padma me dio un empujón cariñoso en el hombro-. ¿De verdad pensaste que te iba a juzgar? Bienvenida al mundo mágico: aquí a la gente le importa si eres sangre pura, si sabes volar en escoba o si puedes lanzar un Patronus decente. ¿A quién quieres besar en los pasillos? A nadie le quita el sueño.-Pero nosotras crecimos en el mundo muggle, Pad -repliqué en un hilo de voz, sintiendo que los ojos me escocían-. Allá no es así. Tú sabes cómo habla la gente, la crueldad con la que tratan a personas como yo... Si Hermione se entera, si piensa que soy un bicho raro o una pervertida... me muero. Se va a alejar de mí.La expresión de Padma cambió. La chispa de burla se suavizó y en su lugar apareció una madurez serena y compasiva. Se acercó a mí en la alfombra y me tomó firmemente de las manos para obligarme a mirarla.-Escúchame bien, Valerie. Hermione Granger puede ser una sabelotodo insoportable a veces, pero no es una ciega ni una ignorante sin corazón. Ella te conoce. Sabe exactamente quién eres. Y si dejara de ser tu amiga por una estupidez aprendida del mundo muggle, entonces la que no te merece es ella. Pero te apuesto diez galeones a que no va a reaccionar así.Sentí que el aire me volvía a los pulmones de golpe. Las palabras de Padma cayeron como agua fría sobre la hoguera de pánico que llevaba semanas ardiendo en mi pecho.-Además -añadió Padma, arqueando una ceja con una sonrisa maliciosa mientras intentaba romper la tensión-, hay una sola cosa de todo esto que de verdad me aterra... Dime que no te estás enamorando de mí, Valerie. Por favor te lo pido.Solté un bufido, sintiendo que mi habitual tono sarcástico regresaba al rescate para salvarme de las lágrimas.-Por favor, Patil. Eres linda, pero no tienes el nivel de complicación que busco. Mi corazón requiere un dolor de cabeza mucho más grande.-¡Oye! ¡Soy un encanto! -protestó fingiendo indignación, aunque sus ojos brillaban de alivio al verme sonreír-. Aunque, viéndolo bien, me alegro. Ya es demasiado aguantar tu ego siendo tu amiga; no me imagino el calvario de ser tu novia.-Qué exagerada. Sería una novia excelente. Te conseguiría libros del área restringida y te salvaría de los chicos pesados.Padma se rió y me rodeó los hombros con un abrazo apretado, frotándome la espalda con cariño.-Cállate y deja de ser tan dramática, Evans. Todo va a estar bien.Escondí el rostro contra su túnica por un segundo, dejando que la calidez de su amistad terminara de disipar mis miedos. Por primera vez en todo el verano, sentí que podía respirar sin que me doliera el pecho.El verano terminó entre cartas de Luna llenas de hojas secas y recordatorios de que el Expreso de Hogwarts no esperaba por nadie. Dejé la casa de los Patil con el pecho un poco más liviano.