El regreso y el tren
El regreso y el tren
(POV Valerie)El andén 9 ¾ era un hervidero de padres apresurados, lechuzas ululando indignadas y el rítmico escape de vapor del Expreso de Hogwarts. Caminaba junto a Padma arrastrando mi baúl cuando una marea de cabello esponjado se abrió paso entre la multitud.Era Hermione. Venía apresurada, cargando entre los brazos una gran cesta de mimbre de viaje.Al verla venir, mi mente se detuvo en seco, completamente desarmada. Llevaba una túnica que acentuaba lo mucho que se había estilizado en esas semanas, y la luz de la mañana hacía que sus ojos castaños brillaran con una intensidad que me revolvió el estómago. Bravo, Evans, me recriminé en silencio, tres segundos en su presencia y ya te estás desmoronando.Antes de que pudiera procesar el impacto de su cercanía, Hermione dejó la cesta en el suelo, se lanzó hacia mí y me rodeó el cuello con un abrazo fuerte, cálido y tan lleno de su aroma a lavanda que sentí que el mundo entero se tambaleaba.-¡Val! ¡Por fin te encuentro! -exclamó contra mi oído, apretándome con la misma devoción de siempre-. Te extrañé muchísimo. Tienes que contarme todo lo que hiciste con Padma. Y mira... ¡compré un gato! Se llama Crookshanks y es precioso, aunque a Ron no le agrada mucho...Me obligué a respirar hondo, haciendo un esfuerzo descomunal para que no se me notaran los nervios de tenerla pegada a mí. Sentí cómo empezaban a brotar diminutas chispas azules de la yema de mis dedos; el pulso me martillaba en la garganta y las manos me temblaban tanto que tuve que aferrarme a la tela de su túnica para no delatarme.Cuando Hermione se separó un poco y abrió la tapa de la cesta para presentármelo, ocurrió algo extraño.El gato, un animal enorme de pelaje espeso color canela y una cara extrañamente aplastada, ignoró por completo a su dueña. De un solo salto ágil, Crookshanks salió de la cesta y se lanzó directo a mis brazos. Soltó un pequeño chillido y comenzó a amasar sus garras contra mi túnica, ronroneando con la fuerza de un motor mientras restregaba su cabeza peluda contra mi cuello, buscando el calor de mi bufanda. Me quedé completamente congelada, sosteniendo el peso del felino sin saber exactamente qué hacer.-Granger, tu gato parece un cojín de sofá que sobrevivió a una explosión -solté, intentando recuperar mi máscara de frialdad mientras el animal me amasaba el hombro.-¡No es un cojín! -protestó Hermione de inmediato, cruzándose de brazos y erguéndose con ese orgullo académico tan suyo-. La dueña de la tienda dijo que llevaba años ahí porque nadie lo queria. Tiene una personalidad... incomprendida.Padma, que observaba la escena apoyada en su baúl, soltó una risita cargada de picardía.-Pues el felino incomprendido te cambió en tres segundos, Granger -pico el ambiente Padma, mirándome con una ceja alzada-. Míralo, está haciendo nido en su cuello. ¿Segura que no le pusiste atún a tu bufanda, Evans?-¡Eso no es cierto! -se quejó Hermione, frunciendo las cejas-. Crookshanks es sumamente desconfiado con los extraños. ¡Ven aquí, bonito!Para demostrar que Padma se equivocaba, Hermione dio un paso al frente de golpe y se acercó muchísimo a mí, invadiendo por completo mi espacio personal. Debido a la diferencia de altura, podía sentir su aliento tibio cerca de mi cuello. Se inclinó sobre mis brazos para intentar quitarme al gato, y su proximidad física repentina hizo que mi sistema colapsara en un cortocircuito de pánico. Sentía su respiración en mi mejilla, su cabello rozándome la cara y su aroma a lavanda inundándome el cerebro. El corazón me golpeó las costillas con violencia y, sin querer, dejé escapar una chispita azul entre las manos, rezando para que nadie la notara.-Tómalo, Mione... por favor -le dije en un hilo de voz rígido, devolviéndole al felino de golpe para obligarla a retroceder-. Debe ser el olor de mi túnica o algo así. Harry y Ron te están esperando cerca del vagón del fondo, deberías ir con ellos antes de que el tren arranque. Te veo luego en el castillo, ¿sí?Hermione parpadeó, un tanto desconcertada por la velocidad con la que corté el encuentro y por la extraña frialdad de mi tono.-Está bien... pero me debes una conversación larga en el Gran Comedor -dijo, mirándome con cierta fijeza curiosa antes de acomodar a Crookshanks en la cesta-. Y no te hagas la dura, Evans, sé que te gustó el gato.Me dedicó una última sonrisa radiante antes de correr hacia los Gryffindor. Me quedé mirándola marchar, empujando ese vuelco abrumador de mi pecho al fondo de mi mente.-Te pusiste tan tiesa como una estatua, Evans -la voz arrastrada de Padma me hizo dar un respingo de culpabilidad. Me giré y la vi mirándome con una sonrisa burlona mientras subíamos las maletas al tren-. Definitivamente, los rizos te apagan el cerebro. Casi te da un ataque cuando se te arrimó a quitarte el gato.-No digas tonterías, Patil -me quejé por lo bajo, sintiendo que las mejillas me ardían de golpe mientras apuraba el paso por el pasillo del tren-. Es solo el calor sofocante de la estación. Camina rápido antes de que se llenen los compartimentos.Padma soltó una risita, pero tuvo la piedad de no insistir. Nos acomodamos en un compartimento del ala oeste junto a Cho Chang y Luna Lovegood. Cho, vistiendo una túnica de viaje mucho más estilizada que reflejaba su crecimiento, desplegó un diagrama sobre sus rodillas apenas nos sentamos.-Este año la estrategia contra Slytherin cambia por completo -anunció Cho con voz firme y liderazgo natural-. Si Marcus Flint intenta empujar a nuestros cazadores de nuevo, voy a pedirle a Madam Hooch que revise las escobas antes del partido. No podemos permitir jugadas sucias.-O podrías pedirle a Flitwick un hechizo de aceleración para dejarlo comiendo polvo -sugerí perezosamente, recostando la cabeza contra la ventana-. La diplomacia no funciona con los simios, Cho.-Los simios no juegan Quidditch, Valerie -intervino Luna con su habitual tono soñador, sin levantar la vista de su revista dada vuelta-. Aunque los Toropos de cuerno arrugado a veces se confunden de escoba. Por cierto, tienes varios Nargles infestando tu bufanda hoy. Debes estar pensando en alguien que te genera mucha confusión.Tragué saliva, sintiendo la mirada inquisitiva de Padma sobre mí.-Son solo los parásitos habituales del tren, Luna. Nada de qué preocuparse -evadí con mi mejor tono despectivo.-Nargles con rizos, seguro -murmuró Padma a mi lado para que solo yo la oyera, ganándose un pisotón de mi parte.Estar allí, rodeada de mi pequeña familia de casa, me devolvió el control. El espacio se sentía seguro, cálido y bajo orden.Hasta que el tren se detuvo a mitad de camino.Era demasiado temprano para haber llegado a la estación. Las luces del compartimento parpadearon y se apagaron de golpe, sumergiéndonos en la penumbra. La temperatura descendió de forma violenta; en cuestión de segundos, el agua de la lluvia que corría por las ventanas se congeló en patrones de escarcha blanca. El aire se volvió tan denso y helado que dolía al respirar.Entonces, la puerta del compartimento se deslizó con un crujido de muerte.Una figura colosal, encapuchada y envuelta en una capa negra y andrajosa que parecía flotar, se detuvo en el umbral. No tenía rostro visible; solo una negrura asfixiante que comenzó a devorar la luz y la felicidad del ambiente. Al verla, percibí un vacío absoluto, una tristeza tan densa y devastadora que me congeló la sangre. Sentí de golpe que nunca más volvería a ser feliz, que los monstruos de mi paranoia me devorarían viva y que la soledad eterna era mi único destino en este mundo.Todas nos quedamos completamente inmóviles, petrificadas por la parálisis del miedo. Cho se quedó con la mirada fija en el umbral, incapaz de reaccionar; Padma se encogió temblando en una esquina; y Luna dejó caer su revista con los ojos abiertos en un trance vacío. Yo me aferré a mi bufanda con los dedos entumecidos, sintiendo que la runa plateada oculta en la tela vibraba con un frío insoportable.Afortunadamente, la criatura se giró lentamente tras un par de segundos que parecieron siglos y se deslizó hacia el pasillo contiguo. En cuanto la presión desapareció y el aire cálido regresó de golpe, el hechizo de parálisis se rompió.Cho fue la primera en actuar. Tragó saliva con fuerza, se sacudió el temblor de las manos y encendió la punta de su varita.-¿Están todas bien? -preguntó Cho con la voz ligeramente quebrada, pero apresurándose a frotarle la espalda a Padma, que había roto a llorar del puro pánico-. Tomen, coman esto. Mi madre me obligó a empacar dos barras enteras de chocolate. Dice que ayuda a recuperar el cuerpo tras un susto.-Por Merlin... -susurró Padma, aceptando el trozo de chocolate con manos temblorosas-. Sentí que nunca volvería a sentir calor. ¿Qué demonios era esa cosa?-Un Dementor -respondió Luna con una serenidad inquietante, masticando su pedazo-. Guardia de Azkaban. Absorben todo lo bueno hasta dejarte solo con tus peores recuerdos. Son criaturas muy tristes, en realidad. Nadie los invita a las fiestas.-Con razón -comenté, intentando sonar sarcástica para ocultar el temblor de mis propias manos mientras aceptaba el chocolate de Cho-. Gracias, Cho. Eres la única adulta funcional en este vagón.Viajamos el resto del trayecto en un silencio tenso, llegando finalmente a Hogwarts bajo la neblina de la noche.Al entrar al Gran Comedor para la cena, la atmósfera de misterio se rompió por la bajeza habitual de los pasillos. Draco Malfoy estaba rodeado de sus amigos de Slytherin a mitad del corredor, imitando un desmayo de forma exagerada y ridícula frente a los demás.-¡Potter se desmayó, Pansy! -se reía Malfoy con una suficiencia insoportable-. ¡Sintió un poquito de frío en el tren y se fue directo al suelo como una niña pequeña! ¡Tuvieron que darle un biberón de chocolate!Pansy Parkinson y Blaise Zabini se reían a carcajadas. La furia y el desprecio me barrieron el pecho de golpe. Me detuve a mitad del pasillo y me crucé de brazos, mirándolo desde arriba.-¿Hablas de valentía, Malfoy? -solté con una voz tan clara y afilada que cortó las risas de los Slytherin de golpe-. Curioso, viniendo de alguien que se esconde detrás de dos gorilas y no dejaba de temblar el año pasado que lo confronté.Malfoy se giró, rojo de indignación.-¡Cierra la boca, Evans! Tú no eres nadie para opinar, maldita...-Pruébame, Draco -lo interrumpí, dando un paso hacia él. Reduje la temperatura a nuestro alrededor un par de grados a propósito y dejé que mis ojos reflejaran un destello azul helado-. Te juro que si vuelves a abrir esa boca para burlarte de mis amigos, te haré tragar tus propios dientes frente a todo el comedor. Y sabemos perfectamente que Crabbe y Goyle no van a saber que hacer.Malfoy se cortó en seco. Dio un respingo hacia atrás, palideciendo en un segundo, y desvió la vista hacia su mesa de puro pánico, recordando perfectamente la tormenta que yo era capaz de desatar cuando alguien cruzaba mis límites.-Vámonos -murmuró Malfoy a sus amigos, apurando el paso hacia la mesa de Slytherin sin volver a mirarme.-A veces me das miedo, Evans, pero qué gran servicio al colegio acabas de hacer -comentó Padma con una sonrisa satisfecha mientras caminábamos hacia la mesa de Ravenclaw.Subimos los peldaños hacia la Torre en absoluto silencio después de la cena. Respondí mecánicamente al acertijo del aldabón de águila y me encerré directamente en mi dormitorio, exhausta por el viaje y por el peso de los secretos que me oprimían el corazón. Esa noche, el sueño me atrapó en la negrura de mi mente.No soñé con Hermione, aunque era lo que siempre buscaba. En mi mente se desplegó una visión nítida y escalofriante de un castillo colosal, construido con piedras de un gris oscuro y lúgubre que desafiaban el cielo tormentoso del norte. Estaba situado sobre la cima de una montaña escarpada, rodeado de precipicios y un viento helado que hacía ondear estandartes negros. El lugar emanaba una geometría perfecta, fría, calculadora y profundamente fortificada. Yo caminaba por sus pasillos vacíos, escuchando el eco de mis propias pisadas, y una certeza absoluta me llenó el pecho: ese lugar me pertenecía.Desperté de golpe en la madrugada, sudando y aferrándome a mi bufanda en la penumbra de la torre. Supe, con un frío escalofrío en la espalda, que ese sueño no era una fantasía.