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Magia Oscura

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Magia Oscura

(POV Valerie)Ser la chica rara de Ravenclaw era una cosa; convertirse en la atracción del circo escolar era un nivel completamente distinto de molestia.Para el día siguiente, los rumores sobre lo ocurrido en el aula de Defensa Contra las Artes Oscuras habían mutado como una plaga de ghouls. En el Gran Comedor, los cuchicheos me perseguían desde la mesa de Slytherin hasta la de los de nuestra propia casa. "¿Oíste que Evans casi congela vivo al profesor Lupin?", "Dijeron que el Boggart le mostró un demonio de hielo", "A mí me dijeron que se le rompió la varita y su magia se volvió loca".Me llevé una tostada a la boca con absoluta tranquilidad, fingiendo que la atención no me quemaba la nuca.-Sabes que no van a dejar de mirarte hasta que les des algo más interesante de qué hablar, ¿verdad? -comentó Padma, sirviéndose té a mi lado mientras me observaba con esos ojos inquisitivos que tanto odiaba.-Pueden quedarse ciegos mirándome si quieren -respondí sin mirarla, untando mermelada con precisión quirúrgica-. Aunque si Terry Boot sigue viéndome fijamente con la boca abierta mientras mastica, me veré en la obligación de hacer que se trague su propia lengua.-Valerie... -Padma bajó la voz, inclinándose hacia mí-. El suelo del aula quedó cubierto de escarcha azul durante dos horas. Y lo que salió de ese armario... los que estábamos al frente vimos a una chica en el suelo. ¿Por qué viste a Granger? ¿Por qué estaba...?-Era solo una prueba de ilusión ridícula, Patil -la corté de golpe, apoyando el cuchillo de mantequilla con un golpe seco contra el plato de porcelana. La miré fijamente, clavándole mis ojos con esa frialdad punzante que solía ahuyentar a la gente-. Si de verdad estuviera buscando razones para aterrorizarme, créeme que ver tu peinado por las mañanas estaría mucho más arriba en la lista. No te metas en lo que no te importa.Padma apretó los labios, ofendida, y volvió a su té en silencio.Por encima de las tazas y los platos de plata, mis ojos buscaron de forma incontrolable la mesa de Gryffindor. Hermione estaba allí, despeinada, rodeada de montañas de pergaminos mientras intentaba leer tres libros a la vez entre bocado y bocado. No me había visto. No tenía idea de que su imagen inerte había sido la que desató la grieta en mi cabeza. Sentí un nudo amargo atragantándoseme en la garganta. Si ella se enteraba... si descubría que su muerte era lo único capaz de volverme vulnerable, mi armadura se vendría abajo para siempre.Esa misma noche, la gargola de piedra del tercer piso se hizo a un lado tras pronunciar la contraseña que Dumbledore me había enviado con una lechuza. Subí las escaleras de caracol con el corazón martilleándome las costillas.El despacho del director olía a tiza, instrumentos de plata zumbantes y caramelos de limón. Albus Dumbledore estaba de pie junto a la ventana, contemplando los terrenos oscuros del castillo. Frente a su escritorio, esperándome en silencio con las manos cruzadas a la espalda, estaba el profesor Lupin.-Buenas noches, Valerie -dijo Dumbledore, girándose despacio. Sus ojos azules carecían del destello juguetón de siempre; estaban serios, profundos, pesados.-Director, Profesor Lupin -asentí con la cabeza, manteniendo la barbilla en alto por puro instinto defensivo-. Si esto es por el suelo del salón de profesores, ya le dije al profesor Lupin que...-No se trata del suelo, Valerie -interrumpió Dumbledore con una calma helada que me erizó los vellos de los brazos-. Se trata de lo que hay debajo de ese hielo.Tragué saliva, pero no bajé la mirada.-Lo que manifestaste ayer cuando el Boggart quebró tus defensas emocionales no fue simplemente un descontrol de magia-continuó el director, dando un paso hacia mí-. Esa fuerza, esa pulsión destructiva que responde a tu dolor y a tu ira es... magia oscura, Valerie.La palabra resonó en el despacho como un latigazo. Sentí cómo el estómago se me caía al vacío.-¿Magia oscura? -repetí, soltando una risa corta y despectiva para enmascarar el pavor-. Por favor. Yo no ando lanzando maldiciones imperdonables. Solo es... fría. Es mi magia.-La magia oscura no siempre proviene de intenciones malévolas, Valerie -intervino Lupin con voz suave pero firme, dando un paso al frente-. Proviene de emociones extremas, descontroladas y profundas. Tu magia se alimenta de tu angustia, y la forma en que brotó ayer es la prueba de que posee un núcleo corrosivo. Si permites que esa energía siga manifestándose de forma errática, no solo te consumirá por dentro... sino que el Ministerio de Magia la detectará.-El Ministerio tiene sensores colocados por toda Gran Bretaña para rastrear firmas mágicas anómalas y oscuras -añadió Dumbledore, apoyando las manos sobre su escritorio-. Si Cornelius Fudge o los aurores detectan esa frecuencia brotando dentro de Hogwarts, no preguntarán si eres una buena estudiante. Te clasificarán como una amenaza. Te llevarán a Azkaban, te interrogaran o te arrebatarán la varita antes de que pueda intervenir.Un frío real, abrumador y sofocante se apoderó de mi pecho. La idea de ser encerrada, de ser tratada como un monstruo encadenado en una celda, me revolvió las entrañas.-Por esa razón -sentenció Dumbledore con una gravedad absoluta-, tienes estrictamente prohibido volver a manifestar esa magia. No puedes usarla. No puedes invocarla. Debes contenerla bajo llave en tu mente hasta que aprendas a dominarla por completo. Y bajo ninguna circunstancia le dirás esto a NADIE. Ni a tus compañeros de casa, ni a tus amigos... ni a la señorita Granger. ¿Queda claro, Valerie?-Clarísimo -susurré, apretando las manos en puños dentro de los bolsillos para que no vieran cómo me temblaban los dedos-. Nadie lo sabrá.-A partir de esta semana, el profesor Lupin será tu tutor oficial en esto -concluyó Dumbledore, mirando a Remus-. Él sabe mejor que nadie lo que significa luchar contra una naturaleza peligrosa que no elegiste tener. Trabajarán juntos para que logres controlar tu poder.Una hora más tarde, me encontraba en el aula de Defensa Contra las Artes Oscuras a Puerta cerrada. Las velas flotantes arrojaban sombras largas sobre las paredes de piedra.-Visualiza el centro de tu pecho -decía Lupin, caminando despacio a mi alrededor mientras yo permanecía de pie en el centro del salón, con los ojos cerrados y los dientes apretados-. Tu magia es como un río embravecido. Si intentas ponerle una pared de golpe, la presión romperá la presa. Tienes que respirar, Valerie. Encuentra un punto de eje neutro. No pienses en lo que te asusta. No pienses en la pérdida.-Es muy fácil decirlo para usted -resoplé entre dientes, sintiendo cómo esa corriente gélida me quemaba bajo la piel, empujando con violencia por salir-. Cada vez que intento frenarla, me quema. Se siente como si me estuviera ahogando en agua helada.-Eso es porque estás luchando contra ella con rabia -contestó Lupin-. No intentes destruirla, intenta contenerla. Respira. Exhala.Intenté recordar las lecciones de Dumbledore, intenté poner mi mente en blanco. Pero en cuanto cerraba los ojos, la imagen de la cara muerta de Hermione volvía a proyectarse en mi mente. El pánico resurgía, la sangre se me aceleraba y la magia reaccionaba como un perro rabioso al que intentan encadenar.¡CRAC!Un estallido repentino resonó en el aula. Abrí los ojos de golpe.Un florero de cristal que estaba sobre el escritorio de Lupin se había agrietado de arriba abajo, cubriéndose instantáneamente de una capa de hielo espeso y rompiéndose en mil pedazos sobre la madera. En el piso, a mi alrededor, una pequeña mancha helada volvió a congelar las tablas.Me quedé jadeando, con la cara ardiendo de frustración y el pecho agitado.-Un desastre -mordí las palabras, dándole una patada a un trozo de hielo suelto-. Esto es ridículo. No puedo controlarla porque la magia simplemente no quiere ser controlada.Lupin no pareció impresionado ni enfadado. Se acercó al escritorio, recogió los fragmentos de cristal roto con la mano y los dejó a un lado.-Nadie aprende a domar una tormenta en la primera lección, Valerie -dijo con infinita paciencia, aunque pude notar el cansancio en sus ojos-. Tu magia responde a tu miedo de perder el control. Cuanto más te pones a la defensiva, más violenta se vuelve. Es un proceso largo. Por hoy es suficiente. Ve a descansar.Salí de allí echando chispas, odiando la paciencia de Lupin, odiando las advertencias de Dumbledore y, sobre todo, odiándome a mí misma por ser incapaz de dominar el monstruo que llevaba dentro.El camino de regreso a la Torre de Ravenclaw fue un suplicio silencioso; me dolía cada músculo del cuerpo, el cráneo me retumbaba por el esfuerzo de contener la magia y tenía la piel de las manos tan helada que me escocía.Respondí al acertijo de la aldaba del águila, sin procesar las palabras que salían de mi boca, y crucé la sala común en penumbras procurando no hacer el menor ruido.Cuando cerré la puerta de nuestro dormitorio, el silencio de la noche me cayó encima como una losa de cemento.Avancé a ciegas hacia mi cama, pero no llegué a quitarme las botas ni la túnica. Me dejé caer de rodillas sobre la alfombra, apoyando la espalda contra el borde del colchón. Y ahí, en la oscuridad de la habitación, sin la mirada vigilante de Dumbledore ni la presencia comprensiva de Lupin, me quebré.El peso de todo lo que llevaba sobre los hombros se desbordó de golpe. El miedo atroz a ser un monstruo, la amenaza de Azkaban, la imagen del cadáver inerte de Hermione quemándome la memoria, la frustración de no poder controlar la rabia... todo me aplastó el pecho. Abracé mis piernas contra el torso, escondí la cara entre las rodillas y comencé a sollozar en silencio, con espasmos violentos que me hacían temblar de la cabeza a los pies. Mis lágrimas caían hirviendo sobre la tela de mi túnica, en un contraste doloroso con el frío que aún me quemaba por dentro.Un crujido suave de sábanas rompió el silencio de la estancia.-¿Val...?Escuché los pasos descalzos de Padma apresurándose por el suelo de madera. No tuve tiempo de ponerme la máscara, ni de secarme la cara, ni de articular una sola excusa sarcástica. Un segundo después, Padma estaba arrodillada frente a mí en el suelo, rodeándome el rostro con sus manos tibias y obligándome a levantar la cabeza.-Por Merlín, Valerie... estás helada -susurró, con la voz cargada de un dolor y una preocupación genuinos que me destruyeron el poco orgullo que me quedaba-. Mírame, por favor. Mírame.-Estoy... estoy bien, Patil -intenté decir, pero mi voz salió rota, ahogada en un hilo miserable-. Ve a... ve a dormir, solo estoy cansada.-Deja de mentirme de una puta vez, Valerie Evans -me interrumpió Padma, y por primera vez en todos los años que llevaba conociéndola, escuché un quiebre de rabia y desesperación en su tono-. ¡Deja de actuar como si fueras de piedra! No estás bien. Estás destruida y no voy a dejar que te tragues esto sola.Sin esperar respuesta, Padma me tomó de los hombros y, con una firmeza que no aceptaba protestas, me ayudó a ponerme de pie. Me quitó la túnica empapada de sudor frío y la varita con delicadeza, me destapó la cama y me empujó suavemente hacia el colchón.Antes de que pudiera asimilarlo, Padma se metió en la cama a mi lado, jaló las mantas pesadas sobre las dos y me envolvió en un abrazo apretado, pegando mi espalda contra su pecho y pasándome los brazos alrededor del torso, dándome todo su calor.-No me voy a ir a ninguna parte -murmuró al oído, acomodando mi cabeza contra su hombro mientras acariciaba mi cabello despeinado con una suavidad infinita-. Llora todo lo que necesites, Val. Suéltalo. Nadie te va a hacer daño aquí. Yo estoy cuidando.El calor de su cuerpo y sus palabras terminaron por derrumbar la última muralla de mi defensa. Me giré en sus brazos, me pegué a su cuello y me aferré a la espalda de su pijama como si fuera un náufrago agarrándose a una tabla en medio de la tormenta. Lloré como no lo había hecho en años; un llanto amargo, desgarrador, dejando salir cada gota de pánico y soledad que me había estado ahogando desde que llegué a este colegio.-Tengo miedo, Padma... -sollocé contra su hombro, apretando los puños en su ropa-. Tengo tanto miedo de perder el control... de hacerle daño a alguien... de que me lleven lejos.-No vas a hacerle daño a nadie -contestó Padma con una convicción absoluta, besándome la frente mientras me mecedía despacio-. Eres la persona más fuerte y leal que conozco. Y si el mundo decide volverse loco contra ti, yo voy a estar parada a tu lado para pelear. No estás sola, Valerie. Nunca más vas a estar sola.Nos quedamos así durante minutos que parecieron horas. Su abrazo constante y su respiración pausada fueron desacelerando el ritmo desenfrenado de mi corazón. El frío corrosivo que me quemaba el pecho fue cediendo gradualmente ante la calidez humana y real que Padma me transmitía.Poco a poco, el agotamiento físico y mental comenzó a ganarle la batalla a mis párpados. La mente se me fue volviendo pesada, arrastrada por un sueño profundo que no sentía desde hacía semanas.Con las últimas fuerzas que me quedaban, apreté ligeramente la mano de Padma que seguía rodeándome la cintura.-Gracias... hermana -susurré con la voz rozando el hilo del sueño, dejando salir la verdad más pura de mi corazón-. Te quiero... de verdad.Sentí a Padma sonreír contra mi cabello y apretarme un poco más fuerte en el abrazo.-Y yo a ti, tonta -respondió en un murmullo dulce, acomodándome la manta hasta el cuello-. Ahora duérmete. Mañana volvemos a ser las amargadas de Ravenclaw, pero hoy solo descansa.Cerré los ojos, y por primera vez en todo el curso, me dormí sintiéndome completamente a salvo.