Cuidando de ella
Cuidando de ella
La lluvia helada de finales de marzo azotaba los altos ventanales de la biblioteca con una furia rítmica, amortiguando los ecos distantes del castillo. Faltaba menos de media hora para el toque de guarda, y las velas flotantes comenzaban a agonizar, proyectando sombras largas y deformes sobre los lomos de los libros de la Sección de Historia.Estaba sentada en el suelo de piedra, en el rincón más oscuro y olvidado del pasillo, con la espalda apoyada contra el frío de la columna. Tenía las rodillas pegadas al pecho y las manos clavadas en mi propio cabello, intentando contener los temblores que me recorrían el cuerpo.A mi lado, abandonado sobre las losas, yacia el pergamino pesado que lo cambiaba todo. La luz de la única vela cercana iluminaba con crueldad el grueso sello de cera roja: un barco de velas desplegadas y el águila bicéfala del Instituto Durmstrang.—Valerie... —escuché un murmullo cauto a unos metros.Me sobresalté violentamente, dando un ahogado golpe de espalda contra la piedra. Levanté la vista de golpe, con los ojos inyectados en sangre y las mejillas ardientes por el rastro de las lágrimas. Por una fracción de segundo no fui capaz de recomponer mi máscara. Estaba desnuda, rota.Padma estaba de pie al final del pasillo, mirándome con una mezcla de desconcierto y alarma.—¿Qué haces aquí? —mi voz sonó áspera, rasposa, casi irreconocible. Estiré la mano a ciegas para arrebatar la carta del suelo y ocultarlo dentro de mi túnica.Pero mis dedos temblaban demasiado. Padma fue más rápida; avanzó con dos pasos fluidos, se agachó y recogió el pliego antes de que pudiera tocarlo.—Devuélveme eso, Patil —siseé, intentando ponerme de pie, pero las piernas me fallaron por la tensión acumulada y tuve que apoyarme torpemente contra la pared—. No es de tu incumbencia. Devuélvemelo.—¿Qué es esto? —ignoró mis amenazas por completo. Desplegó el documento bajo la tenue luz dorada y sus ojos recorrieron la caligrafía elegante y fría escrita en tinta negra—. "Aceptación de Traslado Académico Inmediato... Año Lectivo 1994-1995... Firmado por Igor Karkarov, Director de Durmstrang..." Vi cómo el aire se le congelaba en los pulmones. Leyó mi nombre al principio del pliego y luego los nombres de mis padres junto al sello familiar.— Valerie Evans ... —susurró Padma, levantando la mirada hacia mí con puro horror en el rostro—. Tus padres... firmaron tu traslado. Te vas de Hogwarts.—Te dije que me lo dieras —repetí, dando un paso tambaleante hacia ella, apretando los puños a los costados—. No sabes de qué estás hablando.—¡Es una orden de traslado oficial para septiembre! —exclamó Padma en un susurro frenético, retrocediendo un paso para mantener el papel fuera de mi alcance—. ¡Significa que este es tu último trimestre aquí! Valerie... ¿qué demonios es esto? ¿Por qué tus padres harían algo así?—Padma —solté con una frialdad repentina y desgarradora que me quemó la garganta—. Por Dumbledore. Me envían al norte, donde no pueda ser una distracción. Donde no pueda cometer 'errores'.Padma se quedó paralizada. El impacto de mis palabras flotó entre las dos como un humo tóxico. De pronto, vi el preciso instante en que una comprensión mucho más aterradora cruzó por la mente de la Ravenclaw.—Hermione... —el nombre se le escapó en un hilo de voz de pánico—. Hermione no sabe nada de esto, ¿verdad?Cerré los ojos y apreté los dientes con tanta fuerza que me dolió la mandíbula. No respondí. No podía.—¡Valerie, respóndeme! —insistió Padma, acercándose un paso y blandiendo el pergamino—. ¡Dime que Hermione lo sabe! ¡Dime que se lo contaste!—No —susurré, abriendo los ojos. La miré fijamente, volcando en mi voz toda la frialdad vacía de la que fui capaz—. No lo sabe. Y no lo va a saber.—¡¿Te has vuelto loca?! —espetó Padma, olvidándose por completo del lugar donde estábamos y alzando la voz—. ¡Quedan apenas dos meses para que termine el curso! ¡Dos meses, Valerie!—¡Baja la voz! —siseé, abalanzándome sobre ella. Le sujeté el brazo con una fuerza desesperada, sintiendo cómo el pulso me retumbaba en los oídos.—¡No me voy a callar! —replicó Padma, zafándose de mi agarre con un empujón rabioso. Las lágrimas ya comenzaban a agolparse en sus ojos—. ¡Está matándose viva! ¿Acaso no la ves? ¡Usa esa maldita cosa para tener treinta horas al día! Trabaja hasta el amanecer, no come, no duerme... ¡y lo hace en parte para tener tiempo de estar contigo! ¡Se está destruyendo la salud por este año, y tú vas a dejar que se despierte en septiembre descubriendo que te fuiste al otro lado del mundo sin decirle ni una sola palabra!—¡Es por su bien! —grité en un susurro ahogado. Sentía que la garganta me sangraba por dentro.—¡¿Por su bien?! ¡No seas cínica! —Padma me encaró, apuntándome con un dedo tembloroso—. Esto no es por su bien, Valerie. Esto es cobardía. Tienes miedo de ver su reacción. Tienes miedo de tener que mirarla a los ojos y admitir las cosas.—¡Tú no entiendes nada! —la froté con la furia sorda que me devoraba por dentro, mientras las lágrimas volvían a traicionarme, cayendo calientes por mi cara—. ¡Tú no sabes lo que es verla romper a llorar en medio de la biblioteca porque no puede más con la presión! Mírala, Padma. Mírala a la cara mañana durante el desayuno. Apenas se mantiene en pie. Si voy ahora y le digo: "Oye, por cierto, me van a enviar a un colegio tenebroso en el norte de Europa para siempre y nunca más nos vamos a volver a ver" , ¿qué crees que va a pasar?—¡Tiene derecho a saberlo! —argumentó Padma con firmeza, aunque su voz se quebraba—. ¡Tiene derecho a decidir qué hacer con el tiempo que le queda contigo! ¡Tiene derecho a despedirse!—¡Se va a obsesionar! —interrumpí, dando un paso hacia ella, con la mirada desorbitada por el pánico—. ¿Acaso no la conoces? Buscará en cada libro de la biblioteca una manera legal de anular la patria potestad de mis padres. Intentará buscar vacíos legales en el Ministerio. Gastará cada segundo de vida que le queda intentando 'salvarme', y cuando se dé cuenta de que no hay nada que hacer... se habrá gastado sus últimos meses en Hogwarts sufriendo, frustrada y rota.Padma guardó silencio. Vi en sus ojos cómo mis palabras daban en el blanco exacto de la mente analítica y obstinada de Hermione.—No quiero que sus últimos recuerdos de mí en este colegio sean un calvario de lágrimas, discusiones y despedidas agónicas —continué. Mi voz perdió toda la agresividad, quedando reducida a un ruego miserable y vulnerable—. Quiero... quiero que tenga un par de meses tranquilos. Quiero que sonría. Quiero que haga sus exámenes de Aritmancia, que discuta con Ron, que se sienta orgullosa de sus notas... quiero que sea simplemente Hermione Granger. Sin la sombra de mi partida aplastándola todos los días.—¿Y tú qué? —preguntó Padma con voz suave, mirándome como si fuera una extraña—. ¿Vas a llevarte todo este peso tú sola? ¿Vas a dejar que te odie cuando se entere de que te fuiste sin decir nada?—Prefiero mil veces que me odie cuando ya no esté aquí —confesé, tragando saliva con dificultad—, a quitarle la poca paz que le queda mientras sigo a su lado. Prefiero ser la villana que la abandonó en secreto, si eso significa que hoy puede dormir un par de horas sin pensar en eso.Y entonces hice algo que jamás en mi vida pensé que haría por nadie. Me dejé caer lentamente de rodillas sobre las losas frías.Ese gesto, el doblar mi orgullo de, hizo que Padma diera un paso atrás, sofocando un jadeo. Estiré las manos temblorosas y sujeté el dobladillo de su túnica.—Te lo ruego, Padma. Te lo ruego por lo que más quieras —susurré, alzando los ojos empapados en lágrimas—. Tú eres su amiga. Tú la quieres. Júralo. Júralo por tu vida, por tu magia, por lo que sea... pero no le digas nada. No le destruyas los únicos meses felices que le quedan.Padma me contempló desde arriba. El silencio de la biblioteca era insoportable, roto solo por el choque de la lluvia contra los cristales. Sabía el monstruoso peso que le estaba imponiendo; una bomba de tiempo, una traición directa a la confianza de Hermione que la perseguiría cada vez que la mirara a los ojos.—Esto es una locura, Valerie... —dijo Padma, apretando la carta de Durmstrang contra su pecho mientras sus propias lágrimas caían—. Si se entera de que yo lo sabía y se lo oculté... jamás me lo va a perdonar. Me va a odiar a mí también.—No se enterará —prometí en un murmullo roto—. Yo me aseguraré de que piense que fue una decisión de último minuto de mi padre. Todo recaerá sobre mí. Solo... guarda el secreto. Por favor.Padma cerró los ojos con fuerza. Sintiéndose la peor persona del mundo, dejó escapar un largo suspiro que le desgarró el aire en la garganta.—Lo juro —susurró, abriendo los ojos llenos de amargura—. No le diré nada. Pero que Merlín me perdone, Valerie... porque esto que estás haciendo no es amor, es una condena para las dos.(POV: Padma)A mediados de abril, sentarme en esa mesa de la biblioteca dejó de ser un momento de estudio para convertirse en una sala de tortura.La luz dorada de la tarde entraba por las altas vidrieras, iluminando los mapas de Aritmancia y los tomos de Transformación Avanzada que sepultaban a Hermione. Ella estaba exhausta, con ojeras violetas que le marcaban la piel pálida, pero sus ojos tenían ese brillo característico de cuando algo la apasionaba. A su lado, apoyada contra la pared con su postura impecable, Valerie leía en silencio, aparentando una calma perfecta.Las miré a las dos desde mi lado de la mesa. En mi túnica sentía el peso invisible de la carta de Durmstrang, un fantasma que me ardía en el pecho cada vez que respiraba.—Estaba pensando —habló Hermione de pronto, rompiendo el murmullo de la estancia sin levantar la pluma del pergamino— que para el próximo año deberíamos inscribirnos juntas en todas las optativas avanzadas de Runas Antiguas. Revisé el plan de estudios de cuarto curso y si organizamos bien los horarios con la profesora Babbling...Hermione levantó la mirada, fijando sus ojos castaños en Valerie con una ilusión pura, transparente.—Val, tú vas a seguir en Runas, ¿verdad? —preguntó con una pequeña sonrisa—. Porque no pienso dejar que Theo Nott sea mi único compañero de debates decente. Necesito que estés ahí para hacerme competencia.En ese instante, sentí que el estómago se me caía al suelo.La mano se me congeló sobre el tintero. Un sudor frío me recorrió la nuca y tuve que apretar los puños bajo la mesa con tanta fuerza que las uñas se me clavaron en las palmas. Dile la verdad , supliqué en silencio, mirando fijamente a Valerie. Díselo de una maldita vez. No le hagas esto. Pero Valerie ni siquiera pestañeó. Su rostro permaneció sereno, impasible, una máscara de hielo perfecta moldeada para la mentira.—Claro que sí, Granger —respondió Val con una voz tan tranquila y natural que me dio náuseas—. Alguien tiene que evitar que te vuelva loca la Aritmancia. Aunque dudo que Nott sea competencia para ti.—¡Lo ves! —exclamó Hermione, dejando escapar una risita suave y cansada. Inclinó la cabeza hacia un lado y la apoyó torpemente en el hombro de Val—. Sabía que podía contar contigo. Ya le dije a McGonagall que mantenga nuestros nombres juntos en la lista de solicitudes para el próximo trimestre.—Perfecto —murmuró Val.Vi cómo Valerie inclinaba la cabeza apenas un milímetro para rozar la coronilla de Hermione con los labios. Fue un gesto rápido, cargado de una ternura tan trágica y rota que sentí cómo se me llenaban los ojos de lágrimas al instante. Tuve que bajar la cabeza de golpe para que no me vieran.—Padma, ¿estás bien? —la voz de Hermione me sobresaltó.Levanté la vista. Hermione me miraba desde el otro lado de la mesa con verdadera preocupación en el rostro, frunciendo el ceño al notar mi silencio.—Estás muy callada hoy. Y no has tocado tu ensayo de Pociones.—¿Eh? Ah... sí, sí, estoy bien —mentí a trompicones, improvisando una sonrisa falsa que me dolió en los labios mientras juntaba mis pergaminos de cualquier manera—. Es solo que... me dio un dolor de cabeza repentino. Creo que leí demasiado rápido.Busqué los ojos de Valerie. Por un segundo, ella me sostuvo la mirada. Vi en el fondo de sus pupilas la súplica silenciosa, el recordatorio implacable de mi juramento y la agonía atroz de estar muriéndose por dentro sin poder gritar.—Voy... voy a ir a la torre de Ravenclaw a descansar un poco —dije, poniéndome de pie abruptamente.—¿Segura que no quieres que te acompañe a la enfermería? —insistió Hermione, extendiendo la mano sobre la mesa para tocar suavemente mi brazo.El contacto de sus dedos se sintió como un hierro caliente sobre mi piel. Me abrasaba la conciencia. Deseé con todas mis fuerzas romper el pacto, agarrarla de los hombros y gritarle la verdad: ¡No hay cuarto curso! ¡No hay clases de Runas juntas! ¡Se va al otro lado del mundo en dos meses y te está mientiendo en la cara! Pero no pude. La imagen de Valerie de rodillas la semana anterior, rogándome llorando en el suelo de la biblioteca, me paralizó la lengua.—No, no hace falta... descansa tú también, Hermione. Por favor —logré articular con la voz completamente al borde del llanto.Recogí mis libros atropelladamente, me di la vuelta y eché a andar a pasos agigantados hacia la salida. Sentía que el aire de la biblioteca me ahogaba.En cuanto crucé el umbral del pasillo desierto, me apoyé contra la pared de piedra, me cubrí la boca con ambas manos para ahogar un sollozo y rompí a llorar. Me sentía la peor amiga del mundo, una cómplice silenciosa atrapada en la red de un amor trágico que estaba a punto de saltar por los aires.