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Destino compartido

Vínculos Del Alma — fanfic.es · All chapters

Destino compartido

(POV: Valerie)Dos años pueden parecer una eternidad para cualquiera, pero para Hermione y para mí pasaron en un abrir y cerrar de ojos. Lo que paso en aquel salón de clases se convirtió en algo inquebrantable. Nuestra amistad, por supuesto, seguía siendo imperfecta, pero díganme cual lo es; seguíamos discutiendo por todo. Hermione aún se frustraba cuando yo resolvía algo a base de lógica, por pura intuición y yo, seguía rodando los ojos cuando ella me leía en voz alta el índice completo de una enciclopedia, seguía siendo irritante. Éramos el agua y el aceite, pero compartíamos algo, un secreto que nos hacía sentir diferentes, pero somos diferentes juntas.Habíamos aprendido a controlar nuestras "anomalías" a puerta cerrada. Sabíamos exactamente cuánta fuerza mental necesitábamos para hacer flotar un lápiz o cuánta rabia contenida hacía falta para fundir una bombilla. Éramos dos mentes analizando un fenómeno que nadie podía explicar lo que nos hacía sentir juntas, por lo menos lo era para mí, y con eso bastaba.El verano de nuestro undécimo cumpleaños llegó acompañado de un calor inusual y de una extraña sensación de cambio. El destino, casi como si me quisiera dar la razón, decidió tocar a la puerta una tarde de julio, Hermione estaba en mi casa, intentando en vano enseñarme las capitales de Europa mientras yo me distraía trenzando los hilos de plata de mi bufanda.El timbre sonó.Mi madre, Marissa, abrió la puerta, y el murmullo educado que siguió nos hizo alzar la vista. Un hombre alto estaba de pie en el umbral. No vestía como los vecinos del vecindario; llevaba un abrigo largo de un azul profundo que parecía rozar el suelo y una barba plateada tan larga que se la sujetaba con el cinturón. Sus ojos, azules y extrañamente brillantes detrás de unas gafas de media luna, recorrieron la estancia hasta posarse directamente en mí.En ese momento, algo en mi bufanda llamó mi atención, no fue la calidez sutil de siempre. Fue una pulsación violenta, una que me recorrió la espina dorsal, helándome la sangre. Pude ver que el anciano se detenía en seco, con la mano suspendida en el aire. Sus ojos se abrieron, un movimiento sutil, pero no pasó desapercibido para mí, y lo vi observando fijamente en el pedazo de lana gris que rodeaba mi cuello. Por un momento, me miro con una intriga tan profunda que pareció congelar la habitación. Yo lo sentí, no sé qué era, pero pude sentir algo que desde mi bufanda acababa de despertar.-Buenas tardes -dijo el hombre, -. Lamento la intriga. Mi nombre es Albus Dumbledore, y soy el director de un colegio muy especial. Vengo a hablar de las señoritas Evans y Granger, por lo que creo que es necesario que llamemos también a los señores Granger; lo que tengo que decirles es muy importante.Una hora después, la sala de mi casa estaba abarrotada. Mis padres y los de Hermione escuchaban en un silencio sepulcral, con los rostros pálidos y las tazas de té enfriándose en sus manos. Dumbledore había colocado dos sobres de pergamino amarillento, pesados, escritos con tinta verde esmeralda. El mío rezaba: Señorita V. Evans, la habitación del fondo. El de ella: Señorita H. Granger, segundo piso a la derecha.-¿Magia? -logró articular mi padre, mirando al anciano-. como esos que sacan un conejo de su sombrero, señor Dumbledore, con todo respeto, nuestras hijas son... especiales, sí, muy inteligentes, pero esto es una locura.-No lo es, señor Evans -respondió Dumbledore, ofreciéndole una sonrisa pacífica. Luego, nos miró a Hermione y a mí-. Las luces que parpadean cuando se alteran, los objetos que cambian de lugar cuando nadie los mira. No son anomalías. Son manifestaciones de magia accidental. Hogwarts es un internado diseñado para que aprendan a canalizar ese poder.Hermione estaba temblando, pero no de miedo. Tenía las manos aferradas al sobre de pergamino, devorando con la mirada el contenido. Sus ojos brillaban con la realización absoluta de que todas las respuestas que siempre buscó en los libros finalmente existían en otra parte. Yo, en cambio, mantuve la vista fija en el director. El misterio de mi adopción, el sentimiento de abandono y la extraña calidez de mi bufanda... todo se alineaba de golpe en mi mente.-Entonces... ¿mis padres biológicos también eran magos? -pregunté en voz alta, rompiendo el protocolo. Mi voz sonó más firme de lo que pretendía. Mis padres se tensaron en el sillón, con una mirada triste en sus ojos. Dumbledore me observó detenidamente, y por un segundo, sus ojos volvieron a descender hacia mi bufanda, que seguía latiendo con suavidad contra mi piel.-En su caso, señorita Granger, sus padres son completamente muggles, lo que en nuestro mundo llamamos un nacimiento excepcional -explicó el director con suavidad, antes de girar el rostro hacia mí. Su mirada se volvió indescifrable-. En su caso, señorita Evans... la magia es un lazo de sangre. Un lazo muy antiguo y complejo. Quienquiera que la haya dejado en este umbral, sabía que era posible que la magia la alcanzara algún día....Aceptar la realidad nos tomó un par de semanas, era demasiado abrumador al principio, llore un par de veces junto a Hermione, ella por su parte estaba asombrada y se llenó de lecturas intensas, ya había intentado memorizar la lista de útiles tres veces antes de salir. El director Dumbledore fue nuestro guía en todo esto, primero nos llevó al Banco de Magos Gringotts. Mis padres y los de Hermione, todavía con el rostro desencajado por la sorpresa, pudieron cambiar su dinero por relucientes monedas de oro, plata y bronce: galeones, sickles y knuts. Con los bolsillos pesados y tintineantes, el verdadero viaje comenzó.Cruzar el muro de ladrillos en el patio trasero de El Caldero Chorreante fue como ver un rompecabezas armarse frente a mis ojos, quedé fascinada ante esa vista y por lo que vi con el rabillo del ojo, Hermione también. Los ladrillos se deslizaron, revelando una calle adoquinada empapada por una luz dorada y bulliciosa. El Callejón Diagon.¹¹-¡Valerie, mira eso! -Hermione me tomó del brazo con entusiasmo, casi haciéndome tropezar mientras señalaba un escaparate repleto de calderos de peltre y frascos relucientes-. ¡Y allí! Flourish y Blotts. El profesor dijo que ahí están los libros de texto. Necesito empezar a leerlos todos y... ¡oh, mira esa tienda de túnicas!Aunque a veces su intensidad me resultaba un poco demasiado, no pude evitar contagiarme seguirla. Una sonrisa enorme se me dibujó en la cara y sentí un cosquilleo eléctrico en el estómago. Todo era increíble: los búhos ululando desde las repisas, los niños corriendo con escobas voladoras en miniatura, el aroma a madera y a especias desconocidas que flotaba en el aire. Era un mundo completamente diferente, pero un mundo real, aquí tal vez no me sienta anormal.-Tranquila, Mione -me reí, acomodándome la bufanda, que parecía absorber el aire místico del lugar con una calidez reconfortante-. No se van a acabar los libros si vamos despacio. Además, el director nos guía.Y como no podía ser de otra manera nuestra primer para fue... una tienda de libros. Pasamos horas ahí dentro, principalmente porque Hermione estaba en su absoluto elemento, devorando con la mirada los lomos dorados de los libros, acariciando las portadas de cuero y haciendo preguntas sin parar. Aunque a mí me parecía un horror pasar el día entero pegada a un texto, la acompañé en cada pasillo. La escuchaba hablar con fascinación sobre los hechizos teóricos y, a mi manera, yo también me emocionaba al imaginar lo que seríamos capaces de hacer. Le alcanzaba los tomos más pesados y le sonreía cada vez que descubría un dato que la hacía dar saltitos de alegría. Éramos un equipo, como siempre.Después de tantos de pergaminos, balanzas de latón y los pesados libros que Hermione abrazaba como si fueran tesoros sagrados, nos detuvimos frente a una tienda estrecha y lúgubre con letras doradas descoloridas sobre la puerta: Ollivanders: Creadores de varitas finas.Nuestros padres prefirieron esperar afuera, abrumados por el exceso de estímulos mágicos, pero Hermione y yo entramos seguidas por Dumbledore. El lugar estaba hecho un desastre, polvo, madera vieja y a una energía estática que hizo que los vellos de mis brazos se erizaran. Miles de cajas alargadas se apilaban de forma imposible hasta el techo.-Buenas tardes -dijo una voz suave desde la penumbra. Un anciano de ojos pálidos y grandes como lunas emergió de entre los estantes-. Ah, sí. Presentía que las vería pronto, señoritas.El señor Ollivander se acercó primero a Hermione, midiendo su brazo con una cinta métrica flotante, asombroso, yo nunca había imaginado nada igual. Tras probar un par de opciones, una varita de madera de vid con núcleo de fibra de corazón de dragón soltó una ráfaga de chispas purpúreas. Hermione sonrió aliviada, saltando de la emoción y abrazándome junto con su varita con un orgullo y una felicidad radiante. Su reacción me hizo sonreír a mí también.Entonces, los ojos pálidos del vendedor se posaron en mí. Su mirada descendió de inmediato hacia mi cuello, deteniéndose justo en los hilos de plata que formaban el símbolo de mi bufanda. Ollivander frunció el ceño, y por un instante, miró de reojo a Dumbledore, quien permanecía en silencio junto a la entrada.En ese momento, la bufanda volvió a latir contra mi pecho. No era la calidez de siempre, sino una vibración protectora, profunda y pacífica. Miré hacia la puerta y me encontré en sus ojos de Dumbledore, no se explicarlo por que pero, sentí una mirada que me hizo sentir segura, mi bufanda me dio una sensación de protección lo que hizo que mis nervios se calmaran. Sentí una conexión extraña, casi como el lazo silencioso que une a un padre con su hija. Él parecía entender el lenguaje de mi bufanda, algo que a mí me costó demasiado.-Bien, señorita Evans. Veamos... -murmuró Ollivander, interrumpiendo mis pensamientos mientras recorría el camino hasta los estantes más profundos y polvorientos.Me entregó una varita de madera de manzano, pero en cuanto mis dedos la rozaron, una ráfaga de viento helado azotó la tienda, tirando varias cajas al suelo. Ollivander me la arrebató de inmediato. Probamos otra de endrino, pero la bombilla de gas del mostrador explotó hacia adentro. Di un paso atrás, asustada por el estallido, por lo que veo las varitas no me "elegían" como mencionaba el señor Ollivander, ese sentimiento de soledad, de rechazo, nuevamente se instaló en mi corazón, al parecer Hermione comenzó a notarlo e instintivamente me agarro el hombro con su mano, en silencio, lo que activo algo en mi bufanda y pude calmar ese sentimiento.Ollivander pareció dudar. Caminó hacia el fondo de la tienda, una sección tan antigua como la tienda misma, regresó sosteniendo una caja alargada de madera oscura. Al abrirla, reveló una varita de un tono cenizo profundo, muy hermosa.-Madera de saúco negro, señorita. Un espécimen sumamente inusual -susurró Ollivander, con una reverencia casi sagrada-. Y en su interior... un núcleo que desafía las leyes de la fabricación moderna. Una combinación entrelazada de dos elementos poderosos: fibra de corazón de dragón y pluma de fénix. Es una varita de una frecuencia dual, una anomalía histórica. Exige un intelecto brillante, pero una valentía indomable para ser controlada, pruébela.Extendí la mano, con el corazón latiéndome a mil por hora en el pecho. Estaba genuinamente emocionada, aunque con algo de miedo, el calor de mi bufanda, la mirada del director y la mano de Mione en mi hombro me terminaron dando el valor para por fin tomar la varita.En el segundo exacto en que mis dedos se cerraron alrededor de la empuñadura de saúco, la tienda entera pareció silenciarse. Esta vez no hubo destrucción y de la punta de la varita brotó una danza perfecta de luces: hilos de un azul gélido y brillante se entrelazaron en el aire con destellos de un rojo carmesí y denso, formando una espiral armónica que iluminó el rostro asombrado de Hermione. Al mismo tiempo, mi bufanda latió con una fuerza descomunal, inundándome el pecho con una oleada de calor milagroso que me obligó a respirar hondo.Parecía que la varita y mi bufanda hablaban el mismo idioma; reaccionaban a los mismos hilos que, sin yo saberlo, habían unido dos almas en el pasado.-Curioso... verdaderamente curioso -murmuró Ollivander, atrapando las luces con su mano huesuda-. Esa varita estaba destinada a alguien con una frecuencia claramente marcada. Una mente que busca la lógica, pero un espíritu dispuesto a arriesgarlo todo.Volteé a ver al director que no había dicho una sola palabra, pero sus gafas de media luna reflejaban el último destello azul y rojo que se disipaba en el aire, como si algún recuerdo amargo pasara justo frente a sus ojos en ese momento. Se recompuso en menos de un segundo y me miró con una sonrisa sutil y una mezcla de intriga y profunda ternura, casi familiar, como si acabara de confirmar algo que su alma le decía.Acomodé mi bufanda sobre el cuello, sintiendo el peso perfecto de la madera entre mis dedos. Hermione me miró con una sonrisa radiante, fascinada por el espectáculo de luces y saltando a mi lado para abrazarme.Teníamos, nuestras varitas, nuestros útiles y un mundo entero por descubrir. El internado de Hogwarts nos esperaba, y mientras salíamos a la calle bajo la luz del sol, supe que no importaba cuán difícil fuera el camino: Hermione y yo descifraríamos el misterio de quiénes éramos, juntas.-------------Segundo capítulo Vamos conociendo poco a poco a Val, quiero decir que la voy a cuidar y a hacerla crecer sin traumas, pero no prometo nada.