LNCrawler

Distancia

Vínculos Del Alma — fanfic.es · All chapters

Distancia

(POV: Valerie)El banquete de bienvenida terminó con un anuncio del director Dumbledore sobre los pasillos prohibidos, pero mi mente apenas registró sus palabras. Mis ojos seguían fijos en la mesa de Gryffindor. Quería correr hacia Hermione, tomarla de la mano y contarle lo extraño que había sido tener al Sombrero Seleccionador gritando dentro de mi cabeza. Pero las reglas de la escuela eran claras. Un prefecto mayor de Ravenclaw llamado Robert Hilliard se puso de pie y nos ordenó a los de primer año que lo siguiéramos. Tuve que marcharme con ellos, tragándome las ganas de romper el protocolo, supongo que Mione se enojaría si lo hiciera.Subimos una cantidad ridícula de escaleras de caracol en el ala oeste del castillo. Yo caminaba con la cabeza gacha, aferrándome a los extremos de mi bufanda gris para buscar ese calorcito protector que tanto necesitaba.-¡Hola! Evans, ¿cierto? -Una voz amable interrumpió mis pensamientos. Me giré y vi a una chica de segundo año, de cabello largo y lacio y rasgos asiáticos, que me sonreía con calidez-. Soy Cho Chang. No te preocupes por estar tan seria, la Selección siempre es un shock el primer año y bienvenida a Ravenclaw.-Gracias -atiné a decir, forzando una pequeña sonrisa. Su amabilidad sincera hizo que el nudo en mi estómago se aflojara un poco.Llegamos al final de la escalera, frente a una puerta de madera vieja sin picaporte. En el centro, un aldabón de bronce con forma de águila nos miró con ojos fijos. Para mi sorpresa, el águila abrió el pico y habló con una voz melodiosa:-¿Qué es aquello que aumenta cuanto más se comparte?Me quedé estática. ¿Una puerta que habla? Robert, el prefecto, se giró hacia nosotros sonriendo.-Nuestra sala común no usa contraseñas. Nos pide resolver un problema de lógica -explicó-. ¿Alguien quiere intentar resolverlo? Si fallamos, nos quedamos afuera hasta que alguien más lo descifre.Miré el águila. Mi mente empezó a trabajar por si sola. El conocimiento... no, el conocimiento se acumula. ¿Qué aumenta cuando se comparte?-El conocimiento -murmuró una niña a mi lado, pero el águila no se movió.-La felicidad -sugerí en voz alta, dando un paso al frente. Mi voz sonó segura-. O el amor. Si lo guardas para ti, se queda igual. Si lo compartes con alguien más, se multiplica.El aldabón de bronce inclinó la cabeza en un gesto de aprobación y la puerta de madera se abrió de par en par. Varios de mis compañeros murmuraron asombrados y Chang me dio una palmadita aprobatoria en el hombro antes de entrar a la sala común. El lugar era hermoso, circular, decorado con elegantes cortinas de seda azul y bronce y un techo abovedado pintado con miles de estrellas que se reflejaban en la alfombra. Había una paz inmensa allí, una atmósfera de tranquilidad que, debía admitir, encajaba perfectamente conmigo, pero la ausencia de una melena rizada y esponjada hacía que todo se sintiera incompleto.En el dormitorio de las chicas, me senté en el borde de una de las camas de cuatro postes con sábanas de seda azul cielo. Al ver mi baúl allí, el miedo volvió a arañarme el pecho. Estaba sola, se me permitía llorar, ¿Verdad?, empezaban a salir las lágrimas por la comisura de mis ojos, hasta que escuché un suspiro ahogado en la cama de al lado, asustándome y obligando a recomponerme.Era la otra niña de primer año, la reconocí como la que había intentado responder el acertijo antes que yo. Tenía el rostro hundido en la almohada y claramente también quería llorar.-¿Estás bien? -le pregunté con suavidad, acercándome un poco.La niña se giró, revelando unos ojos a punto del llanto.-Disculpa, es solo que extraño a mi hermana -confesó con la voz rota, limpiándose una lágrima-. Soy Padma. Padma Patil. Mi gemela, Parvati, quedó en Gryffindor. Siento que... no sé, que ahora todo va a ser diferente entre nosotras, siempre hemos sido muy unidas pero ahora no sé qué va a pasar.El pecho me dio un vuelco. Entendía exactamente lo que sentía. Me senté en el suelo, recargando la espalda contra su cama, y me acomodé la bufanda.-Te entiendo -le dije con total honestidad, mirándola de reojo-. Mi mejor amiga, Hermione, también quedó en Gryffindor, ella ha sido mi única amiga de verdad en toda mi vida, creo que me acostumbre a estar todo el tiempo con ella. Siento como si me arrancaran una mitad, ahora no me imagino lo que tu haz de estar sintiendo.Padma esbozó una sonrisa triste y se sentó también en el borde de su colchón. No dijimos nada más en ese momento, no arregló nuestro dolor, pero saber que las dos compartíamos la misma melancolía creó un vínculo extraño, aunque en ese momento no lo vimos. Esa noche, mientras el viento silbaba con fuerza alrededor de la torre, el peso de la soledad se sintió un poco más ligero. Padma se convirtió un nuevo apoyo, esa noche nos abrazamos y estuvimos la una para la otra, ahogando nuestra melancolía.Los días siguientes trajeron un sutil y rápido cambio en nuestra nueva rutina. Hogwarts nos obligó a crecer a la fuerza. Hermione y yo descubrimos que pertenecer a casas diferentes significaba tener horarios distintos y mesas separadas en las comidas. Y yo terminaba pasando mas tiempo con Padma, y de vez en cuando Cho nos ayudaba mucho a las dos. La distancia nos dolía, pero mi amistad con Mione demostró ser más fuerte que las divisiones del castillo.Nuestro punto de encuentro pasó a ser la biblioteca, no es sorpresa. En las horas libres, nos refugiábamos en el rincón más alejado, rodeadas de estantes polvorientos. Allí volvíamos a ser nosotras. Yo me sentaba a escucharla hablar sobre la teoría de la Transformación de la profesora McGonagall o cualquier lección que haya escuchado ese día, fascinada por cómo le brillaban los ojos, mientras yo jugaba flojamente con mi varita bajo la mesa.Fue durante una de esas tardes cuando descubrí algo extraño que me dijeron que era extraño. En la clase de Encantamientos con el profesor Flitwick, todos los niños pasaban las horas repitiendo los cantos del hechizo en voz alta para hacer flotar una pluma. Yo, en cambio, no necesitaba pronunciar las palabras. Mi mente procesaba la estructura del hechizo y, con solo desearlo en silencio, la pluma se elevaba de forma perfecta. Fue con tanta facilidad, control absoluto y frío, lo que hizo que Flitwick me mirara con los ojos abiertos de par en par. Del otro lado del aula, Hermione se frustraba un poco al ver que yo lo hacía sin abrir la boca, pero luego me pidió que le explicara cómo es que lo hacía.Sin embargo, un día en la biblioteca, a Hermione se le cayó un tintero sobre su pergamino de tareas de Historia, arruinando horas de anotaciones limpias. Antes de que empezar a llorar por el desastre, actué por puro instinto. Apunté mi varita en silencio, deseando arreglar su frustración. De la punta de la madera de saúco brotó un destello de luz carmesí, denso y sumamente cálida, que envolvió el papel. El mapa de tinta se encogió, regresando mágicamente al tintero y dejando el pergamino impecable, como si el tiempo hubiera retrocedido. La calidez de mi bufanda se encendió con fuerza en ese segundo.Hermione se quedó con la boca abierta, tocando el papel limpio.-Eso... eso no fue un encantamiento de limpieza común, Val -susurró, mirándome con absoluto asombro-. Se sintió diferente. Se sintió cálido.Le sonreí de lado, guardando la varita en mi túnica. No sabía qué clase de magia era esa, pero mientras pudiera usarla para mantenerla a salvo la usaría con gusto.--------(POV: Hermione)La sala común de Gryffindor era todo lo contrario a la tranquilidad que yo necesitaba para procesar lo que estaba pasando. Era un lugar ruidoso, inundado por el rojo de los tapices, el rugido del fuego en la gran chimenea y las risas estruendosas de los chicos mayores que celebraban. Me senté en una de las esquinas más apartadas con un libro abierto en el regazo, pero mis ojos no leían. Mi mente estaba atrapada en el Gran Comedor, repitiendo el momento en que el sombrero gritó Ravenclaw y vi a Valerie caminar hacia la mesa azul.Sentí una punzada de soledad en el estómago. Val era mi ancla; la única persona en el mundo que entendía mis rarezas y que no me juzgaba por querer saberlo todo. Y ahora, rodeada de personas entusiastas, me sentía como un bicho raro otra vez. El miedo a que la distancia hiciera efecto, o a que ella encontrara personas más afines a ella en su torre, me asfixiaba el pecho.Los días siguientes transcurrieron con rapidez, pero se sentía insoportable estar sola en las horas de clase. Para no hundirme en mi propia timidez, intenté buscar refugio en lo que mejor sabía hacer: estudiar y responder las preguntas de los profesores. Sin embargo, eso pareció alejarme aún más de mis compañeros de casa.En el Gran Comedor, durante los desayunos y comidas, me sentía completamente excluida. Podía escuchar los susurros de los otros niños de Gryffindor a mis espaldas, llamándome molesta y sabelotodo. Incluso Harry Potter y Ron Weasley me miraban con fastidio cuando intentaba corregir sus posturas con la varita o les recordaba las lecturas obligatorias. Nadie quería estar cerca de mí.Lo peor era cuando alzaba la mirada y buscaba la mesa de Ravenclaw a lo lejos. Ví a Val compartiendo risas animadas con Padma Patil y platicando con toda su atención puesta en Cho Chang, siendo sincera me rompía el corazón. Me alegraba por ella, de verdad, mucho, pero no podía evitar sentir una oleada de pánico y mis pensamientos no dejaban de saturar mi mente. ¿Y si Val se daba cuenta de su vida era mejor sin mí? ¿Y si me reemplazaba con Padma? El miedo a quedarme completamente sola en este castillo gigante me aterraba por las noches.Por eso, mis verdaderos días comenzaban cuando nos encontrábamos en la biblioteca. Ver a Val sentada esperándome en cada hora libre, en nuestro rincón de siempre era como volver a respirar. En esos momentos, rodeadas de estantes polvorientos, volvíamos a ser nosotras. Me encantaba hablarle sobre todo lo que había aprendido en el día, fascinada porque ella me escuchaba de verdad, procesando mis palabras con esa brillantez que tanto admiraba.Fue durante esas tardes cuando empecé a notar lo verdaderamente extraordinaria que era la magia de mi amiga. Mientras yo me desgastaba repitiendo los cantos de memoria y frustrándome si algo no salía bien, Val era algo completamente distinta. La vi hacer flotar objetos o transformar cosas sin pronunciar una sola palabra, su magia se sentía fría y controlada. Me asombraba, y debía admitir que también me frustraba un poco no entender cómo lo lograba, pero verla controlar ese poder me hacía admirarla cada vez más.Cuando se me cayó el tintero y arruinó mi pergamino de Historia, estuve a punto de llorar de la impotencia, sintiendo que todo me salía mal en esta escuela. Pero Val actuó por instinto. Apuntó su varita y, con un destello de luz carmesí denso y sumamente cálido, regresó la tinta al frasco, dejándolo impecable. Al tocar el papel limpio, sentí que una ola de calor me recorría los dedos, esa no era la misma magia que usaba en clase, se sentía diferente.Valerie me sonrió de lado, guardando su varita en la túnica, y en ese segundo supe que no importaba cuántos niños en Gryffindor me llamaran insoportable, o cuántas paredes de piedra nos separaran. Mientra pueda pasar a un que sea un pequeño momento con ella seguía sintiendo que ese podía ser mi lugar seguro en el mundo, y yo me iba a esforzar el doble para que nunca dejáramos de ser nosotras, juntas.----------Gracias por leerme