Reclamos
Reclamos
(POV: Valerie)El tiempo fue pasando, envolviendo al castillo de Hogwarts en una rutina interminable. Padma se había convertido en un apoyo constante en la Torre de Ravenclaw, y Cho Chang siempre estaba dispuesta a explicarnos los misterios del colegio. Sin embargo, adoraba los días que seguían reduciéndose a esas horas libres en la biblioteca, escuchando el rítmico susurro de la voz de Hermione. Creo que ya nos estábamos acostumbrando a sobrevivir en nuestros propios mundos.La mañana de Halloween comenzó con la clase de Encantamientos del profesor Flitwick. Gryffindor y Ravenclaw compartíamos el aula, y el ambiente estaba revolucionado por el aroma a calabaza horneada que subía desde las cocinas. Flitwick nos puso en parejas para practicar el encantamiento de levitación: Wingardium Leviosa.A mí me tocó con Padma, como ya se me había hecho costumbre. Agarre mi varita y sin necesidad de pronunciar las palabras y, con un sutil movimiento de muñeca, nuestra pluma se elevó suavemente hacia el techo. Flitwick chilló de alegría, otorgándole diez puntos a Ravenclaw. Del otro lado del salón, alcancé a ver a Hermione intentando ayudar a Ron Weasley, cuyos movimientos eran tan toscos que parecía que iba a prenderle fuego a su propia mesa.Cuando la clase terminó, me entretuve guardando mis pergaminos y esperando a Padma, que se había quedado rezagada limpiando su tintero. Al salir al pasillo, la marea de alumnos ya se había dispersado. Caminaba apresurada junto a Padma, pero me detuve en seco al ver a Hermione cruzar el corredor. Iba sollozando, con los libros apretados contra el pecho de forma caótica y el cabello esponjado ocultándole el rostro.-¡¿Mione?! -llamé, y mi voz se quebró un poco por la alarma-. ¡Mione, espera!No me escuchó. Se perdió tras la esquina del pasillo que conducía al baño de las niñas. El eco de sus sollozos flotó en el aire un segundo antes de desaparecer. Sentí un vuelco horrible en el estómago y como mis manos empezaron a temblar, lo que provoco que Padma las agarrara por instinto, tratando de calmarme.Cerca de la entrada del comedor, Harry Potter y Ron Weasley caminaban despacio. Ron tenía las orejas coloradas y jugaba con su varita con una mueca incómoda, intentando restarle importancia a la culpa que se le notaba en los ojos. Mi mente ató los cabos y me interpuse en su camino de golpe, bloqueándoles el paso.No había una máscara fría en mi rostro. No había orgullo, mi cara solo reflejaba miedo desesperado por ver a Mione así.-¿Qué le dijeron? -les pregunté, y mi voz tembló, cargada de una angustia que no pude ocultar-. ¡Potter, por favor, dime qué pasó!-Evans, nosotros no queríamos... -comenzó Harry, retrocediendo un paso, abrumado al ver mis ojos enojados a punto de tirar una lagrima.-¡¿Qué le dijiste, Weasley?! -me giré hacia Ron. Mis manos temblaban con tanta fuerza que tuve que aferrarme a mi bufanda para no perder el equilibrio-. ¡Habla, por favor! La vi pasar llorando... y yo nunca la había visto llorar así. ¿Qué le hiciste?... Por favor dime -lo último salió más como un chillido agudo.Ron dio un respingo, intimidado por la desesperación que emanaba de mí. La soberbia se le cayó de golpe, dejando ver solo a un niño asustado por las consecuencias de sus actos.-Solo... solo dije que era una sabelotodo -balbuceó Ron, mirando hacia los lados, sumamente incómodo-. Estábamos hablando en el pasillo... dije que era una pesadilla y que era normal que no tuviera amigos. Pero no creí que fuera a escucharme, lo juro.Escuchar sus palabras me dolió profundamente, sentí como mi bufanda se calentaba, pero esta vez no era tranquilizador, era más furioso, como si me hubiera golpeado a mí. La indignación y la tristeza me desbordaron por completo, rompiendo cualquier rastro de mi lógica.-¡¿Cómo pudiste decir algo tan cruel?! -le grité, explotando por fin y esta vez el llanto se me escapó, la voz se me quebró a la mitad del pasillo-. ¡Ella no tiene a nadie más en esa estúpida casa, Weasley! ¡Nadie! ¡Toda su vida se ha sentido un bicho extraño y lo único que quería al llegar aquí que encontrara personas con las que pudiera hablar sin que la señalaran! ¡Solo te estaba ayudando en clase porque eso es en lo único que tiene confianza y porque quería agradarles! ¡¿Y tú... te burlas de ella solo porque es inteligente y le emociona todo lo que aprende?!Ron se quedó completamente mudo, con las mejillas ardiendo de una vergüenza, clavando la mirada en sus zapatos. Harry me miró con un arrepentimiento tan genuino que pareció encogerse en su lugar. Esperaba que entendieran el daño que le causaron. Y yo no los estaba atacando por maldad; les estaba mostrando el corazón roto de mi mejor amiga.-Está sola... -susurré, limpiándome las lágrimas con la manga de la túnica, sintiendo que la voz apenas me salía del pecho-. Está llorando por su culpa. Son unos egoístas.Los dejé ahí, parados en su propia culpa, y corrí hacia el pasillo de las niñas, pero Hermione no estaba y el prefecto nos obligó a entrar al Gran Comedor.El banquete de Halloween fue una tortura. Tenía el pecho congelado. Miraba la mesa de Gryffindor una y otra vez, al asiento vacío de Hermione. Mi trauma que siempre cargaba, regresó en forma de paranoia: Está sola por culpa de ellos. Está sola y llorando, no puedo dejarla sola.-Valerie, tienes que comer algo -me susurró Padma, poniéndome una mano en el hombro con suavidad-. Sabes creo que tienes que saber esto, mi hermana Parvati me acaba de decir que Hermione ha estado encerrada en el baño de las niñas del primer piso todo el día. Dice que no para de llorar.Se me revolvió el estómago. Me puse de pie, e iba a salir corriendo arriesgándome a que me quitaran cincuenta puntos, cuando las puertas del Gran Comedor se abrieron de golpe. El profesor Quirrell entró corriendo, con el turbante torcido y el rostro desencajado por el pánico.-¡Un trol! -gritó, tropezando con las mesas-. ¡En los calabozos! Pensé que debían saberlo...Y se desplomó en el suelo, desmayado.El caos fue inmediato. Los niños gritaron, los platos tintinearon y el miedo se apoderó del lugar hasta que la voz del director Dumbledore tronó, ordenando a los prefectos que nos guiaran a nuestras salas comunes. Robert comenzó a reunir a los Ravenclaw. Nos pusimos en fila, pero mi mente pensaba en otra cosa, los calabozos estaban abajo, los baños del primer piso estaban cerca... y Hermione no sabía nada del trol.El pánico me paralizó por un segundo. Había escuchado hablar sobre los troles de las montañas a Mione; eran bestias de tres metros, salvajes, capaces de aplastar a un mago con un solo golpe de su mazo de madera. El terror me oprimió la garganta y sentí ganas de llorar de puro miedo. Yo no era una heroína; era solo una niña asustada. Pero al mirar el espacio vacío en la mesa de Gryffindor, el miedo a perderla fue más grande que el miedo a morir.Aprovechando el tumulto en las escaleras, me escurrí de la fila de Ravenclaw, solo pude oir a lo lejos los gritos de Padma por mí, y corrí por los pasillos de piedra, con el corazón latiéndome en los oídos y las manos sudorosas apretando la varita dentro de mi túnica.Llegué al pasillo del primer piso y un olor fétido, como a calcetines sucios y alcantarilla, me revolvió el estómago. Entonces lo vi. Una sombra colosal, de piel grisácea y opaca, arrastraba un enorme mazo de madera hacia el baño de las niñas. El monstruo entró, y un segundo después, un grito agudo y desgarrador rompió el silencio.-¡¡Valerie!! -era la voz de Hermione.El miedo desapareció, reemplazado adrenalina. Entré corriendo al baño. El lugar era un desastre de azulejos rotos y agua corriendo por el suelo. Hermione estaba encogida debajo de los lavabos, tapándose la cabeza mientras el mazo del trol descendía para aplastarla. En la entrada opuesta, Harry y Ron también acababan de llegar, gritando desorientados y lanzándole trozos de tubería a la bestia para distraerla de forma caótica.No lo pensé y actué por puro instinto protector. Apunté mi varita de saúco en silencio, dejando que la esencia de mis magias fluyera. No hubo canto. De la punta de la madera brotó un destello de luz carmesí, denso y sumamente cálido, que impactó directamente en la muñeca del trol. El impacto no lo hirió, pero la fuerza mágica desvió el golpe de su mazo, haciéndolo chocar violentamente contra la pared de piedra, a centímetros de Hermione.-¡Ron, el encantamiento de levitación! -gritó Harry, trepándose a la espalda del trol en un acto de pura desesperación.Ron, todavía temblando pero recordando mis palabras en el pasillo y las instrucciones que Mione le habían dado en clase, alzó su varita astillada. Su voz sonó aguda y asustada, pero esta vez lo hizo con precisión:-¡Wingardium Leviosa!El mazo de madera salió volando de las manos del trol, se elevó en el aire y cayó con un golpe seco directamente sobre la cabeza de la bestia. El trol se tambaleó, sus ojos enormes se pusieron en blanco y se desplomó hacia adelante, provocando un temblor que hizo vibrar el suelo del baño.El silencio regresó. Me dejé caer de rodillas, con las piernas temblando tanto que no me podían sostener. Hermione salió de abajo de los lavabos, pálida y temblando, y se lanzó a llorar sobre mi hombro, abrazándome con tanta fuerza que me dolió. La rodeé con mis brazos, escondiendo el rostro en su cabello esponjado, dejando que mis propias lágrimas salieran por fin. Por más que lo pienso, aun no sé cómo habíamos sobrevivido.Unos pasos pesados en el pasillo nos hicieron reaccionar. La profesora McGonagall entró al baño, seguida de cerca por el profesor Snape y el director Dumbledore. El rostro de McGonagall estaba blanco de la furia, y Snape contemplaba los destellos carmesíes que todavía flotaban en el aire con una sospecha. Dumbledore, en cambio, miró mi bufanda y luego fijó sus ojos en mí con una ternura casi familiar, aliviado de vernos a salvo.-¿En qué estaban pensando? -tronó la voz de McGonagall, con una severidad que nos hizo encogernos a los cuatro-. Podrían haber muerto. Exijo una explicación ahora mismo.Harry y Ron miraron al suelo, esperando el peor de los castigos. Yo tragué saliva, dispuesta a asumir la culpa por haber salido corriendo, pero una voz temblorosa me interrumpió.-Fue mi culpa, profesora -dijo Hermione, dando un paso al frente y apretando mi mano-. Yo... yo vine a buscar al trol porque pensé que podía vencerlo. Leí sobre ellos en los libros y creí que sabía lo suficiente. Si Harry, Ron y Valerie no hubieran venido a buscarme... yo estaría muerta.Me quedé de piedra, mirando a Hermione. Estaba mintiendo deliberadamente a una profesora para protegernos. A Ron se le cayó la mandíbula de la sorpresa.-Señorita Granger, qué decepción... -sopesó McGonagall, quitándole cinco puntos a Gryffindor por su supuesta imprudencia-. En cuanto a ustedes tres... debo decir que fue una suerte de locura lo que hicieron, pero actuar por sus compañeros es algo que no puedo ignorar. Cinco puntos para Gryffindor por cada uno de los chicos... y cinco puntos para Ravenclaw, señorita Evans, por su oportuna intervención. Sin embargo, romper las reglas de evacuación tiene un precio. Los tres tendrán un castigo de detención el próximo fin de semana limpiando los calderos de la escuela sin magia. Ahora, vuelvan a sus torres.Salimos del baño en silencio. En el pasillo, Ron Weasley se detuvo y nos miró a Hermione y a mí, rascándose la nuca, completamente avergonzado.-De verdad... lo siento, Hermione -murmuró Ron, con una sinceridad infantil que le devolvió la dignidad-. Fui un tonto en el pasillo. Y... gracias, Evans. Tu truco con la varita fue asombroso.Hermione le dedicó una pequeña sonrisa y asintió, sanando la brecha entre ellos. Harry nos sonrió con timidez, sellando un pacto silencioso que el castillo entero sentiría en los próximos años.Me despedí de ellos, no sin antes advertirles, más bien como una súplica, a Ron y a Harry que la cuidaran, así terminé regresando a la Torre de Ravenclaw justo donde me esperaba Padma, la cual se veía sumamente preocupada y enojada. Me acomodé la bufanda sobre el cuello, sintiendo su calor reconfortante, lista para asumir mi realidad.