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Escape

Vínculos Del Alma — fanfic.es · All chapters

Escape

(POV: Valerie)Cruzar el aldabón de bronce de la Torre de Ravenclaw esa noche no me dio la paz de siempre. Robert, me dio una mirada de seria desaprobación y un pequeño sermón por mis acciones antes de dejarme ir a los dormitorios. Cuando abrí la puerta de la habitación de las chicas, me encontré con Padma. No estaba dormida. Estaba sentada en su cama, con los brazos cruzados y los ojos enrojecidos por la mezcla de lágrimas y enojo.-¿En qué estabas pensando, Valerie? -su voz sonó como un latigazo en el silencio del cuarto-. ¡Había un monstruo suelto! Desapareciste de la fila y me dejaste ahí sola sin decir nada. Me moría de miedo por ti... pensé que te había pasado algo malo.Me quedé estática en la entrada, apretando los extremos de mi bufanda contra mi túnica. Intenté buscar una justificación lógica, pero al ver el miedo real en el rostro de Padma, entendí que la lógica no servía para curar la preocupación de una amiga. Caminé hacia ella y me senté en el borde de su colchón.-Lo siento, Padma -dije en un susurro sincero, dejando caer mis hombros-. De verdad lo siento. Sé que estuvo mal dejarte sola... pero Hermione no sabía nada del trol. Si yo no iba, ella... ella no habría salido de ahí.Padma me miró por un largo rato. El enojo en sus ojos se desvaneció poco a poco, reemplazado por comprensión. Soltó un suspiro pesado y, sin decir nada más, se inclinó hacia adelante y me abrazó con fuerza.-No vuelvas a hacerme eso -murmuró contra mi hombro-. Ya es suficiente que este alejada de una hermana por estar en otra casa. No quiero perder a otra, si te llegara a pasar algo.La ultima frase me sorprendió demasiado, me libere del abrazo y la mire con ojos confundidos -¿"otra" hermana? -murmure aun con sorpresa. -Bueno yo te considero de ese modo, aquí en Hogwarts eres como mi hermana -dijo tranquilamente.No sé si fue la reacción que esperaba, pero escuchar sus palabras me hicieron inmensamente feliz en ese momento, murmure un agradecimiento por lo bajo y la volví a abrazar con todas mis fuerzas.A la mañana siguiente, en la sala común, Cho se sentó a nuestro lado mientras Padma y yo repasábamos unas notas. Nos observó con esa madurez tan típica de ella y me puso una mano cálida en la frente.-Robert me contó lo que hiciste, Val -dijo Cho con suavidad, regalándome una sonrisa sutil-. En Ravenclaw admiramos que seas capaz de usar magia no verbal a los once años para salvar a una Gryffindor... pero la inteligencia también consiste en saber cuándo pedir ayuda. Tuviste suerte esta vez. No dejes que la impulsividad nuble tu mente.Las palabras de Cho se quedaron grabadas en mi cabeza, parecía como una hermana mayor dándome consejos y eso llenaba mi corazón.El sábado, me encontraba en el aula de Pociones vacía junto a Harry y Ron, rodeada de montañas de calderos de peltre sucios que debíamos limpiar a mano.Un castigo tedioso y mis manos terminaron doliendo por el jabón, pero lo que realmente empezó a oprimir mi pecho no fue el trabajo físico. Fue Hermione. Ella se había librado del castigo, pero se había negado a dejarnos solos. Se sentó en un banco cercano con sus libros abiertos, leyéndonos en voz alta datos sobre la historia de los calderos para hacernos compañía.Mientras Ron refregaba un caldero, soltó un chiste tonto sobre el profesor Snape y Hermione soltó una pequeña risa, una risa que Harry secundó de inmediato de forma tímida. Observé la escena en silencio, deteniendo mi esponja en el aire. Mi mente registró cómo Hermione les sonreía con comodidad, compartiendo miradas cómplices que nacían de pasar las noches juntos.Sentí un chispazo frío y molesto en el estómago. Eran celos, si lo eran, no podía negarlos, siempre he tenido una paranoia absurda que me susurraba que ellos terminarían robándose a mi Mione, alejándola de mi lado. Me deshice de esos pensamientos lo más fuerte posible, apreté los dientes y seguí limpiando el metal con más fuerza de la necesaria, refugiándome en el calor de mi bufanda gris.A las pocas semanas, la paranoia de mis celos absurdos tuvo que pasar a segundo plano cuando la realidad me golpeó de frente. Fue un jueves por la noche. Hermione me encontró en un rincón apartado de la biblioteca común, pálida y con las manos temblando de pura frustración.-Val, tienes que ayudarme -me susurró, sentándose frente a mí con urgencia-. Harry y Ron van a hacer una locura. Malfoy retó a Harry a un duelo de medianoche en la sala de trofeos. ¡Van a salir de noche! Les dije que les quitarán puntos, que es una trampa, pero no me escuchan. Son unos tercos. Por favor, ven conmigo a detenerlos. Tú siempre sabes qué decir para hacerlos reaccionar.Miré a Hermione. Detrás de su insistencia por las reglas, vi el miedo real que no quería ver a sus únicos compañeros de casa en problemas. Mi mente calculó el riesgo por un segundo: salir de noche era peligroso, pero dejar que esos dos cayeran directos en la boca del lobo era peor.-Esos tontos, está bien -asentí, guardando mis pergaminos-. Vamos.Nos ocultamos cerca del retrato de la Dama Gorda hasta que la puerta se abrió a la medianoche. Harry y Ron salieron sigilosamente en pijama, y antes de que pudieran avanzar un metro, Hermione y yo salimos de la penumbra de los pasillos.-¡¿Evans?! -Ron dio un respingo, ahogando un grito al verme allí con mi bufanda gris puesta-. ¡¿Qué haces aquí?! ¡Vuelve a tu torre!-No van a ir a ningún lado, Weasley -les dije con un susurro firme y cortante, cruzándome de brazos-. Malfoy podrá ser todas las cosas malas del mundo, pero no es un tonto. ¿De verdad creen que va a arriesgarse a un duelo de medianoche en la escuela? Es obvio que les tendió una trampa. Le habrá avisado a Filch para que los atrape allí. No tiene lógica que vayan.Harry vaciló, mirando a Ron con duda. Mis palabras lo habían hecho dudar de golpe.-Tal vez tiene razón, Harry... -murmuró Ron, tragando saliva, pero antes de que pudiéramos dar la vuelta para regresar, unas pisadas conocidas nos hicieron congelar a los cuatro en medio del pasillo.La voz áspera de Argus Filch resonó en el pasillo contiguo.Malfoy definitivamente lo había hecho. Y yo aquí metida en estos problemas que no me importan, pero no nos quedaba tiempo para discutir. El pánico de ser expulsados se apoderó de nosotros y corrimos sin mirar atrás por el laberinto de pasillos. Bajamos escaleras que cambiaban de posición y cruzamos pasadizos ocultos hasta que quedamos atrapados en un corredor frente a una puerta de madera maciza con un candado enorme. Acercándose, se podían escuchar los pasos del conserje y los maullidos de su gata, la Señora Norris.-¡Está cerrada! -excluyó Harry, empujando la manija con desesperación-. ¡Estamos perdidos!-¡Mione! -dije volteándola a ver, ya que estaba muy nerviosa-. ¡La puerta!-¡Oh, muévete! -Hermione dio un paso al frente, sacando su varita con manos temblorosas. Apuntó al cerrojo-. ¡Alohomora!El candado hizo un clic metálico y la puerta se abrió. Nos deslizamos hacia el interior a toda velocidad, cerrando de golpe y conteniendo la respiración. Escuchamos los pasos de Filch pasar de largo, quejándose con su gata, hasta que su murmullo se desvaneció en la distancia.-Se fue... -suspiró Ron, limpiándose el sudor de la frente con una disculpa implícita en los ojos hacia mí-. Tenías razón, Evans. Fue una trampa de Malfoy. Menos mal que...-Chicos... -mi voz apenas brotó, interrumpiendo su alivio.No necesité mi cerebro para saber que estábamos en el peor lugar posible. En el segundo en que la puerta se cerró, mi bufanda gris se congeló por completo contra mi cuello. La runa plateada emitió una pulsación tan violenta como si quisiera, alertarme de un gran peligro.Nos giramos lentamente, frente a nosotros, ocupando todo el espacio desde el suelo hasta el techo abovedado, se alzaba un perro gigantesco. Pero tenía seis ojos brillantes llenos de una furia salvaje, tres hocicos repletos de colmillos afilados cubiertos de saliva colosal, y tres cabezas independientes que se movían de un lado a otro, olfateando el aire con un gruñido sordo que hizo vibrar las piedras bajo nuestros pies.La criatura nos miró, congelado por un segundo por la sorpresa de vernos allí. Las tres cabezas soltaron un rugido ensordecedor que nos golpeó la cara.No hubo pensamientos, no hubo planes. Harry abrió la puerta de un tirón y los cuatro salimos disparados hacia el pasillo exterior, empujándonos los unos a los otros. Cerramos la puerta con fuerza detrás de nosotros y corrimos sin parar, sin importar si Filch nos escuchaba, subiendo los escalones hacia nuestras respectivas torres con el corazón en la garganta y las piernas temblando de puro miedo.Cuando por fin llegué al aldabón de águila de Ravenclaw, con la respiración entrecortada y el pecho latiendo a mil, me abracé a mi bufanda gris buscando recuperar el calor. Había visto a ese monstruo de tres cabezas, pero ya con la cabeza más fría tenía la sensación de que pude entender, aunque sea por solo un segundo, los sentimientos de esa criatura. Estaba tan cansada y asustada todavía que me metí a la cama de Padma intentando no despertarla, y la abracé cuidadosamente para poder calmar mi miedo.