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Deseos

Vínculos Del Alma — fanfic.es · All chapters

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(POV: Valerie)Las vacaciones de Navidad cayeron sobre el castillo de Hogwarts como un manto de nieve blanca. La gran mayoría de los estudiantes regresaron a sus hogares, incluida Hermione, que se había marchado a Londres hacía un par de días, y Padma, que se había reunido con su hermana para pasar las fiestas. Yo también debía haber vuelto con los Evans, con mis papás, pero una carta de mi madre a mitad de mes cambió los planes: un compromiso laboral de fuerza mayor obligaba a mis padres a viajar fuera del país durante tres semanas, por lo que decidieron que lo más seguro era que me quedara en el castillo.Aunque en su carta insistían en cuánto lo lamentaban y en que me amaban, el monstruo de mi trauma por el abandono despertó de inmediato en mi pecho. Mi mente no pudo evitar susurrarme que, una vez más, me había quedado sola. Sin Mione, sin Padma y sin los sabios consejos de Cho Chang, la Torre de Ravenclaw se volvió un laberinto frío.Para no hundirme en mi propia melancolía, terminé haciendo algo que semanas atrás me habría parecido impensable: buscar a Harry y Ron. Ellos también se habían quedado en el castillo, y pasamos los días previos a la Navidad compartiendo las mañanas frías en el Gran Comedor, jugando al ajedrez mágico cerca de la chimenea y comiendo tostadas. Ron ya no me miraba con fastidio, y Harry solía hacerme un espacio a su lado con una timidez sincera, lo cual hizo más llevadera el sentimiento de soledad.La mañana de Navidad fue la más cálida que había tenido en semanas. Ron y Harry fueron a despertarme a mí con sus habituales gritos entusiastas, y por primera vez en mi vida, abrí regalos en una sala común que no era la mía. Mis padres me habían enviado una caja llena de dulces y un libro de acertijos lógicos que me hizo sonreír; Padma me dejó una bonita pluma de tinta azul, y Hermione me envió una bufanda nueva teñida con los colores de Ravenclaw que, aunque agradecí enormemente, guardé en mi baúl para no tener que quitarme mi vieja prenda de lana.Pero el verdadero misterio ocurrió cuando Harry desenvolvió un paquete alargado y ligero del que cayó una tela de un gris brillante y líquido. Una Capa de Invisibilidad. No venía firmada, solo traía una nota que decía que había pertenecido a su padre. Mi mente analítica se quedó fascinada al ver cómo el cuerpo de Harry desaparecía por completo bajo el tejido; era una magia avanzada, perfecta, que desafiaba cualquier manual teórico.Esa misma noche, Harry regresó al dormitorio de Gryffindor sumamente pálido, con los ojos abiertos por una mezcla de asombro y obsesión. Mientras Ron dormía, se acercó al sillón donde yo leía junto al fuego <<si, ahora parezco más de Gryffindor, pero la sala común de Ravenclaw es demasiado silenciosa y no quiero estar sola con mis pensamientos, así que pedí autorización para poder entrar aquí y como si fuera milagro de navidad me lo concedieron>>, y me contó en susurros lo que había descubierto en un aula abandonada del cuarto piso mientras usaba la capa para explorar la sección prohibida de la biblioteca, <<si lo sé, debería detenerlo cuando no está Hermione, pero no me interesaba mucho que hacía a cada minuto>>. Harry se había encontrado un espejo colosal que le había mostrado a sus padres biológicos, vivos y sonrientes, de pie junto a él.-Se llama el Espejo de Erised, Val -me susurró Harry-. Tienes que venir conmigo mañana a verlo. Tienes que verlos.A pesar de mi enorme curiosidad, la intuición me obligó a dar un paso atrás. Vi la mirada febril de Harry y supe que lo que vio en ese espejo solo tenía que ser para él. Él necesitaba estar solo con el recuerdo de la familia, y mi lógica me dictó que interferir en ese dolor no era lo correcto.-Ve tú, Harry -le respondí con suavidad, acomodándome mi bufanda gris-. Ese momento te pertenece a ti.Harry asintió con un alivio evidente y volvió a salir bajo la capa las noches siguientes. Sin embargo, la espina de la curiosidad se quedó clavada en mi cabeza. Un par de días después, en una tarde de ocio donde Ron jugaba solo y Harry parecía perdido en sus propios pensamientos, mi mente no pudo contenerse más. Necesitaba ver qué era ese objeto que tenía a Potter tan obsesionado.Esperé a que el castillo quedara en absoluto silencio durante la madrugada. Salí de la Torre de Ravenclaw a paso rápido, esquivando a Filch fui directo a la puerta entornada del aula abandonada del cuarto piso.Al entrar, la luz de la luna iluminaba los pupitres viejos apilados contra las paredes. Pero lo que capturó mi atención de inmediato fue el objeto en el centro: el espejo alto, con su marco de oro labrado. Caminé hacia él con paso lento, sintiendo que las manos me sudaban de la expectación. Me paré frente al cristal, esperando ver a los Evans o tal vez y repito, solo tal vez un indicio de mis padres biológicos. Pero lo que vi me obligó a contener el aliento.En el reflejo, mis padres estaban de pie a mi lado, sonriéndome con la misma devoción incondicional de siempre, recordándome que sí tenía un hogar al cual volver. Pero el verdadero misterio nacía de mi cuello. De los desgastados hilos de plata de mi bufanda gris, comenzaban a brotar dos rayos de luz flotantes. Uno era de un azul gélido y brillante; el otro, de un rojo carmesí denso y sumamente cálido. Los dos rayos navegaban por el aire del reflejo, negándose a separarse, trenzándose en una espiral perfecta que terminaba por llegar justo a la altura de mi corazón, donde se disipaban inundándome el pecho con una calidez milagrosa y reconfortante.Era la misma sensación que tuve cuando agarré mi varita por primera vez. El espejo me estaba mostrando que mi bufanda no era solo lana vieja, un recuerdo del pasado, sino algo que sentía en mi propia alma.-Es un reflejo fascinante, ¿no crees, señorita Evans? -una voz pausada, barítona y sumamente tranquila rompió el silencio del aula desde la penumbra.Instintivamente me llevé las manos al cuello para agarrar mi bufanda debido al susto que me llevé. Me giré a toda velocidad, con el corazón golpeándome las costillas. Desde la oscuridad de una de las esquinas del aula, Albus Dumbledore avanzó con paso lento hacia la luz de la luna. No lucía enfadado; sus ojos azules brillaban detrás de sus gafas de media luna con una calma que, en lugar de asustarme, apaciguó mis nervios de golpe.-Director... lo siento -balbuceé, bajando la mirada hacia mis zapatos, sintiendo una timidez que rara vez experimentaba-. No quería... sé que no debo estar fuera de la cama a estas horas.-No se preocupe, señorita Evans -respondió Dumbledore, deteniéndose a un par de pasos de mí, contemplando el gran marco dorado-. Supongo que, al igual que el joven Harry, usted también ha sido atrapada por la fascinación de este objeto. ¿Ha descubierto ya lo que hace?-Harry me dijo que muestra a su familia -murmuré, mirando de reojo el cristal, donde las luces azul y roja seguían entrelazándose-. Quería ver si a mí también pero no, a mí... a mí me muestra algo diferente. Me muestra a mis padres si, pero también estos rayos de luz que salen de mi bufanda. No le encuentro una explicación lógica.Dumbledore guardó silencio por unos segundos, que a mí me parecieron horas. Sus ojos fijos se posaron en el reflejo de los dos hilos de luz y, por un milisegundo, una sombra de melancolía y un amargo recuerdo del pasado cruzó su rostro cansado. Se recompuso tan rápido que cualquiera lo habría pasado por alto, pero mi mente lo registró. Él podría saber el significado de aquellos rayos, o por lo menos quería creer que sí. Sin embargo, no pronunció ninguna palabra al respecto.-El espejo no muestra conocimiento ni la verdad, Valerie -dijo el director con suavidad, usando mi nombre de pila con una ternura extraña y casi familiar-. Muestra, ni más ni menos, el más profundo y desesperado deseo de nuestro corazón. Harry, que nunca conoció a sus padres, los ve de pie a su lado. Usted, que a veces carga un sufrimiento muy grande en su pecho, ve el recordatorio de que posee un hogar amoroso al cual volver.-¿Y las luces? -insistí en un susurro, acariciando el tejido desgastado con mis dedos-. ¿Por qué salen de mi bufanda? ¿Tiene algo que ver con mi verdadera familia?Dumbledore bajó la mirada hacia mi cuello. Extendió su mano huesuda y rozó el aire cerca de la prenda, como si se estuviera conteniendo de tocarla.-A veces, Valerie, los objetos ordinarios que nos acompañan desde nuestro nacimiento absorben un pequeño pedazo de lo que somos -explicó el director-. Su bufanda no es solo lana vieja. Es un reflejo de su propia alma. Esos hilos reaccionan a sus emociones y a su necesidad de protección tanto de usted con los demás, como para usted misma, porque su magia es leal a lo que usted siente por dentro. El espejo solo le está mostrando que su alma posee una naturaleza... dividida, una fuerza que busca la lógica, pero un corazón capaz de una calidez milagrosa para cuidar a los suyos. No tiene por qué tener miedo de lo que vive en su interior.Me quedé mirándolo, procesando sus palabras. Dumbledore no me dio respuestas exactas, pero su reserva y la seguridad de sus palabras me dieron una tranquilidad inexplicable. Ya intuía que mi bufanda no era una maldición, pero inconscientemente lo tomé como un recuerdo de aquel rechazo.-Creo que ya ha sido suficiente misterio por una noche de invierno -sonrió sutilmente el director, sacando un pequeño objeto brillante de su túnica que hizo clic, devolviendo una suave luz al pasillo exterior-. El espejo será trasladado a un nuevo hogar mañana, Valerie, y le pido que no vuelva a buscarlo. Es peligroso vivir en los recuerdos y olvidarse de vivir en el presente. Ahora, regrese a su cama.-Buenas noches, director -murmuré, alejándome de él.-Buenas noches, señorita Evans. Y feliz Navidad -respondió él con una última mirada cálida.Caminé de regreso a la Torre de Ravenclaw bajo el silencio de los pasillos de piedra. Al meterme con cuidado en la cama, solté de mi bufanda gris, sintiendo su calor suave y purificado. Pero de algo estaba segura, Dumbledore sabía algo sobre mi pasado, pero su silencio me había dado una tranquilidad que no sabía que necesitaba. Las vacaciones terminarían y Hermione y Padme regresarían pronto. Me dormí con la certeza de que no necesitaba resolver todo el rompecabezas esta noche; por ahora, bastaba con saber que mi alma parecía tener un lugar seguro en este mundo.