Celos
Celos
(POV: Valerie)El regreso de las vacaciones de invierno trajo consigo el bullicio habitual de las túnicas negras inundando los pasillos y el aroma a nieve derretida en los terrenos. Debo admitir que la mañana en que el Expreso de Hogwarts regresó a la estación, estaba muy emocionada. En cuanto vi la marea de cabello esponjado de Hermione cruzar las puertas del Gran Comedor, sentí que el frío que había arrastrado durante las Navidades se evaporaba por completo. Nos abrazamos en medio del pasillo, ignorando las miradas de los de Gryffindor; volver a escuchar su voz parlanchina contándome sobre sus vacaciones me devolvió el ritmo que tanto me hacía falta.Sin embargo, a medida que los días avanzaban, la rutina escolar nos obligó a volver a nuestra realidad. Gryffindor y Ravenclaw tenían horarios cada vez más pesados, por lo que terminé pasando mucho más tiempo en mi propia torre al ya no encontrar momentos en que Mione y yo nos pudiéramos encontrar.Padma y yo nos habíamos vuelto inseparables en el dormitorio; nuestra melancolía del primer día había mutado en una amistad ruidosa y absurda. Pasábamos las tardes sentadas en el gran ventanal circular de la sala común, compartiendo ranas de chocolate y teniendo discusiones que no llevaban a ninguna parte.-Te digo que es una cuestión de gravedad, Val -insistió Padma, arrojándome una envoltura de dulce que apenas esquivé-. Si el profesor Flitwick no tuviera ese cojín gigante en su silla, el flujo de su magia para los encantamientos saldría en un ángulo de cuarenta y cinco grados hacia el techo. Es pura física.-Eso no tiene ningún sentido, Padma -le respondí, conteniendo una risa mientras acomodaba mis apuntes-. El cojín es solo porque es bajito. La magia no cambia de ángulo por la altura del mago, cambia por la posición de la muñeca. Si fuera como tú dices, el profesor Flitwick pasaría la mitad de la clase arreglando las lámparas del techo.-¡Pues las lámparas siempre están impecables porque él las hechiza! -contraatacó ella, cruzándose de brazos con una mueca exagerada-. Admítelo, Evans, tu lógica se niega a aceptar mi teoría del cojín gravitacional.-Tu teoría es un horror, Patil -me burlé, estirando la mano para robarle un sapo de menta, conteniéndome por no partirme de risa.Cho, que pasaba junto a nuestra mesa cargando un pesado libro de Quidditch, se detuvo un momento y nos revolvió el cabello a las dos con un gesto afectuoso, riéndose de nuestras ocurrencias.-¿Otra vez discutiendo por el mobiliario del colegio? -preguntó con esa serenidad tan típica de ella-. Robert me dijo que las escuchó debatir anoche sobre si las armaduras del pasillo tienen frío en invierno. De verdad, ustedes dos parecen a veces parecen gemelas.-¡Oye! Mi verdadera gemela está en Gryffindor y creeme que es mucho menos terca que Val -reclamó Padma, aunque se arrimó más a mí en el asiento, regalándome una sonrisa, mientras yo le aventaba una envoltura directo al rostro.Escuchar eso de Cho me hizo inmensamente feliz. Parecía una hermana mayor discutiendo con sus hermanitas y dándoles consejos, y eso llenaba mi corazón. Ravenclaw finalmente se sentía como mi hogar. Por primera vez en meses, sentí no sentí esa tristeza en mi pecho. Tenía un lugar, tenía unas hermanas adoptivas y tenía paz.Hasta que nuevamente la distancia me arrastró a la realidad.Comenzó de forma sutil a finales de abril. Hermione empezó a faltar a nuestros encuentros habituales en la biblioteca. Al principio pensé que eran sus tareas, pero mi mente no dejaba de ver a lo lejos cómo compartía murmullos extraños y con Harry y Ron en los pasillos. Cuando la miraba buscándola, ella esquivaba la mirada, pálida y tensa.No me enojé con ella; solo me dolió. Me dolió profundamente en el fondo del pecho. El miedo a no ser suficiente, ese estúpido fantasma que siempre me decía que la gente terminaría dejándome de lado, regresó con una fuerza horrible. Pensaba que tal vez el grupo de Gryffindor ya se había consolidado y que lo que convivimos en Navidad no había significado nada para ellos y al estar en otra casa, simplemente había vuelto a quedar fuera. Así que me callé. Me guardé la tristeza, me refugié en las risas con Padma para no pensar y fingí que la distancia de Mione no me estaba rompiendo el corazón.Hasta que, una noche me encontré con Hermione en nuestro rincón de la biblioteca. No traía libros. Tenía el rostro completamente pálido, ojeras profundas que le oscurecían la mirada y las manos le temblaban de una forma tan violenta que tuvo que aferrarse al borde de la mesa para no caerse. El miedo y el shock que emanaban de ella eran tan reales que sentí en mi bufanda pulsación que me obligo a correr hacia ella. Harry y Ron se quedaron al final del pasillo de los estantes, mirándonos con una mezcla de vergüenza y culpa.En cuanto Hermione se sentó frente a mí, se cubrió el rostro con las manos y comenzó a sollozar de una manera tan desgarradora que me partió el alma. Me incliné sobre la mesa, apartándole las manos de la cara con suavidad.-Mione, por favor, mírame -le rogué, y mi voz tembló profundamente preocupada-. ¿Qué pasó? ¿Te hicieron algo? Por favor, habla conmigo.-Val... fue horrible, de verdad horrible -balbuceó entre lágrimas, buscando mi mano-. Hagrid tenía un dragón... uno ilegal. Harry, Ron y yo intentamos sacarlo del castillo de noche con la capa, pero Malfoy nos descubrió. Nos atraparon. La profesora McGonagall nos quitó cincuenta puntos a cada uno... y anoche... anoche fue nuestro castigo.Hermione se interrumpió por un hipo del llanto, pegando su frente contra mi hombro mientras yo me estiraba para rodearla con mis brazos, escondiendo mi rostro en su cabello. La escuché confesar el miedo que pasó en susurros temblorosos: las habían enviado al Bosque Prohibido a medianoche. Me contó sobre el unicornio muerto, la sangre plateada y esa sombra encapuchada y monstruosa que se alimentaba en la negrura, de la que Harry se había salvado por milagro.Mientras la sostenía y sentía sus temblores contra mi pecho, una lágrima se me escapó y me resbaló por la mejilla. El dolor por verla sufrir se mezcló de golpe con una tristeza más profunda. Vivieron todo eso, y ellos tres decidieron que yo no debía saber nada, no les importó que yo me preocupara por ellos, no les importó que a pesar de que notaba su distancia me cayé, no les importó que cuando me enterara iba a tener la mayor preocupación de todas. Se habían guardado una aventura de vida o muerte, dejándome completamente fuera. Sentí que finalmente me estaban apartado de ella.Me separé del abrazo con lentitud, limpiándome los ojos con la túnica. Mi voz sonó pequeña, quebrada por la angustia.-¿Por qué no me dijeron nada? -les pregunté en un susurro triste, mirando también a Harry y a Ron que se acercaban tímidamente-. Pasaron por todo ese peligro... pudieron haber muerto en ese bosque. ¿De verdad pensaron que no me importaría? ¡Que no me iba a preocupar por todos ustedes! A veces siento que ... que, si yo no los busco, ustedes simplemente se olvidan de mí. Pensé que éramos habíamos creado un vínculo en navidad, pensé que me consideraban una amiga.-¡No, Val, no es así, lo juro! -Hermione me tomó de las manos con desesperación, llorando con más fuerza al ver lo herida que estaba-. ¡No queríamos meterte en problemas! Ya tenías suficiente con el castigo anterior y no queríamos meterte en más problemas de lo que ya lo hemos hecho. ¡Eres mi mejor amiga! Harry y Ron también te ...-No, Hermione -la interrumpí, apartando mis manos con suavidad, sintiendo que la desconfianza me nublaba la mente-. No puedo hacer esto, no ahora. Necesito pensar.Me puse de pie de golpe, colgué mi bolso en el hombro y salí corriendo de la biblioteca sin mirar atrás. Podía escuchar los gritos ahogados de Hermione llamándome, pero no me detuve. Corrí por los pasillos de piedra con las lágrimas nublándome la vista y el pecho doliéndome. Llegué a la Torre de Ravenclaw, respondí mecánicamente el acertijo del águila y me encerré en mi dormitorio, lanzándome a la cama a llorar con el rostro hundido en la almohada, me sentía destrozada.Unos minutos después, el colchón se hundió suavemente a mi lado. Unas manos cálidas rodearon mis hombros y me jalaron con delicadeza. Era Padma. No me hizo preguntas de inmediato; simplemente me abrazó con fuerza, dejando que descargara toda mi pena contra su túnica.-¿Qué pasó, Val? -me preguntó Padma con suavidad, limpiándome una lágrima de la mejilla cuando me calmé un poco.-Me dejaron sola -susurré, con la voz rota y aferrándome a ella-. Hermione, Harry y Ron... pasaron por cosas horribles estas semanas. Un dragón, un castigo en el Bosque Prohibido a medianoche... casi se mueren ahí dentro. Y se lo guardaron todo. No me dijeron nada. Siento que... que en realidad no les importo, que solo soy la rara que está de más en su grupo. Me quedé sola otra vez.Padma guardó silencio por un momento, acariciándome el cabello con una paciencia inmensa. Luego, me obligó a mirarla a los ojos de forma seria pero compasiva.-Valerie, escúchame -dijo Padma con total tranquilidad-. Sé que te duele. Sé que esa cabecita tuya piensa de inmediato que te están abandonando... pero míralo desde el otro lado. Hermione te adora, lo veo cada vez que te mira en la biblioteca. Si se lo guardaron, no fue por excluirte; posiblemente fue por miedo a ponerte en peligro. Recuerda lo que pasó con el trol y el castigo de los calderos. Ellos muy seguido se meten en problemas por diversión, pero sabían que tú eres diferente. Lo hicieron por tu bien, Val. Querían proteger tu paz porque, tal vez te consideran su lugar seguro, que al pasar por todos los males pueden ir contigo, contarte las cosas y tú les darías seguridad, no porque quisieran olvidarse de ti. Es algo tonto e infantil, sí, pero es humano. Lo hicieron porque te quieren.Las palabras de Padma me cayeron como un balde de agua tibia en medio de mi tormenta mental. Me quedé mirándola, procesando su lógica con total sorpresa. Ella tenía razón. Mi paranoia me había hecho ver rechazo donde tal vez no lo habia. El nudo en mi pecho comenzó a aflojarse y mi bufanda gris recuperó su calorcito suave de siempre.-Gracias, hermana -murmuré lo más bajo posible, escondiendo mi rostro en su cuello mientras la abrazaba con todas mis fuerzas.A la mañana siguiente, con la mente más fría y el corazón sanado, caminé decidida hacia la biblioteca. Hermione, Harry y Ron estaban sentados en la misma mesa de ayer, visiblemente tristes, como si no hubieran dormido en toda la noche. En cuanto me vieron llegar, Hermione se puso de pie de un salto, con los ojos abiertos por el temor a que me marchara de nuevo.Me senté frente a ellos en silencio, acomodándome mi bufanda sobre el cuello y mirándolos fijamente.-Está bien -les dije con una pequeña sonrisa de lado, desactivando la tensión en un segundo-. Padma me hizo ver que solo fueron unos idiotas intentando protegerme. Los perdono, pero les informo, ¡No necesito que me protejan!, así que no vuelvan a dejarme fuera de una aventura. Ahora... Weasley, Potter, mencionaron algo sobre el perro de tres cabezas y lo que está cuidando en el tercer piso. Así que hablen.Harry y Ron abrieron los ojos de par en par, intercambiando una mirada de absoluto alivio. Harry se inclinó hacia adelante en la mesa con un susurro febril.-Está cuidando un objeto que pertenece a un mago llamado Nicolás Flamel -me reveló Harry-. Creemos que es la Piedra Filosofal, Val. Un artefacto capaz de otorgar el elixir de la vida eterna, y creemos que el profesor Snape intenta robarla. Y posiblemente necesitamos tu mente para resolver esto antes de que él actúe. Sabes que eres parte de esto. Por favor, ayúdanos.Miré a los tres niños que me rodeaban en la penumbra de los estantes polvorientos. Dejé que mi lógica tomara el control de la situación, sintiendo que la adrenalina regresaba a mi cuerpo.-Snape y una Piedra Filosofal... -murmuré para mí misma, tocando la empuñadura de mi varita-. Supongo que es un rompecabezas digno de mi tiempo. Está bien ... idiotas. Vamos a descubrir qué es lo que esconde este castillo.